Columnas

Implantes de silicona

Música electrónica en vena mes a mes

Implantes de siliconaLo que decía T.S. Eliot en su célebre poema “La Tierra Baldía” –hablamos, claro está, de ese verso primero citado incansablemente y que afirma lo de que “abril es el mes más cruel”–, se puede aplicar perfectamente a la información musical. Abril es un mes obtuso, saturado de novedades hasta un extremo angustioso, aunque también se debe decir que el tramo que ocupan los meses de octubre y noviembre no le va a la zaga. Es peor, de hecho. Es éste un periodo de recuperación tras el estío –que suele ser tiempo de aflojar el ritmo, distender el músculo y vaciar la billetera: hay que regenerar todo eso después, como cuando se cura una herida– y es encima el estadio previo antes de Navidad, el sprint final del año, cuando se hace balance y hay prisa por llegar. En conclusión, en estos tiempos otoñales se edita más de lo que el mercado es capaz de asumir, más de lo que el periodista es capaz de asimilar y más de lo que cualquier revista –el espacio aquí, a diferencia de más allá de Plutón, no es infinito– es capaz de bien acomodar. Dicho con otras palabras: sigue habiendo música de baile para alicatar dos cuartos de baño. Quizá octubre no sea un mes cruel, ni tampoco lo sea noviembre, pero sí que son un estrés considerable y hacen que se queden a diario cosas en el tintero, huérfanas de atención. Uno va trincando discos, o recibiéndolos por correo y hasta chuleándolos por los sitios, y se encuentra con que al final las pilas de novedades y los folders en cualquier rincón del escritorio darían para estar escuchando material fresco por todo el tiempo que, día arriba, día abajo, aguantó en pie el Imperio Romano. Este mes, pues, y por romper la rutina de la columna, se impone repasar algo de lo que no se ha hablado todavía en PlayGround como la justicia cósmica exigiría y cuyos rescoldos no sólo no se han apagado, sino que aún dan cálida luz y cobijo. ¿Quieren seguirme? Es por aquí.

Commix: “Re:Call To Mind” (Metalheadz) En la crónica reciente del drum’n’bass –esa que tanto se ha desatendido mientras nos hipnotizaban las luces pálidas del dubstep–, hay que dar a “Call To Mind” y a sus autores, Commix, un merecido puesto de honor. Álbum líquido y a la vez funky, pero nunca meloso o próximo a la coffee table music, el debut en largo del dúo de Cambridge fue lo más cerca que estuvo de la excelencia el jungle eufórico en la pasada década junto con el primer LP de High Contrast. Todavía un bastión del underground –y enlace entre el pasado (Fabio, Blame, EZ Rollers) con el presente half-step y misterioso de Consequence o Genotype–, “Call To Mind” es hoy un trabajo de culto entre minorías, transversal entre géneros, tanto es así que en “Re:Call To Mind” recibe un masaje remixológico a la altura de las circunstancias. Es más un acto de justicia que de vanidad, y de mientras se concilian el dubstep profundo –vía el publicitadísimo remix de Burial, uno mejor y más metalizado de Pangaea–, el eje techno berlinés –Marcel Dettmann, Sigha, pero sobre todo A Made Up Sound, que cita en su remix a Basic Channel, pero también a Motorbass, con lo que la puerta del house queda abierta de par en par (y es por ahí por donde entra, aéreo y victorioso, Kassem Mosse)– y las necesarias lecturas drum’n’bass a cuenta de Instra:mental y dBridge. Aunque todo palidece frente a los diez minutos épicos finales servidos por unos Underground Resistance on fire. Después de escuchar de cabo a rabo, ducha fría.

Jack Sparrow: “Circadian” (Tectonic) Si fuera jugador de la plantilla del Leeds United, R. Garth sería un defensa central de esos que despejan el balón sin miramientos y amenazan la tibia del rival con la misma eficacia con la que una motosierra tala árboles en el Amazonas. Pero resulta que no le da a la pelota, sino al dubstep, con lo que Jack Sparrow –de verdad, ¿qué se puede esperar de un tipo que gasta ese alias de bucanero?– es hoy el más fiel conservador de la línea post-Shackleton y post-Pinch de dubstep oscuro, amenazante, próximo a ratos al techno y de ejecución técnica impoluta. “Circadian” se desplaza, también de vez en cuando, a los dominios del drum’n’bass ( “Regress” es puro Photek circa “Modus Operandi”), pero es en esencia un trabajo de disección del alma turbia de la música urbana inglesa a 130 bpms y con una presión de bajos espeluznante. Por una vez que se pone carnavalesco ( “Terminal” le debe mucho a las estrategias rítmicas del UK funky), hay decenas de momentos en los que el break parece que vaya a morder como un perro sarnoso o asoman voces guturales como de quien viene de ultratumba. Si se compara con Girl Unit o Deadboy nos va a sonar a viejo y pesado, pero prueba a escucharlo a oscuras: Sparrow provoca flojera de intestino.

Marc Houle: “Drift” (M_nus) Hasta “Inside”, todo en orden: “Drift” comienza como un clásico disco de M_nus, con su sonido de canicas sobre espejos y plug-ins de todo tipo, exprimiendo la técnica del techno hecho a partir de patrones de Ableton Live y otro tipo de software similares. Lo único que le diferencia de otros temas y extended plays de Houle –como “Bay Of Figs”– es que es un techno más conciso, delineado sin artificios, sin esas melodías en espiral que tanto solían horadar la base del cráneo hasta el punto de poderte sacar de quicio. Pero una vez superado ese trámite, inicial, sorpresa: Marc Houle ha entregado en este álbum –su primer LP propiamente dicho, pues ni “Restore” (2004) ni “Sixty-Four” (2008) lo eran– una variedad de matices, tempos y texturas que le alejan de lo previsible en el ya caduco paisaje del minimal techno. Muchas piezas son a velocidad cansina, sobrevuelan ecos y truenos todo el rato, y el bombo a negras nunca es el protagonista solitario del disco. Tampoco puede decirse que sea un tratado magistral de techno experimental –como los últimos trabajos firmados por Farben, Margaret Dygas o ndf–, pero hay una elasticidad, como de DJ que ha sometido sus producciones a un cursillo de Pilates, que hacía tiempo que no se escuchaba en el sello de Richie Hawtin. El beat es el complemento ocasional a crujidos, zumbidos y notas propias de un film de suspense que, esta vez, no parecen simples fuegos de artificio.

Red Rack’Em: “The Early Years” (Bergerac) Daniel Berman no merece ser un productor para minorías selectas y silenciosas, no es de recibo. Aunque es lo que hay, desgraciadamente: también Mark E, otro talento innato del neo-disco bañado en funk espacial (y, como él, inglés de pura cepa), se ha quedado en autor de culto para oteadores de nuevos grooves con aroma retro y edits exquisitos, los que luego quizá pinche –tercero en discordia de este hipotético triunvirato british– el veterano DJ Greg Wilson en sus sesiones. Red Rack’Em viene produciendo desde 2003, y publicando bajo este alias desde 2008 en sellos como Tirk, Deep Freeze y su propio Red Rack’Em para satisfacción de quienes necesitan un poco de calor, bongos y sintes de intención deep house en sus oídos. Lo que ha ocurrido con la escuela inglesa de neo-disco es que, a diferencia de la noruega, no ha sabido publicitarse, ha llegado más tarde de la cuenta al primer nivel o transmite todavía una nostalgia por la rama más negra y soulful de la cosa –mientras Todd Terje, Lindstrom y similares se aventuraban por el espacio exterior–, pero eso no le resta ni intensidad ni carga erógena a la música. Este repaso a los early years de Red Rack’Em son la demostración de que Berman tenía magia en las manos incluso antes de planchar su primer maxi como Hot Coins. Escuchalo aquí

VHS Head: “Trademark Ribbons Of Gold” (Skam)Un disco así no se puede despachar al tuntún, en un puñado de líneas: requiere una copiosa catarata de párrafos y adjetivos elogiosos, como un clímax de Peter North, pero ahí va la versión digest, qué remedio. Cuando el primer EP de VHS Head, “Video Club” (Skam, 2009), apareció en la escena IDM, hubo quien sospechó que empezaba a cobrar forma un proyecto paralelo de Boards Of Canada o Gescom. En efecto, tenía las melodías nostálgicas y de tonos anaranjados de los primeros y el recorta-y-pega salvaje, cojitranco y en escorzo de los segundos, aunque en el fondo no se parecía a ninguno de los dos –y tendría que avanzar el año 2010 para que le encontráramos equivalentes: Games, Com Truise y toda esa nueva ola de sampling-pop de inspiración ochentas que tanto remite a The Art Of Noise como a Jan Hammer–. VHS Head ha resultado ser Ade Blacow, vecino de Blackpool y obseso coleccionista de viejas cintas de vídeo de las que ha sacado su nombre y un buen puñado de samples que aquí están organizados a chorro, de manera frenética, cruda y excitante. En miniaturas como “Sunset Everett” o “Gianasi” hay una concentración de alusiones, hasta veinte –del hard rock vía Daft Punk al hip hop 80s, de la nostalgia de la infancia perdida a guitarras prog a lo Mike Oldfield, diálogos de films de culto y bandas sonoras de documentales de televisión– que convierten este disco en un golpeo, en una montaña rusa, un sube y baja guiado por alfilerazos de breaks electro, guitarras con sintetizador o pianos con luces de neón bajo cada tecla. Deja sin aliento.

Onmutu Mechanicks: “Nocturne” (Echocord) Arne Weinberg podría ser el mesías del neo-Detroit: no se ha movido ni un milímetro de su misión en todos los años que lleva enviando sondas techno al mundo exterior, siempre que ha publicado un 12” o un álbum lo ha hecho respetando unas leyes eternas y casi tan antiguas como el Código de Hammurabi –en su caso serían los diez mandamientos esculpidos en las tablas de Metroplex, Planet E y Basic Channel–, leyes consistentes en texturas acuosas y galácticas, ritmos que dejan una estela de eco y ruido emocional a su paso como los cometas (más un poquito de ansia viva por escapar al espacio exterior y viajar hacia el infinito. Por eso es una figura de culto que arrastra fieles –pocos pero dispuestos a comprarle hasta décimos de lotería usados–, y por eso se puede permitir desdoblarse en este alias, Onmutu Mechanicks, inaugurado en 2008 con un 12” para Echochord, que marca su línea más atmosférica. Aquí no hay techno romántico sino ambient fluvial entre Global Communication y Monolake. Pura ingravidez durante los casi 80 minutos que dura, un producto de aire noventas, pensado para un público muy específico –el que le ve como ese mesías, o ese espíritu incorruptible, que decíamos antes– y que se conforma en funcionar en ese contexto (o en un salón de casa a oscuras, quizá sólo con la luz azul del flexo, para leer novelas de Joseph Sheridan Le Fanu). Transmite intriga, tiempos pasados y aura extraña.

Onmutu Mechanicks - When You Return

Tony Lionni: “As One” (Freerange)La clave de este álbum está en su momento más obvio, la cuarta pista, “Found Another Place”. El juego de palabras está clarísimo para quien hubiera consumido con hambre canina su producción del año pasado para Ostgut Ton, “Found A Place”, el himno que pudo haber resituado de nuevo en el ojo del huracán clubber los tracks con piano. En ese momento, Tony Lionni era el hombre de moda, un enésimo salvador del techno que aunaba en su trayectoria veteranía, estilo depurado y la sabiduría de quien ha mamado a los clásicos desde pequeño. “Found Another Place” es un remake de aquella maravilla en el que, cómo no, reaparece el piano, pero el contexto es distinto: no hay un fondo de techno profundo y por momentos gélido en el que aparece el piano para romper el hielo y desatar una ola de entusiasmo, sino que aquí el fondo ya es house, el piano arranca desde el minuto uno y se amolda como el látex a la lógica del deep house apasionado y rico en botánica sonora. “As One” es un jardín exuberante de Detroit soul que, por una parte, plantea una posible decepción: le descubrimos en su día más cerca de Carl Craig que de Moodymann, pero este álbum, cubierto de voces sexuadas en la distancia, acordes y armonías deep, sintetizadores aéreos, algún destello jazz ( “Tees Theme”) y un homenaje como una casa al “Can You Feel It” de Fingers Inc. ( “Waiting For You”), también tiene su lugar. Más profundo que la Fosa de las Marianas, más resplandeciente que el oro bruñido. Por cierto, suena parecido a cuando Kirk Degiorgio se hacía llamar As One. ¿Homenaje?

Macc & dgoHn: “Some Shit Saaink” (Subtle Audio-Rephlex) Macc hace drum’n’bass a la vieja usanza, como cuando Rob Playford producía casi todo el catálogo de Moving Shadow y era el genio en la sombra tras Goldie: sus breaks son laberintos rítmicos en los que las líneas de bajo y las baterías se trenzan hasta caer rodando por el suelo. dgoHn también, tiene la maestría en la producción del maestro Doc Scott, forja sus baterías en acero inoxiadble y está listo para la guerra. La verdad es que “Some Shit Saaink” pertenece a efectos sonoros a la edad aurea de la vieja escuela hardcore, la de 1993-1995, y cuando los primeros temas de este trabajo aparecieron en vinilo –editados por el sello Subtle Audio el año pasado–, sólo se hicieron eco de ellos los headz más atentos del circuito jungle. Pero llegaron también a manos de Grant Wilson-Claridge y, en menos de doce meses, el jefe de Rephlex ha insistido en reeditar –en versión ampliada y en CD– lo que para él parecía el Grial del revival jungle. Ahora que se cita de manera tan profusa aquella edad de convulsiones, síncopes, torsiones y epilepsias, este disco es un puente aéreo entre el pasado –la salida del túnel darkcore según Origin Unknown– y la nueva escuela del sello Exit Records. Lo grande de Macc & dgoHn es que intentar descifrar sus entrelazados rítmicos es como leer las inscripciones de la tumba de Tutankhamon sin una piedra de Rosetta a mano.

Macc & dgoHn - Things go brown

Arp: “The Soft Wave” (Smalltown Supersound) Después de tanto revival kosmische, después de tanto citar al krautrock como influencia –una vez más, parece que no nos cansemos–, después de tanto sintetizador modular, gigantismo analógico y señores que cuelgan vídeos de Jean-Michel Jarre en sus páginas de Facebook, resulta que tiene que venir Arp a ser el primero que le hace un tributo como dios manda a los primeros Kraftwerk, los de “Autobahn” (o incluso antes). El inicio de “The Soft Wave”, esa “Pastoral Symphony: I. Dominoes II. Inifinity Room” que parece la introducción del tema de la autopista prolongada durante diez minutos, es un pórtico majestuoso para entrar en el segundo álbum del griego Alexis Georgopoulos, un cosmonauta que ya se estrenó con “In Light” hace tres años en el mismo sello y que ahora vuelve a explorar ese vacío sonoro que hay entre la República de Weimar y un satélite de reconocimiento que hubiera escapado del sistema solar. Hay aquí un registro expresivo que va del romanticismo ( “Catch Wave” y sus pianos) a la electroacústica, de la psicodelia de Syd Barrett a Stockhausen, pero volviendo siempre a los brazos de los padres putativos de este sonido que Arp exprime como naranjas frescas por la mañana. Si “Grapefruit” no es otro homenaje descarado a Kraftwerk, si “Summer Girl” no podría ser una composición de Wendy Carlos y si “From A Balcony Overlooking The Sea” no es como el hilo invisible que conecta a Soft Machine con Spiritualized, que baje Dios y lo vea.

The SRK: “Bassweight” (The SRK) Una hora de duración: se acaba haciendo corto, sobre todo porque el comienzo es fulgurante, una inmersión sin oxígeno en Croydon y su mitología. No podía ser de otra manera: a diferencia de “Dubfiles” (2009), aquella chapuza de “documental” que nos quisieron colar como el repaso definitivo a la escena dubstep y que sólo era una colección de bustos parlantes sin editar, un muermo como un piano, “Bassweight” sí que puede reclamar el título de trabajo audiovisual de referencia para comprender el origen, la evolución y la proyección de futuro del underground londinense. Editado en DVD hace cuestión de un mes, “Bassweight” presenta un serio problema para quien no entienda el acento local –la productora The SRK no ha incluido ningún tipo de subtítulo, ni siquiera el script original en inglés–, aunque también cabe decir que sugiere más la textura granulada y el color grisáceo de la imagen que no las personas que en ella se mueven. Es un documental que le da importancia al entorno urbano, a la ciudad, al cemento y al cristal, a los sótanos y las aceras, y desde el comienzo –con Plastician guiando a la cámara en un paseo por los lugares en que nació el dubstep: el primer club de Croydon, la ubicación original de la tienda Big Apple (ahora desaparecida: sólo la vemos por dentro en un vídeo-anuncio de años atrás protagonizado por Durrty Godz)– se nos va explicando cómo ha ido evolucionando este género hasta el momento presente (2009) a partir de su expansión internacional y voces autorizadas como las de Kode9, Benga, Mala, Skream, N-Type o Mary Anne Hobbs.

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