Columnas

Modernillos de mierda (edición especial)

Panfleto anti-hipster por entregas. Hoy, El Corte Inglés se nos vuelve gafapasta

Signos de guerra en el horizonte modernillo. El Corte Inglés, ilustre marca señera del mainstream en el vestir y el vivir, lanza una nueva línea de ropa llamada Hominem y dirigida al público hipster. Un caballo de Troya en la nación moderna. ¿Qué hacer? ¿Cómo contraatacar? La partida de ajedrez cósmica ha comenzado.

Modernillos de Mierda con la visera siempre puesta, examinando minuciosamente el horizonte hipster. Gafas de espejo descansando sobre el tabique, bolsa de anacardos entre los dedos, pedete deshidratado en los calzoncillos y el Greatest Hits de Tijeritas en el iPod. Hay que estar ojo avizor, siempre tieso en la atalaya anti modernillos, pues el hipster es una sabandija impredecible que aprovechará cualquier despiste del oteador para copar candelero, sacudir el sentido común del ser humano y, una vez infligido el daño, esconder de nuevo la barba en sus Vans rociadas de polonio, hasta que se presente la próxima oportunidad de tañer campanas y convocar a los incautos en la plaza del pueblo. Es un loop infinito: las modernas hacen el ridículo y los centinelas de Modernillos de Mierda lo denuncian ante Dios y España. Así ha sido durante centurias, y así será hasta que Willy Toledo sea devorado por marrajos en aguas cubanas después de lanzarse desnudo desde un peñasco.

Esta vez, sin embargo, el detonante no es una fechoría con denominación de origen “Portlandia”; este especial MDM de urgencia, tecleado a toda prisa entre neblinas de mota y tostadas de pan de espelta con bonito Massó, se debe por entero a un fenómeno anonadante a la par que esperanzador; una epifanía que, en esta contienda ancestral entre inquisidores (nosotros) y herejes (ellos), ha arrojado un borbotón de esperanza a los templarios de la moral mainstream.

"En el laboratorio de brainstorming de esta empresa mastodóntica alguien ha decidido cambiar la historia"

Husmeando en el blog de referencia de Borja Prieto, el imprescindible esta-pasando.com, me doy de bruces con una de las noticias del año, con permiso del hurto de bragas en casa de Belén Esteban y del “Pipi, paga la coca. Primer aviso”: el Corte Inglés se ha vuelto hipster. No es ninguna broma. Corte Inglés. Hipster.

La idea es muy sencilla. En el laboratorio de brainstorming de esta empresa mastodóntica alguien ha decidido cambiar la historia. Hay en El Corte Inglés un puto valiente que le ha ofrecido al titán del comercio una bomba de relojería, una idea subversiva que rivaliza directamente con las gafas de pasta sin graduar de Dani Alves y los delantales mariposones de Antonio Chicote. Se trata de la marca de ropa Hominem. Una marca perteneciente al Corte Inglés de clara influencia hipster. Ha surgido de la nada, de repente, que diría Josie. Y en su por ahora corta vida ya ha dejado a Dustin y Emidio Tucci, los buques insignia de las marcas blancas del Corte Inglés, en un segundísimo plano.

Hominem, como bien apunta Pepo Márquez en el magnífico texto de esta-pasando.com, es una construcción ‘oximorónica’ que fusiona homosexual con Eminem –hay que ser fan– y representa el salto del Corte Inglés al hasta ahora infranqueable universo de ese modernillo barbudo que se cree que la actriz de “El Cartero Siempre Llama Dos Veces” se llama Jessica Brunch. Por si fuera poco, la página web dedicada a Hominem nos ofrece una novedosa presentación con lo que parece una agenda modernilla y un nutrido catálogo de prendas hipsters para cada momento de la jornada. Las fotos muestran el día a día de un moderno pijeras de manual, un exótico mancebo muy en la línea del yogui moruno y trajeado que intenta ligarse a una pelirroja rockera en un anuncio de Trivago. Pero lo mejor de este circo no son las pintas y las poses del pobre diablo –ceño fruncido, manos en los bolsillos, barba al viento, Sergio Dalma meets Bon Iver, etc.–, lo más rabiosamente punk y radical son los pies de foto que acompañan cada instantánea y que ha legado a la humanidad el tipo que rellena los bocadillos de la revista Cuore –es él, estoy convencido–.

Las joyas literarias llueven en tromba sobre el incauto lector: “Tarde completa, clase de yoga y de camino a cenita con amigos en Maki”, ¡bien! “Haciendo las últimas compras por Hortaleza y corriendo para llegar a las cañas de El Palentino”, ¡zasca! “Disfrutando de la panorámica de la ciudad antes del afterwork con mis amigos en La Bicicleta”, ¡toma! “Preparado para el concierto de Muse”, ¡ooolé! “Esperando en la lavandería”, plas, plas, plas… Hacía tiempo que no leía un alegato tan salvaje y encarnizado contra la raza moderna. Al lado de este despliegue de odio, MDM podría utilizarse como lectura obligatoria en un parvulario amish.

Se equivoca quien quiera ver en esta acción la patochada de algún iluminado del departamento de creativos de los grandes almacenes. ¿Alguien cree que los tiburones del Corte Inglés dejarían que un publicista cocainómano y fan de Bats For Lashes campara sus respetos por su santa casa, mancillando el regio perfil de la empresa con campañas absurdas y modelos barbudos que observan la puesta de sol con rictus post fellatio? Nada de eso. ¿Un dislate para insuflar aires modernos al catálogo de ropa de la casa? Y un huevo. Esto no es el Ecce Omo de un modernucho de provincias que ha asimilado mal los tópicos del mundo hipster para trazar una conexión imposible entre El Corte Inglés y la generación Primavera Sound. No habrá escenario Hominem en el festival barcelonés, ahorraos el chiste malo. Esto es serio, zorras.

Aquí hay ganas de hacer pupita. Estrategias, tácticas, maquinaciones, planes, segundas lecturas, códigos cifrados, tinta china, dardos empapados en saliva de Pocholo. Hominem es un Caballo de Troya sin el caballo. Estamos ante la respuesta demoledora de ese Dios llamado Isidoro Álvarez a la preocupante pujanza moderniqui que desde hace unos años vivimos en España. Harto de poner la otra mejilla y de sufrir el apartheid hipster, el capo de la escudería Corte ha lanzado la ofensiva final contra la barba, la bici y la sandalia podenca. En un momento en que la paranoia hipster está fuera de control y uno tiene que acceder a la planta de caballeros del Corte Inglés con gabardina, gafas de sol y periódico abierto a la altura de la tez, los grandes almacenes por antonomasia han venido a ajusticiar al gafapasta, tan dado a considerar seres inferiores, reses sin cerebro, a los que compran ropa a granel en las rebajas.

"El Corte Inglés ha convertido los símbolos más llamativos del hipsterismo en producto de consumo masivo"

Recolectar trapitos en el Corte Inglés es una bajeza humillante para una moderna underground. Mezclarse con jubilados que hieden a orín; pugnar con un par de quillacos por unos slips de ocasión; preguntar a un encargado de planta alopécico, halitósico, depresivo y pasado de peso en qué estantería están los calcetines negros de lycra. Los dominios y ritos de las grandes superficies repelen al moderno cosa mala, y han sido desde tiempos ancestrales el saco de boxeo de la peñita guay que, engorilada ante la falta de respuesta de los grandes almacenes, ha ido recrudeciendo, muy chulita ella, sus invectivas y vejaciones hacia el enemigo capitalista. Pues se van acabar las chuflas anti Corte Inglés: la ballena blanca, hasta el espiráculo de tanta pejiguera cool, por fin ha despertado. ¿Oís las patas de palo en cubierta? Son hipsters huyendo como roedores.

Lo cierto es que el contraataque ha sido devastador: el Corte Inglés ha convertido los símbolos más llamativos del hipsterismo en producto de consumo masivo, sembrando con toda seguridad el pánico más absoluto entre los que hasta se creían la monda con sus barbas hindúes, sus gafotas y sus camisas arremangadas con corbata. Y es gasto inútil comparar esta estrategia con la campaña monguer que hace un tiempo lanzó Loewe, con varios pimpollos deliciosamente hostiables de la modernité fashion castiza. Mientras que Loewe celebraba el retraso mental de los modernillos VIP como si ser un perfecto imbécil fuera una virtud, el Corte Inglés apunta hacia el otro lado y nos dice que tú, yo, Zeus Tous, el Observador del Camp Nou, Oriol Junqueras y todos, absolutamente todos, podemos ser hipsters. Es la democratización más radical del coolness o, en otras palabras, cómo vestir a los clientes de la Posada de las Ánimas como si fueran clones de Ricardo Villalobos en un anuncio de Viaje a Ceylán de Adolfo Domínguez.

"Si el mainstream ahora es hipster, el hipster será mainstream. Los conciertos de Muse serán substituidos por acústicos secretos de Café Quijano"

Soy fanísimo de Hominem. La colección City es la más deliciosa, y está enfocada hacia ese moderno de treinta y pocos que trabaja en un despacho de arquitectura, pero tiene tiempo para sentarse en una lavandería y pensar en el final de Donnie Darko o subirse a la terraza del Hotel Emperador y mirar al infinito hasta que se persone el camello. Es la colección del cosmopolita intrépido que las enamora (por su carisma y la calidad de su farlopa). Un tipo que también puede bajar la guardia gracias a la colección Relax, con tonos cobrizos, cazadoras gastadas, camisetas descoloridas, prendas tostadas: es el momento de solaz del neohipster, la hora del afterwork, unas rayitas, un cóctel de jengibre, un concierto de Manel. Excelsior.

Nada podría hacerle más daño a un moderno de nuevo cuño que ver su sacrosanta y exclusivísima estética de outsider esparcida entre la plebe cual gripe a través de un medio tan luciferino y canceroso como el Corte Inglés. El daño está hecho, sólo queda esperar la debacle definitiva: ¡la nación mainstream vestida hipster! Tipos con tejanos pitillo, bigotito fino y fular gayer pasando el día en Isla Fantasía; barbas estilo Darjeeling y cazadoras marrones de cuero con corbatín en una colla sardanista; dress code Joaquin Phoenix para la ceremonia de entrega de la Creu de Sant Jordi; cortes de pelo garçon, gafas Ray Ban sin graduar y camisetas con furgonetas Volkswagen entre el público del nuevo programa de Agustín Bravo en Intereconomía… Joder, el moderno tiene miedo. Cagazo total. Sabe lo que se le viene encima. Hominem es el fin del hipsterismo tal y como lo conocemos, el escrache que el sistema ha decidido hacerle al moderno. Es Soraya Sáenz de Santamaría gritando a la puerta de casa de Jorge Verstrynge. El mainstream ha hablado. Y duele.

Ahora es el modernillo quien tiene que mover ficha, pero no va a ser fácil. En esta partida de ajedrez cósmica entre fuerzas primigenias, El Corte Inglés ha jugado una baza imprevisible, inédita, ha tirado el penalti a lo Panenka y le ha comido la tostada al cancerbero hipster. El modernillo tendrá que reinventarse y sumar un juego de psicología inversa al ya propuesto por su enemigo. Si el mainstream ahora es hipster, el hipster será mainstream. Los conciertos de Muse serán substituidos por acústicos secretos de Café Quijano. El afterwork con los amigos de La Bicicleta pasará a ser carajillo y bocata de huevo duro con cuatro yonquis en una Baguetina Catalana. Las tardes completas ya no se compondrán de clase de yoga y cenita en Maki con colegas; una tarde completa consistirá en clase de lambada y cenita en 100 Montaditos con la jorobada y el abuelete hippie de las sesiones de risoterapia. Ya no valdrá sentarse a reflexionar en una lavandería: a partir de ahora el moderno tendrá que hacerse el pensativo en locutorios peruanos. Y todo gracias a Hominem y a sus benditos arquitectos. Ya es primavera en El Corte Inglés, pero en Hipsterlandia, como en “Juego de Tronos”, se acerca el invierno.

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