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Looper: el último grito en viajes en el tiempo

Rian Johnson, el director de la soberbia “Brick”, firma un thriller de acción futurista en el que los crímenes del futuro se producen en el pasado

Rian Johnson, el autor de aquel debut de culto llamado “Brick”, aparca el cine policiaco adolescente y entrega ahora “Looper”, un thriller futurista que tiene los viajes en el tiempo su punto central, como un cruce entre “Terminator” y “Regreso Al Futuro”.

Uno

Una de las películas de ciencia-ficción más sólidas e interesantes de las últimas décadas, “Looper”, tercer largo del estadounidense Rian Johnson, empieza rara. Abruma de entrada por escurridiza, y por tener un grado de imprevisibilidad que al principio no se sabe si es voluntario o fortuito. Los quince minutos iniciales generan un extraño déjà vu: en lo conceptual y temático, “Looper” se parece a muchas películas (sobre todo a “Terminator”, referencia evidente), pero hay algo en su mecanismo narrativo que la hace insólita e inesperada. También descoloca formalmente, pues las fronteras estéticas entre pasado y presente (los años 2042 y 2072, respectivamente, dos futuros lejanos para el espectador) están diluidas: Johnson, que trabaja según un guión propio, busca nuevos resortes en el mañana, pero no tensa las cuerdas de la sofisticación. Y desorienta, especialmente, porque, pese a saberse ante una película de ciencia-ficción, el espectador recibe desde los primeros minutos flashes emocionales que no pueden ser descifrados con claridad. “Looper” arranca como un rompecabezas narrativo y emocional y se ordena, poco a poco, con las emociones del relato como falsilla, hasta desembocar en uno de los mejores desenlaces que ha dado el cine fantástico reciente: el tercer acto de la película que nos ocupa es, sencillamente, alucinante.

"Rian Johnson se sirve de los personajes para reflexionar sobre los códigos de un género, pervertirlos o darles la vuelta"

Una de las claves del cine de Johnson es la anteposición de los personajes al género. El cineasta los utiliza, se sirve de ellos, para reflexionar sobre los códigos de un género, pervertirlos o darles la vuelta. Eso hacía en “Brick” (2005), su espléndida ópera prima, filme en el que contaba una historia de instituto con el lenguaje de un noir. Las emociones al límite de un grupo de estudiantes ante la desaparición de una adolescente (de los que eran parte activa o víctimas directas o indirectas) permitían al autor explorar desde un ángulo distinto las variables del cine negro, hacerlas cercanas y accesibles, quitarles el halo de sofisticación y, de alguna manera, rebajarlas: lo importante no era el mecanismo del filme, sino el ánimo de sus personajes. Lo mismo sucedía en su segunda y menos inspirada “The Brothers Bloom” (2008), sin estreno comercial en España, una película en la que intentaba sin éxito parecerse a Wes Anderson y Hal Ashby (dos referencias confesas del director y evidentes en su propuesta) en su manera de hacer pasar lo excéntrico por creíble y cotidiano mediante un cuidadoso dibujo de los personajes. Pues bien, en “Looper” prueba algo similar: Johnson no sólo no se queda en el engranaje del filme, sino que supedita cada uno de sus giros a las emociones de los protagonistas del relato.

Dos

No quiere esto decir que “Looper” no tenga un mecanismo fascinante y un agudo sentido del espectáculo. Johnson afila el ingenio y se guarda con habilidad ases en la manga para montar su thriller criminal futurista. En 2072, la violencia ha desaparecido de forma peculiar. No se puede matar, pero los viajes en el tiempo han permitido poner en marcha un sofisticado y siniestro plan para eliminar a determinados individuos sin escándalos, sin dejar huella. Se trata de enviarles al pasado, concretamente al año 2042, donde una élite de asesinos a sueldo se encarga de acabar con ellos. Joe (Joseph Gordon-Levitt), uno de estos mercenarios, se encuentra en una situación que rompe por completo sus esquemas: el hombre del futuro al que debe eliminar es él de adulto (Bruce Willis).

El director de “Brick” juega hábilmente con la narrativa para armar el relato. No cae ni en la confusión ni en el cripticismo, pero experimenta con la historia, desafía constantemente al espectador y deja con ingenio algún cabo suelto que da continuidad a la película en nuestra cabeza una vez acabada. También convierte “Looper” en un festín sensorial y en una action movie futurista rodada con pulso. Es una película extrañamente bella, en la que el espectáculo muta de las formas más imprevisibles (algunas de sus imágenes pasan a engrosar la historia del cine) y siempre tiene una neblina de tristeza; y, algo inesperado dado el caos estético y la torpe ejecución de “The Brothers Bloom”, el diseño de producción es magnífico (se agradece el esfuerzo por evitar el pastiche de referencias y guiños visuales a otras películas, y la búsqueda de la credibilidad en los diseños) y la acción está extraordinariamente bien rodada. “Looper” es a la vez espectacular y verosímil, y no pierde fuelle en ningún momento.

Tres

Pero la baza principal, compartida por otras grandes películas sobre viajes en el tiempo (“Terminator”, “Regreso Al Futuro” o las más recientes “Primer” y “Los Cronocrímenes”), es, como decía, la supeditación de cada quiebro del relato a las emociones de los personajes. El guión de “Looper” avanza, gira y se retuerce en función de los movimientos anímicos del protagonista y de las personas que se cruzan en sus caminos presente, pasado y futuro. Sin intención de hacer spoiler, el tercer tramo del filme entra en una fascinante deriva que abre la puerta a un ambiente rural donde las ideas lanzadas a lo largo de la película se asientan y, sin que el filme pierda de vista para nada su dimensión fantástica, la historia se vuelve más reflexiva. La imaginación de Johnson se activa, lo sobrenatural explota en direcciones inesperadas, el imaginario único del filme, a caballo entre la fantasía más sofisticada y el cuento de hoguera, brilla… El relato vuela y se retuerce, la épica se dispara y el espectáculo tantea nuevos derroteros. Pero ni el juego narrativo ni el sensacional dispositivo formal son artificio puro y duro: están al servicio de una historia que habla con emoción –y con un optimismo extraño en estos tiempos– de la condición humana y de las relaciones afectivas (familiares, consanguíneas, sentimentales, de amistad) como lo único capaz de sobrevivir a la violencia e incluso acabar con ella.

Bonus:

Las cinco películas de viajes en el tiempo favoritas de Rian Johnson

Preguntamos a Rian Johnson por sus cinco películas favoritas de viajes en el tiempo y nos dijo éstas. Por si queréis jugar a detectar guiños e inspiraciones. Yo encuentro estas conexiones (quizá demasiado abstractas, pero es para no hacer spoiler). Las películas están ordenadas alfabéticamente, no nos dio un orden específico.

“Los Héroes Del Tiempo” (1981), de Terry Gilliam

El paralelismo entre esta magnífica película de Terry Gilliam y “Looper” es doble: ambas despliegan un imaginario único (la del primero, en clave fantástica; la del segundo, en una sugerente mezcla de realidad e ilusión) y sus autores están dotados del sentido de la maravilla.

“La Jetée” (1962), de Chris Marker

“La Jetée” y “Looper” se mueven en distintas dimensiones conceptuales, narrativas y formales. Pero, aun así, coinciden en algo: su materia prima es la emoción, el ánimo desgajado de los personajes.

“Primer” (2004), de Shane Carruth

La idea central de “Primer”, extraordinario ejercicio de ciencia-ficción lo-fi, está también en “Looper”. Aunque no la enfoca de una manera tan pesimista y oscura como Shane Carruth, Johnson también habla de la posibilidad de viajar en el tiempo como una puerta abierta a la aparición de semidioses cegados por su propio poder.

“Terminator” (1984), de James Cameron

La referencia a esta cumbre de la ciencia-ficción, perfecta se mire como se mire, no coge por sorpresa. Las similitudes argumentales entre “Looper”, sobre todo en lo referente a las razones de los viajes en el tiempo, son cristalinas. La extraña tristeza que empapa la película de James Cameron también cubre la de Johnson.

“Regreso Al Futuro” (1985), de Robert Zemeckis

Pese a la profundidad de las emociones en juego y la gravedad de algunos de los temas tratados en ella, “Looper” no deja de ser un juguete confeccionado con precisión de relojero y con un fascinante sentido del espectáculo, dos variables clave de la obra maestra de Robert Zemeckis.

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