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Josef Ajram, ¿héroe de la autoayuda o el nuevo timo de la estampita? La opinión a favor

Protagonista de un ensañamiento sin precedentes en las redes sociales tras abandonar el reto ‘7Islands’, Josef Ajram es hoy un atleta bajo sospecha. ¿Pero debemos criticarle por haber buscado su límite, o por haberlo encontrado? Un fan de Ajram opina.

El pasado martes Josef Ajram, el atleta que ha puesto de moda el ultrafondo en España, fracasaba en su segundo intento de completar el reto 7Islands: siete Iron Man seguidos en las siete islas canarias, y eso ha desencadenado una oleada de reacciones, desde la burla ventajista a las acusaciones de fraude, pasando por fans decepcionados y fans comprensivos. En PlayGround hemos querido dar voz a estas dos opiniones polarizadas: un seguidor fiel y un hater crítico con Josef Ajram. Que cada uno exprese lo que le genera el personaje.

[Si quieres leer la opinión en contra, la encontrarás aquí]

Una marca llamada motivación

Desde la emisión de aquel lejano capítulo de “Informe Robinson” en el que se presentó en sociedad a Josef Ajram, cuando éste participaba en el UltraMan de Hawai, se hace difícil contabilizar el número de nuevos runners, triatletas, Iron Man y ciclistas que han nacido en nuestro país. Muchos. Pero sí resulta más fácil señalar al personaje Ajram como uno de los principales culpables de esta eclosión social y deportiva. Cuando se emitió ese programa en este país nadie hablaba del Iron Man, la maratón era un reto muy lejano para el ciudadano normal y corriente y la triatlón sencillamente era una prueba desconocida fuera de los circuitos especializados. Ajram consiguió que despertara en el interior de miles de españoles la necesidad de retarse a sí mismos en sus capacidades de resistencia física, pero sobre todo puso en el mapa una serie de acontecimientos deportivos de los que ningún medio se hacia eco. Algo que no había conseguido ningún atleta profesional, ninguno de los que ahora, en plena vorágine de acoso y derribo a Ajram, sacan a relucir haters anónimos para recrudecer su crítica y sus ataques, como si la valía de Ajram se tuviera que medir bajo el mismo rasero que el de sus admirados profesionales.

¿Cuántos de los que hoy se lanzan a la yugular de Ajram sabían realmente quién diablos era Gómez Noya hace unos años?

Nuestro protagonista tiene haters, cada vez más, de acuerdo. Pero vaya haters, amigo: en su mayoría, y salvo excepciones más o menos conocidas por todos –en entrevistas o tuits han dejado clara su postura nombres como Mireia Miró o José Antonio Hermida–, se trata de recién llegados al mundo del triatlón, del ultrafondo, del ciclismo o del trail running, firmas anónimas que de la noche a la mañana se han convertido en especialistas en la materia. Cuando hablo de recién llegados tengo claro que me refiero a señores y señoras que antes de que Ajram apareciera en “Informe Robinson” no tenían ni la más remota idea de lo que era un UltraMan ni habían corrido más de dos kilómetros en su vida. Tipos que aparecen en la foto de perfil de su Twitter agarrando una bici o corriendo en alguna maratón como si llevaran toda la vida en esto o, lo que es aún más delirante, como si marcaran tiempos y registros espectaculares, cuando lo más probable es que hace cinco años ni tan siquiera supieran la distancia reglamentaria de esta o cualquier otra prueba. Tipos que para desacreditar a Ajram utilizan la más tramposa de las comparaciones, que no es otra que poner encima de la mesa los méritos de Kilian Jornet, Javier Gómez Noya o Eneko Llanos para desprestigiar la figura del barcelonés.

Y la trampa no estriba tan solo en el absurdo de comparar a profesionales de esto con un amateur con patrocinadores, sino en una idea que me parece más divertida: de repente todos somos seguidores acérrimos de Gómez Noya, todos somos expertos en triatlón, todos tenemos la potestad moral y deportiva de atribuir o restar méritos a este o aquél, como si lleváramos siguiendo de toda la vida su carrera: ¿cuántos de los que hoy se lanzan a la yugular de Ajram enarbolando la bandera de los méritos deportivos de todos ellos sabían realmente quién diablos era Gómez Noya hace unos años? En los últimos dos años hemos visto, primero con gracia, ahora ya con tedio, la proliferación de jueces supremos del running y del triatlón en las redes sociales, mayoritariamente Twitter, personajes anónimos –no de firma, que también, sino de estatus– que se han autoimpuesto el rol de reguladores morales de lo que está bien o mal en esto del running. La parodia de este mundillo tiene gracia, sobre todo porque se presta fácilmente a ello y todos, en cierto modo, ayudamos a que resulte cómico y ridículo en ocasiones; los juicios sumarísimos no tanto. Sobre todo si vienen de alguien como tú, amateurs sin la menor potestad deportiva para ponerse la toga y dictaminar sentencia con la impunidad con la que lo hacen.

Me resulta ya cargante y soporífera esta insistencia en despotricar con rabia de los que cuelgan sus estadísticas de entrenamiento en Facebook, de los que salen a correr equipados con todo tipo de gadgets, de los que participan en triatlones pasados de peso, de los que se gastan un dineral en equipamiento o de los que están más pendientes de la foto que del crono. Tienen mi aplauso aquellos que se dedican a la denuncia –precios abusivos, mala organización de carreras, caraduras que no pagan el dorsal, masificación de eventos, reivindicación mediática de atletas profesionales sin tirón popular–, pero es agotador y muy aburrido cuando se entra en el terreno de la superioridad moral, por desgracia la moneda común en la órbita tuitera que de un modo u otro aborda el terreno del atletismo popular, las triatlones o los Iron Man.

Josef Ajram no es deportista profesional. Es un aficionado que ha tenido la suerte de que las marcas apostaran por él y decidieran financiarle sus retos. Y aquí se acaba la historia. Publicó libros antes de que lo hicieran Kilian Jornet o Marcel Zamora. Dio más popularidad al Iron Man que el ganador de cinco ediciones consecutivas. Y consiguió que marcas de prestigio y renombre invirtieran en un deportista que nadaba, corría y pedaleaba. Pero lo más importante es que, además de todo eso, Josef Ajram se ha convertido en un personaje capaz de cambiar vidas. Y eso, por muchos retos fallidos que vengan, ya no se lo podrá quitar nadie.

[Si quieres leer la opinión en contra, la encontrarás aquí]

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