Columnas

Implantes de silicona

Música electrónica en vena mes a mes

1. Lo que creías que era de una manera, resulta que no fue así. Para eso sirve la arqueología, para desenterrar tesoros, volver a contextualizar los datos y, si esos datos son concluyentes, reescribir la historia. ¿Cuántas veces un detalle inesperado ha obligado a cuestionar todo lo que sabíamos? La ciencia lo sabe perfectamente. La historia también, y aún hay muchas lagunas por cubrir –menos la Estigia–. Algún día sabremos quién mató a Kennedy y quién era en realidad el Elefante Blanco del 23-F, y de mientras vamos haciendo camino, a lo nuestro. La música electrónica no es ajena a esa revisión casi permanente del pasado, y si algo bueno han tenido los insistentes revivals que se han ido sucediendo a lo largo de los años –puede darse la paradoja, atención, de que la intensa revisión de los 80 dure incluso más que la propia década revisitada– es que han ayudado a conocer mejor un pasado que podría haber quedado sepultado durante eones, como una Troya sonora. Y hoy el tema más interesante del momento nos lleva a Bombay con una pregunta incenciaria: ¿y si el acid house nació en realidad en India cinco años antes de ser alumbrado por Phuture en el efervescente Chicago del sello Trax y el club Music Box? ¿Y si hemos estado 25 años engañados? ¿Y si “Acid Trax” no fue, a pesar de todo, el principio de esto?La respuesta estaría en “Ten Ragas To A Disco Beat” (Bombay Connection, 2010), la reedición de un disco originalmente grabado en 1982 por Charanjit Singh, compositor de música para películas de Bollywood y hasta hoy desconocido fuera de la meca del cine en Bombay, a pesar de haber firmado uno de los hits –o eso dicen los expertos– más celebrados de la edad dorada de los soundtracks en el Indostán, Dum Maro Dum. Las notas interiores del vinilo que recoge los primeros experimentos de Singh con la TB-303 de Roland indican que nació en Matunga el 15 de diciembre de 1940 en el seno de una familia de vendedores de instrumentos que acabó por inocularle el virus de la música. Entre los años 70 y 80, Chandrajit Singh incrementó el número de aparatos electrónicos en su estudio en perjuicio de los timbres tradicionales de la música india, y en cierto momento –eso se explica dentro de la carpeta del disco–, bajo la influencia de la onda expansiva de la música disco que por entonces llegaba con años de retraso a Bombay, quiso aplicar los sonidos electrónicos a las escalas tradicionales de la música local. Aquellos experimentos son los de un vinilo que ha dormido casi treinta años el sueño de los justos – “Synthesizing. Ten Ragas To A Disco Beat” (EMI India, 1982)–, y que tiene algo de Kraftwerk pero, sobre todo, tiene un sonido que durante años hemos identificado con el del acid house.

A3 . 33rpm . Raga Bhupali [Charanjit Singh - Ten Ragas to a Disco Beat (1982)] No tiene nada de extraño: para componer esas piezas –esas ragas con máquinas–, Singh utilizó un equipo básico de instrumentos Roland, fáciles de coordinar si no dispones de conexión MIDI, como era su caso, consistente en un sintetizador Jupiter-8, una caja de ritmos TR-808 y un procesador de bajos TB-303. Y, por puro azar, programando la 303, a Singh le salió el sonido sulfúrico, goteante e hipnótico que ha caracterizado durante más de veinte años al acid house. Por supuesto, se puede pensar mal –y quién sabe si acertar– y sospechar que esto es todo es un monumental hoax, una broma malvada que se aprovecha de la viralidad de internet urdida por Edo Bouman –coleccionista holandés especializado en música india que fundó el sello Bollywood Connection para reeditar rarezas de la música del subcontinente asiático–, para metérnosla doblada como en un día de los inocentes cualquiera. Pero, ¿por qué iría Bouman a gastar bromas, tirar el dinero y jugarse el prestigio? ¿Para qué encargarle una falsificación a Luke Vibert (por ejemplo) siendo la realidad mucho más impresionante?D2 - 45rpm - Raga Bairagi [Charanjit Singh - Ten Ragas to a Disco Beat (1982)]

La historia de la música electrónica nos ha enseñado que el error y el accidente –y la prima hermana de ambos, la casualidad– son agentes de cambio que hay que tener siempre en cuenta. El mismísimo acid house ya fue accidental: Pierre y Spanky dieron con la molécula de ADN sonoro del acid cacharreando en una 303, intentando simular un bajo real y funky –como el que podría sonar en una canción de Chic– para dar con esa textura ñigo-ñogo que tan verriondos nos pone. Nada hace pensar que aquello no hubiera podido pasar antes y en circunstancias diferentes: al fin y al cabo, era una cuestión de máquinas y probabilidades matemáticas. Lo que debe quedar claro, en cualquier caso, es que “Ten Ragas To A Disco Beat” no es acid house –hay carencia de bpms y de estructura pensada para sonar en un club–, pero sí un sonido ácido avant-la-lettre valioso por su rareza y algo repetitivo en lo formal a la hora de aplicar ideas: muchos temas empiezan igual, con arranques torpes de quien no sabe muy bien cómo está manejando los aparatos. En conclusión, este doble vinilo es una anomalía apetecible que hay que a situar, por ejemplo, cerca del remix de Patrick Cowley para “I Feel Love” (Donna Summer), otro de esos discos acid-not-acid que nos sirven para seguir fomentando la mitología del rostro sonriente y color pollo.Mitología que sigue viva, ocupando una plaza lateral de la actualidad de la electrónica, y gracias a lanzamientos notables que hacen arrancar olés como ante una buena faena en el coso. Dos cabe destacar. El primero lo firma Claro Intelecto en su regreso al formato vinilo con los dos cortes del “New Life Ep”, en particular el que ocupa la cara A: “Back In The Day”, título de intenciones nostálgicas que fusila/actualiza –que cada uno se quede con el verbo que más le apetezca o convenga– el house de piano agilísimo y pespunteado, incisivo, que se producía a finales de los ochenta/principios de los noventa y que tiene como gran referencia el intocable Can You Party (1988) de Royal House, uno de los desdoblamientos del, por entonces, divino Todd Terry. El corte firmado por Claro Intelecto tiene esa buena sensación old school que siempre ha caracterizado al de Manchester –siempre actualizando edades doradas como si fueran de hoy, como antes fuera el intelligent techno, el electro, Detroit o el dub-techno–, y avisa de que en épocas como ésta, en la que a la innovación y al revival les separa una finísima línea, el house americano puede ser el que le tome el relevo al techno clásico como motor de la pista. Seguimos estancados, pero al menos en un barro apecetible para revolcarse en él.

Claro Intelecto - Back In The Day [Modern Love, 2010] El segundo lanzamiento es el que sirve el neoyorquino Gavin Russom con su nuevo proyecto en DFA, The Crystal Ark, alias de resonancias tipo Indiana Jones –perdón por la alusión nerd– que también va en busca de reliquias de carácter sagrado: el acid es la columna vertebral, con el chorreo de 303 que se extiende por los 12 minutos de finta house, pero hay también indicaciones de su afición por lenguajes como el del krautrock –éste ya conocido por sus discos con Delia Gonzalez–, el ritmo caribeño, la suciedad y rugosidad analógica –ídem en su otro proyecto a solas, Black Meteoric Star– y el detalle decisivo de poner una voz caliente, como en algunos temas producidos antiguamente por Sueño Latino, para sustentar la arquitectura narrativa de esta mini-odisea de acid motorizado. ¿Single del mes? Si a Laporta le pone la Champions, a mí me pone esto, qué se le va a hacer.

The Crystal Ark - The City Never Sleeps.mp3
Oneohtrix Point Never, Delia Gonzalez & Gavin Russom o Subway han estado ofreciendo desde el subsuelo en un contexto revivalista más extenso dentro de la onda de cosmic disco que ha resonado con fuerza en los últimos años. Teniendo en cuenta que el krautrock es un calidoscopio de enfoques y variaciones con nexos comunes pero resultados dispares –mutaciones que pueden seguirse de manera extensiva en el libro que publicaba en noviembre pasado la editorial londinense Black Dog Publishing, “Krautrock. Cosmic Rock And Its Legacy”, un repaso alfabético y cronológico a las bandas, productores y sellos clave del periodo de los setenta escrito por músicos y periodistas, grupo en el cual también redacta (¡oh!) Gavin Russom–, alguna de estas ramas es la que tiene que haber ganado preeminencia estos días. Y es cierto: dentro del krautrock, además de los correos cósmicos de Klaus Schulze & co., ha cobrado nueva vitalidad la parte motorik, es decir, la que se sustenta en una rítmica repetitiva y dinámica al estilo de Neu!, y que tan correctamente –o ramplonamente, según– ha replicado el noruego Prins Thomas en su homónimo álbum de debut. Es también la variación estética que sostiene la selección de la recopilación del momento, bien mimada y documentada como acostumbra a hacer el sello Soul Jazz: “Deutsche Elektronische Musik. Experimental German Rock And Electronic Music 1972-83” es un quién es quién de la plantilla krautrock en 24 pistas que abundan sobre todo en cabalgatas rítmicas motorik –cómo no, está el “Hallo Gallo” de Neu!– y que se regala también en la parte más ambiental de la escena, la que anticipó la new age –dios, aparece al final Deuter, cuánto tiempo sin escuchar a ese hombre– a partir de los tejidos de sintetizadores de Popol Vuh, Ash Ra Tempel, Tangerine Dream, Moebius y Roedelius –estos dos por separados o juntos como Cluster y Harmonia–.Sigo pensando que la música de gente tan cacareada últimamente como Dolphins Into The Future, Emeralds y Oneohtrix Point Never no puede desligarse de la gramática pre-new age –más importante todavía que la sombra cósmica en sus respectivos casos– que anticipa el krautrock, y que ahora más que nunca –porque se anticipa moda intensa de melodías de burbujitas, secuenciadores soñadores y texturas planeadoras–, hay que volver a comprender. Esta recopilación de Soul Jazz, que llega con gran oportunidad y un timing perfecto, puede ayudar a la juventud a entender muchas cosas. Incluso por qué el nuevo single de The Chemical Brothers –¡ “Escape Velocity” es puro motorik, por los clavos de Cristo!–, tan apoteósico, tan capaz de congraciarnos con ellos, tan prometedor de su mejor álbum desde “Surrender” (98), suena como suena.Chemical Brothers . Escape Velocity.

3. Puesto que estamos con revivals de todo pelaje, aprovechemos el espacio que muy generosamente cede esta web para incidir en otro más: la cold wave, o minimal wave, aquella primitiva forma de pop electrónico –finales de los setenta justo después de The Normal, Ultravox y Thomas Leer; principios de los ochenta, poco antes de la eclosión pop de Depeche Mode– que exprimía sintetizadores rígidos, miraba de refilón a la cruel música industrial y se mantuvo escondida en medio de todo el marasmo creativo del post-punk y sus consecuencias. Que grupos nuevos como Cold Cave –de quienes tenemos nuevas noticias tras su fichaje por Matador: les remezcla Pantha Du Prince y editan en vinilo “Stars Explode” (Hospital Productions, 2010), un split con Prurient que fue originalmente una cassette limitada a 100 copias al que se le añade un corte más de ruidera– hayan encontrado un público indica la rabiosa actualidad de la escena; sólo faltaría dirimir qué es consecuencia de qué.Pero lo que sí es cierto es que hay un proceso activo de exhumación de bandas y canciones de la época –que empezó en blogs (el primero, 20 Jazzfunkgreats), prosiguió con la reedición de singles en Minimal Wave Tapes a cargo de Veronica Vasicka –reunidos en Stones Throw en un volumen retrospectivo titulado “Minimal Wave Tapes vol. 1” (2010)– y que ahora culmina de manera épica con “Cold Waves + Minimal Electronics”, un recopilatorio del sello Angular que repesca temas de –a ver si te suenan– Absolute Body Control, Opera Multi Steel, Ausgang Verboten o Land Of Giants, más orientados hacia la onda post-industrial y EBM de mediados de los ochenta que a los orígenes de la cold wave, pero igualmente valiosa para descubrir todo aquello que taparon bandas menos creativas pero de mayor fama como Clan Of Xymox. Por cierto, la aparición del 12” “Black And Blue” (Infinite Soundtracks, 2010), firmado por Terminal Twilight –dúo de chico y chica que suena como una mezcla de Cold Cave y Glass Candy, para simplificar la comparación–, agitando minimal wave, disco, electro y producción digital, debe servir también para unir los puntos invisibles entre aquella memoria histórica y este presente que todavía se revuelve buscando la novedad y nuestra sorpresa.4. La columna nos ha quedado bastante retro en su conjunto, husmeando rastros pretéritos que igual explican más sobre lo que pasó que sobre lo que pasará, así que para que no parezca que estamos alimentando a las palomas y comprobando la evolución de las obras de al lado de casa, finalicemos este texto con pistas para identificar a los héroes inminentes de la electrónica que alimenta los pies y el seso. Como dice Zidane en la promo de un inminente reality de televisión, y que además da bastante rabia, “estamos buscando al próximo crack. ¿Entras?”.Primero, hay que empezar a prepararle la alfombra roja a Actress, proyecto de Darren J. Cunningham, responsable del sello Werk –en el que publicó un álbum que prometía más de lo que dio y que, aún así, rozó la gloria: “Hazyville” (2008)– que, justo ahora, comienza a salir fuera de sus propios límites para ver mundo y expandir su inquieta manera de entender la electrónica. A Actress cuesta ponerle una etiqueta precisa: sobre el papel, es una derivación del dubstep hacia la IDM y el techno flotante con alusiones evidentes a Detroit y todo lo que lleve como prefijo la palabra “deep”, pero los dos maxis que ha publicado en batería y de golpe –uno, “Paint, Straw And Bubbles” para Honest Jon’s; otro, “Machine And Voices” para Nonplus+– muestran un talento descomunal y una habilidad especial para esconder sus cartas. Actress, sencillamente, se atreve con todo y combina estilos como un barman mezcla líquidos y proporciones en un cóctel: krautrock planeador en “Maze (Long Version)”, techno en “Paint, Straw And Bubbles” –con remix wonky de Zomby–, disoluciones rítmicas que parten del breakbeat y se prolongan a la IDM en “Loomin” y “Und U Boat”… Ese álbum ( “Splazsh”) que tiene que sacar el mes que viene en Honest Jon’s promete ser la obra maestra que “Hazyville” no fue.

Actress . Paint, Straw and Bubbles Addison Groove es la nueva encarnación de Antony Williams, alias Headhunter, y una vez se ha pasado página de la subcorriente del dubstep que aspiraba a copular con el techno –que mantienen con buenos modos productores como Scuba, pero que ya no es tendencia mayoritaria–, por lo que apuesta el de Bristol es por ofrecer su propia lectura del universo funkstep. No hay que ser demasiado perspicaz para darse cuenta de que por aquí van los tiros desde que Joy Orbison marcó un nuevo punto de inflexión en la escena dubstep tras “Hyph Mngo”, aunque la vuelta de tuerca de Addison Groove en el maxi “Footcrab / Dumbshit” (Swamp 81, 2010) es interesante, perversa incluso: retuerce el UK funky con cajas de ritmo secas, minimalistas y voces pendencieras, como buscando una conexión aún inédita con el ghetto-house de DJ Funk. Por supuesto, siempre dentro de un espacio higiénico, sin mensaje sexual, pero con la misma intención –aquí conceptual– de arañar escrotos y rasgar hímenes que tenían aquellos macarras de Chicago. Para el funky, que estaba últimamente muy acaramelado –salvando Roska y alguno más que se sale de la norma y le echa nervio a la cosa–, la reconversión de Headhunter es una excelente noticia. Ni qué decir tiene que le queremos ver haciendo esto más a menudo.

Addison Groove . Footcrab

Más: dos personajes que están on fire últimamente son SBTRKT –otro enmascarado del post-dubstep, siguiendo los pasos de Burial, Zomby y Deadboy– y Ramadanman. Quizá cabría añadir también al mencionado Deadboy, pero más allá del enorme “If U Want Me” (Numbers, 201), lo mejor de lo suyo está por llegar, así que ya habrá tiempo de dorarle la píldora. En cambio, el estilo de SBTRKT ya ha cristalizado en un momento dulce y gracias a una insistencia editorial que le coloca a competir en el mismo ring que FaltyDL, ahora que se ha pasado poco a poco al house, y el intocable Joy Orbison. Pero esa intersección entre el dubstep, el garage poroso y el house profundo de los noventa es la que SBTRKT está aprendiendo a dominar, y vistos los resultados de su primer EP ambicioso – “Laika”, aquel prometedor debut en Brainmath, era sólo el aperitivo–, parece ser que este será también su año. Los cuatro cortes de “2020” (Brainmath, 2010) los conduce un 4x4 elegante, sereno, sobre el que se posan capas etéreas de sintetizadores que buscan paz en las alturas y eluden el cruce entre house y dubstep tan plagado de trampas, ruidos y esquinas de Shortstuff y Brackles.SBTRKT . Rekorda Ramandanman, por su parte, también está a tope con los seis cortes –casi un mini-álbum– de “Ramadanman Ep” (Hessle Audio, 2010), una especie de ordenamiento interno del sonido dubstep horizontal que busca apoyo en la síncopa del UK funky –y la del drum’n’bass, que ya se ha dicho que vuelve a estar en el candelero– y que es como la perfección de esas variantes que el propio David Kennedy había estado probando como Pearson Sound y en las que también se mueven con buenos resultados talentos como Untold, James Blake, TRG y Mount Kimbie. Atención también a estos últimos: álbum por fin en junio y dos maxis de remixes a fin de mes. Pero de eso ya se hablará más adelante, que el tiempo es infinito y el espacio para desarrollar todas estas ideas en la columna que ahora lees, por desgracia, no.

Ramadanman . I Beg You

Mount Kimbie . At Least (Instra:mental Remix)

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