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No tan Lonely Planet: cómo la guía azul construye el turismo mundial

7 efectos colaterales de incluir la guía turística más globalizada en tu equipaje.

Alba Muñoz estuvo en un destino aparentemente infrecuente: Sri Lanka. Para ello se sirvió de la Lonely Planet, un librito que en 1972 empezó siendo un recurso para mochileros, pero que hoy puede decidir el destino de todo un país.

No tienes mucho presupuesto pero quieres ir de vacaciones a un lugar lejano, uno de esos que fruncen los ceños de quienes te rodean y en los que apenas haya turistas. Y que no sea peligroso. Sin tiempo para planificarte, recurres a una librería de viajes. Allí, en un lomo azul con grandes letras blancas, encuentras lo que buscabas: una guía Lonely Planet sobre Sri Lanka.

Playas paradisíacas, selva, múltiples religiones y culturas, un pasado enriquecido por las rutas del comercio y un presente frágil: hace sólo cinco años que la guerra entre las fuerzas del gobierno y el grupo separatista conocido como los Tigres Tamiles ha terminado. No sabes qué puedes encontrar, pero el libro azul, la guía más completa, te guiará por un camino experto y seguro. Pagas tus 23 euros.

La que fue el recurso editorial de los primeros mochileros y viajeros independientes, fundada por los australianos Tony y Maureen Wheeler en 1972, se ha convertido en una poderosa Biblia del turismo global: aunque tú no lo sepas, los residentes locales le rinden un verdadero culto. A continuación, algunas consideraciones sobre los efectos colaterales de incluir un volumen Lonely Planet en tu equipaje (al menos si vas a Sri Lanka).

"Si un turista random tiene dudas sobre la viabilidad o los peligros que un destino puede conllevar, el lomo azul es la confirmación de que SE PUEDE"

1. El papel aún manda. Viajas en un autobús atestado y los pasajeros suben y bajan sin un orden comprensible para ti. No puedes sacar tu teléfono y averiguar cuál es tu parada. Que las editoriales de guías y libros de viajes estén sufriendo pérdidas igual que el resto de su sector y que las nuevas generaciones utilicen plataformas como Tripadvisor para planificar sus viajes no significa que las guías hayan pasado a otra vida. No hasta que el roaming de datos asuma la filosofía low cost.

2. Yo, Lonely Planet, te bendigo. Uno de los principales poderes de estas guías es su efecto legitimador. Si un turista random tiene dudas sobre la viabilidad o los peligros que un destino puede conllevar, el lomo azul es la confirmación de que SE PUEDE. Para el gobierno de un país que sigue ejerciendo violencia contra quienes perdieron la guerra, los tamiles, la publicación de la guía fue un bautizo, un acontecimiento político y económico de primer orden. La primera edición se publicó en 1996, 13 años después de que comenzara un conflicto que se alargó más de dos décadas. Las reediciones (ya van por la 12) confirman el negocio del turismo global.

3. Siniestra globalización. Cuando llegas a un lugar como Polonnaruwa, los conductores de tuc tuc pelean por llevarte: son taxistas, solo que con mini vehículos de tres ruedas. Lo que no esperas es que algunas de estas motillos vengan customizadas con el logo de Tripadvisor y que uno de los conductores te susurre al oído que te llevará a “un sitio que está en tu libro” (cuando tu libro está en la mochila). Los conductores de tuc tuc conocen tus cartas, tus referentes y expectativas. Siniestro, pero al fin y al cabo cómodo. Acabas en la mejor opción calidad-precio para pasar la noche (que habías subrayado previamente), y ni siquiera has tenido que abrir la guía.

4. Las reglas del juego. La Lonely Planet sirve para regatear. Aunque hayan pasado dos años desde su última edición, los precios que marca la guía van a misa y son los que va a exigir el turista allá donde vaya. Lo curioso es que incluso en hoteles aceptan la rebaja impuesta por Lonely Planet, como esta si fuera un organismo regulador de tarifas nacionales.

5. Gentrificación inversa. El turismo en Sri Lanka está creciendo a un ritmo vertiginoso. Después de que en 2004 el tsunami arrasara buena parte del país, muchos ciudadanos han invertido en la adaptación de sus casas en apartamentos y hostales, y en chiringuitos en la playa. Pero Lonely Planet tiene un efecto gentrificador inverso: muchos establecimientos bien valorados por los reporteros que la elaboraron viven de esa renta aun cuando dejan de merecerlo. Imaginemos lo siguiente: el dueño de un hostal fallece y pasa a regentarlo su madre, que básicamente odia el negocio que su hijo fundó. La señora lleva el hostal de muy mala gana pero está tranquila: cada día llega a su puerta una pareja de blancos convencidos de que han elegido la mejor opción. Y quienes han hecho el esfuerzo por invertir en el sector turístico se ven impotentes ante los talibanes del libro sagrado y azul. La gente desespera, grita e incluso llora delante de turistas que se decantan por la “opción segura”.

"los turistas terminamos juntos en los mismos sitios, las experiencias se repiten y la construcción colectiva de un lugar se vuelve global"

6. Infraestructura. En una isla cuyo sistema ferroviario es el que dejaron los ingleses cuando fue colonia y los autobuses tardan 9 horas en recorrer 250 kilómetros, la mayor infraestructura para viajeros es precisamente la Lonely Planet, que indica cómo llegar a lugares donde se supone que no debes llegar. Como Jaffna, la ciudad norteña y de mayoría tamil, la única gran urbe singalesa hasta la que no llega el tren. En la próxima actualización de la guía, prevista para el año que viene, aparecerán nuevas carreteras y caminos en Sri Lanka.

7. El confort construye. Hay otras guías de Sri Lanka, y buenas, pero Lonely Planet es la que asegura que tu viaje sea de marca. Cuando los acomodados Marco Polos del siglo XXI queremos creer que esta guía es tan sólo una colección de datos útiles que complementa nuestra intrépida ruta, nos estamos engañando: los turistas terminamos juntos en los mismos sitios, las experiencias se repiten y la construcción colectiva de un lugar se vuelve global al mismo tiempo que empobrece. Como si un solo medio de comunicación informara de la maravillosa isla del Índico, como si todos sus corresponsales reprodujeran las mismas palabras cuando las posibilidades son inacabables. El confort también construye el conocimiento y puede llegar a simplificar demasiado el mundo. Y a convertirlo en una colección de testarudos souvenirs.

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