Columnas

Jonah Hill: ¿Quién dijo geek?

Un acercamiento al mejor actor de comedia de esta generación

La coincidencia en la cartelera de “Infiltrados En Clase” (estrenada la semana pasada) y “El Canguro”, que llega hoy a los cines, es la excusa para hablar de Johan Hill, probablemente el mejor actor de comedia de su generación.

Uno

En unos meses, habrá cola para escribir sobre el amigo Jonah Hill. La razón es que entre finales de 2012 y 2013 estrenará todo esto: 1. “The Watch”, de lo nuevo del director y guionista Akiva Schaffer (hombre clave del Saturday Night Live y responsable de la delirante “Flipando Sobre Ruedas”), una comedia fantástica donde coincide con otros perlas: Ben Stiller, Vince Vaughn y Richard Ayoade. 2. “The End Of The World”, debut tras las cámaras de otro comediante prodigioso, Seth Rogen, quien dirige al alimón con Evan Goldberg (con quien había escrito los guiones de las magnas “Supersalidos” y “Superfumados”). Una especie de comedia sobre el fin de los días donde él, James Franco y, cuidado, Rihanna, hacen de sí mismos y lidian con el Apocalipsis. 3. “Good Time Gang”, una comedia de acción (donde se reparte el protagonismo con Mark Wahlberg) escrita por Max Landis, hijo del gran John Landis y guionista de la soberbia “Chronicle” (2012). 4. “The Wolf Of Wall Street”, la más fuerte de todas, la película predestinada a confirmar lo que ya se intuía en la magnífica “Cyrus” (2010) y en “Moneyball: Rompiendo Las Reglas” (2011), película por la que, ojo, fue nominado al Oscar: el potencial de Hill para brillar en otros géneros. Es lo nuevo de Martin Scorsese, thriller sobre el ascenso y la caída –entre los 80 y los 90– de un broker de Wall Street enganchado a los excesos; y nuestro hombre dará vida en él al mejor amigo del protagonista (Leonardo DiCaprio). Es probable que sea el filme que le quite el sambenito de gordo gracioso condenado eternamente a hacer de geek.

Dos

Ojo, sin desmerecer al geek, personaje en el que ha brillado varias veces y al que se amolda en sus dos películas en cartelera: “El Canguro” (2011) e “Infiltrados En Clase” (2012). No son sus mejores trabajos –aunque los dos, por distintas razones, prometían mucho, parecían bien elegidos–, pero él está bien, como siempre. Y, de alguna manera, se lee en ellos algo así como una despedida (autoconsciente, medio nostálgica) del personaje que le ha hecho famoso y donde ha demostrado sus dotes de comediante. Sin ser calcados, esos personajes comparten mucho: son perdedores con encanto (al margen de si lo saben o no), dialogan continuamente con la cultura popular, tienden al equívoco, la metedura de pata y, en definitiva, el lío, y, por loca e inesperada, su lógica resolutiva suele ser de aplauso. También tienen un punto de autoconsciencia y amargura conmovedor. Los personajes de Hill en las magníficas “Supersalidos” (2007) y “Todo Sobre Mi Desmadre” (2010; no me cansaré de aplaudir, y lo digo sin ironía alguna, la traducción del original “Get Him To The Greek”) se parecen como un higo a una castaña. Pero coinciden en la esencia y, mutaciones a un lado, tienen esas cosas en común. Son personajes clásicos (el perdedor de toda la vida) pero con un enfoque propio de la nueva comedia americana: extraerle los matices al cliché, humanizar y universalizar las desventuras del loser y hasta sacar de ellas conclusiones. En esto último es experto Judd Apatow, figura clave de la comedia contemporánea y padrino de Hill (ha contado con él en sus películas como director y productor) y de muchos de los mejores actores de comedia de nueva generación.

Tres

Estos personajes son armas de doble filo. Son infalibles, son indiscutiblemente atractivos (encariñarse con el perdedor, contadas excepciones a un lado, es lo más normal). Pero también son peligrosos para el actor: le dan bombo, a la vez que le encasillan. Y en el caso de actores con un físico ideal para el papel, aún más. Pues bien, hasta hace poco Hill parecía condenado a roles en la línea, pero su entregada apertura a otros géneros, registros y propuestas (ojo, sin desvincularse del humor) le han convertido en un actor con un potencial incontestable. Las pistas al respecto vienen de lejos. Hasta sus personajes más arquetípicos son personas, tienen fondo y matices; y trabaja con maestría variables no sólo válidas para la comedia, entre ellas el silencio y el lenguaje corporal (es alucinante cómo comunica tanto desde la más absoluta inexpresividad). Pero, sin duda, el personaje que marca un antes y un después en su carrera y confirma que es un grandísimo actor es el protagonista de “Cyrus”, la extraordinaria comedia de los hermanos Mark y Jay Duplass.

En España se vendió raro, la promoción insinuaba una comedia ligera y chiflada. Nada más lejos de la verdad. Era una propuesta tan emotiva como tremendamente amarga, incluso dolorosa, sobre los esfuerzos de dos adultos para manejar el afecto de un chico con problemas sin herir y ser heridos. Y Hill brillaba, hacía profundamente creíbles (sin dejar de lado del humor, dándole uso sabio) los vaivenes emocionales de un chaval con problemas psicológicos. Prueba de su versatilidad es también su sólido trabajo en “Moneyball: Rompiendo Las Reglas”, película por la que fue nominado al Oscar al mejor actor secundario y donde abordaba desde la contención la falsa modestia de un economista joven y aventajado. Y también demuestra su voluntad de cambio, de huida del encasillamiento, su brutal mutación física. Hay un año y muchos kilos de diferencia entre “El Canguro” e “Infiltrados En Clase”, película esta última donde sigue ligado al perdedor pero de una forma más sutil y sin que se le note a simple vista.

La primera es un expediente X. No tiene ningún sentido que un director como David Gordon Green firme una película tan floja. Le había salido rana la anterior “Caballeros, Princesas Y Otras Bestias” (2011), pero parecía un desacierto aislado en la filmografía de un director con algunas películas magníficas (sigo recomendando a voz en grito “George Washington” y “All The Real Girls”) y solvencia contrastada en la comedia: suya es la estupenda “Superfumados” (2008). Pero no, van dos errores.

“El Canguro”, suerte de versión puesta al día de “Aventuras En La Gran Ciudad” (1987), es pura desgana. Aunque se escapa de la edad del personaje (no pasa por un chavalín, lo que es normal teniendo en cuenta que tiene 29 años), Hill se lo toma todo lo en serio que puede. Pero su esfuerzo se diluye en una comedia perezosa, que mezcla sin acierto modelos de humor (combina sin orden ni concierto la broma infantil y el chascarrillo macarra, da palos de ciego sin definir el público al que se dirige) y cae con idéntica mala suerte –y a veces a la vez– en la provocación y el moralismo. La otra está mucho mejor. Homenaje entrañable y descocado de “Jóvenes Policías”, la popular serie de finales de los 80s y principios de los 90s, “Infiltrados En Clase” no es de las mejores comedias de los últimos años. Pero tiene gracia. Suerte de tributo a la buddy movie ochentera, disloca con picardía los tópicos de aquellas películas, tiene algunas situaciones y diálogos a recordar y un cameo histórico y, por increíble que parezca, tanto Hill (era de prever) como Channing Tatum (no tanto) funcionan en sus roles cómicos. Pero, lo dicho. Lo mejor está por llegar. Hill hará ruido, sin duda.

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