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El legado musical de Margaret Thatcher: la lucha anti-conservadora en el pop de los 80, del post-punk al brit-pop

La Dama de Hierro, fallecida ayer, es la política que más canciones y movimientos sociales ha despertado en su contra, hasta el punto de que su figura y su gestión ha entrado a formar parte de la historia de la música popular

Las políticas conservadoras implantadas en Reino Unido por los gobiernos de Margaret Thatcher desde 1979 a 1990 recibieron, durante toda la década de los 80, una feroz respuesta por parte de la escena independiente, que se reveló y denunció los abusos contra la clase obrera en un legado musical incomparable. Repasamos esa influencia con motivo del fallecimiento de la ex Premier británica.

Pocos políticos pueden “presumir” de haber inspirado un repertorio tan amplio de canciones como Margaret Thatcher. A modo de ejemplo, acabo de buscar “songs about Margaret Thatcher” en Google y me han salido casi 2000 resultados (quitando las comillas asciende a dos millones y medio). Puede no parecer una cifra muy espectacular, acostumbrados como estamos a los resultados millonarios de Taylor Swift o Justin Bieber, y seguro que se han publicado numerosos artículos y entradas sobre el tema en las últimas horas, así que para poner esas 2000 menciones en perspectiva decidí buscar “songs for Tony Blair”… y la diferencia habla por sí sola: los resultados en este caso ni siquiera llegan a 40.

En el caso de la dama de hierro, no se trata solo de haber servido de involuntaria “musa” de la independencia británica en los ochenta (Blair también fue musa o agitador de algún modo, pero esa es otra historia). No es complicado argumentar que el efecto de sus políticas fue tan ubicua que hay algo más interesante aún que hacer un recuento de los temas que inspiró (y seamos sinceros; si estáis leyendo esto seguramente ya habréis leído alguno de los recuentos publicados en las últimas horas). Me refiero a que podemos plantearnos si hubo algún resquicio en la música del Reino Unido en los ochenta que no estuviese directa o indirectamente influido por la aplicación práctica de su ideología.

Por supuesto, la huella más evidente se puede encontrar en canciones que mencionan directamente en sus letras a la política conservadora. Estos son los temas que más rápidamente han saltado en la prensa online tras la muerte de la ex primer ministro británica. Ahí están, por supuesto, Crass, quienes se embarcaron en un ataque frontal en su música contra la Thatcher. Un ataque que la bancada conservadora se tomó tan en serio que a punto estuvo de reportarles graves consecuencias. Su momento más famoso es “How Does it Feel to be the Mother of a Thousand Dead?”, que protestaba contra la guerra de las Malvinas con una incendiaria letra.

En muchas ocasiones, las canciones estaban compuestas por grupos cuyas formaciones servían además de ejemplos precisamente de los estratos sociales a los que Thatcher trató de cortar las alas. Estoy hablando, claro, de la clase obrera y la ya por aquel entonces muy nutrida población multicultural, reflejada en grupos como The Beat o The Specials, que desde muy temprano vieron claros los destructivos objetivos que tendrían las decisiones de quien, en uno de sus momentos más infames, para justificar sus ataques a todo lo público y el sistema social construido en el Reino Unido tras la segunda guerra mundial, llegó a decir que la sociedad, simplemente, no existía. Coincide, además, que sus respectivos temas anti-Thatcher ( “Stand Down Margaret” en el caso de The Beat y el celebérrimo “Ghost Town” de The Specials, sobre los efectos del paro y la crisis económica en las urbes industriales inglesas) están entre los que me parecen más exitosos del lote, porque musicalmente ofrecen la imagen de un Reino Unido totalmente diferente a la uniformidad de clase alta defendida por los conservadores. Durante el resto de la década, se sucederían las canciones sobre el tema con ilustres y recurrentes practicantes como Elvis Costello o los nunca suficientemente reivindicados McCarthy.

No es de extrañar, entonces, que la respuesta musical a los recortes de oportunidades para la clase obrera pasase por su reorganización, en el plano de la industria musical, en toda una galaxia de sellos independientes, sistemas de distribución alternativos incluidos. Es algo que está muy bien explicado en el recomendable libro “How Soon is Now” de Richard King, que recoge una declaración muy ilustrativa de Johnny Marr: “[a mediados de los ochenta] o eras mainstream o por definición estabas en contra del gobierno”. Antes, claro, había surgido Rough Trade para replantear con su –en palabras de Richard King– colectivismo y utopismo la posibilidad de otra manera de organizar la industria musical. En Rough Trade, claro, abundaron las expresiones de anti-thatcherismo, con singles memorables como el “Shipbuilding” de Robert Wyatt (a partir de un original de Elvis Costello), o el single de The Enemy Within, producido por Adrian Sherwood y Keith Le Blanc, renombrados a partir de la frase con la que Margaret Thatcher se refirió a los mineros huelguistas. ¿El título de la canción? “Strike” (huelga). Incluso en la galleta del vinilo se podía leer “Apoyad a los mineros”.

Pero el anti-thatcherismo no solo estaba presente de manera explícita. Los efectos de los recortes sociales de la era Thatcher también tuvieron su efecto en los clubes ingleses, en su crecimiento hasta su eclosión a finales de los ochenta a través del fenómeno rave que, ya en las postrimerías de la era Thatcher, dio verdaderos quebraderos de cabeza al gobierno al contemplar como una buena parte de la juventud organizaba su ocio de espaldas a la legalidad. Simon Reynolds, en “Energy Flash”, apunta que las raves proporcionaban a la clase obrera el sentimiento comunitario que antes representaban los sindicatos, muy debilitados en los años ochenta. También argumenta que el denominado segundo verano del amor, el de la explosión acid, contaba con una decidida retórica anti-Thatcher. Para Reynolds, grupos como los Happy Mondays eran los hijos ilegítimos de la primer ministro, un efecto secundario de sus políticas.

"Grupos tan mainstream como Heaven 17 o Frankie Goes to Hollywood también contribuyeron a engordar la lista de canciones inspiradas por Margaret Thatcher"

Ni siquiera el mainstream, como decía Marr, se libró en la era Thatcher, y sus clichés de producción, el sonido grande, de estadio, y la euforia emocional que dominaron la industria en los ochenta fue para muchos sospechosa de estar alineada con el gobierno. Es curioso porque posiblemente ahora no se vea de un modo tan drástico, con la relativa reivindicación que el hypnagogic pop y parte del underground contemporáneo han hecho de los métodos de producción mainstream en aquella década. Y en cualquier caso es todo mucho más complejo: grupos tan mainstream como Heaven 17 o Frankie Goes to Hollywood también contribuyeron a engordar la lista de canciones inspiradas por Margaret Thatcher. ¿Y algún ejemplo de lo contrario, de cantantes o músicos a favor? Pues sospechas aparte, el más conocido es el de Gary Numan, quien ya tenía que lidiar con la idea de que era un niño bien, un intruso en la escena post-punk, y encima va y se declara pro-Thatcher. Todo es más complejo de lo que parece, sí, incluso en el underground, ya que también está el argumento según el cual los sellos independientes eran también al mismo tiempo ejemplos del espíritu emprendedor que los conservadores querían inculcar en su población.

"¿Estaríais dispuestos a cambiar estas canciones por un mundo en el que no hubiese existido Margaret Thatcher?"

Pero ¿por qué quedarnos en los ochenta? Como se ha comentado con frecuencia en las últimas horas aquello de que Margaret Thatcher ha muerto, pero le han sobrevivido sus ideas, me gustaría ir un poco más allá. Thatcher comentó en más de una ocasión que su mayor triunfo fue hacer que el laborismo inglés se pusiese de rodillas y aceptase las reglas del juego neoliberal que ella había impuesto. Por eso, el brit-pop y su triunfalismo nacionalista en la era Blair resultan también incómodos: los laboristas querían instrumentalizar el brit-pop en favor de la marca UK, convertirlo en una empresa.

En los últimos años es conveniente señalar cómo la hauntology se ha referido, por omisión, a las consecuencias de la era Thatcher. El colectivo articulado en torno al sello Ghost Box y nutrido por, entre otros, Broadcast o The Focus Group, idealiza una Inglaterra pre-Thatcher, imaginando un universo alternativo en el que el denominado consenso social –surgido a partir de la segunda guerra mundial, debido al convencimiento de laboristas y conservadores de que las estructuras públicas eran imprescindibles para evitar que su población volviese a pasar las penurias de la primera mitad del siglo XX– no ha sido desarticulado.

Esto no ha sido más que un repaso por encima a lo más destacable del “legado musical” de Margaret Thatcher. Para terminar, una duda: mucha de la música inspirada por el thatcherismo es de gran calidad. ¿Estaríais dispuestos a cambiar estas canciones por un mundo en el que no hubiese existido Margaret Thatcher? Probablemente de no haber existido ella otro habría cumplido su papel, pero también es cierto que gente como Morrissey o Robert Wyatt habrían encontrado otros focos en los que ventilar su ira, inspirando grandes canciones. Yo no lo dudo: cambiaría todas estas canciones por un mundo sin las ideas que Margaret Thatcher ayudó a asentar.

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