Columnas

Maxis de abril: la remesa mensual de los vinilos más destacados para uso de DJs y disfrute de aficionados (parte 2)

Continuamos el repaso mensual a las últimas novedades en materia de EPs de música de baile, alejándonos siempre de la tiña y acercándonos a la crema

A punto de que se acabe abril, retomamos la columna mensual en la que repasamos las novedades en formato 12” –sobre todo orientados para DJs– para arrojar luz sobre unas cuantas joyas que merecen atención, desde el nuevo EP de Kode9 a los últimos remixes de Jamie XX y Nicolas Jaar.

A los fieles que acuden cada quincena para leer esta columna, un afectuoso saludo: se acaba abril, ha llegado la primavera en su más radiante esplendor, y es tiempo de alegría, saturnales y generosidad. Fuera esas caras largas, venga esa algarabía y ese despiporre, y desnudémonos todos para recibir a Febo y el frenesí de Dioniso, que nos riega con vino y frutas. Aunque también un aviso para navegantes: esta columna, que como bien conocen los lectores asiduos, tiene por misión ir recomendando algunos de los maxis de electrónica de baile con más enjundia del momento actual, una vez más viene cargada de oscuridad y un puntito de mala leche. A modo de resumen, digamos que tenemos una pequeña obra maestra de Kode9 en formato 12” y luego unas cuantas rodajas de underground technoide firmadas por una interesante hornada de debutantes (o casi) capaces de congelarte el esfínter. En efecto, la primavera, el frenesí, la alegría, pero no hay que olvidar que para toda situación también existe la contraria, y que el calor se combate con frío. Aquí van diez maxis (y unos cuantos bonus beats) que vale la pena escuchar o, si no hay valor, mantenerse lejos de ellos.

Kode9: “Xingfu Lu” [Hyperdub, HYP011, 12”]

En la galleta del vinilo aparece el señalizador de una calle de Shangai: es ahí, en ese mismo enclave geográfica en la nueva China cosmopolita, donde Steve Goodman inició la gestación de su nuevo EP, el primero que graba y edita desde la publicación hace dos años de su tremendo segundo álbum, “Black Sun”. ¿Qué ha cambiado en el imaginario sonoro de Kode9 en este tiempo? Aparentemente poco, porque sigue fiel a ese tipo de construcción rítmica agitada, con momentos de convulsión incontrolable antes de volver al orden de la cadencia quebrada 2step –en otras palabras, que también hay unos nada casuales detalles de footwork–. Siguen cruzándose sus habituales texturas agudas –muy influenciadas por la música oriental, como en “9 Samurai”, pero aquí aún más frecuentes y con más don de la oportunidad– que atraviesan la arquitectura rítmica como si fueran filos de espadas, y que en “Kan” alcanzan cotas de histeria acercándose al ruido de un globo que se desinfla o el relincho de un percherón furioso. En un perfecto equilibrio entre riqueza rítmica y lujo en el revestimiento atmosférico, Kode9 firma un 12” que es breve –sólo siete minutos sumando sendos tracks– pero tan suculento que el más rico de los manjares bass.

EOMAC: “SPOOCK” [Killekill, KILLEKILL 012, 12”]

La hoja de promo de “SPOOCK” utiliza artes de sugestión muy sutiles: indican que “Stylised & Decentitised” ha sido pinchado recientemente por Aphex Twin en alguna de sus contadas sesiones, y ante un dato así, necesariamente, te tienes que obligar a escuchar: no se conoce que Dios haya pinchado alguna vez una basura de tema. Una vez se entra en faena, se comprende el porqué: la música de EOMAC –que es Ian McDonnell, uno de los dos miembros del proyecto techno irlandés Lakker– contiene más guarrería que la sección porno entera de un videoclub, está construida con una arritmia violenta y con una textura como de papel de lija. Dicho de otro modo, es ese tipo de techno feísta y propulsado por anfetamina que siempre ha sido del agrado del underground más agreste, ese que sigue circulando por raves insalubres y clubes con mala iluminación –que no necesariamente son sinónimos de cuchitriles; en Berghain no se ve tres en un burro y fijo que allí esto lo pinchan a morir–. “Spoock” es una rayadura violenta, el tema que le gusta a Aphex tiene el aroma del techno fronterizo con el braindance perturbado, y el remix de Lucy es como si a Jeff Mills le practicaran una exploración rectal para chequearle la próstata. Cuidado con no marearse y vomitar.

Elizabeth Merrick-Jefferson: “Urban Off Road” [Argot, ARGOT005, 12”]

Hay dos cuestiones que llaman poderosamente la atención de este vinilo. Primero, es el nombre de la autora, no tanto que sea mujer –que eso es algo cada vez más habitual en el circuito techno/house y nos congratulamos por ello–, sino la composición fonética del nombre compuesto; tiene esa longitud casi de hexámetro griego que también hace agradable la escritura (aunque no tanto la pronunciación) de, por ejemplo, Maya Jane Coles. Un nombre con aplomo, con autoridad. Una tontería, sí, pero hay detalles de pura estética que enganchan, y Elizabeth Merrick-Jefferson anima a escuchar y comprar sólo por cómo fluye la tipografía. Luego está el doble hecho de ser de Detroit y de estar cobijada en un caparazón de underground de lo más protector: no se han visto fotos nítidas, se sabe muy poco de su trayectoria y de su vida, y sólo nos podemos acercar a ella a través de unos cortes de house esquelético y techno subido de tempo que nos traen al recuerdo a grandes damas de la Motor City como Kelly Hand. EMF es como una versión con más empuje y tenacidad del soul analógico de monstruos como Omar-S: “Go Home” rechina en su crudeza, los beats se hinchan y explotan como una sopa hirviendo, “John Kronk” es una eficaz rodaja de old school con ritmo latino y cuerdas sintéticas a lo “Strings Of Life” pasado de revoluciones, y “Astronomical Twilight” indica que tiene su corazón pausado y espacial. Retro, pero todavía vigoroso.

Four Tet & Rocketnumbernine: “Roseland” [Text Records, TEXT023, 12”]

Lleva un tiempo Four Tet de lo más colaborativo y social. Desde que su propio sello Text Records empezó a escalar como una etiqueta de compra obligada, se ha metido en el estudio de grabación con Thom Yorke y Burial, ha compartido referencia con Daphni y siempre está en boca de todo el mundo en Twitter; nunca haciéndose el pesado, pero como un zelig moderno, siempre cayendo donde hay que caer (y cayendo bien). Su figura ha crecido hasta extremos prometeicos –su última serie de vinilos, recopilada finalmente en el álbum “Pink”, no ha hecho más que acrecentar su estatus–, y eso se traduce en un brutal incremento de su confianza. Ahora, Kieran Hebden hace algo inédito en su carrera: colaborar con Rocketnumbernine, el dúo al que dio la oportunidad de saltar a la gran arena de la música electrónica con su maxi de 2010 ( “Matthew And Toby”), que iba en la línea de los viejos discos de Red Snapper, haciendo posibles los contactos entre el jazz y la cultura breakbeat. Rocketnumbernine no han sido prolíficos, pero con “Roseland” –donde Four Tet añade máquinas por encima de la percusión orgánica– dan un gran salto de calidad: la cadencia fluida, las flexiones rítmicas poderosas y el diseño hipnótico recuerdan a una versión musculosa de The Cinematic Orchestra o un remix laxo de Floating Points. No en vano, es Sam Shepherd quien grabó la jam session en su estudio el pasado 15 de julio de 2012. Caviar iraní.

Demdike Stare: “Testpressing #001” / “Testpressing #002” [Modern Love, LOVE085 / LOVE086, 12” + 12”]

Vinilos transparentes, galletas blancas y un packaging que rinde tributo a aquellas copias de promo tan exclusivas, recién salidas de fábrica y para DJs y periodistas, que durante un tiempo eran sinónimo de material de posible reventa lucrativa. Como ya sabemos, ahora los white labels y los test pressings tienen menos valor que la palabra de Mariano, pero si conscientemente se reproduce aquella estética zarrapastrosa para una nueva hornada de vinilos con aureola de coleccionismo, estamos ante un objeto de culto. Demdike Stare han retomado la actividad editorial con dos maxis –y se supone que habrá más– con dos temas por ítem, un diseño uniforme y retro, y un contenido novedoso en lo que es la andadura del dúo: lejos del ambient empantanado, la música de brujería, los drones penetrantes y la oscuridad con viscosidad de brea, ahora el sonido es una intrincada sucesión de breaks, muy en la línea de aquella misteriosa mini-serie en Modern Love llamada Hate, inspirada en el viejo jungle (y en la que Miles Whittaker tenía algo que ver). Los “Testpressing” de Demdike Stare están formados de breaks abruptos, como un recorta-y-pega (el reverso duro del “Diversions” de Lee Gamble, que lo que argamasaba eran los interludos ambientales de los hits de drum’n’bass) de polirritmias y bajos caóticos. Y también alguna escapada hacia un techno de tintes industriales. Estos discos, dentro de un tiempo, sí que valdrán una pastizara gansa.

Rumah: “Stutter / Murmur” [Church, CHURCH002, 12”]

Sólo tiene dos referencias, pero Church está en camino de ser uno de los sellos más calientes del techno actual gracias a una audaz política de fichajes. El primer vinilo lo tuvimos en noviembre del año pasado, firmado por Happa, un chaval de 15 años que, entre tareas del instituto y clases, sacaba tiempo para hacer tracks de una pesadez y una contundencia propia de nuevos ídolos de la cosa como Blawan (estará en Sónar, por si no lo saben). Church cuenta con la baza de ser un producto del Londres periférico, aquel que ni tiene coolness ni la quiere, y que se obceca en la simple expectoración de música para un estado mental hastiado. Ahora llega la referencia 002, y la firma otro debutante del que no se ha dicho la edad, pero que intuimos también rabiosamente joven. Rumah no es tan leñero como Happa, en su código estético entran las voces soulful bajadas de pitch propias de Chicago y un sonido muy basado en un kick-drum seco y unas cajas oxidadas, un dark house que, pese a su esquematismo y anorexia, suena elegante. Complementando los dos temas originales de Rumah hay dos remixes, uno de James Fox para “Murmur” –de un old school respingón– y otro de los jefes del sello, Apes & Seb Wildblood, que también tienen sueños húmedos con lo más esquemático de la Windy City. Hay juventud y hay clase: indicios primeros de que pueden rendir a los clubes a sus pies algún día.

Clouds: “The Man Out Of Dubs EP” [Fifth Wall, 5WALL003, 12”]

Seguimos en la misma onda, la de ese 4x4 poco amistoso y plagado de rincones oscuros. El sello Fifth Wall lleva un buen año de debut, reuniendo trabajos de algunos productores emergentes –no necesariamente debutantes, pero sí en franca fase de desarrollo– y permitiéndoles ponerse todo lo sulfúricos, mercuriales y cochinos que quieran, sin ninguna clase de filtro. Y esa ventaja, por ejemplo, el dúo escocés Clouds la aprovechan muy bien: en su material para Turbo –sello en el que van a editar su álbum de debut en junio– se domestican un poco, no se ponen tan asquerosos como querríamos y, aunque le extienden la alfombra roja a su adorado Blawan, no salen con la intención de hacer sangre. Pero aquí sí: en estos cuatro cortes (más dos remezclas) lo dejan claro en los títulos – “Tropical Fuck”, “Drone Function”, “Phantom Female” y en este plan– y en el sonido, conscientemente ajado, con modulaciones de hard techno incómodo y a la vez arty. Completa el release una pareja de remixes –una de Divvorce y otra de Hound Scales, los otros dos artistas de Fifth Wall– que o bien te causarán agujetas en los pies o te harán potar hasta la primera papilla.

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Inland: “Solstice” [Counterchange Recordings, COUNTER001, 12”]

Hay galletas que las ves y ya sabes por dónde pueden ir los tiros. Con “Solstice” ocurre, que ya sólo por el diseño te imaginas un EP funcional de sonidos de baile con un matiz deep, posiblemente con bajos absorbentes y casi líquidos, un barniz analógico y ese amor inmortal por la vieja escuela de Chicago y Detroit. Sin duda, uno de esos discos que tanto se llevan ahora y que parece que no hayan salido de la nostalgia, y que sin embargo están jodidamente bien hechos: el eterno conflicto entre la innovación y el respeto que ha funcionado como estimulante (a veces) o castrador (casi siempre) impulso para una nueva generación de productores. Ed Davenport es inglés, vive en Berlín y adopta el alias Inland para lo que, paradójicamente, son sus viajes musicales menos terrenales y más aéreos: ahora que le regala cuatro tracks al novísimo sello Counterchange, se explaya en ese tipo de tech-house con pads alargadísimos y suaves, esas cajas con regusto añejo y esa rigidez estirada que tan bien sirve a DJs a los que les gustan las mezclas largas ( “Solstice”). El reprise, “Solstice (Lost)” es más ácido y punzante, “Monument” más acuoso en un sentido Chain Reaction del término, y “Earthloop” el momento más descaradamente Detroit de un 12” que no sorprende, pero que deja un agradable cosquilleo en el espinazo.

Alexander Lewis: “A Luminous Veil” [Blackest Ever Black, BLACKEST014, 12”]

Hay debuts que dejan huella. Momentos en los que un artista se da a conocer por primera vez sin que sepamos nada, o casi nada, de su vida o de su carrera –sobre todo porque carrera previa no hay, y su vida no nos importa–, pero quedan grabados a fuego en el cerebro. ¿Quién es Alexander Lewis? Ni idea, por supuesto: lo único que tiene para estar en contacto con el mundo exterior es una cuenta de Twitter –55 seguidores y 13 mensajes– y un mensaje poderoso: una especie de versión atmosférica del techno que guarda una semejanza perturbadora con el black metal avantgarde –sin voces, pero con bombos sumergidos– y con la línea más rítmica del sonido de sellos como Hospital Productions. Si nos dijeran que Lewis es un alias paralelo de Dominik Fernow nos lo podríamos creer, aunque en el citado Twitter apunta que es de Londres y se mueve por su cuenta. Este maxi ni siquiera es el típico ejercicio de dark ambient expresionista: no es tan depurado como la obra maestra de The Haxan Cloak, pero tampoco es un disco de relleno en la escena: araña y acongoja, oprime y en según qué momentos destella antes de hundirte en el horror, asfixia y tortura. Si lo que entiendes por pasar un buen rato es que te metan hierro fundido por la garganta, has llegado al sitio adecuado.

Alfie: “Hy-Brasil EP” [Space + Time Records, SATR002, 12”]

Un poco más arriba se hablaba de juventud insultante, a propósito de los artistas del sello Church. Pero Alfie, en ese sentido, tampoco es manco: tiene 18 años, es asquerosamente pimpollo, y la sensación se vuelve todavía más ridícula cuando se piensa que su primer EP, publicado en julio del año pasado –fue “Unconfortably Numb”, en el sello Blah Blah Blah Records–, por una simple cuestión aritmética, lo planchó con 17 (y a saber si lo hizo en su casa con 16, mientras merendaba un bocata de chopped). Gente tan precoz, tan brillante, tan descarada, que te hace sentir más anciano que Matusalén, y aún más cuando le prestas atención a su música y descubres en ella una frescura contagiosa y una luz diáfana. Este vinilo de Alfie se completa con un remix de Citizen que no aporta un valor especial al conjunto, pero mientras tanto han ido flotando tres piezas de tech-house satinado, con pads surfeantes, beats gomosos y ese tipo de voces que se daban, hace muchos años, en el house progresivo americano y también en el más deep. Tal como se materializan y se desarrollan “Hy-Brasil” o “Growing Apart” parece como si se estuviera creando un holograma más depurado y minimalista de los Deep Dish de la época de Tribal Records. Dejémosle crecer y que alcance la estatura de estrella a la que parece que apunta.

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Bonus Tracks

Y como bien saben los asiduos de esta columna, cuando parece que se ha acabado, pues no, no se ha acabado, porque nos chorrea tanta música, se nos acumula tanta buena cosa, hay tantos artistas y discos que merecen un poco de cariño y aprecio, que se les comparta con el mundo que, joder, no podemos resistirnos a dar más y más.

Deadbeat: “Primordia” [BLKRTZ, BLKRTZ006, 2xLP]

“Primordia” recoge los comienzos de Deadbeat: en su versión original apareció en 2001, en el sello canadiense Intr_Version, y los que tenemos aquel CD lo conservamos como si fueran las tablas de la ley de Moisés en versión ambient-dub con pulsaciones technoides. Un disco precioso, palpitante, que sonaba como meter la cabeza en una bañera de agua clara y sacarla sólo cada 20 segundos para respirar. No alcanzaba las cotas de excelencia del Vladislav Delay de aquellos años, pero anticipaba que su autor sería grande. Y aquí lo tenemos, 12 años después, consolidado como uno de los mejores francotiradores del techno-dub y reeditándolo en un flamante doble vinilo. Al saco.

Chasing Voices: “Awoken By Tears” / “Scold” [Preserved Instincts, PRESERVED INSTINCTS-05 / PRESERVED INSTINCTS-06, 12” + 12”]

Por lo poco que se sabe, Chasing Voices podría ser una derivación techno de la gente de Slow To Speak, una célula creativa misteriosa –luego se supo que detrás estaban Paul Nickerson y Francis Englehardt– que se dio a conocer editando bootlegs exquisitos a partir de material de Björk o U2. Los seis vinilos en Preserved Instincts, planchados de manera irregular desde 2010 hasta hoy, al menos siguen la misma pauta: precios caros, un solo tema planchado en una cara, portadas litografiadas y aureola de objeto de deseo. Tras una frecuencia de un disco por año, en 2013 ya van dos, que funcionan como sendos clímax de un set techno alborotado, con hi-hats veloces, bombos de compás irregular y sintes galáticos, bastante Luke Slater circa 1995 mezclado con Regis circa 2010. O sea: droga dura.

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Anenon: “Sunsets And Clocks” [Non-Projects, NON010, 12” + digital]

Brian Allen Simon, alias Anenon, es un outsider de la escena beat californiana, y a cada nuevo disco se encarga de dejarlo claro, por si alguien aún no se hubiera enterado. Le fascina el ambient, las cuerdas, incluso la new age, y en la décima referencia de Non Projects –otro sello que edita poco, con lentitud y con cariño– busca ese estado de ánimo de relajo y derrota tras el paso de las horas de la tarde, con largas capas ambientales que remiten al Eno de “Atmospheres & Soundtracks”, un saxo muy Jan Garbarek – “Dreamer (For Mary Jane)”– y variaciones rítmicas con techno de campanillas. La edición limitada, ya agotada, incluso añade un librito con fotos emo.

Brian Eno x Grizzly Bear: “Nicolas Jaar Remixes” [Warp, WAP346, 12”]

Durante el pasado Record Store Day estaba la gente que lo tiraba con material exclusivo de cinco jotas, y Warp, además del disco misterioso de Boards of Canada con una miniatura de 20 segundos, llevó a las tiendas –con más copias, eso sí– estos dos remixes de Nicolas Jaar a partir de sendos temas de Grizzly Bear y Brian Eno. Del segundo rehace “Lux” con sonidos del mar, un piano que busca la atonalidad entre frágiles visillos ambientales y una voz articulada de manera que exprese mucho y no diga nada (al menos en ninguna lengua conocida). De los segundo toma “Sleeping Ute” y se carga casi toda la letra, deja el bajo y la percusión y suma más texturas neblinosas de las suyas. El chaval sigue tocado por un ángel, o algo.

The xx: “Jamie XX Edits” [Young Turks, YT090T, 12”]

Jamie XX también aprovechó el Record Store Day para compartir dos edits suyos de canciones que en “Coexist” no tienen bombo, y que por tanto en su versión original no le sirven para pinchar. Por tanto, quien ponga sus manos sobre este vinilo se llevará dos lecturas de house flotante y embrujado a propósito de “Sunset” y “Reconsider”, de las que quedan el juego de diálogos y la pulsación del bajo, mientras todo lo demás es vaho. Aunque si se quiere un edit guapo de The xx, tomen nota de esta recomendación: el que ha hecho Sasha de “Chained”, diez minutos sin tocar el suelo.

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