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“Memorias de un Zombie Adolescente”: amor más allá de la muerte

Se estrena la última sensación del cine fantástico para el público juvenil, una historia romántica con un chico muerto y una chica de gran corazón. ¿La nueva “Crepúsculo”?

Dentro del subgénero del cine de terror dirigido a un público joven, o incluso teen, la última sensación es “Memorias de un Zombie Adolescente”, una historia romántica y con trasfondo utópica protagonizada por un muerto viviente y su gran amor, una chica viva y apasionada.

Uno.

Al margen de nuestro nivel de aguante de los fenómenos fan, el romanticismo de folletín y las historias con relente conservador, el estreno ya hace cinco años de “Crepúsculo” (2008) supuso algo positivo: la apertura al fantástico y al terror (a sus temas, aunque el tratamiento sea ligero) del cine comercial destinado a un público juvenil, incluso infantil. Eso es incontestable. Desde los 80, quizá la década más rica en películas de género fantástico y de terror pensadas para un público muy joven, la cantidad de fantasías adolescentes no había sido tan grande. Dirigida por Catherine Hardwicke e inspirada en el best seller homónimo de Stephenie Meyer, aquella película, principio de una saga taquillera, conectaba con facilidad con el público adolescente (básicamente, pues su radio de acción es muchísimo más amplio) mediante una fórmula cristalina: fantasía, amor (en principio) imposible y tímidos flirteos con el terror. Una combinación ganadora que, obviamente, no tardaría en ganar adeptos y engordar la cartelera con propuestas de perfil similar al de la popular película de vampiros. Además de las cuatro continuaciones de “Crepúsculo”, desde 2008 se han estrenado, entre otras, “Caperucita Roja ¿A Quién Tienes Miedo” (2011), “Soy El Número Cuatro” (2011), “Hermosas Criaturas” (2013) y “The Host (La Huésped)” (2012), películas que se amoldan a esa efectiva receta de fantasía accesible y romanticismo de revista para chicas. Aunque suman ideas interesantes, estrategias curiosas y admirables para acercar el fantástico a un público no iniciado o poco experimentado, no todas son sólidas: las hay más o menos inspiradas, más o menos perezosas, con más o menos gracia. Pues bien, entre las mejor resueltas está “Memorias De Un Zombie Adolescente”, éxito de taquilla en Estados Unidos que se estrena aquí este viernes.

Dos.

Su base, como la de prácticamente todas esas películas, vuelve a ser una novela: “R y Julie”, de Isaac Marion, publicada en 2011 (en España está en Reservoir Books). Es un caso de adaptación muy distinto al de “Crepúsculo”, aunque pueda parecer lo contrario. El libro de Marion, cuyo título original es “Warm Bodies” (en referencia a la extraña calidez de los zombies sobre los que va), no es exactamente una novela fantástica adolescente. La película que nos ocupa reproduce casi al dedillo su historia, su espíritu, sus escenarios y su secuencia de hechos, pero altera algo importantísimo muy bien resumido en el título “Memorias De Un Zombie Adolescente”, libre adaptación al castellano del original “Warm Bodies”. También escritor del guión, su director, Jonathan Levine, rebaja la edad de la pareja protagonista del libro (de él se insinúa que está en los 20 y pocos, de ella se dice que tiene 19). Los convierte en adolescentes y, con ese gesto, añade al relato cantidad de material que conecta directamente con propuestas como las antes citadas. Básicamente, introduce los temas, lo interrogantes y las reflexiones sobre ser adolescente que, mejor o peor llevados, acaparan todos esos filmes. “Memorias De Un Zombie Adolescente” habla desde su posición genérica de la pérdida de la inocencia, el despertar al amor, la angustia de sentirse incomprendido o la inadaptación emocional, familiar y social. Pero lo hace con más gracia y perspicacia y con menos tendencias moralistas que otras propuestas en su línea. La clave está en que Levine observa esa etapa vital desde una distancia corta, más interesado en tomarle el pulso que en intentar descifrarla y sacar conclusiones. Algo que, por otro lado, ya había hecho, desde géneros distintos, en sus anteriores “All The Boys Love Mandy Lane” (2006) y “The Wackness” (2008), ambas sin estreno comercial en España (la primera es estupenda). También en que, al contrario que otros cineastas al frente de películas similares, conoce bien los gustos estéticos y musicales del público potencial de su película, y tira de una herramienta fundamental que se echa muchísimo de menos en otras fantasías adolescentes contemporáneas: el humor.

Tres.

Encarnado por Nicholas Hoult, el crío –que ahora ya tiene 23 años– de “Un Niño Grande” (2002), visto recientemente en “Jack El Caza Gigantes” (2013), el zombi protagonista de la película que nos ocupa podría perfectamente tocar en una banda, y vaga sin rumbo por un aeropuerto abandonado y otros escenarios casi post-apocalípticos mientras suenan canciones de, entre otros, The National, M83, Feist, Chad Valley y Bon Iver (también de Bob Dylan, Roy Orbison o Bruce Springsteen). Y, pese a lo trágico de su existencia, pues está más muerto que vivo (no puedo contar la razón de la plaga, de la epidemia zombi, porque sería un spoiler como una catedral, pero sí decir que la reflexión exultantemente optimista a la que conduce, la misma que en la novela, es lo menos acertado de la película), sus dramas están contados con un acertado sentido del humor que facilita la empatía con los personajes y aleja “Memorias De Un Zombie Adolescente” de la insólita seriedad de otras compañeras de viaje.

A Levine le va la marcha. Sería exagerado decir que parodia películas como “Crepúsculo”, pues, en última instancia, busca al mismo público con estrategias muy parecidas. Pero sí intenta rebajar, relativizar, con humor los clichés y la cursilería de otros romances adolescentes con coartada sobrenatural. Al humor que perfila la historia de R, aislado con otros zombis en un aeropuerto abandonado, incapaz de hablar (apenas balbucea la letra que ha aceptado como nombre) y de recordar su pasado y, cosa rara en un muerto viviente, con cierta capacidad de sentir, se une otro acierto incontestable: una atractiva puesta en escena de la historia. Levine dispone bien el relato y rueda pulso, ritmo y buen gusto las aventuras del protagonista, cuya incontrolable pasividad se desmorona cuando conoce a Julie (Teresa Palmer), una humana la brigada anti-zombis, en una jornada de caza. Es la subtrama de la resistencia contra los muertos vivientes (o algo parecido), liderada por el padre de la chica (John Malkovich haciendo de John Malkovich), la parte más floja de “Memorias De Un Zombie Adolescente”: el diseño es perezoso y la resolución provoca cierto déjà vu. Pero es un mal relativo, un dolorcillo que en realidad no hace daño. El director acierta con el look de su propuesta, resuelve visualmente con fortuna las ideas más locas de la historia (me gusta mucho el juego con los recuerdos de los personajes, tomado del libro y reproducido con acierto) y, sin ser agresivo o agrietar una propuesta decididamente estilizada, no es mojigato al representar la violencia: son zombis que comen humanos, eso no es así y así lo enseña. “Memorias De Un Zombie Adolescente” no es un dechado de originalidad, pero es buen mainstream de género fantástico (rodado con clase, deliciosamente referencial y con un humor más que agradecido) y es ideal para familiarizar a nuevas generaciones con la fantasía y el terror. Compro.

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