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Matsuri-kei: Guía para el hipócrita

Momus

Matsuri-kei: Guía para el hipócrita MomusHoy quiero hablaros de un nuevo género. Es uno que acabo de inventar. Lo llamo Matsuri-kei.

Se que ahora algunos de ustedes, al leer esto, querrán exclamar: “Momus, ¡que hipócrita eres! ¿No decías apenas el mes pasado que las categorías y los géneros estaban arruinando a las tiendas de discos, y que deberíamos dinamitar las estatuas de Linneo, el padre de la taxonomía? Y, por cierto, ¿no eras tú el que decía un mes antes que las tiendas de discos estaban muertas?¡Hipocresía sobre hipocresía! ¿No tienes vergüenza? "

Bueno, pues me sonrojo, por supuesto; claramente tengo algo de vergüenza. Pero soy terco; y en mi mente todo esto tiene sentido. Sí, las tiendas de discos están en sus últimas. La insensata plétora de categorías es un síntoma de sus torpes y desesperados intentos para cubrir la diversidad musical que hay en el mundo digital y de los escenarios. Y sí, a veces deseo que hubieran arreglado todo alfabéticamente.

Pero hay otra solución, una que se me ha ocurrido - ¡en serio! - añadir a ese discurso. No debería haber géneros (sólo un orden alfabético por el nombre del artista) o tendría que haber millones y millones de géneros, uno para cada artista. Mejor, ¿qué tal un género por cada disco, por cada canción, o por cada sección de cada canción, o cada canal de la mesa de mezclas, o por cada cuerda de la guitarra en la canción 29?

¡Imaginen que la afinación de mi cuerda Mi pudiera estar en el género “Flamenco Sueco” en los altos y en el género “Sonido vibrante de los Shadows” en los bajos! ¡O quizá los bajos podrían tener dos géneros: “Sonido vibrante de los Shadows” y "Sub-Peter Hook"! O mejor aún: ¡que cada nuevo efecto digital que aplicara al sonido desnudo de la cuerda lo pudiera poner en un género diferente!

Entonces, con este argumento de “ya sea ninguno o millones” en mente, procedamos a un ejemplo práctico. Aquí tenéis Matsuri-kei. Me lo he inventado. Es un género que contiene artistas femeninas japonesas que gritan sobre bases de tambor de festival (un matsuri es un festival tradicional japonés de verano que contiene símbolos Shinto de la fertilidad y muchos bailes guiados por tambores, y kei, sólo significa “estilo”).

Pero no me he sacado Matsuri-kei de la manga. Comencé a ver artistas japonesas que tenían cierto sonido que no encajaba realmente en ninguna categoría que conociera, pero que tenían algo en común entre ellas. Parecía que estaban haciendo algo tribal, algo primitivo, algo digital y a la vez tradicional. Creo que “Umo” de OOIOO fue la primera canción de este estilo que me sorprendió realmente:

OOIOO es por supuesto una banda formada por Yoshimi de The Boredoms, así que inmediatamente tiene una vibra hippy-trippy-art-punk e influencia jamaicana. Esa vena jamaicana y el hecho de que OOIOO es una banda de chicas con beats primitivos y tribales que les llevan a ser comparadas en mi mente con The Slits, y especialmente con su segundo y último álbum, “Return of the Giant Slits”, producido por Dennis Boyell y Dick O’Dell en 1981 y re-editado el año pasado por Blast First. Cuando veo el salvaje, bohemio-eco-tribal video de “Umo”, siento como que podría encajar sin mucho problema en ese último álbum de las Slits.

En sus inicios, The Slits tenían guitarras de punk rock espeso y distorsionado, sonido que se fue abriendo a más sutiles, precarios espacios y ritmos rotos de funk. Esa decisión es crucial, y es por la que no podemos incluir grupos como Afrirampo en el género Matsuri-kei. Las guitarras de Afrirampo son demasiado rock, y su máximo asalto nos lleva a un área totalmente diferente, no sólo de música, sino de simbolismo. Si las bandas de Matsuri-kei están desempeñando el papel de chamanes femeninas, Afrirampo evocan un poder más masculino: hay una inevitable sugerencia de envidia de pene en el uso del símbolo fálico musical mejor conocido.

Si Afrirampo son muy fálicas – y tienen también un sonido espeso – para ser incluidas en nuestra hipotética categoría Matsuri-kei, ¿quién más puede encajar? Bueno, diría que Kiiiiiii son candidatas. Aquí tenéis al dúo de Tokio interpretando: "4 Little Joeys":

Otro grupo femenino con un sonido salvaje y extraño – aunque más glitchy que tribal- es Groopies ( Nobuko Hori y Kyoka Kyoka, que viven en Nueva York y Berlín respectivamente:

Pero Nobuko y Kyoka están en un área ligeramente diferente. Encajaría mejor en el rubro de Matsuri-kei –quizá es quien mejor encaja- la artista del laptop de Osaka DODDODO. Este video, para mí, define el sonido casi perfectamente:

DODDODO viene de la escena noise underground de Osaka, la misma escena que incubó a Acid Mothers Temple, Ove-Naxx, y The Boredoms. DODDODO se llama a si misma "zorra del sampler" y Boomkat define su estilo como “girltronica”, pero para mi es Matsuri-kei. DODDODO actuó a principios de este año en un festival en las montañas del sur de Osaka llamado Gocha Matsuri (mirad el inicio de su set de 7 minutos y 51 segundos en este video). ¡Perfecto!

Otros candidatos a portar la insignia de Matsuri-kei podrían ser más difíciles de localizar. Quiero incluir un excelente pero oscuro álbum de Izumi “Mimi” Kobayashi (producido por Holger Hiller). Se llama iK.i, y es una extraña mezcla de beats sampleados y cantos y canciones tradicionales japoneses. Podréis decirme acerca de otros que no haya escuchado.

Así que aquí esta, una nueva categoría para bandas declaradas a menudo de incategorizables. Un linaje que va de The Slits y pasa por Mimi Kobayashi y The Boredoms a los vándalos actuales del laptop. Un hato de significados, una apetitosa especificación de limitaciones estilísticas (¡y no espesas guitarras fálicas!). Matsuri-kei es completamente ficticio en este sentido – en realidad no existe de ninguna manera- y aún así no no-existe tampoco. No sirve para nada, y aún así puede servir si necesitas una bolsa de red para las compras discográficas de un día, o un nombre para el folder con los contenidos de un día de descarga.

La próxima vez que veáis a una banda de chicas japonesas con maquillaje tribal gritando letras eco-chamánicas sobre un beat Afro-Jamaicano desembarazado de guitarras, lo mejor es que digáis: “¡Ah, ésta es la cosa que Momus llama Matsuri-kei! ¡Ese hipócrita!

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