Columnas

Por qué Jack Bauer es Dios

La serie de acción más importante de la historia, 24, ha vuelto a lo grande y una vez más nos rendimos ante el grandioso macho interpretado por Kiefer Sutherland. Le amamos, joder

La novena temporada de ‘24’ nos ha devuelto a Jack Bauer en una forma que asusta. No sabemos qué ha estado comiendo el ex agente de la CTU en estos cuatro años de ausencia, pero ahora es más letal, eficiente y peligroso. Una subida de nivel necesaria, pues solo le quedan 12 horas para salvar al mundo. Tiempo más que suficiente, eso sí, para analizar su figura a fondo antes de que nos vuelva a rescatar de una muerta lenta y segura a manos del terrorismo internacional. Jack is back. Pero mucho. He aquí las razones por las que le amo más que a mi novia.

Soy gay. Bueno, un poco. Dejad que me explique. Jamás he desconfiado de mi heterosexualidad. Hasta hace un tiempo me consideraba un mamífero straight en toda regla, un santo barón altamente representativo del ancestral slogan “tiran más dos tetas que dos carretas”. He sentido admiración por hombres, claro que sí, he seguido a algunos de ellos con una devoción sospechosa, absurdo negarlo. Sin embargo, nunca ninguno de mis ídolos machos, por mucho que ansiara ser como ellos, ha despertado en mis entrañas el fogonazo homoerótico que me estremece cuando Jack Bauer aparece en pantalla con el rictus torcido por el dolor, una automática en la mano y todo un país de pacíficos americanos que salvar de las garras moriscas. Lo admito, cada vez que el tipo desactiva una bomba, desintegra el tabique nasal a un terrorista chino o lleva a cabo uno de sus escalofriantes interrogatorios, me dejo embriagar por las vaharadas de testosterona, me dejo llevar por la marejada de masculinidad al límite, y llego a la conclusión de que si Jack y yo coincidiéramos en la celda de alguna cárcel afgana, aceptaría gustoso convertirme en su zorrita.

El tirón gravitatorio del protagonista de 24 no tiene precedentes en el género de acción. Ni siquiera ocho agotadoras temporadas de aniquilamiento de terroristas y desbaratamientos de conspiraciones antiamericanas han restado magnetismo al Hombre. Ni el anuncio de su adiós definitivo de la televisión ha servido de algo. Ni los estragos de la edad (y la canallesca nocturna) en Kiefer Sutherland ha disuadido a los baueristas. Jack siempre vuelve y lo sabemos. Es una jodida cucaracha: arráncale la cabeza y aprenderá a respirar por el culo solo para darte caza y hacértelo pagar.

Los devotos teníamos la certeza de que la octava no sería la última temporada, por mucho que nos dijeran que 24 ya había quemado su recorrido y Jack ya era historia. Estábamos en deuda con él. Cuatro años después de verle injustamente convertido en un fugitivo de la justicia, en uno de los finales de temporada más crueles que ha vivido el personaje, Bauer vuelve a aparecer en al radar, concretamente en Londres, donde se cuece, sorpresón, un atentado terrorista contra el presidente americano. Es un Bauer más Bauer que nunca. Implacable, extremado, resolutivo a muerte. Una especie de justiciero con doble trabajo: por una parte deberá huir de las autoridades, por la otra tendrá que apañárselas para evitar que la nación americana se vaya por el sumidero.

Vistos los cuatro primeros capítulos de la novena temporada de la serie, tengo la sensación de que los ideólogos del invento han entendido que 24 nos gusta, pero nos gusta mucho más Jack Bauer. Así pues, han decidido rebajar el gramaje del formato y han pasado de los muchas veces tediosos 24 capítulos a la razonable cifra de 12, con las excitantes posibilidades que se derivan de una trama a tiempo real mucho más comprimida. Lo que sí han aumentado con toda la mala leche es la mística asesina de Bauer. Salta a la vista que Kiefer Sutherland comienza a notar los achaques de la madurez; físicamente, el Jack del 2014 no es el que se enfrentó a Nina Meyers en la primera temporada. No obstante, la veteranía y las cicatrices (emocionales y corporales) han convertido al personaje en una especie de Jason Bourne satánico, enfurecido, desencadenado y más taxativo que nunca; un cruzado incomprendido que opera al margen de la ley para salvar a su país, aunque su país le odie y le quiera muerto, enterrado y humillado.

"Será difícil que este percutor humano no se la ponga dura como el hormigón a los fans más hardcore de 24"

A esta capacidad de sacrificio taaan baueriana, hay que sumarle una letalidad 100 veces más temible que antaño: este Jack no está para gilipolleces, va al grano, en apenas cuatro horas se cepilla a varios equipos especiales de asalto como si fueran niños retrasados, pone en ridículo a la CIA, vuela rodillas de manifestantes como si fueran piñatas, ridiculiza a Wikileaks y desata el caos en Occidente. Es un Bauer totalmente desvinculado del mundo de los sentimientos. Un manipulador sin entrañas, un depredador que ha liquidado las pocas trazas de humanidad que le quedaban para convertirse en una máquina de guerra precisa y cabrona. Será difícil que este percutor humano no se la ponga dura como el hormigón a los fans más hardcore de 24.

Jack is back a lo grande. La nueva temporada no me ha decepcionado en absoluto, antes al contrario: me parece sorprendentemente buena. Es como si hubieran recuperado las vibraciones del Bauer primigenio para devolvernos la droga en su estado más virginal. Lo cierto es que el síndrome de abstinencia me estaba matando. Me he aferrado a esta nueva andadura de 24 con la glotonería del fumeta que encuentra un cogollo, papel y mechero después de cuatro años de privación. Por tanto, en plena emisión de la novena campaña, creo que ha llegado el momento de estudiar a fondo al Hombre y desgranar a conciencia, si medias tintas, las razones que hacen de Jack Bauer el antihéroe más fascinante de la televisión del siglo XXI.

Por cierto, el siguiente artículo tiene lugar entre las 2pm y las 3pm. Los párrafos se leen a tiempo real.

1. Badass

"Hay una Ley inmutable en su mundo: le jodes y te jode. Amenazas a su familia y te aniquila"

Jack Bauer es el HIJO DE PUTA. Un cabrón muy peligroso. Cuesta mirarle a los ojos sin cagarse encima. No puedes relajarte en ningún momento, porque siempre tiene un plan. Si crees que le tienes en tus manos es porque él quiere que así sea. Todos hemos visto los métodos expeditivos que emplea con sus captores o enemigos; tácticas de guerra sucia que dejan el orejacidio de Mike Tyson a Evander Hollyfield en una comedia para geriátricos evangelistas. Bauer no toma prisioneros; cualquier objeto le vale para enviarte a una audiencia directa con Dios. Y hay una Ley inmutable en su mundo: le jodes y te jode. Amenazas a su familia y te aniquila. Matas a sus amigos y te eviscera con una cucharilla de café. Pones en peligro el sueño americano y te hinca un tornavís en el ojete delante de tus hijos. Cédele un centímetro, confíate lo más mínimo y ¡boom! estás muerto.

Por si fuera poco, encima te pasa a cuchillo con una imaginación desbordante, haciendo aflorar su lado más artístico mientras te hace añicos. La excitante y vigorizante sensación de estar ante un perro rabioso tan determinante y creativo a la hora de hacer daño es deliciosa. Irresistible. Adictiva. Y esta sensación Jack la transmite como nadie. Con estilo. Le he visto arrancar yugulares a mordiscos; partir cuellos con las manos atadas y la única ayuda de sus piernas (una de sus jugadas favoritas); sacar cuchillos clavados de su propio cuerpo y usarlos como arma homicida para aniquilar enemigos; jugar a la ruleta rusa en una cárcel como quien se marca una partida de butifarra y salir indemne… Por los clavos de Cristo, hasta le he visto reducir a pulpa a un pobre perrito con una recortada solo para ganar unos segundos en su cruzada por salvar América: Jack no tiene tiempo para bistecs.

2. Antihéroe de acción

"Por mucho que haya salvado Estados Unidos de la Tercera Guerra Mundial en infinitas ocasiones, a Bauer no se le reconocerán NUNCA los méritos"

Lo que diferencia a Jack Bauer del resto de action heroes es que tiene mucho de action pero poco de hero. Jack odia los focos, las palmaditas en la espalda, el postureo. Es el antihéroe perfecto, si es que existe tal concepto. Uno de los recursos que más amo de 24 es la tergiversación de los honores: por mucho que haya salvado Estados Unidos de la Tercera Guerra Mundial en infinitas ocasiones, a Bauer no se le reconocerán NUNCA los méritos. No habrá medallas para el soldado. De hecho, los guionistas no solo hacen de Jack en unsung hero de cojones; la crueldad se ceba tanto con él que incluso acaba convertido en el maldito villano, ¡el enemigo de América! Es el efecto Spiderman-Daily Bugle. Quizás por eso nos adherimos tanto a su causa, porque en realidad solo nosotros, desde el sofá, sabemos que Bauer es el verdadero héroe y que todos esos ingratos americanos que le quieren entre rejas y le consideran un psicópata le deben la vida. Sin embargo, lo más atractivo de todo esto es que Jack no parece sentirse afectado por una injusticia que desmoronaría la psique de cualquiera. Sorprendentemente no está resentido con su país. Sigue apostando por él y parece sentirse cómodo en esta tesitura imposible; de hecho, tengo la certeza de que las proezas de Jack cuánto más en petit comité queden y menos se reconozcan, más nos harán amar al cabronazo.

3. Cristo redentor

"La salvación del prójimo es lo más importante, y la mortificación es el camino"

Jack Bauer es el Cristo redentor de la televisión actual. No existe en el universo un ser humano más abocado al sacrificio desinteresado que él. Estamos ante un tipo que cada temporada moriría gustoso en el Gólgota para expiar los pecados de la humanidad. Jack se ha sacrificado a sí mismo días sí día también, ha puesto su vida al servicio de una causa mayor más veces de las que podamos contar. De hecho no le queda ya nada por sacrificar más que su propia vida, aunque empeño, como digo, le ha puesto.

El tío es capa capaz de enviarlo todo al garete por salvarnos: su bienestar, su felicidad, su mujer, la relación con su hija, su salud, su libertad, sus mejores amigos, diablos, si tuviera que arrancarle las pelotas a su padre a mordiscos para librarnos de un ataque nuclear lo haría con una sonrisa en los labios. La salvación del prójimo es lo más importante, y la mortificación es el camino. En la tercera temporada, sin ir más lejos, Jack se convierte en adicto a la heroína para infiltrarse en un cártel mexicano y sigue chutándose y padeciendo la llamada del dragón meses después en su despacho. Y es que este tío se clavaría él mismo en la cruz si le aseguraran que después de eso se acabaría el terrorismo islámico. De hecho, y al hilo de la comparación bíblica, ¿nadie se acuerda de que en la segunda temporada Jack ya pereció por nosotros y resucitó, como el mismísimo Jesucristo? El particular domingo de resurrección de la Bestia se produjo después de que unos torturadores le frieran el corazón como un McNugget y le enviaran unos minutos al otro barrio: ni siquiera en el infierno le abrieron las puertas y Bauer volvió de la muerte como si nada.

4. Jack vs Kiefer

"El hijo de Donald ya no es el hijo de. Ahora es Jack Bauer. Y muchos mataríamos por serlo"

Hay personajes que utilizan actores humanos como recipiente para moverse por nuestro plano existencial. Tony Soprano lo hizo con el malogrado James Gandolfini, y Jack Bauer ha hecho lo propio con Kiefer Sutherland. El hijo de Donald ya no es el hijo de. Ahora es Jack Bauer. Y muchos mataríamos por serlo; yo, el primero. El poder de Bauer sobre el actor que lo interpreta es tan intenso que todos los trabajos posteriores de Sutherland no han sido más que variaciones del personaje principal de 24; como si Bauer se hubiera enquistado en el cerebro del actor y fuera la personalidad predominante.

Así de grande es Jack, un ente con vida propia que se ha convertido en algo mucho más creíble y tangible que el freakster que lo interpreta. Además, qué demonios, a Sutherland le interesa ser Jack Bauer en la realidad. Primero, para follar, y segundo, para recuperar la credibilidad como macho alfa después de que Julia Roberts y sus doscientas sesenta y siete piezas dentales le dejaran plantado en el mismísimo altar, convirtiéndole en el hazmerreír de Hollywood, un perdedor crónico. Dudo que la crueldad de la Roberts pudiera darse en el contexto actual: dejas plantado a Kiefer/Jack en el altar y el tipo se hace una bala de oro con la alianza para sacrificarte como una perra. La perra que eres.

5. Todos muertos

"La grandeza del Bauer asesino es que no sólo aniquila a sus enemigos, sino también a los buenos"

La noticia ha corrido como la pólvora en la Red. Jack Bauer ha matado a más personas que 24 especies de tiburones en los últimos siglos, entre ellas el temible gran blanco. Es así. Por eso le amamos. Porque Jack no tiene reparos en segar vidas humanas. Mata, mata y mata. En 8 días de trabajo ha enviado al otro barrio a unas 273 personas –algunos recuentos que hablan de 268, pero no nos vamos a pelear por cinco fiambres de diferencia- y lo ha hecho sin pestañear Pensadlo fríamente. Jeffrey Dahmer, el Carnicero de Milwaukee, mató a 17 personas. John Wayne Gacy, el Payaso Asesino, a 33… Putos amateurs. Jack es la ira de un Dios vengativo e implacable, una guadaña para purgar el planeta y eliminar sobrantes humanos. Y es más eficaz que una pandemia.

De hecho, la grandeza del Bauer asesino es que no sólo aniquila a sus enemigos, sino también a los buenos. No son pocas la veces en las que el agente ha tenido que matar con sus propias manos a algún inocente americano o avalar el sacrificio de algún amigo como recurso desesperado para truncar un atentado o conseguir información vital. Para el recuero queda la ejecución a sangre fría de su amigo y jefe Ryan Chapelle, un asesinato del que Jack arrastrará secuelas emocionales toda la vida. O la mutilación a la que somete a Chase Edmunds, el novio de su hija, en la tercera temporada, al que deja manco con un hacha. Cualquiera le toca las domingas a la niña.

No hay piedad en Bauerlandia. Una de mis ejecuciones favoritas se encuentra en la segunda temporada. Jack debe infiltrarse en un grupo terrorista y la solución más lógica para él es reclamar la presencia de un testigo protegido y perseguido por los malos. Se lo traen y antes de que le pregunten para qué necesita a dicho testigo, Jack procede a matarlo a sangre fría delante de las autoridades. Un segundo después, emergiendo de una nube de estupor y parálisis general, Bauer tiene tiempo para pedir una sierra con la que cortarle la cabeza al cadáver. También el villano interpretado por Peter Weller cata la falta de prejuicios de nuestro ídolo en la quinta temporada. Jack le da su palabra de que hará un pacto para conseguir su inmunidad si coopera con el Gobierno. La otra parte cumple, pero resulta que Jack ya está hasta los huevos de tantos pactos de inmunidad y decide que su pistola pesa más que su palabra: pum, pum, ¡adiós Robocop!

6. Frases lapidarias

Jack Bauer es como Leo Messi. Le gusta hablar en el campo. La retórica no tiene nada que hacer contra un costillar reducido a cenizas o un cuchillo en el ojo. No obstante, cuando Jack habla, habla de verdad. Y lo hace vertiendo a la atmósfera frases lapidarias que congelan sistemas circulatorios, ocasionan pedetes y convierten testículos en pasas de Corinto. Seguramente, la quedada más antológica figura en la primera temporada. Atentos a lo que le comenta Jack a una de sus víctimas: “Probablemente piensas que no te puedo meter esta toalla por la garganta, pero créeme: puedo hacerlo. Hasta el fondo. Tan sólo dejaré esta punta fuera y la sostendré. Cuando tu estómago comience a digerir la toalla, la sacaré y con ella saldrá el revestimiento de tu estómago. La mayoría tarda una semana en morir. Es muy doloroso”. Y así todo el rato.

7. Poli Deluxe extremo

Todos rock star tiene un movimiento que vuelve locos a los fans. El baile de la culebra de Axl Rose. La mano en la pechera de Julio Iglesias. También los futbolistas tienen su cabriola marca de la casa. La croqueta de Laudrup. La cola de vaca de Romario. El escorpión de Higuita. Pues bien, en el caso de Jack Bauer, lo que vuelve más loco a sus fieles es el momento estelar de los interrogatorios. Y es que 24 ha conseguido convertir el interrogatorio fascista en un arte, un género en sí mismo. Ver a Jack en acción es ver al mejor estilista del panorama intimidatorio actual. Cuando hay que extraer información a toda costa de algún terrorista y el reloj apremia, sabes que Bauer utilizará los Derechos Humanos para recoger la mierda de su perro o envolver el bocata de tortilla y se dedicará en cuerpo y alma a romper psicológica y físicamente al cretino que tiene delante. Electrodos, toallas, disparos a bocajarro, bolsas de plástico, cuchillos, amenazas a familiares. Todo sirve para hacer que el interrogado se cague encima y largue hasta que lo quede saliva. Que toma note Conchita de Sálvame Deluxe: no hay forma de engañar a este polígrafo ultraviolento.

8. Damn it!

Nadie dice damn it como Jack Bauer. Sólo un tipo como él sería capaz de acuñar una catch phrase tan minimalista y desnuda. Seguramente no hay expresión coloquial más usada en el inglés que ésta, pero en boca de Jack, boca siempre torcida por el sufrimiento, el recurso adquiere tantos matices que necesitas varios segundos para paladear todos sus capas de sabor.

Cuando Jack dice damn it el resto del mundo se constipa. No es gratuito. El damn it baueriano siempre viene precedido de un disparo fallado contra un terrorista, de un enemigo que ha conseguido huir de las garras de la CTU, de una acción antiterrorista infructuosa. En el universo Bauer, Damn es lo mismo que decir: “joder, se me acaba de escapar un esquizoide de Al Qaeda y ahora moriremos todos por mi culpa. ¿Cómo puedo ser tan gilipollas? Si no me necesitara mi país, ahora mismo me haría el harakiri delante de los buenos americanos a los que he frallado. Me cago en Dios, qué he hecho, etc.”. Pero todos sabemos que en las jornadas laborales de Jack Bauer no hay tiempo para monólogos interiores o lamentaciones en forma de perorata. Soltamos un simple damn it con el gesto contraído por la rabia y, hala, vuelta a la matanza que hay prisa muy loca.

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