Columnas

Implantes de silicona

Por Javier Blánquez

Implantes de silicona Javier Blánquez, Música electrónica en vena mes a mes.

Como todo el mundo sabe, la publicidad en televisión se inventó para poderse levantar sin apremios del sofá e ir a orinar mientras te intentan vender gel de ducha, detergentes, cervezas sin alcohol, cosas. Esto es un problema cuando vives con más gente, por las colas que se forman en el cuarto de baño, pero para eso se inventó esa otra práctica deliciosa que consiste en “ir a la nevera a pillar” (por no hablar del zapping). Total, que la publicidad la vemos por el rabillo del ojo, sin prestar atención, hasta que algo inesperado brota de la pantalla –ahora que ya las fabrican en 3D– y te agarra por el cuello obligándote a prestar atención. Normalmente ocurre cuando salen personas con poca ropa – sex sells, es evidente–, pero hete aquí que uno estaba en el descanso del España-Chile y aparece el spot de la nueva campaña de Peugeot, “it chooses you, it owns you”: voces femeninas atomizadas, pellizcos de diva soul, fuego cruzado de bajos y ritmos rotos, producción refulgente. Suena a post-garage dubstepizado, a copia de Joy Orbison, y aunque la primera impresión es “qué bien suena”, la reflexión inmediata es más preocupante: en el momento en que unos ejecutivos de cuentas pasados de perico han pensado que este sonido es cool para la publicidad –como pasó hace años con el drum’n’bass, el trip hop y la IDM con melodías de azúcar–, es que el carnero ha abierto el primer sello que anuncia el Apocalipsis, o sea, la progresiva entrada del dubstep-o-lo-que-sea en el mainstream. ¿Debemos preocuparnos? Por si acaso, yo recomendaría que sí, se queda uno más tranquilo. Por cierto, el tema se titula “Seduction” y lo firma un trío francés con base en Brooklyn, Le Film. Esperemos que no les fiche Hotflush. Dicho esto, vamos con el repaso del mes.

1. Vuvuzelas

Todo el mundo odia el zumbido de mosquito radiactivo de las vuvuzelas, esas trompetas de plástico que intentan imitar el sonido de un elefante –en todo caso, imitan el pedo del paquidermo en cuestión– con el que nos amenizan los partidos los asistentes al Mundial de Sudáfrica. Al principio podía parecer un sonido atractivo por su intensidad –mientras se jugaba el partido inaugural entre Sudáfrica y México, Mount Kimbie dejaron escrito en Twitter un comentario favorable: “loving the vuvuzela - intense opening scenes!”–, pero al cabo de un tiempo razonable quien más quien menos ya estaba hasta los huevos de tanto taladro. De hecho, el siguiente mensaje de Mount Kimbie era “5 mins in - loving the vuvuzela a little bit less”, y un día después, con el debut de la Argentina de Messi y Maradona, comparaban el comienzo de los partidos con las intros de los DJ sets de The Bug: tortura bajo control. Es por esto por lo que el único defensor real de la vuvuzela como próximo timbre de uso masivo en el contexto electrónico fue Kode9. A Steve Goodman le gustan los sonidos bélicos e hirientes llevados al límite –esa es la tesis de su libro “Sonic Warfare: Sound, Affect, And The Economy Of Fear” (MIT Press, 2010), sobre la guerra y el ruido–, y en los primeros días de Mundial, además de desearle muchas derrotas al equipo inglés –la rivalidad escocesa le puede; estará contento tras la humillación ante Alemania y el gol anulado–, sembró su Twitter de consignas a favor del instrumento, incluido un trend topic todavía sin mensajes ( “#morevuvuzelaspleaseilikethesoundofbeesmorethanhumansingingnacionalistsongs”), quizá el anticipo de que en próximas referencias de Hyperdub habrá muchos sonidos de insectos. Aunque lo más inquietante son estos dos mensajes aportados por Ewan Pearson: “Just received my first promo link to a vuvuzela house record. Surprised it’s taken so long, really” (22 de junio) y “At the Kompakt BBQ. Wolfgang Voigt has a vuvuzela. Watch out for the next Gas / Mike Ink stuff” (25 de junio). Tengo miedo.

2. Pianos

Hace unos pocos meses, los discos techno más pasionales eran lo que destapaban un piano interrumpiendo el groove frío y resucitándolo en una arrebatadora lección de soul maquinal. La influencia del “Found A Place” de Tony Lionni se notó sobremanera, pero toda esa fiebre de stacattos y arpegios ha acabado por remitir, a la espera de que otro día brote otro hit que levante de nuevo la liebre. Desde entonces, dos variantes son las que mandan: techno cálido sin teclas, o piano con techno. Es importante apreciar el matiz. Lo de “piano con techno” tiene que ver principalmente con el nuevo álbum de Wolfgang Voigt –alias Gas, el fundador de Kompakt, el que toca vuvuzelas en las barbacoas–, en el que expone en largo su pasión por el piano contemporáneo –escalas dodecafónicas, uso rítmico y despellejado– con un bombo añadido por aquello de mantener las buenas costumbres. “Freiland Klaviermusik”, con su fusión de Schönberg y sonido Colonia, no sólo reactiva el mítico sello Profan, sino que añade una piedra más al edificio, nunca terminado del todo, que debe albergar la prole de la música contemporánea y el techno. Es, digamos, una toma deshuesada y minimal del álbum de Aufgang –Aufgang que, por cierto, regresan con mini-álbum este mes, “Air On Fire Ep”. Luego está el techno sin pianos, viscoso en algunos casos pero con luz atravesada –búsquese en el “Berghain 04” mezclado por Ben Klock, un expositor de los productores más serios del momento: DVS1, Martin, STL, James Ruskin, Roman Lindau–, o bien obsesionado con la ciencia-ficción vintage –el “Omega” de Robert Hood, que es incapaz de escapar de la influencia post-UR–, e incluso deseoso de verano y buen rollo melódico –el infalible “Immer 3” mezclado por Michael Mayer–. Todos tienen algo en común: siguen a vueltas con sonidos de siempre, pero más apetecibles hoy que ayer (pero no más que antesdeayer).

3. Alteración genética del funky house

El mejor techno de hoy se tiene que buscar en los pliegues de otros estilos. Ya hemos dicho que el “Splazsh” (Honest Jon’s, 2010) de Actress es un must de la temporada, y lo es porque no se distinguen las fronteras entre house, techno, dubstep y sonido cósmico. Y, a la vez, géneros plenamente codificados como el jungle o el funkstep son incapaces de imaginarse su futuro si no es como injerto de –o en– otros estilos. Es el inacabable juego del escondite al que venimos asistiendo desde hace un tiempo y que tanto ha ayudado a incrementar la confusión: dubstep con techno minimal, drum’n’bass con dubstep, dubstep y deep house, drum’n’bass y techno, etc. Fronteras imprecisas, arenas movedizas. Volviendo a Actress, no es casualidad que él sea el escogido para remezclar “You Don’t Wash”, el nuevo tema de Kode9 incluido como aportación exclusiva a su “DJ Kicks”, que en conjunto es una exploración de los límites sonoros –por ahora– del funky house. El dubstep y la rama tremendista ya están lejos en el horizonte musical del amo de Hyperdub: él prefiere la percusión rota y tropical con un destello pálido de fondo, y es por eso por lo que la próxima referencia de su sello, la firmada por el dúo Ill Blu ( “Bellion / Dragon Pop”), admite el cambio de signo: muy street, pero también de ritmos liberados, por los que corre el aire fresco. Los héroes del sonido urban londinense ya no son Skream y Benga, sino Roska y Scratcha DVA. Pero cuidado, porque las mutaciones siguen a buen ritmo y el drum’n’bass infectado de dubstep ya no puede progresar más si no es con la ayuda del techno clínico –el nuevo maxi de dBridge, “Producer #2 Remix” (Fat City, 2010), se beneficia de una remezcla espeluznante de Shed–, y el mejor funky house del momento se está editando en Glasgow bajo la influencia del bleep hardcore en el sello Numbers Mr. Mageeka, SRC–. El dubstep, digámoslo ya, murió. Pero lo que ha venido después es mejor.

4. Emostep

Más allá del anuncio de Peugeot, resulta que la bisagra entre 2step y post-dubstep está funcionando a pleno rendimiento. Si hace un año estábamos en la era Burial, en cuestión de unos meses han cambiado la tornas: ésta es la era Joy Orbison, primero porque Burial sigue encerrado en su impermeable silencio como un monje de clausura –se va a cumplir un año desde “Fostercare” y en Hyperdub no dan pistas sobre su regreso con un tercer álbum que será de todo o nada–, y segundo porque la influencia de “Hyph Mngo” es indiscutible, ha entrado en la leyenda de la música electrónica casi sin darnos cuenta. En esta tesitura, surgen los clones como setas, y además bajo la dirección del sello Hotflush, decidido a explotar el filón con criterio y comandar la ola. Sólo se les han escapado un par hits por ahora –el “P Clart” de Kavsrave y el también inigualable “If U Want Me” de Deadboy–, pero todo lo demás se lo han asegurado, desde el “Love Pressure Ep” de Sepalcure al álbum de debut de Mount Kimbie –ya llega– y, de postre, “The Let Down / Weakness” de George FitzGerald, otra escultura sonora de pasión y destellos de oro para noches que se confunden con el amanecer. ¿Qué ocurre cuando amanece? Básicamente, que escuchamos el remix de Mount Kimbie para Andreya Triana en Ninja Tune, “A Town Called Obsolete”. Mejor que no lo escuchen los diabéticos, no sea que les perjudique. Todo esto es el más rabioso presente, porque cuando no te humedece el ojo te moja la ropa interior, y esa ambivalencia no se puede pagar con dinero. Tengo una urgencia, ahora vuelvo.

5. Ladridos y dentelladas

“Power Grid” debería ser uno de los discos del mes de julio –quizá del año–: lo firma Terror Danjah en el que sería su debut en largo tras incontables maxis, producciones para MCs de verbo enrabietado y la recopilación “Gremlinz”, que es algo así como la piedra filosofal del grime en formato instrumental: escueto como un monosílabo, duro como el granito, más futurista que las luces de un ovni. “Power Grid” debería ser el toque de alerta para el mundo exterior, algo así como un golpecito en el hombro y un susurro en la oreja del tipo “nano, que el grime todavía existe y está aquí para patear culos”. Lo dimos por muerto no hace mucho, y todo porque el dubstep, abusón, ocupaba el espectro entero del continuum hardcore –y servidor fue de los imprudentes que quiso extender el certificado de defunción con demasiada prisa; mea culpa–, pero lo cierto es que el cadáver era en realidad una bella durmiente –lo de bella es un decir; éste es un sonido con halitosis y cicatrices– y no hace mucho despertó cuando su príncipe le plantó un casto ósculo en el carrillo izquierdo. Este mes ya se despereza el grime y se quita las legañas, y al estreno de Terror Danjah hay que sumar una cosecha similar, en versión instrumental, vocal y mixtape, de mucha solera. Tomen nota, porque estos son discos que la lían parda. Como ya sucediera con Wiley hace unas semanas, el sello Avalanche ha reunido los instrumentales de otro de los productores clave de la segunda ola grime, JME –el título no tiene chispa: “Avalanche Music 2: JME”–, un volumen útil para hacerse con toda la mierda que había ido saliendo en white label y que el bolsillo, o la falta de contactos para recibir los dubplates, no había podido absorber (y de paso hacerle compañía al smash hit “CD Is Dead”). Y vale también la pena chequear los debuts en largo de Maxta ( “Maxtape”, Uptown Records, 2010) y Rude Kid ( “Are You Ready?”, No Hats No Hoods, 2010), pepinazos de artesanía minimalista inyectados en veneno. Sobre todo el de Rude Kid: sin rappers de apoyo, el chaval revienta los bafles con subgraves curvilíneos y cajas que rechinan como dientes de obeso hambriento o duelo de espadas. Cómo rugen las calles. 6. ¿Ocaso disco, acaso?

Nada me gustaría más que equivocarme, pero da la impresión de que, del revival space disco, ya no puede salir nada más. ¿Hay alguna región del italo, del último sonido Múnich, de la escuela canadiense, de los oscuros sintesistas con beat de fondo que no haya sido exhumada, expuesta, analizada a conciencia y compartida? Aparece una recopilación tan estimulante como “Horse Meat Disco II”, que es arqueología de primer nivel –James Hillard, Jim Stanton, Severino y Filthy Luka, DJs residentes del club homónimo, seleccionan temas oscuros de Scherrie Payne, Nightfall, Stephanie Mills o First Love, o hacen sus propios edits a partir de ellos, y lo único que hay –que no es poco– es una fantástica colección de música disco: esforzada, didáctica, disfrutable, pero ya no un motor para variar el movimiento de la escena de baile. La entrada del verano es buen momento para lanzar disco music pretérita o actual, porque el clima acompaña y todavía respiramos la brisa del fenómeno balearic, pero es inevitable preguntarse hasta cuándo durará el revival permanente. Los nuevos cósmicos con fantasmagoría de serie –Oneohtrix Point Never, Fuck Buttons y similares (sumen también el material que ha reunido James Holden en su “DJ Kicks”, del que ya hablamos aquí el mes pasado– han tomado el relevo como sondas espaciales en la exploración sonora del Gran Vacío Exterior (sección psicodélica, que está poco vista), y lo que llega nuevo según patrones de ayer nos sirve básicamente para cerrar capítulos pendientes. Por ejemplo, la tercera entrega de la serie de Lo Recordings ( “Milky Disco Three. To The Stars”), en la que hay mucho Hatchback, Soft Rocks, Black Devil Disco Club, Telespacio, etc., y la buenísima recopilación de remixes y temas raros de Todd Terje, “Remaster Of The Universe” (Permanent Vacation, 2010), que viene a cerrar la trilogía noruega de la que ya teníamos las aportaciones de Lindstrom y Prins Thomas. Hablando de Lindstrom, ¿volverá como salvador como volvieron MacArthur, John Connor y Jesucristo? Le esperamos. Si el cosmic disco resucitara, sólo podrá ser gracias a su milagrosa imposición de manos.

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