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Looking: desventuras (gays) en la gran ciudad

Hay quien la ha comparado con “una Girls gay”, pero no. La sensibilidad de Looking es muy distinta

La serie no se define en los términos que se esperan. Son tres amigos paseando por la vida, preguntándose qué esperan de ella, buscando citas y eso. Y bueno, y resulta que son gays.

¿Hacía falta una nueva serie gay en el paisaje? Sí, claro, cómo no. Pero ante todo hacía falta una serie gay como Looking, que entiende que la normalización pasa por dejar respirar a tus personajes en un entorno reconocible. Esta nueva apuesta de HBO sería a la extinta Queer As Folk lo que Girls a Sexo en Nueva York. No del todo una réplica, porque el precedente se reconoce e incluso admira, pero sí la variable realista —más complicada, más delicada— de un mismo argumento de base: la búsqueda de la realización personal y de estímulos afectivos y/o sexuales en un paisaje urbano tan temible como fascinante.

No sé quién llamó primero a Looking “una Girls gay”, pero no tenía demasiada razón. Culpen a la necesidad de log lines o de descripciones llamativas con las que llamar la atención en Twitter, pero últimamente tendemos demasiado a reducir la complejidad de lo que tenemos delante de nosotros. Looking no es “una Girls gay”, de verdad que no . Su sensibilidad es otra. Looking es (aún) menos directamente cómica y, sobre todo, reúne ligeras rodajas de vida, a veces divertidas, a menudo no, con la simple pero valiosa aspiración de capturar fragmentos de verdad. Looking se parece tanto a Girls como a Parenthood: como ambas, habla sobre relaciones humanas.

"Looking es una creación gay, y a mucha honra, pero no se define en los términos que se esperan"

La serie es creación del guionista y productor Michael Lannan ( Recuérdame), quien adapta aquí un guión originalmente pensado para un largo, pero podemos hablar de autoría compartida. El inglés Andrew Haigh, revelado hace dos años con Weekend, dirige seis de los ocho capítulos de la primera temporada —los otros dos corren a cargo de Jamie Babbit y Joe Swanberg, workaholic de categoría— y es fácil establecer conexiones entre su filmografía anterior y esta serie prometedora. Igual que Weekend, es una historia universal que debería resonar en un público amplio, si bien las pobres audiencias hasta la fecha sugieren que el gay panic es aún problema en 2014.

Como Weekend, Looking es una creación gay, y a mucha honra, pero no se define en los términos que se esperan. No hay, al menos por ahora, temáticas clásicas como el SIDA, el salir del armario, etc. Hay quien considera la serie aburrida y, quizá, eso sea una señal de los logros de Looking: hacer una serie con personajes gays en los que ninguno recibe una paliza o un insulto en el primer capítulo, o al menos no paliza en el sentido literal. Son tres amigos paseando por la vida, preguntándose qué esperan de ella, buscando citas y eso. Ah, bueno, y resulta que son gays. Looking es un raro caso de serie con personajes cuyos rasgos homosexuales o lésbicos no se subrayan para efectos cómicos o trágicos; ahora mismo, tan solo comparte ese mérito, quizá, con The Fosters, la infravalorada serie de ABC Family con aparente inspiración en Los chicos están bien.

"La sensación de realidad es tan fuerte que uno se siente casi voyeur en casi cada momento"

Andrew Haigh dirige el piloto con naturalismo absorbente, captando con pericia los ritmos de la intimidad y el pulso de una gran ciudad en forma de escaparate permanente: de los amantes, de los afectos, de las vanidades. De nuevo, la cámara en mano se erige como herramienta principal, pero sin que el movimiento perpetuo nos distraiga de la esencia de la situación, ya sea el roce de los cuerpos o el choque de las mentes; o la fricción cálida de la amistad (al menos un par de escenas del piloto son las mejores que he visto sobre ello en mucho tiempo). Como en Weekend, la sensación de realidad es tan fuerte que uno se siente casi voyeur en casi cada momento; no solo en los sexuales.

Ayudan a la sensación de verosimilitud algunos actores que no parecen actuar: la mejor clase de actores. Jonathan Groff rebaja la grandiosidad que acompaña a un papel en Glee (Jesse St. James) para ejercer del desarrollador de videojuegos Patrick, el más tímido del trío protagonista, y tal vez enlace con la parte más tradicional de la audiencia, a la búsqueda de una relación estable. Frankie J. Alvarez sorprende como el aspirante a artista Agustín tras un papel invisible, el de “actor nº 6”, en Smash. Y el más veterano Murray Bartlett está encantador como Dom, quien se aproxima a los cuarenta con las mismas pertinentes dudas que un suscriptor de GQ. Es la conexión Sexo en Nueva York: Bartlett fue en 2002 Oliver Spencer, el mejor-nuevo-amigo-gay de Carrie por un capítulo (en sustitución de Stanford).

No sé ustedes, pero yo seguiré mirando. He visto el futuro de las series de relaciones, y es Looking. Disculpen la hipérbole, pero todo es por salvar de la muerte a una serie que resulta importante justo por no darse importancia.

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