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La nostalgia se parece a conducir por la autopista en dirección contraria

Inio Asano acaba de publicar un libro sobre ese tiempo codiciado que ocurre al margen de la rutina

*Todas las imágenes del artículo pertenecen al cómic El fin del mundo y antes del amanecer, de Inio Asano (Norma, 2016)

Una de las cosas que más me impresionaron en los días que siguieron al nacimiento de mi hijo fue la velocidad del mundo. Quiero decir, lamentamos el torbellino de los días de manera más o menos habitual, pero hay pocas cosas que te hagan más consciente de lo rápido que va todo que adaptar tu velocidad al ritmo de una persona que acaba de nacer.

Es un poco como esa película autobiográfica que dicen haber visto quienes han estado a punto de morir, pero distinto.

De pronto, la historia entera de la civilización pasa por delante de tus ojos, en un chasquido de dedos: ahí estás tú, sosteniendo un bebé que es exactamente igual que el primer ser humano que una vez habitó la Tierra —dependiente, lento, inhábil—, preguntándote cómo narices hemos llegado a este sitio, un estadio de la historia donde todo el mundo va un poco más rápido de lo que le es permitido por naturaleza, estresado, agonizante. Esa lentitud desgarradora que imprime la convivencia con un bebé es, sí, una de las características que convierten la paternidad en una experiencia insurgente hoy: comporta plantar cara al frenesí del Occidente adulto, un poco como el lema de Mafalda:

—Que paren el mundo, que yo me bajo.

Inio Asano acaba de publicar un libro que gira alrededor del tiempo elástico, esquinado, laberíntico e individual. El tiempo que no es el de la rutina, el tiempo donde ocurren los hechos verdaderamente importantes‪

En general, la experiencia de uno mismo suele dividirse en dos tiempos. El primero de ellos es rutinario, acelerado, unidireccional y colectivo: el huracán del capitalismo, por decirlo de algún modo. El segundo tiempo es elástico, esquinado, laberíntico e individual, y suele ser el lugar donde ocurren casi todos los hechos importantes de una biografía, tu mundo interior.

Este segundo tiempo, que es el más codiciado pero que no existiría si no hubiera el primero, es el tema principal de El fin del mundo y antes del amanecer , el libro de relatos del dibujante de manga Inio Asano que acaba de aparecer ahora en España.

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Entre las historias que hay en el libro leemos tramas como las que siguen:

a) Todo lo que ocurre en una gran ciudad entre la medianoche y el amanecer,

b) Las fantasías de una chica que trabaja en un quiosco del metro, mientras ve pasar a cientos de salarymen que van por ahí sofocados y alienados, siendo el quiosco un oasis en medio de la locura tokiota, un lugar casi extraterrestre,

c) Un día festivo en el calendario,

‬d) El beso entre dos adolescentes mientras el mundo se acaba,

e) Una entrevista con una especie de alter ego de Inio Asano que le catapulta a un momento de su primer amor de juventud, cuando él y su novia entonces hablaban del futuro:

—El Haru adulto —le dice ella a él— será un mangaka de éxito en algún sitio lejano. Tendrás un casa, un coche, todo lo que quieras… Mucha gente esperará tus mangas con ilusión… Y yo seré tu mujer… Y viviremos juntos felices. ¿Verdad? —pregunta ella entre lágrimas, después de saber que él cambiará de escuela—. ¿Verdad, Haru? ¿¡Verdad que tú también lo ves!? ¡El mismo futuro que yo, ¿verdad?!

Evidentemente, aquellos adolescentes solo se aferraban a una fantasía; sabían que nada de lo que decían ocurriría realmente. Sin embargo, es posible que la pasión de aquel momento fuese una de las mayores experiencias humanas en la vida de ambos, algo que quizá no volverían a sentir nunca. Una cima y un trauma. Un sentimiento tan fuerte que su onda expansiva gotearía en el corazón de ambos hasta el fin de los tiempos.

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Hay algo peligroso y tabú en ese recuerdo del primer amor del que Asano habla, la clase de nostalgia que supone un contrapunto firme al tiempo acelerado del progreso.

En una sociedad como la nuestra, la nostalgia se parece mucho a conducir por la autopista en dirección contraria: es algo kamikaze, suicida, va contra las normas y el buen funcionamiento de la vida, supone una alteración total del orden establecido, además de una acción merecedora de castigo, un contraejemplo en toda regla. Si la sociedad avanza porque mira al futuro, ¿qué clase de insurrección significa ponerse a rebuscar en el baúl de la conciencia, allí donde hay recuerdos que permanecen sepultados y vidas que nunca más volverán a ser?

El personaje de Asano desentierra aquel recuerdo como quien evoca una fantasía personal e intransferible, un placer que solo puede ser disfrutado en soledad, del que nadie más puede saber. Solemos pensar en la nostalgia como una traición al presente cuando en realidad no es más que un gesto de gratitud hacia aquellos otros presentes que valió la pena experimentar.

El mensaje de Asano, si lo hay, es claro:

—No importa el proselitismo que hagáis, la vida humana no existe sin el tiempo de la lentitud, sin los viajes a mundos paralelos y sin los refugios que el pasado ofrece. Es ahí donde transcurren los acontecimientos que hacen que queramos ir deprisa, muy deprisa.

‬Solemos pensar en la nostalgia como una traición al presente cuando en realidad no es más que un gesto de gratitud hacia aquellos otros presentes que valió la pena experimentar. Paradójicamente, es en esos pasados donde transcurren los acontecimientos que hacen que queramos ir deprisa, muy deprisa‪

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