Columnas

L?Arte Dei Rumori

File under experimental

L’Arte Dei Rumori Oriol RosellHace un par de meses nos hacíamos eco en esta misma columna de la edición de “I’m Not Artist” (Vinyl On Demand), monumental box-set de los singulares Smegma. En aquella breve introducción a la delirante cosmología del grupo californiano, hoy asentado en Portland, se hacía mención del determinante papel que jugó en su fundación, allá por 1973, el padrinazgo de la Los Angeles Free Music Society (LAFMS). Por una alegre coincidencia, ahora se anuncia a bombo y platillo la celebración los próximos 22, 23 y 24 de octubre de The Lowest Form of Music, el primer evento en tierras británicas enteramente dedicado al trabajo e influencia de la LAFMS. Además de un completo programa de proyecciones, debates y conferencias a propósito del “movimiento de vanguardia más injustamente ignorado del siglo XX”, la agenda de The Lowest Form of Music –título, por cierto, que ya emplearon los sellos Cortical Foundation y RRRecords en 1996 para una caja retrospectiva de diez CDs donde se recuperaban parcialmente los archivos de la LAFMS– incluye las actuaciones de Airway, Extended Organ, Le Forte Four, The Tenses, Dinosaurs With Horns, Tom Recchion, John Duncan y, por supuesto, Smegma, todos ellos figuras relevantes en la atropellada y ciertamente desconocida historia de la plataforma angelina. Completando el cartel, el ciclo contará también con la participación de artistas no estadounidenses influenciados por la LAFMS, caso de los ingleses Morphogenesis –formación por cuyas filas han pasado miembros de la Scratch Orchestra y Nurse With Wound– o los japoneses Incapacitants y Hijokaidan.

Tan ambicioso proyecto se adivina concebido para arrojar algo de luz sobre un colectivo del que alguien dijo, y no sin razón, que fueron “la auténtica New Weird America cuando nadie prestaba atención”. Y es que los mentados agentes subversivos, a los que faltaría sumar los nombres de, al menos, Chip Chapman, Rick Potts, Gerald Bole y The Doo-Dooettes, se rebelaron contra el inmovilismo de la música popular y la falta de flexibilidad de la vanguardia haciendo uso, hace casi cuarenta años, de las mismas técnicas que hoy son dogmas de fe en el ámbito de la NWE –música concreta, electrónica, free-jazz, improvisación, noise, tribalismo folk, krautrock–, conectando estéticamente, como algunos historiadores han observado, la edición del primer álbum de The Residents “Meet The Residents” (Ralph, 1974)– con la de “Calling All Girls” (50 Skidillion Watts, 1977), el debut de Half Japanese. En este aspecto, sorprende descubrir hoy la vigencia de cosas como “Live At Lace” de Airway –el eslabón perdido entre “White Light White Heat” (The Velvet Underground) y “Confusion Is Sex” (Sonic Youth)–, “Japanese Super Heros” de Le Forte Four –Boredoms meets Jackie-O Motherfucker–, “Mojave” de The Doo-Dooettes –Yellow Swans versionando a Emeralds– o “Parasitic Twin” de Rick Potts –el single que Pussy Galore nunca grabaron para In The Red–. Como sorprende saber de sus performances, a medio camino entre el concierto y el happening surrealista, sus instalaciones lowtech, sus fanzines y, sobre todo, esa sensacional máxima con la que promocionaban sus ediciones discográficas, cuya distribución se limitó casi siempre a la venta por correo: “La música es gratis, pero tienes que pagar por el plástico, el papel, la tinta, el pegamento y los sellos”. Pocos lo saben, pero de esos polvos viene estos lodos.

El bueno, el feo y el cínico El sentido del humor es también un elemento esencial en la obra de Monte Cazazza. Aunque en su caso se trate de un humor bastante más perverso y, para qué negarlo, enfermizo. Cazazza, a quien se atribuye la autoría del término “música industrial” vía su mítico eslogan “industrial music for industrial people”, fue la mejor conexión de Throbbing Gristle en tierras estadounidenses. Como los británicos, el suyo era un imaginario tan retorcido como voluptuoso en el que se casaba imaginería pop, pornografía, ultraviolencia –muchas veces real y dirigida al público– y arte de vanguardia en su vertiente más agreste. Baste recordar momentos estelares de su carrera como la vez que bloqueó las puertas de una convención de artistas alternativos después de quemar el cadáver descompuesto de un gato en el interior, sus collages compuestos de imágenes religiosas, hardcore gay y esvásticas y, sobre todo, el fake que organizó junto a Genesis P.Orridge a propósito de la ejecución de Gary Gilmore –sí, el mismo al que dedicaron su mejor canción The Adverts–, fundando la Gary Gilmore Memorial Society y distribuyendo de manera anónima fotos de él mismo sentado en la silla eléctrica, fotos que algunos periódicos creyeron reales y llegaron a publicar a modo de exclusiva.

En su vertiente musical, curiosamente, la obra Cazazza raramente alcanza las cotas de brutalidad de su actividad performántica. Perfectamente resumida en “The Worst of Monte Cazazza” (The Grey Area / Mute, 1992), el Cazazza músico sigue con sus fijaciones temáticas –algunos títulos: “Candy Man”, “Liars (Feed Those Christians To The Lions)”, “To Mom On Mother’s Day”, “Sex Is No Emergency”– y se decanta, puntuales incisos noise al margen, por el funk electrónico y un synth-pop que hoy tildarían de minimal wave.Ahora, cuando la mayoría le daba ya por muerto o por definitivamente desahuciado –es legendario su currículo de entradas y salidas de frenopáticos y cárceles–, Cazazza vuelve con “The Cynic” (Blast First Petite). Y la sorpresa no podría ser mayor. No sólo porque resulta que está vivito y coleando, sino porque “The Cynic” es, quizá, su más certero insulto sonoro. Un corte de mangas a todo y a todos, con especial saña dirigida a la parroquia industrial que, para su disgusto, le adora. La estrategia está clara: grabar el disco que nadie esperaría de él y que no va a gustar a nadie. Y vaya si lo ha hecho: números de western crepuscular – “Terminal”, “A Gringo Like Me”– y, no pregunten por qué, technito en la estela de Orbital y Leftfield pero tirando de presets cosa mala – “Break Number One”, “Venom”, “What’s So Kind About Mankind”, “Birds of Prey”–. Un auténtico despropósito que hará que muchos se tiren de sus pelos teñidos de azul noche. Pero serán los que en realidad nunca entendieron de qué iba el arte de Cazazza: ofender, molestar y tocar las narices tanto como sea posible. Incluido a los pocos que te hacen caso. Hay que ser muy grande para plantarle cara a tu propia leyenda de esta manera. Me imagino lo que se va a reír el muy cabrón cuando lea lo de “Style: Industrial, Experimental” en discogs.com.

Viaje a los límites de lo análogo

El que aún no es leyenda pero va camino de ello es Keith Fullerton Whitman. Y no sólo por ser bueno –que lo es, y mucho–, sino por su excepcional ritmo editorial. Nada menos que quince lanzamientos le llevo contabilizados desde su retorno en 2009, y lo que me debo dejar.Curiosa historia, la de Fullerton Whitman: entre 1999 y 2005, su producción conjugó IDM y breakcore bajo el pseudónimo Hrvatski –lo encontrarán en catálogos como los de Planet Mu o Reckankreuzungsklankewerkzeuge– y trabajos de ambient preciosista, drones e instrumentación acústica, principalmente guitarra, facturados por marcas como Kranky o Carpark. Eran todos ellos discos que reflejaban una programación virtuosa de patches para Max/MSP, centrados en el uso –y el abuso– del ordenador como herramienta musical de posibilidades aparentemente ilimitadas. No obstante, a mediados de la década Fullerton Whitman dio por agotados sus recursos informáticos y se tomó un respiro para volver a la palestra, ya en 2009, con una propuesta completamente distinta, totalmente centrada en la manipulación en tiempo real de equipos analógicos. Y hoy es quizá el artista más interesante de cuantos emplean sintetizadores clásicos. Si bien los timbres que emplea sintonizan por razones obvias con el neo-synth, su obra no se constriñe a coordenadas estilísticas pretéritas. Fullerton Whitman investiga y experimenta con el instrumental modular como lo hacía con el portátil, buscando los límites, diversificando sus usos. Tan pronto se adentra en la psicodelia cósmica – “Generator” (Root Strata, 2010), “Live Generators” (Protracted View, 2010), algunos tramos de “November 28, 2009” (Upstairs, 2010), junto a Geoff Mullen– como se acomoda en el ruidismo abstracto – “Hallicrafters Inc.” (Rare Youth, 2009), “070325/080409” (Amethyst Sunset, 2010), compartido con Mike Shiflet– o resuelve ecuaciones en principio imposibles – “Variations For Oud & Synthesizer” (No, 2010)–. Si están hartos de tanto jipi y sin embargo les seduce la calidez de los viejos módulos, KFW es su hombre.

mp5 Bill Orcutt: “Way Down South” (Palilalia)

El ex-Harry Pussy sigue con paso firme su camino de vuelta a las esencias del blues acústico. Reconozco que, dicho así, la cosa pinta mal. Pero no se dejen engañar: Orcutt toca blues, sí, pero como nunca lo han oído ustedes. Y toca la guitarra acústica, también, pero no como se imaginan. Grabado en directo en Christchurch, Nueva Zelanda, “Way Down South” contiene más energía y tiene más nervio que el 90% de los discos de rock publicados en lo que llevamos de año. Y además es un LP con una sola cara grabada y en edición limitada a 300 ejemplares. ¡Ñum!

Classwar Karaoke: “At Philosoph.” (Classwar Karaoke)

Además de uno de los mejores nombres de la historia, Classwar Karaoke es una entidad de naturaleza mutante que tan pronto se convierte en netlabel como en plataforma para la difusión de cortometrajes. En el caso de “At Philosoph.” no queda del todo claro si se trata de una docena de músicos embarcados en una jam o de una mixtape. Sea como fuere, a lo largo de sus treinta minutos se transita por el soundart heterodoxo, el ambient, el noise y el collage con igual fortuna. Descarguen en http://www.archive.org/details/CWK0001

Pulse Emitter: “Over Clouds” (Root Strata)

“Over Clouds” arranca en Eleh, continúa de la mano de John Carpenter y concluye en el kosmische puro y duro. Todo ello en dos temas, uno por cara, que hacen de esta C-50 un gesto de histrionismo neo-synth de tal magnitud que realmente cuesta creer su año de edición. Puede resultar tan indignante para unos como fascinante para otros, pero una cosa resulta evidente: lo de Daryl Groetsch va en serio. Ni rastro de ironía postmoderna, aquí.

Failing Lights: “Failing Lights” (Intransitive Recordings)

Al final ha recaído en el sello de Howard Stelzer el honor de publicar el primer CD “oficial” –le preceden no menos de cuarenta lanzamientos en cassette, CDr y 7” desde 2005– de Failing Lights, el proyecto en solitario de Mike Conelly (Wolf Eyes, Hair Police). Y pueden estar contentos en Intransitive, porque Conelly les ha entregado una maravilla: ambient oscurísimo –que no dark ambient–, electroacústica tenebrosa e incluso momentazos a lo Theatre of Eternal Music ( “The Comfort Zone”) en un disco que aísla el mal karma de Wolf Eyes del discurso ruidista. A different kind of tension, vamos.

Motion Sickness Of Time Travel: “The Sound of Reality Dissolving” (Hooker Vision)

Aún no nos habíamos recuperado del impacto de “Seeping Through The Veil Of Unconscious” (Digitalis Limited), uno de los mejores lanzamientos cassetteros de la temporada, y Rachel Evans ya está de vuelta al ruedo con un delicioso mini-CDr de tres temas que, si bien no supera a su predecesor, amplía el campo de acción de Motion Sickness Of Time Travel incursionando en la épica vía 4AD y sabe beneficiarse del sonido en 16 bits. Por lo demás, sin novedades: ambient cósmico, voces etéreas y drones que parecen hechos de algodón de azúcar. Una delicia.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video

cerrar
cerrar