Columnas

Marçal Forés: el director que mejor baila

El realizador reflexiona sobre la adolescencia en “Animals”, una película que marca un punto y aparte en el cine español de filiación indie

Hoy llega a los cines “Animals”, el debut en largo de Marçal Forés, que proyecta sus miedos y recuerdos sobre la adolescencia en una película de marcado corte indie y desarrollo agridulce. Con él hemos hablado de música, de cómic y de seguir adelante.

Marçal Forés tiene dos cortos y un largo, pero son una sola cosa. Son un todo indisociable. Funcionan por separado, pero en realidad son un tríptico in crescendo. “Yeah! Yeah! Yeah!” (2005), “Friends Forever” (2007) y “Animals” (2012), que se estrena hoy, son tres piezas en torno a un mismo tema, la adolescencia, y aunque la miran desde ángulos distintos, se retroalimentan y sacan la misma conclusión: es una etapa increíble para lo bueno y para lo malo. Reconocible en las aficiones y aflicciones de los protagonistas de sus historias –pues, por lúcido y sentido, su recordatorio del pasado parece nacer de la experiencia–, Forés perfecciona en “Animals”, un drama con fugas al fantástico y centrado en la amistad entre un adolescente y el oso de peluche en el que proyecta su tristeza, el dibujo de la adolescencia (casi post-adolescencia) de sus anteriores trabajos. Su película recuerda aquella etapa vital con una nostalgia poco común y muy emocionante. “Animals” no añora la adolescencia por fácil, sino por pura; echa de menos ese momento, a la vez excitante (porque todo parece nuevo) y doloroso (porque crecer decepciona), en el que aún quedan cosas por hacer, que ganar y que perder.

En las películas de Forés los chicos y las chicas intercambian discos para decir que se gustan, la narración se congela y las emociones se convierten en momentos musicales, los personajes se descubren tanto en sus gestos y actos como en los cómics que leen y en los discos que escuchan… La adicción de los personajes de sus películas a la música, los tebeos y los objetos bonitos (aquí es un peluche, Deerhoof, que le ha robado el nombre a la banda favorita de su dueño) se convierten en una poderosísima guía para saber lo que sienten y cómo se sienten.

"Comparto con John Hughes el deseo de retratar a los freaks como los verdaderos héroes, los que realmente tienen el valor de hacer lo que les da la gana"

No sólo entiendo “Animals” como la evolución lógica de tus dos anteriores cortos. De alguna manera, es inseparable de ellos, las tres piezas funcionan como una trilogía sobre la adolescencia.

Sí, es curioso, pero cuando me pongo a escribir una historia siempre tiendo a irme de forma natural a la etapa de la adolescencia. Y no sé muy bien por qué. Me sale espontáneamente. Supongo que es porque, ante los grandes retos, en mi caso hacer un largometraje, tendemos a ir hacia un terreno seguro, hacia lo que controlamos o conocemos más. Las tres películas salen de una misma fuente, y cada vez que me planteo escribir algo nuevo vuelve a salir el talante de la adolescencia.

Tu visión de la adolescencia no se basa en el tópico, no es ni fácil ni obvia. Es como si la observaras con el filtro de la experiencia.

Sí, pero no es una mirada del todo nostálgica porque para mí la adolescencia puede durar aún más. Tampoco es una visión ligera porque la época que me interesa es la del abandono de la adolescencia, cuando notas que ya tienes que comportarte como un adulto, que ya eres mayor y el mundo te trata como tal, pero por dentro sientes que hay muchas cosas que aún no has vivido; y lo sientes de una forma muy genuina. Es difícil lidiar, por ejemplo, con el hecho de tener 18 años y ser virgen, cuando ya formas parte del mundo de los adultos y los adultos no lo son; y perder la virginidad te marca de una manera u otra. Llega un momento en el que empiezas a pensar que si aún no has empezado a poner una cruz en la casilla de las cosas que se supone que deberías haber hecho tienes un problema.

Pero el tono casi onírico del conjunto sí insinúa en algunas ocasiones cierta nostalgia.

Sí, pero es la nostalgia de una pureza. No me interesaba tanto una mirada nostálgica del pasado como transmitir la idea de “nos hemos hecho grandes y hay un montón de cosas que no podremos volver a hacer”. En “Animals” doy a uno de los personajes la posibilidad de probarlo todo a medias, desde el miedo a la muerte hasta el placer del sexo, y llevárselo consigo sin tener que aprender de adulto a relativizar ningún dolor.

En “Friends Forever” llevabas a un terreno físico los cambios psicológicos y emocionales de los personajes. Aquí vuelves a hacerlo, y la referencia directa a “Agujero Negro” de Charles Burns recalca esa idea.

Totalmente, es porque creo que todo aprendizaje comporta algo de dolor, se produce un cambio, un desgarro, una herida que no se volverá a cerrar nunca.

¿Crees que un adolescente se identificará con los personajes de “Animals”, o hace falta tener cierta distancia de esa etapa para llegar a los pliegues de la historia?

Quizá toque un poco más a un público con una mirada adulta, pero estoy convencido de que habrá espectadores capaces de leerla aunque tengan 15 años. De hecho, las mejores críticas me han llegado de chicos de 17 y 18 años.

Por su intensidad, descubrir y entender “Animals” siendo adolescente debe ser una experiencia dura.

Sí, sobre todo porque tiene un punto violento. Pero quería que fuera así porque deseaba provocar la misma sensación que tuve yo de pequeño cuando vi “Alicia en el País de las Maravillas”; su violencia me marcó muchísimo, me daba un miedo tremendo verla y a la vez me fascinaba la posibilidad de hacerlo. Algo parecido me ocurrió cuando me atreví a ver por primera vez “Pesadilla en Elm Street” [1984]; sentí la misma atracción, que tiene mucho que ver con el miedo a la muerte. Y el acto de enfrentarse a la muerte es el acto de valentía máxima.

Ése es precisamente uno de los atractivos de tu película: los adolescentes no tienen miedo. En ese sentido, hay algo en ellos de los chavales de las películas de John Hughes.

Totalmente, las películas de Hughes hablaban de lo que se esperaba de ti como adolescente, de la imagen que proyectabas. Supongo que comparto con él el deseo de retratar a los freaks como los verdaderos héroes, los que realmente tienen el valor de hacer lo que les da la gana.

"Si la ves esperando respuestas es totalmente decepcionante, porque respuestas no da, en todo caso plantea interrogantes"

Sí, pero no veo en “Animals” la enésima apología en clave pop del frikismo.

Tienes razón.

Tanto “Animals” como tus anteriores películas están llenas de referencias musicales, cinematográficas, literarias y estéticas que ayudan a entender a los personajes y con las que cuentas mucho de ti.

[Risas] Cierto, mi amigo Xavi Sánchez Pons, que es crítico de música y de cine, siempre me dice: “En esta película te desnudas del todo”. Y es verdad. Cuando estaba montando y haciendo la mezcla de sonido pensaba, quien sepa leer la película ¡podrá saber tantas cosas de mí! En cuanto a cómo ayudan a describir a los personajes, si eso sucede es porque no entiendo todas esas cosas como meros accesorios, no es maquillaje; el contacto con la música, los cómics y los libros modula tu sensibilidad.

Hay un momento especialmente emotivo en la película en la que el protagonista explica al oso de peluche que el batería de Los Claveles ha muerto y quizá la banda no vuelva a tocar nunca más. La inclusión de esa historia, que desafortunadamente es real, me parece una decisión preciosa porque, de alguna forma, habla de hacer frente a la tragedia (para el protagonista, no poder volver a ver tocar a su grupo favorito nunca) antes de tiempo, cuando aún no tienes las tablas de la adultez para asimilarla.

Totalmente de acuerdo. En “Animals” hay un amor muy sincero hacia estos grupos más pequeños, y sería feliz si alguien descubriera a alguno de ellos gracias a mi película. Me enteré de la terrible noticia cuando estaba montando “Animals”. Fue un shock para todos, y decidí incorporar esa frase ya en montaje porque el amor de la película y del protagonista hacia ese grupo era muy grande.

¿Consideras “Animals” una película de género fantástico?

Sí, hay algo fantástico en ella no sólo por la presencia de Deerhoof. También lo subraya un personaje como Ikari [Augustus Prew], que actúa de forma extraña y no sabes muy bien quién es.

La película fluye al compás de las emociones de los personajes, su ritmo es casi un estado de ánimo.

Sí, es una película que pide que bajes la guardia como espectador. Si la ves esperando respuestas es totalmente decepcionante, porque respuestas no da, en todo caso plantea interrogantes.

¿Reconoces influencias en “Animals”?

¡Claro! ¡Eso es inevitable! Hay un corto que me marcó muchísimo, “Bugcrush” [2006], de Carter Smith; de hecho, el personaje de Ikari está inspirado en él.

También había mucho de “Bugcrush” en “Friends Forever”.

Sí, es que cuando lo vi fue como si me quitaran el antifaz. Pensé: Yo conecto con esto, no sé por qué, pero conecto. Todo el rato tenía la sensación de que estaba a punto de pasar algo que no sabía, pero que iba a pasar pronto e iba a pasar de verdad. En “Animals” también hay cosas de Gus Van Sant y, sin duda, de Richard Kelly; y soy muy fan de Kelly Reichardt, pero quizá en esta película la influencia no esté tan clara.

Me consta que eres un apasionado del manga y el cine japonés, ¿está su huella en “Animals”?

Sí, en la forma de enfocar las emociones. Hay una cosa que me gusta mucho de la dramaturgia japonesa, por lo menos mis mangas favoritos. Es que los sentimientos van por dentro, a los personajes les cuesta mucho exteriorizarlos y siempre acaban explotando de forma colateral. El “te odio” nunca se expresa de manera literal.

Antes hablábamos de Charles Burns. ¿Reconoces en “Animals” la huella de otros autores de cómics?

Sí. La alusión a Burns era inevitable porque “Animals” habla en parte de un tema clave en su obra: el poder de seducción de lo desconocido. Pero en la película también hay mucho de Anders Nilsen. Su cómic “Dogs & Water”, que creo que está inspirado en “Gerry” [2002] de Gus Van Sant, me marcó mucho cuando lo leí. Va de un chaval que camina por el desierto con una mochila y un oso de peluche.

¿De ahí la idea de Deerhoof?

No, lo leí después de hacer el cortometraje del que parte “Animals”, una práctica de escuela anterior a “Friends Forever”. Lo del oso de peluche viene en realidad del videoclip de “Stereo” de Pavement.

De hecho, “Stereo” sonaba en “Friends Forever”. Gran “momento musical”, por cierto.

Sí, ese videoclip me encanta. Hay un momento en el que una ardilla de goma hace un playback de Stephen Malkmus. Me encantó que alguien tuviera la desfachatez de hacer un playback con una ardilla. Me puse como loco a buscar una, pero no la encontré y optamos por un oso [risas].

"Cuando escribía esta película tenía muy claro que la vida del protagonista sin el osito de peluche era muy oscura, que entraba casi en el terreno del cine de terror"

En “Animals” también hay un momento musical increíble, cuando el protagonista ensaya con Deerhoof.

Sí, para mí hacer música es el paradigma de la comunicación no verbal, puede llevarte a una conexión absoluta. Yo he notado eso ensayando con Nacho y Txuso [Forés toca con ellos en ¡Pelea!]… Incluso al principio, cuando no nos conocíamos mucho, era fácil comunicarnos por la afinidad en las músicas y los ritmos.

¿Hay alguna escena de “Animals” escrita a partir de una canción?

En “Animals”, no. En “Yeah! Yeah! Yeah!” y “Friends Forever”, sí. Pero sí que es verdad que la he escrito escuchando mucho a los A Frames, que es un grupo que tiene una latencia muy heavy, que es muy bruto y sucio de entrada y por ello te tira un poco para atrás, pero que también tiene una potencia muy hipnótica. Cuando escribía esta película tenía muy claro que la vida del protagonista sin el osito de peluche era muy oscura, que entraba casi en el terreno del cine de terror. Y los A Frames tienen muchas canciones que son prácticamente la banda sonora de una película de terror, tocadas con ritmo pero que pueden darte miedo.

Y suenan en la película.

Sí, y también Los Claveles, Los Bananas, Montañas, Incrucificables… Cuando recorres tu librería mental en busca de las canciones de una película piensas: ¿Qué canción o banda me provocarían el máximo subidón de emoción puestos en esta escena? Si en “Friends Forever” tenía claro que era una mezcla entre Pavement y Scout Niblett, en “Animals” eran, sin ninguna duda, los A Frames.

¿Hay previsión de editar la banda sonora?

A finales de noviembre sacaremos con un sello de Madrid un vinilo de 12” que incluye la banda sonora de la película y otros temas de grupos españoles que me gustan, entre ellos ¡Pelea!, Kana Kapila e Internet 2.

Echo de menos a Internet 2 en la banda sonora, un grupo con el que has colaborado antes.

Ellos están en “Paradise”, un corto que gravé antes que “Friends Forever” y se quedó sin montar porque tuve que ponerme con “Friends Forever”. Es un mediometraje, dura media hora, y la banda sonora es de Internet 2. Es sobre cuatro componentes de un grupo que se van a buscar el local donde tienen un bolo. No saben muy bien a dónde van y acaban perdiéndose por las llanuras de Inglaterra, donde empiezan a hablar con gente autóctona. No es de género fantástico, pero tiene algo mágico. Yo creo que de aquí a primavera lo tendré.

¿Te atreves a prever cómo evolucionará tu carrera?

Me gustaría no alejarme de lo que disfruto como espectador, y plantear los mismos temas desde enfoques distintos. Mi objetivo no es entretener y ya está. Hacer cine es hacer las futuras películas favoritas de alguien.

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