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Mamading caníbal: el verano más diabólico de la historia ya está aquí

El verano saca lo peor de la jauría humana y éste que llega pinta fatal

El mordisco de Luis Suárez no fue gratuito. En Magaluf ha comenzado la ofensiva perruna. Se acerca la Era Caníbal y nadie podrá hacer nada para impedirlo. Modernillos de Mierda os deja este especial verano para desearos (o no) unas felices y antropófagas vacaciones. ¡Ñaca!

Se agazapa en unos matojos cercanos al punto de penalty. Nadie le ha visto. Nadie le ha oído. Un ocelote uruguayo con patucos en las zarpas. Una sigilosa dentadura pegada a un cuerpo humano, mimetizándose con los yerbajos y las líneas de cal. El cazador pone un ojo en el árbitro; el otro, en la recia clavícula del atleta transalpino que sufrirá su cólera perruna. El árbitro se acomoda la masa testicular en la braga de sus pantalones. Se despista. El jugador italiano se relaja, piensa en las fiestas Bunga Bunga, se deja llevar por la lubricidad del delirio y sonríe, morcillón, hasta que una salvaje descarga de dolor en el hombro le devuelve al fragor del terreno de juego.

Estamos en el Mundial de Brasil, el pétreo central Giorgio Chiellini acaba de ser mordisqueado con saña en pleno partido del Mundial; ante millones de smartphones, ante cientos de cámaras de televisión. El señor que le mastica el hombro se llama Luis Suárez y es el delantero de moda. Vive Dios que el episodio caníbal del sudamericano dejará mácula perpetua en la piel del defensa pisano, el dibujo de unos caninos que vistos desde arriba describirán claramente el anagrama más temido: MDM.

Días antes del episodio de la dentellada de Suárez, un aficionado británico está disfrutando del Inglaterra-Urugay (otra vez Urugay) en las gradas del Arena Corinthians, con sus amigos, seguramente en brazos de una dulcísima cogorza de cachaza y perico de favela, cuando de golpe otro hincha británico le llama negro apestoso y rubrica su ofensiva racista con un mordisco salvaje que se lleva media oreja del afectado. Más allá del estupor que produce ver al pobre diablo con la peya descuartizada en las gradas, la clave de todo esto vuelve a ser la mordida: un ataque feroz y leonino para el que la presa no está ni estará nunca preparada.

El sangriento oprobio contra el inglés desorejado pasará desapercibido, oscurecido sobremanera por la proeza dental que Luis Suárez ejecutará días después contra la selección italiana. Pero este mal procede de la misma pústula, da igual la notoriedad de sus agentes; las fotos del agredido anónimo no engañan. Si os fijáis en los contornos de cartílago que le cuelgan al mutilado en el espacio vacío antaño ocupado por su lóbulo, podréis leer claramente una M… una D… una M.

Alguien os estaba avisando de la llegada del Caos, pero no hicisteis caso de ese augur interdimensional, amorfo, retrasado y conocido en Marinaleda y Atlantis como Modernillos de Mierda. Masticar la carne del prójimo es la nueva mierda. La mordedura entre humanos ha llegado a este plano existencial. Nos adentramos a hostias en la Era del Mordisco, se acerca el reinado del Dios Perro que los coptos bautizaron como Lhuf-Magá, un demonio enloquecido que se aprovecha de los efectos del verano para contagiar su delirio caníbal al mundo de la carne. Buscad el trance, invocad a la aberración, repetid su nombre varias veces ante el espejo: Lhuf-Mhagá, Luf-Mhagá, Luf-Mhagá… Será maravilloso viajar hasta Mallorca.

De Magaluf al infierno

Magaluf, cuna del balconing, ha sido el enclave geográfico elegido por las fuerzas ocultas de la Toxicomanía Negra para comenzar su lenta invasión y canibalizar España. Convertida en el Salem del siglo XXI, esta localidad satánica se ha convertido en una poza de brea fiestera, un Colocón Valley infestado de clones de Geordie Shore y otras subespecies humanas que dejan sus vidas de mierda durante unos días, para entregarse a los estados de concupiscencia más extremos que jamás se han vivido en el planeta Tierra desde las bacanales bulímicas de los putos romanos. Un grotesco universo de neón donde se cuece el principio del fin del orden establecido. Magaluf es Abaddon, R’yleh, la ciudad-vacío de la que surgirá una nueva raza de modernos drogadictos zombificados y antropófagos que nos devorará a todos a ritmo de Skrillex.

Las sales de baño ya se escriben con eñe de España. La primera víctima veraniega del mal conocido como droga caníbal en territorio nacional se dedica a lanzar dentelladas a inocentes bañistas en Magaluf, dónde sino. Es un pobre diablo llegado de Inglaterra que tiene que ser reducido por una turba de agentes, dada la fuerza sobrehumana y el ansia mordedora que le insufla el dichoso estupefaciente. El MDPV le ha convertido en una máquina de odio, una paranoia con patas sumida en un superataque de salvajismo canino. Días después, una chica es detenida con los mismos síntomas, también en Magaluf. Sexto caso en la zona, dicen las autoridades. Miedo. Ana Rosa Quintana le dedica una mañana al tema. Alarma. Alguna entidad está operando en Mallorca, utilizando como cobaya a la morralla guiri para llevar a cabo extraños experimentos con nuevas drogas hiperalucinógenas, quién sabe si de procedencia alienígena, preparando el horror inminente a escala nacional. He ahí el banco de pruebas del enemigo; esa masa palpitante de neón, Magaluf, es el origen de la distorsión.

Porque también en Magaluf, promovida por las mismas fuerzas antropófagas, se ha popularizado otra variante de canibalismo fiestero, otra forma de mordisquear chicha ajena, de llevarse carne a la boca, vamos. Se llama mamading y consiste en ir chupando pollas en la pista de baile para conseguir una botella de garrafón gratis. Las fuerzas del Orden se han puesto firmes ante este nuevo desafío del Caos. Jode que la mocedad se meta droga muy chunga y se dedique a morder espinillas a diestro y siniestro en honor al Dios Perro, pero ya supera lo grotesco que una inglesa ciega perdida engulla nabos anónimos a tutiplén a cambio de unas gotas de alcohol metílico. Imaginad el destrozo genital que podría haber ocasionado la chupadora si, antes de realizar el barrido felador, hubiese ingerido sales de baño. Mamading caníbal. El primer genocidio de pollas en costas españolas a boca de una británica hasta las cejas de Ivory Wave.

"Las nuevas drogas, más dañinas, más baratas, más locas, han venido a instaurar un nuevo orden neuronal basado en el caos y la destrucción"

La profanación de la carne, ya sea en forma de felatio colectiva o en las dentelladas de un usuario de la droga caníbal, está metiéndose sin lubricante en el ocio nocturno. Modernillos de Mierda ha sido testigo de la debacle. En 2014 las drogas convencionales no parecen tener la respuesta. La cultura del éxtasis podría ser demasiado blanda para estos tiempos de oscuridad y odio. ¿La coca? ¿A quién le interesa un colocón de 20 minutos? La droga del éxito no puede triunfar en estos días de negritud. Ah, pero la desconexión con la realidad que ofrece el viaje infernal de las sales de baño es diferente, roza la posesión diabólica y te permite rebasar límites que jamás superarás por muy puesto de speed, coca y pastillas que vayas. Tu cerebro se convierte en un colisionador de hadrones petando a toda potencia. Por alguna razón entras en una realidad pesadillesca y muerdes a los que te rodean, eres capaz incluso de comerte la cara de un homeless, de profanar los límites del pellejo del prójimo hasta desmembrarlo porque sí en una sinfonía cronebergiana de violencia, alucinaciones horribles, mutilación y hedonismo más allá del límite.

Los tiempos han cambiado. El amor del MDMA ha dado paso al canibalismo del MDPV. El baile entre sonrisas se ha convertido en una cacofonía de espasmos corporales dignos de “El Exorcista”. La felicidad ahora es paranoia. El afecto se torna agresividad. Llevo unos cuantos días viendo en Youtube secuencias de peña pasada de sales de baño. El vídeo de Elisa Lam parece un episodio de “Cosas De Casa” al lado del horror que he estado tragándome: tipos fuera de sí ejecutando contorsiones imposibles, saltando como gusanos electrocutados, incapaces de controlar un solo músculo de su cuerpo, sumidos en un estado de pánico atroz que les lleva a proferir berridos antinaturales. Acojona seriamente. Esto sí que son espasmos. Si estáis cuerdos, por mucho que os pirren los estupefacientes, os resultará difícil encontrar un solo motivo por el que probar semejante chaladura.

"Los agentes del Caos se ceban con nosotros durante la canícula, espolvorean sales de baño en el mundo de los hombres y juegan caprichosamente con el mercado de la carne."

La química positiva cede terreno. La necesidad de perder el control por completo, no ser dueño de tu cuerpo y cortar el último lastre con las conexiones cerebrales más básicas está ahí y las nuevas drogas, más dañinas, más baratas, más locas, han venido a instaurar un nuevo orden neuronal basado en el caos y la destrucción. No puedo evitar plantearme escenarios futuros en los que las sales de baño se han impuesto. Raves caníbales en los bosques de Ibiza que acaban con varios muertos y otros tantos tullidos; cultos yonquis que glorifican el muñón como un acto divino; DJs pinchando delante de miles de tipos que bailan como la niña de “The Ring” y gritan aterrorizados; periodistas del corazón que han cambiado la coca por el Ivory Wave y se devoran los mofletes en directo, lanzando chorros de sangre y cachos de tejido a las yayas del público.

Se acerca un verano jodido. Un verano caníbal. Lo será. Lo sabéis. El verano saca lo peor de la jauría humana. Los agentes del Caos se ceban con nosotros durante la canícula, espolvorean sales de baño en el mundo de los hombres y juegan caprichosamente con el mercado de la carne. La carne que probó Luis Suárez, la carne que engulló la inglesa del mamading, la carne que se reblandece con el calor sofocante de julio y parece mantequilla. Os desearía felices vacaciones, pero lo único que quiero es que llegue ya el invierno, por favor.

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