PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Now

Kim Kardashian puede enseñarte muchas más cosas de las que crees

H

 

Y no, no tiene nada que ver con el sexo

Franc Sayol

06 Marzo 2015 06:00

“Dios mío, ¡es Kim en nuestra portada!”.

El titular en la portada del último número de AdWeek resume perfectamente el insólito alcance del impacto cultural de Kim Kardashian. No es habitual que alguien que ha aparecido en la portada de Playboy haga lo propio en una revista especializada. Pero nadie podrá argumentar que no esté justificado: al fin y al cabo, es un genio del marketing.

Su mayor aportación a 2014 no fue su boda, ni su trasero desnudo. Fue un videojuego. Kim Kardashian: Hollywood facturó 66 millones de euros en 2014, convirtiéndose en una de las grandes revelaciones del año en materia de juegos para móvil. Después de reinventar la telerealidad, de alzarse como pionera de las redes sociales y de convertir a toda su familia en una megamarca, Kim Kardashian aspira a ser una gurú del mundo tecnológico.

No está nada mal para alguien que, como suele decirse, "solo es conocida porque una vez se grabó follando".

Todos podemos ser Kim Kardashian



“Cuando sea famosa, recordadme como esta niña preciosa”, decía en un vídeo doméstico grabado cuando tenía 13 años. Nunca ha engañado a nadie. Siempre quiso ser una celebridad. Y en esta parcela es una de las figuras más exitosas de la historia. Ella ha entendido perfectamente cómo funciona la fama. Ha descifrado el código. Ha sido disruptiva. Ha logrado pasar de “ser famosa por nada” a “ser famosa por todo”. Que lo haya logrado a través de la reflexión o por simple intuición ya es otro debate. Pero lo que es seguro es que no ha sido por casualidad.

Es innegable que su sextape fue un trampolín. Sin embargo, probablemente hoy sea más acertado decir que es famosa a pesar de y no gracias a ese vídeo. Muchas otras celebrities se han dado a conocer de la misma manera y nadie se acuerda de ellas. La diferencia es que Kim ha logrado convertirse en una marca para todos los públicos. Las adolescentes juegan a su juego, las madres ven su reality, las firmas de alta costura la utilizan como escaparate y los fans de la música se acercan a ella por ser la musa de Kanye. Es un núcleo. Un punto de intersección en el que confluye gente que no tiene nada que ver entre sí. Lograr eso es complicado. Y lograrlo viniendo de un vídeo porno todavía más.

Puede que sus detractores la vean como un símbolo de la decadencia cultural de occidente. Pero también encarna todas las oportunidades que ha traído consigo la nueva cultura digital. Su conversión de hortera asistente de Paris Hilton a multimillonaria empresaria de sí misma demuestra el poder que nos dan las redes para moldear nuestra propia imagen. Evidentemente, no todo el mundo tiene un canal de televisión dispuesto a filmar su vida. Pero todo el mundo puede tener Instagram, Facebook, Twitter y Tumblr. Y ella nos ha enseñado que si posteas las suficientes selfies puedes acabar creándote un estatus a medida.

Un mundo a su medida



Una de las consecuencias de la revolución digital ha sido el derrumbamiento de las jerarquías. Alta y baja cultura, vulgaridad y clase, empoderamiento y explotación... las fronteras son cada vez más difusas. Y Kim Kardashian es la encarnación física de ello.

Es un icono de la telebasura pero asiste a las fiestas de la élite artística mundial, fue playmate Playboy y acabó en la portada de Vogue, nunca ha creado tendencia pero las firmas de alta costura se rifan su presencia en los desfiles. Es un signo de los tiempos, un campo de batalla entre el viejo y el nuevo mundo. Puede que los defensores de canon del buen gusto vean la glorificación de la mediocridad encarnada en sus nalgas desproporcionadas. Pero para toda una generación de jóvenes es la constatación de que las convenciones están para derribarlas.

Claro que el mundo está plagado de gente que merece más admiración que Kim Kardashian. Pero, para bien o para mal, ninguno de ellos logra que 80 millones quieran seguir sus pasos a diario. Ni que una cadena de televisión ofrezca 90 millones de euros por continuar grabando su vida durante 4 años más. Ni que un libro compuesto de 300 de sus selfies se convierta en best-seller solo con la preventa. Negar su importancia como fenómeno cultural es darle la espalda al mundo en el que vivimos.

Que este mundo nos guste más o menos ya es otra cosa.


Nadie consigue 80 millones de seguidores por casualidad.





share