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Cómo convertir una tragedia en un homenaje al Call of Duty (por Michael Bay)

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Tenía una oportunidad para redimirse, pero ha apostado por la acción insípida y la campaña política

Juan Carlos Saloz

26 Febrero 2016 06:00

I

Abrochaos los cinturones, que vuelve Michael Bay. El director de Transformers, Armaggedon, Dos policías rebeldes, La Isla y cualquier otra en la que aparezcan tantas explosiones gratuitas como sean posibles vuelve a la carga.

En un intento de resarcirse de los robots alienígenas gigantescos, Bay coge el volante de 13 Horas: Los soldados secretos de Bengasi. Un biopic de una de las citas bélicas más polémicas de EEUU en los últimos años.


Michael Bay relata un suceso cuyos supervivientes no han tenido tiempo para olvidar



El director ya ha llevado a la gran pantalla una batalla histórica como Pearl Harbor. Pero ahora se enfrenta a algo muy distinto. Se trata de un suceso de hace apenas cuatro años. Los supervivientes siguen vivos. Los familiares y amigos de las víctimas aún los tienen en la memoria.

Así que la cuestión va mucho más allá de si la película hace justicia al suceso, que siempre se verá acolchado entre explosiones y muestras acarameladas de patriotismo. La pregunta lícita es: ¿Hace justicia a la guerra y el sacrificio de las víctimas?

No es que una película palomitera no pueda presentar un conflicto bélico desde una perspectiva realista. Pero estamos hablando de Michael Bay. El rey de las palomitas. Si alguien puede banalizar un suceso como el de Bengasi hasta convertirlo en un homenaje al Call of Duty es él.

Sin embargo, también puede ser su oportunidad de resarcirse. De demostrar que es mucho más que el director de los efectos especiales. Y con esta película, más que con ninguna otra, tiene la posibilidad de hacerse un hueco en el panteón de los directores consagrados.

Pero, para entender un poco de qué va el tema, repasemos los hechos que se muestran en el filme.


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Puede ser su oportunidad de resarcirse. De demostrar que es mucho más que el director de los efectos especiales



II

El 11 de septiembre de 2012 –exacto, once años después de los atentados del 11S–, varios radicales asaltaron el consulado estadounidense. Era el pleno apogeo de la Primavera Árabe en Libia y miles de manifestantes se congregaron delante del edificio para protestar por una película que ridiculizaba a Mahoma.

La inocencia de los Musulmanes era una cinta de Alan Roberts donde el profeta, entre otras cosas, defendía la pedofilia y la homosexualidad. Bastó el tráiler para que parte del mundo árabe pusiera el grito en el cielo y saliera a la calle a manifestarse.

Estados Unidos terminó de caldear el ambiente. Aunque la protesta estaba siendo relativamente pacífica, los agentes del consulado comenzaron a disparar contra los manifestantes.

La reacción no se hizo esperar. En unos minutos, varios civiles armados atacaron a la embajada y le prendieron fuego. Solo había 3 personas en el edificio: el embajador Christopher Stevens, el especialista en tecnología Sean Smith y un guardia de seguridad. Solo el último se salvó del ataque.


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Los guardias estadounidenses dispararon a los manifestantes antes de que asaltaran el edificio

No obstante, la verdadera contienda se llevó a cabo una vez el consulado fue asaltado. Un equipo de Operaciones Especiales de seis hombres fue enviado para defender a los estadounidenses que quedaban vivos. Hasta 32 diplomáticos estaban refugiados en un edificio cercano al congreso.

Las trifulcas dejaron a su paso dos soldados americanos muertos, diez del Ejército Nacional Libio y cuatro asaltantes. Además de las decenas de heridos, también quedaron varias incógnitas por resolver:

¿Fue un ataque planeado con motivo del 11S? ¿La película era solo una excusa? ¿Los radicales hubieran reaccionado así si los guardias no hubieran atacado primero?

El alarmismo estadounidense no tardó en llegar, y con él declaraciones del tipo "EE.UU. es un país que respeta todas las creencias religiosas y rechaza todos los intentos de denigrar las de otros, pero no hay absolutamente ninguna justificación para este tipo de violencia sin sentido", dicho por Barack Obama.

O "Solo es un pequeño y despiadado grupo que no representa al pueblo ni al Gobierno de Libia", un bien queda de Hillary Clinton que ayudó a mantener firme las relaciones internacionales con el país del norte de África.



13 Horas relata la experiencia de los seis soldados que fueron a paliar el desastre


III

13 Horas: Los soldados secretos de Bengasi relata la experiencia de los seis soldados que fueron a paliar el desastre cometido por los terroristas. Pese a que no se han esclarecido todos los datos ocurridos aquel día, Bay se apoya en el libro 13 Horas en el que el periodista Mitchell Zuckoff recogió las declaraciones de los implicados.

Pero lo que podría haber sido una crónica de guerra en el mundo moderno parece haberse convertido en un relato de acción continua. Eso sí, con momentos lacrimógenos que producen el efecto contrario de lo que debería provocar un conflicto bélico. Porque en una guerra no existe la pena sino la frivolidad.

Para ejemplificarlo solo hay que echar un vistazo a la crítica generalista: "Mascletá con justitos ánimos geopolíticos", "Los excesos bélicos de Michael Bay" o "Imprescindible llevar gafas de acción".

Los críticos lo tienen claro: no hay perdón para Michael Bay.


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No hay perdón para Michael Bay

Quien ya ha afirmado filmar Transformers 5 –que ha prometido que será la última película de la saga con él como director– ha perdido su oportunidad de redimirse como ya lo hiciera Ryan Reynolds. Pero la diferencia está clara en esta ocasión: Bay no quería hacerlo. Él está orgulloso de su trabajo.

"Hay demasiada crítica poco constructiva, pero los lectores ya no hacen caso de esos ataques, que al final son personales e irracionales", advirtió para aquí.

Pues bien, alejémonos del gafapastismo pueril e intentemos darle un consejo constructivo:

"Tío, eres un buen director. Has hecho perlas y se te ha criticado excesivamente por cintas que, como Armageddon, no lo merecían. Pero con esto solo das la razón a quien te critica, así que déjate de momentos increíbles y exhibe la guerra (o hasta las batallas de robots) de manera más realista y respetuosa".


Bay vuelve a traer las críticas hacia la peor gestión de Hillary Clinton

IV

Aunque se ha empeñado en declarar que no es una película de ámbito político, la ofrenda al nacionalismo estadounidense y la crítica a las acciones tomadas por el Gobierno en 2012 hacen que caiga por su propio peso.

En pleno año de elecciones en Estados Unidos, no existe mayor crítica hacia Hillary Clinton que rememorar lo ocurrido en Bengasi. Y con la crisis de los refugiados, los últimos ataques del ISIS y la crisis de la guerra de Libia, la realización de un filme como este hace preguntarse hasta qué punto es parte de una campaña electoral.

El republicano confeso ha formado parte de una estrategia de Paramount para atraer al público de derechas. Antes del estreno se realizaron encuestas donde se vio un gran interés por parte de Estados conservadores como Texas o Kentucky y un profundo rechazo por zonas más liberales como Nueva York.


http://www.slate.com/content/dam/slate/blogs/browbeat/2015/09/29/michael_bay_cinefix_6_reasons_you_have_to_respect_michael_bay_video/487723700-director-michael-bay-poses-during-the-unveiling-of-his.jpg.CROP.promo-xlarge2.jpg


Vas a ver mi película... ¡y lo sabes!


De esta forma, el estudio explotó al máximo la promoción política de 13 Horas y gracias a ello han conseguido buenos números en una taquilla tan irregular como la ética del filme.

Michael Bay tenía en sus manos una manera de enseñar e incluso educar una realidad detrás de lo que muestran los informativos. Pero ha cogido una historia introvertida sobre miedos y esperanzas y la ha convertido en una palomitera película que sirve para acelerar las campañas de figuras como Marco Rubio y, dios no lo quiera, Donald Trump.

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