Columnas

Madres hipsters, maricas malas y lesbianas dictadoras te recuerdan lo intolerante que puedes llegar a ser

Glamurosa y dominante, la activista Brigitte Vasallo debuta en la ficción con “PornBurka”, la novela que rompe todos los límites.

Agotada de la vida en España, Brigitte emigró a Marruecos para explorar nuevas libertades culturales, y como resultado ha desarrollado un insólito sistema de pensamiento que comprende el burka y el poliamor. En su último libro encontramos a una pornoterrorista encandilada por su macho alfa, un artista xenófobo enamorado de un frutero pakistaní o a una estrella del pop gay que teme revelar su bisexualidad. Raval en estado puro.

Que nadie se confunda si cree que no pertenece a algún grupo de haters. El odio nunca pasa de moda. Ahora sólo es necesario un clic para difundirlo gracias a twitter, Facebook y las cajas de comentarios. A fin de cuentas, nuestras opiniones son increíblemente necesarias para que la tierra siga girando, ¿no? Libertad de expresión multicanal para el mundo moderno y civilizado. La novela “PornoBurka” –en vuestras librerías a partir de la semana próxima– empieza con una declaración de odio: “¡Me cago en la dignidad!” para poner en jaque nuestra multiculturalidad, nuestra supereducación, nuestro civismo, nuestra sexualidad y nuestras pastillas homeopáticas, y reducirlas a lo que son: un manojo de contradicciones, dramáticas y cómicas, dependiendo de si te ocurren a ti, o al prójimo.

La idea de que a tu novia se le pase por la cabeza sodomizarte con un vibrador en una relación heterosexual suele ser desconcertante. Pero para nuestra autora Brigitte Vasallo (Barcelona, 1973) la cosa no está tan clara. Tampoco lo está para uno de los personajes principales de su primera novela: una pornoterrorista que no tiene muy claro si es, en realidad, una lesbiana encerrada en el cuerpo de una mujer heterosexual, un hombre encerrado en la mente de una lesbiana, o una mujer que simplemente quiere sodomizar a su novio.

Las infinitas dudas del hombre y la mujer modernos –junto a un burka que aparece en el barrio de Raval en Barcelona, tan incómodo como el dildo que ningún hombre heterosexual quiere por su agujero– suponen el punto de inicio de esta comedia de enredos de corte urbano.

"Cuando me piden una definición siempre digo que soy vividora, en todos los sentidos que queráis ponerle a esta palabra"

Brigitte Vasallo tiene mucha experiencia en mediación intercultural, y como tal es experta en considerar todo lo que queda en los márgenes. Su irrefrenable necesidad de meterse en jardines imposibles –como la combinación de feminismo, islam, velo, burka, poliamor y sexualidad– la convierten en la pesadilla de cualquier ciudadano conservador materializada en una imponente mujer de aire vikingo. El 16 de noviembre presenta en el MACBA “PornoBurka” (Ediciones Cautivas) una primera novela autoeditada, divertida e incendiaria, a medio camino entre el costumbrismo, la comedia, las historietas detectivescas y el relato erótico.

En “PornoBurka” la autora plantea constantemente lo inconcebible con sentido del humor e ironía, a través de unos personajes que bien podrían haber salido de un brainstorming entre Pedro Almodóvar, John Waters, Safo de Lesbos y Federico Fellini: una pornoterrorista encandilada por su macho alfa, un artista xenófobo enamorado de un frutero pakistaní, un español de provincias transmutado en argentino para integrarse en el barrio –y de paso, follar más–, una estrella del pop gay que teme revelar su bisexualidad y una pareja de yayos gallegos que no llevan nada bien la invasión de chinos en Barcelona. Neorrealismo metasexual ravalero en estado puro.

Escuchar a Brigitte Vasallo hablar de su familia adoptiva es casi tan sorprendente como escucharla hablar de sus relaciones poliamorosas. Pero Brigitte no es una adolescente en pleno despertar sexual que nos deleita con una novela estilo Lolita. Ella es una mujer de 40 años que se define antes como mujer que como madre y que no tiene ningún problema en compartir en Facebook, en conferencias, en libros, en la tele y dónde haga falta sus experiencias sexuales y relaciones con la cultura musulmana.

"Lo interesante no es que folles con látigos ni en grupo; eso da igual. Lo importante es qué te conmueve a ti, qué te transforma a ti de esa práctica. Si no te transforma nada, da igual"

Brigitte, en un momento de su vida en la que consideró que estaba hasta el coño de su familia española, emigró a Marruecos, y como tal eso ya suena desconcertante. Una puede esperar que alguien muy activo sexualmente se mude a Ámsterdam, San Francisco o Nueva York. Ella, sin embargo, optó por Marruecos. Ahora tiene allí su familia adoptiva, obviamente musulmana. Brigitte es la reina del ramadán.

Una también podría pensar que su familia adoptiva no tiene ni idea de lo ancha que es su cama, pero otra vez nos equivocamos. Puedes tener medio-hermanas musulmanas que te quieran incondicionalmente, aunque la monogamia no sea lo tuyo. Puedes tener una familia y ser poliamorosa. ¿Y qué es ser poliamorosa? Después de escuchar a Brigitte durante largo rato me queda claro que la cosa va de pactar; aún así, busco en internet: “Neologismo que significa tener más de una relación íntima, amorosa, sexual y duradera de manera simultánea con varias personas, con el pleno consentimiento y conocimiento de todos los amores involucrados. El individuo que se considera a sí mismo emocionalmente capaz de tales relaciones se define a sí mismo como poliamoroso, también llamado ‘poli’”.

Algunos poliamorosos célebres son Jean-Paul Sartre, Simone de Beuvoir y Anaïs Nin. Relaciones emocionalmente complejas para superhombres y supermujeres modernos en las que honestidad y respeto, comunicación y negociación y, sobre todo, desapego, son partes imprescindibles de la ecuación. Otra definición de amor.

“PornoBurka” habla esencialmente del odio pero esta construida con mucho sentido del humor. ¿Estás escondiendo la verdura con un poco de mayonesa?

Para hablar de realidades que a mí me parecen duras, y precisamente el tema de la construcción a partir del odio me parece una realidad muy dura, la mejor manera de explicarlo era llevarlo al surrealismo, porque es entonces cuando se ve lo ilógico y lo devastador que es todo. Para mí el sentido del humor era algo importante. Hablarlo desde otro sitio, desde la broma, y que al mismo tiempo sirva para que se revele lo surrealista de la realidad en si.

¿Cuánto de autobiografía hay en el texto?

Se dice que una primera novela siempre es autobiográfica. Está claro que hay mucho de biografía, sin que ninguna parte sea literal. Tenemos cuatro personajes y todos ellos en algún momento representan cosas que he sido o he podido ser, son personajes que me han atravesado. En general, trabajo a partir de la vivencia en todos los campos. Cuando me piden una definición siempre digo que soy vividora, en todos los sentidos que queráis ponerle a esta palabra. Aprendo a partir de la experiencia y a partir de tocar la realidad, y en adelante la novela tiene mucho de autobiográfico.

Tu cuenta de Twitter a menudo echa humo. Tuvimos ocasión de verlo antes del verano coincidiendo con la campaña #burkamutila, donde le metiste un buen sopapo a Julia Otero.

Yo trabajo a nivel profesional, personal y vivencial con las fronteras. Y no solamente las fronteras físicas y las fronteras nacionales, sino todas las fronteras de la identidad y las fronteras conceptuales. Me interesa mucho la normalización. Es decir, cuando un grupo que es periférico se normaliza y empieza a generar periferias que son excluyentes. Es decir: hay un límite que entendemos como el paso de una cosa a otra, como puede ser el género, “hasta aquí es una mujer” y “hasta aquí es un hombre”. El tema de la exclusión me obsesiona, esa costumbre de excluir en lugar de incluir.

"Cuando yo reivindico el barrio chino no lo reivindico desde la poética de la miseria. A mi la miseria me parece miserable"

Se podría decir que otro de los protagonistas de tu novela es el barrio del Raval en Barcelona. Barrio que tu conoces desde que se le llamaba distrito 5º y las putas llegaran hasta lo que hoy es el MACBA.

Yo parto de una tesis, que puede ser completamente falsa pero que a mi me sirve para comprender la realidad y, sobre todo, para escribir esta novela. Mi tesis es que la vida es una mierda, sin más. Cuando yo reivindico el barrio chino no lo reivindico desde la poética de la miseria. A mi la miseria me parece miserable. Lo interesante del barrio chino, es que la miseria estaba allí encima, no estaba maquillada, ni escondida. Yo me situó sobre el lifting que se le ha hecho al barrio. Si el Raval tiene algo es precisamente esta parte de ferocidad que todavía existe. El día que neutralice, no tendrá ningún interés.

Tu libro habla también de estas nuevas fronteras del sexo como pueden ser el poliamor. Para la gente que tenga muy poco trabajada la aceptación de realidades sexuales o de identidad tan diferentes a la suya, igual leer la novela es un poco shock.

Hay dos cosas importantes aquí. Una es que yo me paso la vida pactando, y pactando como apuesta vital. Trabajo con mediación intercultural y el poliamor es en gran medida un tema de pactos, parejas y redes. Aún así llegó un momento al escribir la novela en la que no me apetecía pactar, en el que decidí que la novela tenía que ser un pacto consigo misma, y si quieres con la literatura (en minúscula). No me apetecía hacer concesiones. Cuando haces un artículo o escribes una conferencia tienes en cuenta que público vas a tener delante y de qué manera le vas a explicar las cosas para que las entienda. Con la novela no quería hacer eso, no me quise plantear el público.

Empiezas el libro con una cita de Michel Foucault: “Y si durante siglos se ha creído necesario ocultar las cosas del sexo porque resultaban vergonzantes, ahora se sabe que es precisamente en el sexo donde se ocultan las partes más secretas del individuo: la estructura de sus fantasmas, las raíces de su yo, las formas de su relación con lo real. En el fondo del sexo, la verdad”.

En el sexo seguimos haciendo lo que nos toca hacer, seguimos respondiendo a la etiqueta que nosotros mismos nos hemos puesto y luego cargamos con esa etiqueta por el resto de nuestra vida. Me sorprende mucho cómo, cuando encontramos vías, a menudo enseguida las desactivamos. Tu encuentras una vía hacia el bdsm, por ejemplo, pero lo interesante no es el bdsm. Lo interesante no es que folles con látigos, ni que folles en grupo; eso da igual. Lo importante es qué te conmueve a ti, qué te transforma a ti de esa práctica. Si no te transforma nada, da igual.

Hay toda una reivindicación de las orgías, gente que se pone a pensar y que llega a la conclusión de la que la solución son las orgías. Tú vas a una orgía y puede ser la cosa mas tosca del planeta. Para empezar, esas orgías donde nadie es bisexual. Yo he intentado hacer muchos esquemas mentales y en ninguno me sale este esquema. Porque entonces, ¿cómo se hace una orgía si nadie se mezcla aquí con nadie? Orgías en las que los tíos están preocupadísimos por si otro tío los roza y dices: es que somos 50 en una cama, es algo muy estresante si va a ser así. Es decir: las actitudes patriarcales, paternalistas, homófobas… siguen presentes.

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