Columnas

Modernillos de Mierda

Panfleto anti-hipster por entregas. Hoy, los estilismos ridículos

MDM

Por Óscar Broc

Debo admitir que admiro a los modernillos. En serio. Me asombra su capacidad para superar el más espantoso de los ridículos y convertir una y otra vez la sinrazón en moneda de cambio para el rebaño de consumidores de revistas de tendencias y gafas gigantes. Cuando parece que el delirio no puede superar la gradación de la anterior fechoría, uno se levanta, decide sumergirse en el mundo de la moda más cutting edge, mete el hocico en las principales lanzaderas chic de la red y se encuentra siempre con un nuevo giro que pone patas arriba las cotas anteriormente aceptadas como insuperables. Diseccionados ya los bigotes irónicos, asumidas las barbas aceitosas combinadas con gorro estilo Antonio David Flores como un mal menor, y aceptado, no sin pasmo, el hecho de que los modernos gusten de la mugre y llamen a sus hijos de formas extrañas, servidor sigue poniendo a prueba quijada y globos oculares cada vez que se sumerge en uno de los muchos aspectos que dan vida a este circo en el que Popocho y Pocholo necesitarían mochilas de napalm para ser felices.

Os pido, por el amor de Urban Outfitters, que abráis una revista para modernas y no perdáis detalle de la sección de estilismos. Preparaos para entregaros a la más absoluta perplejidad: las orejas os harán palmas y no descarto pérdidas de control de esfínter debido a la llorera y al tembleque histérico provocado por algunos de los reportajes. Para un tipo de a pie, resulta imposible no asombrarse ante los despliegues de poses ridículas, maniquíes que parecen raspas de sardina, escenarios grotescos y arranques de creatividad drogota que ofrecen las páginas de moda de las publicaciones de tendencias. Es un mundo extraño, imprevisible; una inmersión muchas veces suicida que puede crear burbujas de oxígeno en el cerebro de los más incautos.

Sin embargo, merece la pena correr el riesgo. Los beneficios que puede aportar este ejercicio no son en absoluto desdeñables. El más inmediato es la risoterapia. Hay reportajes temáticos que se revelan más delirantes que una fotonovela rumana. Ver a un pimpollo caminando por el bosque, con una capucha negra que le tapa la cara, gabardina de Mad Max, bombachos de camuflaje y cinturón de balas hecho con piñas es algo impagable. Y siempre es bueno echarse unas carcajadas, diantre. El segundo beneficio de los reportajes de moda de las publicaciones abonadas al coolness es una calentita y reparadora ducha de autoestima. Resulta confortante ver que hay tipos ahí fuera dispuestos a hacer el ridículo más desgarrador delante de una cámara y volver a casa con la certeza de haber hecho un buen trabajo y haber cambiado el rumbo de la humanidad. Uno puede odiarse a sí mismo, por supuesto, pero después de ver a un mastuerzo peinado como Josie, con minifalda, americana roja y calcetines blancos, parece imposible no sentirse poco menos que Lorenzo Lamas, el rey de las camas, y darle gracias al Señor por haber nacido. Así es, soy fan de estos dossiers, soy fan de los fotógrafos modernillos con ínfulas artísticas y supuesto espíritu innovador, de sus modelos agilipollados, de ese mundo de fantasía kitsch y aceite de coca por el que pululan androides andróginos, pajarracas beodas y una juventud utópica que vive detrás del espejo, como las deformaciones más histéricas de Lewis C. Carroll.

Por eso, en plena tarde de aburrimiento, y para que los consumidores de MDM sigan teniendo su ración de inquina anti-cool, este humilde escriba ha rastreado los looks más llamativos y absurdos en las secciones de moda de las principales plataformas y revistas de tendencias para servíroslos en bandeja. No os amontonéis ante el cúmulo de yeyo: hay para todos.

Look 1: ‘Macarra de los años 50 con ínfulas modernas’

Nada en contra de que la gente se perfore la piel y se escriba los diez mandamientos en la paletilla, Dios me libre. De hecho, soy el clásico cretino que cuando ve una chica tatuada aúlla como si fuera Colmillo Blanco. Pero lo cierto es que en la maraña de estilismos plagiados y dinamitados por la modernez, me topo con ingentes cantidades de mariposillas modernas ataviadas como si fueran los moscardones de barrio de “American Graffiti”. Imaginaos por un momento que sois rockers de toda la vida: hace diez años que la gente se ríe de vuestra brillantina, de vuestras camisas hawaianas, de vuestros vinilos de siete pulgadas y de vuestros tattoos de hot rods, dados y golondrinas. Toda una vida entregados a un credo, una música y una forma de vestir (incluso de vivir) y de repente cuatro trendsetters sin nada mejor que hacer con su tiempo libre os lo usurpan todo y se lo regalan a la pavada. Tupés engominados, tejanos doblados por encima de los tobillos, brazos llenos de tatuajes como si Dani Nel·lo fuera el único referente estilístico del universo, alguna cadena chunga para intensificar el allure quinqui retro y hala, 60 años de tradición y veneración a la cultura rocker tirados al váter como si fueran bolsas de cocaína en una redada. Si Elvis viviera, más de uno se llevaba un perdigonazo en el píloro.

Look 2: ‘Vice: me lo meto todo y muchísimo más’

Muy fan. Seguramente el look Vice es el que más me divierte y el que mayor respeto me merece. Lejos de apostar por el cartón piedra del gilipollismo fashion y por aparatosas escenografías de vergüenza ajena, esta revista va al grano, esto es: mucha tía en pelotas, mucho Rimmel corrido y mucha zorrería post-cogorza, como Dios manda. Admito que los reportajes de moda de esta publicación van más allá de la mera colección de fotos de bulímicos con posturitas a lo Kraftwerk: aquí se ve el meollo de la cuestión, el horror más absoluto en toda su suciedad. Tipos drogados hasta las cejas con babilla en el labio, perras despeinadas con las bragas en los tobillos, mozas con incontables morados en las piernas, adolescentes dados al arte de la autolesión que dejan a los pipiolos de “Kids” en simples actores secundarios de “Art Attack”. Dejad que os diga una cosa, el mundo es así de hijo de puta y Vice no sólo lo sabe: nos lo grita en la cara.

Look 3: ‘American Apparel: jovencitos y viciosos’

El oasis del pervertido, el paraíso del vicioso, el lago azul privée de los viejos verdes. Si eres un obseso sexual de toma pan y moja churro, los reportajes fotográficos de American Apparel pueden caer sobre tu coronilla como si fueran lágrimas de Cristo Rey. De hecho, la línea estilística de esta marca de ropa ha sido copiada y recopiada hasta el más puro agotamiento por las revistas de tendencias, que han explotado dicho look hasta convertirlo en bandera de la lubricidad juvenil más exacerbada. Efebos de 18 años en slips con un testículo medio salido, adolescentes cachondas abiertas de patas enseñando lo último en ropa interior de la marca, tipos con bigote, pelo y bolsas escrotales peludas en primer plano, chavalas mostrando las domingas a través de un corpiño sport transparente mientras retozan en la cama. Olor a chumino y a paquete fresco. Dulce pájaro de juventud. Roman Polanski es fan.

Look 4: ‘Fido Dido new romantics Kafka’

Los estilismos de nuevo cuño son caprichosos, impredecibles, juguetones. Las modas más recientes nos hablan de un look que no deja de asombrarme, el ‘Fido Dido new romantics Kafka’, una mezcla difícil de explicar dada la complejidad de su fusión: pantalones de franela por encima de los tobillos, zapatos de mediados del siglo XX, gafas redondas a lo Clark Kent, cara de haberse fumado un porro de ortigas, el peinado garçon de Fido Dido, ropa a medio camino entre la ‘horterez’ dramática new romantics y la mala asimilación del look oficinista de una novela de Kafka (tirantes, abrigo de yayo, etc.). Son las constantes de esta nueva tendencia retrofuturista vintage que no deja de regalarme risas y de proporcionarme elevadísimas dosis de autoconfianza cada vez que abro el armario. ¡Gracias, modernillos!

Look 5: ‘Heavy chocho’

¿Combinando imposibles? Si en este país hay desalmados que le echan Casera al Protos, ¿quién tiene las pelotas de impedirnos conjugar las formas y lenguaje de la comunidad gay con el estilismo del heavy metal? Chupas de cuero, melenas Iron Maiden, tejanos pitillo, camisetas de AC/DC y pluma, mucha, mucha pluma. Más pluma que en una funda nórdica. El metal se la trae floja, de hecho escuchan a Raphael, Marc Almond y Lady Gaga. Y por eso son adorables. Dos palabras: Mario Vaquerizo. Dos palabras más: mi ídolo.

Look 6: ‘Me aburro profundamente y, mientras tú quieres ser yo y encima pagas un pastonazo por esta revista, yo me lo llevo calentito”

Hay algo que siempre me ha fascinado de los modelos anoréxicos, de los andróginos, de los tops del indie fashion. Hablo de esa actitud ante la cámara de estar aburriéndose de todo lo que les rodea: de su curro, de sus amigos flipados, de su guapura, de su vida, de su desnutrición, de la madre que parió a la humanidad entera. No hay reportaje de moda chic que no cuente con estos seres entristecidos, bobalicones e hipnotizados por su propia condescendencia. Semblantes fríos, pupilas llorosas, párpados medio cerrados, miraditas de superioridad que parecen decir: “¿quieres ser como yo, pazguato de provincias? Pues mira cómo me aburro”. ¿Es necesario recurrir siempre a ese rictus de agobio y hastío tan dañino para con el género mileurista y otros pringados del planeta Tierra? Ah claro, ser guapo, ganar un pastonazo por cuatro posturitas, fornicar cual conejo y entrar gratis en el reservado de Pacha es una putada, no lo había pillado, perdón. ¿Harto de abrir una revista de moda y ver estilismos ridículos? ¿Cansado de las modelos desnutridas y las pintas de yonqui? ¿Fascinado por la combinación de Raphael y heavy metal de Mario Vaquerizo? Si es así, adelante: Modernillos de Mierda hoy emprende una cruzada contra los looks ridículos.

MDM: " Hoy, contra el bigote"

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