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Así es como el tipo más odioso del pop quiere que le tomemos en serio

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¿Puede Justin Bieber ser un artista adulto respetado?

Franc Sayol

10 Septiembre 2015 14:31

En el teatrillo de plástico que siempre son los Video Music Awards, este año se coló un resquicio de humanidad. Tras interpretar un medley de sus dos últimos singles, y mientras recibía una ovación del público, Justin Bieber se desmoronó. Con las manos en las rodillas y jadeante, el cantante de 21 años apenas pudo contener las lágrimas.

Tres días después, Bieber explicó las razones de su derrumbe emocional en el programa de Jimmy Fallon. “Todo fue muy abrumador, en la actuación había fallado algunas notas y estaba decepcionado, pero todo el mundo, el apoyo... Honestamente, no me esperaba que me apoyasen así... La última vez que estuve en una entrega de premios me abuchearon”, dijo.



Bieber se refería a los Billboard Music Awards de 2013. Entonces tuvo que aguantar una pitada que se alargó durante casi un minuto. Cuando finalmente habló, mostró su decepción por el recibimiento. “Tengo 19 años y creo que estoy haciendo un buen trabajo... ”, dijo mientras el público seguía silbando, “... y desde el corazón, solo quiero decir que todo debería reducirse a la música. El arte. Soy un artista y debería ser tomado en serio. No debería hablarse de toda esta otra mierda”.


Los mismos medios que habían ayudado a convertirle en una estrella ahora estaban dispuestos a despedazarle.


En ese tiempo Bieber estaba en el medio de su más que publicitada espiral descendente. Ese mismo año había sido arrestado por conducir borracho, filmado orinando en un cubo de fregona, cazado en burdel brasileño y condenado por vandalismo. También había adoptado y abandonado un mono capuchino. Y todo lo había hecho delante de las cámaras de los paparazzi.

Los mismos medios que habían ayudado a convertirle en una estrella ahora estaban dispuestos a despedazarle. Los haters se relamían con cada titular de TMZ, y quienes predijeron su evaporación del panorama musical se frotaban las manos. Bieber parecía condenado a un ostracismo precoz. Como si, en su caso, el relato clásico de estrella infantil caída en desgracia se hubiera acelerado para adaptarse a los ritmos de Internet.

Por eso no es extraño que los VMA fueran importantes para él. Su actuación supuso la culminación de un proceso de redención que ha durado todo este año. Sus lágrimas en el escenario fueron el momento de debilidad en público que necesitaba para que nos creyésemos que es una persona nueva. O, de hecho, para que nos creyésemos por primera vez que es una persona.



El lavado de imagen de Bieber empezó a principios de año con un vídeo de YouTube en el que disculpaba ante sus fans por su comportamiento “arrogante”. El siguiente paso fue su participación en Comedy Central Roast, un programa especial del canal cómico en el que una celebridad es objeto de bromas por parte de otras celebridades y humoristas. Bieber, que acababa de cumplir 21 años, se dejó decir absolutamente de todo.

 

Sus lágrimas en el escenario fueron el momento de debilidad en público que necesitaba para nos creyésemos definitivamente que es una persona nueva. O, de hecho, para que nos creyésemos por primera vez que es una persona.


Fue una manera de poner todas las cartas sobre la mesa de una vez por todas —las páginas de haters en Facebook, los bulos de Twitter, los tumblrs dedicados a las “lesbianas que se parecen a Justin Bieber”, las bromas sobre sus desmanes…—, una flagelación televisada para asumir sus pecados y fagocitar el odio con el que ha tenido que convivir desde que tenía quince años. Bieber terminó el programa con un discurso en el que volvía a disculparse.

Que alguien se preste a recibir una paliza verbal y además acabe pidiendo disculpas solo puede significar una cosa: Bieber estaba desesperado por volver a ganarse la simpatía del mundo. Por supuesto, todo era una operación de relaciones públicas perfectamente orquestada. Funcionó. Finalmente, Bieber había logrado darle la vuelta a la dinámica decadente de su imagen pública.

Sus anteriores intentos de remodelar su imagen habían fracasado. En 2012 había publicado Boyfriend, un single que buscaba acercarle a un público más adulto trazando un paralelismo con la evolución de Justin Timberlake. Un año más tarde publicó Journals, en el que intentaba exhibir un sonido más maduro y colaboraba con nombres respetados como R.Kelly, Future o Chance The Rapper. Sin embargo, en ninguno de los dos casos la música tuvo el peso suficiente para distraer al público de sus escándalos.

 

Bieber y su equipo entiendieron que, ahora que las beliebers ya estaban en edad de entrar a la universidad, sus días como ídolo adolescente habían terminado


Sabíamos que la única manera de que esto funcionara era que volviera a tener que ver con la música. No más sensacionalismo. Si te gusta la música, gracias, y si no, no hay nada más que hablar”. Quien dijo esto es Scooter Braun, el hombre que le descubrió en YouTube y que ha moldeado su carrera, en una entrevista reciente a Billboard.

Sin embargo, en la ecuación de su resurrección, la parte musical parecía la más complicada de resolver.



Tras el fracaso de Journals, Bieber y su equipo entendieron que había llegado el momento de dar un paso atrás. Ahora que las beliebers ya estaban en edad de entrar a la universidad, sus días como ídolo adolescente habían terminado. La única posibilidad de que su carrera tuviera continuidad pasaba por hacer música verdaderamente relevante. Y ésta llegó por casualidad.

En septiembre de 2014, Skrillex y Diplo se toparon con Scooter Braun en una fiesta de la New York Fashion Week. Ambos estaban trabajando en el álbum de Jack Ü, un disco colaborativo de orientación pop con un vocalista distinto en cada canción. Tal y como relata una reciente pieza del New York Times, Diplo le preguntó por Bieber y, treinta segundos más tarde, el DJ tenía en su inbox una maqueta de Where Are Ü Now, una canción que Bieber había grabado una semana antes. La canción —en aquel momento, una balada de un piano—, estaba originalmente pensada para el siguiente disco de Bieber, pero Skrillex y Diplo trabajaron en ella durante cuatro meses sin que Bieber lo supiera.

 

Para el que hasta hace muy poco era el público objetivo de Bieber, Skrillex y Diplo son unos marcianos. Pero se han convertido en los héroes inesperados de su resurrección.


El resultado fue tan extraño como sorprendente. Es una canción sin coro, y con una melodía que suena como el chillido del un delfín –en realidad, es la voz de Bieber modificada digitalmente–, pero funciona. Skrillex y Diplo contienen su tendencia a los excesos histriónicos y Bieber canta con un tipo de emoción que hasta ahora le era desconocida. Es como si se estuviera dirigiendo a los fans que habían desertado durante su tormentosa transición de niño a hombre: “¿dónde estás ahora que te necesito?”.



Skrillex y Diplo lanzaron el álbum por sorpresa en febrero, sin hacer ninguna promoción especial de la canción. Pero, con los meses, fue haciéndose grande en la radio hasta convertirse en uno de los himnos del verano. A día de hoy, Where Are Ü Now ha sido reproducida más de 230 millones de veces en Spotify, su vídeo acumula más 150 reproducciones en YouTube y ha supuesto el regreso de Bieber al top 10 de la lista Billboard más de dos años después.

Su comeback hit le ha llegado sin querer. De hecho, si no fuera porque su carrera pendía de un hilo, probablemente nunca hubiera formado parte de algo así. Por mucho que llenen pabellones, para el que hasta hace muy poco era el público objetivo de Bieber, Skrillex y Diplo son unos marcianos. Sin embargo, ahora se han convertido en los héroes inesperados de su resurrección.

Más allá de la repercusión que ha tenido la canción, lo más importante para él es que ha sido la primera vez que el público —excluyendo adolescentes histéricos— se ha tomado en serio su música. “Estoy empezando a abrirme paso, a ser aceptado por la masa y no necesariamente una generación joven. [Where Are Ü Now] Me abrió los ojos a toda una nueva audiencia, a una nueva plataforma”, decía el propio Bieber al New York Times.

Una audiencia que también ha recibido con los brazos abiertos What Do You Mean?, una suerte de secuela de Where Are Ü Now, que confirma que Bieber ha encontrado su nueva fórmula en la mezcla de R&B, pop almibarado y EDM refinada. No es revolucionario ni especialmente arriesgado, pero tiene una dirección y un concepto perfectamente definidos. La prueba de que funciona es que se ha convertido en el primer single de su carrera que debuta en el número 1. Parece ser que, finalmente, ha encontrado la llave de para asegurar la continuidad de su carrera como adulto.



Pero de las tres canciones en las que Bieber ha estado involucrado este año, la más llamativa sin duda es su colaboración con Travi$ Scott y Young Thug en Maria I’m Drunk. Su verso no solo demuestra que puede sonar creíble entre dos luminarias trap; además, eclipsa a ambos. En él, Bieber habla de noches en el estudio con chicas y tequila. Pueden parecer simples simples tópicos del rap, pero, viniendo de donde viene, suena como lo más honesto que ha escrito nunca. Es otra manera de quitarse la máscara, de demostrar que ya no aspira al ideal sino, simplemente, a lo humano.

 

El álbum será la prueba definitiva para saber si puede dar un giro a su carrera. Es imposible saber si lo logrará, pero, al menos, está en la situación de intentarlo.


Además, Maria I’m Drunk ha logrado que Bieber empiece a ganarse el respeto de la comunidad hip hop, algo que hacía unos meses parecía impensable. Para ello ha hecho un recorrido inverso al de, por ejemplo, The Weeknd. Uno salió de los foros de Internet y ahora se prepara para conquistar el mainstream; el otro por el mainstream y ahora quiere ganarse a los foros. Aunque, para ser honestos —y quizá esto es algo que siempre se les olvida a sus detractores—, Bieber también empezó de la nada: también él fue descubierto en YouTube. Su pecado fue tener una cara angelical y ser lo suficientemente joven como para ser completamente moldeable.

Estas tres canciones han situado a Bieber en una posición que ni siquiera él mismo podía imaginar hace un año. Tres fogonazos que han llegado a gente que nunca hubiera pensado que les podría gustar nada que tuviese a ver con él y han disparado las expectativas por uno nuevo disco que, hace unos meses, nadie quería. El álbum será la prueba definitiva para saber si puede dar un giro a su carrera. Es imposible saber si lo logrará, pero, al menos, está en la situación de intentarlo.

Cuando Bieber pidió respeto en los Billboard Awards de 2013 sus palabras sonaban a risa. Pero ahora, gracias a una sucesión de giros de guión extravagantes que desafían el arquetipo de estrella infantil triturada por la maquinaria pop, tiene argumentos para que, como mínimo, lo consideremos.



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