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“El Lado Bueno de las Cosas”: mucho más que una comedia romántica

El estreno destacado en la cartelera de esta semana, nominado a ocho Oscar, renueva los temas universales del amor, la adicción y la redención

Parece una comedia romántica, pero en realidad no lo es: su humor es mucho más ácido, y su profundidad psicológica más incisiva que la media de las películas sobre parejas, desamores y disfunciones. Aspirante a premios en masa, “El Lado Bueno de las Cosas” llega este viernes a la cartelera.

Uno

“El Lado Bueno De Las Cosas” escupe automáticamente la etiqueta que se le atribuye por defecto y no sin razón: comedia romántica. Es una etiqueta que no miente. La nueva película de David O. Russell, director de una filmografía curiosísima (como ocurre con el europeo Michael Winterbottom, es difícil encontrar una coherencia o trazar una línea de continuidad en su filmografía, pero tiene una cifra generosa de filmes extraordinarios), gira en torno a una historia de amor y no sacrifica el humor ni siquiera para encarar las situaciones y los temas más graves. De hecho, esto último es exactamente su clave, lo que hace de “El Lado Bueno De Las Cosas” una propuesta interesante y poderosa. Pero, si por comedia romántica se entiende algo abiertamente amable y de emociones accesibles y epidérmicas, ese membrete le queda pequeño o, mejor dicho, raro.

Russell, también autor del guión, se inspira en “El Lado Bueno De Las Cosas” en la novela de Matthew Quick “Un Final Feliz”, rebautizada en su edición española con el título de la película. El cineasta firma una adaptación bastante fiel, pero se la lleva a su terreno al canjear la comicidad más sencilla del libro por el humor ingenioso, punzante y, en cierto sentido, escurridizo que gasta en sus películas de ramalazo cómico ( “Flirteando Con El Desastre”, “Extrañas Coincidencias” e incluso “Tres Reyes”). Ese humor y su manera de utilizarlo para hablar de temas poco convencionales en las comedias sobre chica conoce a chico, chico se reencuentra con chica, chico y chica se pelean y reconcilian y demás variaciones son las variables que dan unicidad a “El Lado Bueno De Las Cosas”.

"Russell firma una película que disloca con habilidad los lugares comunes de las comedias románticas más perezosas"

Dos

La historia es la siguiente. Pat (Bradley Cooper), un treintañero con un trastorno bipolar, regresa a casa de sus padres tras pasar una temporada ingresado en una institución mental. En el pasado, un episodio violento en el que casi mata al amante de su esposa. En el presente, una obsesión por cultivarse física y mentalmente: sale a correr varias veces cada día y lee clásicos compulsivamente. En el futuro, el deseo de recuperar a su ex mujer, que le tiene miedo, y la posibilidad de encajar de alguna manera en su vida a Tiffany (Jennifer Lawrence), la hermana de la mujer de su mejor amigo, una veinteañera con un historial tan loco como el suyo. Viuda de un policía pese a su juventud, también es inestable psicológicamente y su pasado se recuerda por su necesidad compulsiva de encamarse con cualquiera. El destino cruza sus pasos y les da la opción de reconducir sus vidas, al menos de hacerse compañía para que el próximo descenso a los infiernos no sea tan duro. Como indica su título en castellano (sólo puede haber un lado bueno si hay uno malo), “El Lado Bueno De Las Cosas” no es exactamente una película sobre segundas oportunidades, sino sobre oportunidades en general. En este sentido, estamos ante una película relativamente optimista, pero sólo relativamente, porque invita a creer en la posibilidad de remontar pero no en la certeza de no volver a caer. Y para hablar de la vida como ese eterno ensayo y error, Russell se sirve, recapitulando, del humor afilado y perspicaz antes señalado.

Tres

Es dificilísimo utilizar el humor para contar una historia de la complejidad temática de “El Lado Bueno De Las Cosas”, película que encara sin miedo temas como la enfermedad mental, la disfunción familiar, las obsesiones, las adicciones, los miedos y la violencia física. En manos de un cineasta torpe, podría haber derivado en una comedia negra de mal gusto o, peor aún, en un falso divertimento, en una de esas películas que canjean si avisar el buen rollo por la bofetada, que se rompen por la mitad e inundan de tristeza historias de gesto cotidiano y reverso trágico. No es el caso. Russell calibra el humor con un pulso admirable, encuentra el punto exacto para ni relativizar el dolor de los personajes ni convertirlo en algo lejano o extraordinario. Debido en parte a la magnífica interpretación de Jennifer Lawrence y Bradley Cooper, todo fluye con naturalidad en “El Lado Bueno De Las Cosas”, y su búsqueda deliberada de la cara cómica de las tragedias, el absurdo cotidiano y lo relativo de los dramas familiares, sentimentales y, en definitiva, vitales se salda con éxito. No quiere esto decir que la película de Russell sea una tragicomedia al uso, agridulce y matemáticamente equilibrada en su alternancia de humor y drama. Hay en ella brotes de histeria y pérdidas antológicas de papeles que sacan de la ecuación otras variables comunes en las películas que suman personajes desdichados y desdichas: la compasión y el exceso de pudor para hablar de determinados temas. “El Lado Bueno De Las Cosas” es a ratos comedia pura –alta comedia, de hecho– sin perder en esas ocasionales chifladuras lucidez y mordacidad, y el individuo que protagoniza las escenas más locas es el padre del protagonista, encarnado por Robert De Niro (un personaje bueno, por fin), un jubilado con TOC (Trastorno Obsesivo-Compulsivo) que vuelca sus supersticiones en los Philadelphia Eagles y en las apuestas deportivas ilegales.

Sin pasarse de listo, sin jugar a la relectura prepotente o caer en el cinismo, Russell firma una película que también disloca con habilidad los lugares comunes de las comedias románticas más perezosas. En relación a esto, tiene muchísima gracia cómo explica la primera cita oficial de la pareja protagonista y dirige el desenlace de “El Lado Bueno De Las Cosas” a una pista de baile (tiene algo esta película de revisión compleja y neurótica de “Dirty Dancing”). Otros puntos fuertes son un potente diseño de personajes, con los que es posible empatizar pese a lo extremo de sus procesos mentales y sentimentales (“El Lado Bueno De Las Cosas” es una película emotiva y cuenta, por encima de todo, una bella historia de amor), ciertas referencias al universo cinematográfico de sus intérpretes (disfruten detectando guiños) y una chanza divertidísima a costa de los libros que lee el protagonista.

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