Columnas

Implantes de silicona

Música electrónica en vena mes a mes

Implantes de silicona Javier Blánquez,1. Tres momentos para la posteridad. Uno, Aznar con la bufanda roja y el dedo en alto –en gesto nada rojo–, mandando a tomar por el orto a unos estudiantes: happy hardcore. Dos, John Cobra agarrándose el taller repetidamente en plena gala de Eurovisión, haciendo de su boca una cloaca y con Anne Igartiburu a su lado, escandalizada, llamándole “cariño”: wonky. Tres, Wayne Bridge negándole el saludo a John Terry en el Chelsea-ManCity sólo porque este último le había preñado a la ex (con obligación de abortar de postre): schranz. Este mes ha sido glorioso en dos de los terrenos que más interesan a este humilde escribano: el freakismo recreativo y, por supuesto, el rollo soez. Cobra, Aznar y Bridge (Terry come aparte) han ingresado definitivamente en ese panteón de la mala educación en la que ya teníamos a dioses como Cela, Umbral, Fernán Gómez y Luis “digo más veces vete a tomar por culo que buenos días” Aragonés. Lo borde es tendencia. Estas cosas me hacen tocar castañuelas, dios lo sabe, y ayudan a sobrellevar con humor el hastío del día a día, de las responsabilidades con la cuota de autónomos, el Banco de Santander y Jeff Bezos. Pero no son las únicas.Además de vicios –sólo de esa manera puede llamarse a la dosis de freakismo que uno, cual vampiro, necesita a diario–, se tienen pasiones. La música electrónica, que por ella maa-to. Otro mes más, afluye el material de primer nivel hasta la puerta de casa, y no hay ni tiempo ni espacio para dar cuenta de todo: saturación –también de calidad, para contradecir a los instigadores de la teoría de la crisis galopante del género, esa mentira a lo villarato que más parece gag de José Mota, pues se repite idéntica año tras año– y más saturación. Un mes más, pues, hay dos opciones: o callar, o decir lo que se pueda. Toca lo segundo.

La primera cuestión fundamental del mes es de índole geográfica: aunque en UK siga hirviendo el caldo de la bass music –terminología alternativa a lo que estamos llamando post-dubstep–, es en América donde están creciendo algunos de los productores más apasionantes del momento. Una observación es crucial: mientras el drum’n’bass apenas consiguió implantarse en la escena yanqui, salvando algunos ejercicios de DJ Spooky en la golden era del illbient y las familias Liquid Sky –DJ Soul Slinger, etc.– y Offshore, el dubstep ha conseguido abrirse un espacio y progresar desde ahí. La familia americana no es un acontecimiento de estas semanas –sabemos que no; pardiez, si FaltyDL firmó uno de los discos de 2009, aunque no saliera en según qué listas artrósicas–, pero cada vez son más los argumentos para tener en cuenta su papel de alfiles y torres en este terreno de juego.

Un himno para este año: “Never”, de Eprom, primera figura de una nueva escena con epicentro en San Francisco, presta a tomarle el relevo a la de Los Ángeles, algo más predecible por estar sita en las coordinadas del hip hop y la psicodelia mientras Eprom husmea en las del pandemónium de graves y latidos frenéticos. “Never” es una cabalgada desmadrada de subgraves que hunde sus orígenes en cierta IDM de atropellos y bufonadas –Lex Loofah y su “Freaky Deaky”, el “Vanilla Monkey” de Milanese– y que conecta, más que con aquellacolaboración entre Four Tet y Burial, con la enmascarada y agreste vanguardia inglesa de dubstep/intelligent techno angular en sellos como Wireblock ( Cunt Trax), Brainmath ( SBTRKT) o Hemlock ( Fantastic Mr. Fox). “Never” está publicado en el sello Surefire Sound y va acompañado de una remezcla de FaltyDL. FaltyDL es de Nueva York, y ahora publica en Rush Hour All In The Place, cuatro cortes de house, acid y garage con basslines crujientes y bombos sincopados con voz de diva ardiente de helio por encima, como si fuera azúcar. Eprom también hace de las suyas en Europa, y Warp le acaba de publicar un split ”Hendt / Lands And Bones (feat. Swan)”– en el que la otra firma la estampa Eskmo, otro de los nuevos actores de la escena de Frisco. Warp, ya que estamos con ellos, también busca talento al otro lado del océano, y le edita al debutante Babe Rainbow un EP, “Shaved”, que tiene poca turbulencia rítmica salvando piezas como Screwby o la titular: el resto es un ambient emponzoñado, nitrogenado, envolvente y forestal ideal para películas de sustos. Babe Rainbow es canadiense. Y en abril aparece el nuevo álbum de Starkey. Norteamérica on fire, por si no ha quedado suficientemente claro.

Ya que sale el nombre de Starkey, podríamos decir de él que es para Rudi Zygadlo lo que Pérez-Reverte para Montero Glez.: una especie de valedor, padrino, celebridad que confía a ciegas en el talento del paria desconocido. A finales de marzo, Planet Mu se va a dar el lujazo de editar el primer maxi del citado Zygadlo, un productor llamado a hacerse hueco –que habiendo hueco él ya sabrá– en la elite de productores británicos que operan en la tierra de nadie del underground colindante con el mainstream y la extravagancia. El 12” se titulará “Resealable Friendship” y también incluye, además del de Starkey, de un remix de Slugabed. Pero la miga está en sus dos temas propios, con voz glam, guitarras progresivas y frenesí de freakuencias que reflectan hacia todas direcciones como los rayos en el mar sereno. Otro más de la cantera de Glasgow –y sin nada que ver con la secta Lucky Me– con argumentos, en su caso próximos al pop, para convencer a público nuevo. Si en su día Drop The Lime era el Justin Timberlake del breakcore, hoy Rudi Zygadlo es el Thom Yorke del dubstep. Se lo ha puesto crudo a Darkstar: hay partido.

Por una senda aproximada discurre el nuevo EP de James Blake, la gran esperanza blanca del dubstep intelectual y post-Burial, o al menos eso obligaba a suponer su maxi en Hemlock, “Air & Lack Thereof” (2009), y su remezcla milagrosa para el “Stop What You’re Doing” de Untold. Blake tira ahora de voces y estructuras semi-pop, y de paso roba con bastante criterio una amplia paleta de texturas de instrumentos convencionales –metal y mucha cuerda– en un dubstep con inciso de suspense a rastrear en The Bells Sketch Ep, también en Hemlock. Samplear tonos acústicos, como trabajar en domingo o leer el diario As (o ser borde), es también tendencia.

2. También en el techno. En realidad, ya lo era. Ricardo Villalobos defendía que una vía de evolución natural para el minimal era la de empezar a olvidarse de presets de software fácilmente instalable en un PC y comenzar a samplear a la vieja usanza sonidos de violas, pianos, trompetas y guitarras, una manera poco trillada de enriquecer el sonido con texturas mucho más cálidas. La posible medida comportaba riesgos –si no que nos expliquen el abominable “Heater” de Samim–, pero a la larga ha ido aportando victorias. Este mes, dos más. El remix que Robert Hood entrega para Aufgang en el maxi “Barock” (Infiné, 2010) es una: el resultado final es grácil y se volatiliza entre frases de piano trotón; el de Detroit no ha querido forzar el bombo para que los rubatos y los glissandos mantengan la dirección rítmica de la pieza original de Francesco Tristano y sus amigos. Un toque de clase.La otra gran victoria la sirve Oliver Ho, o sea, Raudive después de rebautizarse para complacer a las juventudes minimal tras la debacle del hard techno: nuevo maxi en Macro que, bajo el título de “Paper”, incrusta sonidos de música contemporánea –lindando con la atonalidad– en un contexto de bombo y caja amortiguados para un after ibicenco en el que, en vez de Goa trance, prefieren pinchar a Schönberg. El maxi sería una anécdota sólo por “Paper”, pero también tiene el ambient gélido de “Siena” y los doce minutos hipnotizantes de “Brittle”, y es una de las sorpresas más gratas del mes. Generalmente no cuentas con los discos de tipos como Ho, nunca entran en tus planes, pero estos son los discos que, por sorpresa, dejan los prejuicios en pelota. La clavan, y te dejan a cuadros. Errare humanum est.

Pero en el techno, ya lo hemos dicho muchas veces, no atravesamos el mejor momento. No hay que preocuparse, de todas maneras: la escena bass-dubstep-IDM inglesa, con su medido equilibrio entre experimentación grosera y baile intelectualmente aceptable, ha cubierto el espacio de la innovación con una generación tan irrepetible como la que, años atrás, encarnaron los Luciano, Superpitcher, Mathew Jonson, Matthew Dear y compañía. La lectura es muy sencilla, y el cartel del próximo Sónar la explica bien: Gran Bretaña ha vuelto. La escena de las islas, que se empezó a atrofiar hace diez años, ha purgado sus pecados de excesos, fama y banalidad post-trance/breakbeat y se ha regenerado en un underground vinculado a su propia tradición rave. Mientras tanto, Alemania se ha dormido en los laureles de un revivalismo tech-house y un uso rutinario de la tecnología digital. En un polo han vuelto con rabia e ideas frescas; en el otro se cumple el pronóstico que, todavía sin éxito (para pitoniso no nos consta que sirva), Frédéric Hermel le quiere encasquetar al Barça: el del fin de ciclo. Nada que no se esperara ni fuera higiénico para la escena. Sin embargo, nunca hay que dar por muertos a los viejos líderes, sobre todo porque quien tuvo retuvo y siempre puede dar una campanada por sorpresa. El “Paper” de Raudive es un ejemplo que viene que ni pintado, pero más aún lo es el remix asombroso que Ricardo Villalobos le ha servido a Mirko Loko en el 12” “Setentynine Remixes”: 16 minutos –y es sólo un edit– de mesmerizante remezcla, como sus grandes y maratonianos ejercicios de producción. Minimalismo en sentido estricto –capas repetidas con desfase, ligeras variaciones de ritmo y armonía según discurre la pieza, repetición insistente pero con orden– que haría que el maxi valiera por sí mismo. La botella de champán que luego nos rociaremos por encima en jubilosa celebración la descorchamos cuando escuchamos la cara A, que la firma Carl Craig, con otro remix de fondo, nada menos que once minutos.

El apartado álbum viene cargado, pero eso lo dejamos para críticas, si quien coordina esa sección lo tiene a bien: emocionante el regreso de Donnacha Costello ( “Before We Say Goodbye”, en Poker Flat), atempanado como un glaciar que se quiebra Peter Van Hoesen en “Entropic City” (Time To Express, aunque suena a disco de M_nus), confuso el de los aterradores Vex’d, que ya no dan tanto miedo y han rellenado su “Cloud Seed” (Planet Mu) con mucho remix previamente editado en vinilo; con brillo y bañado en oro el regreso de Booka Shade con el buen tech-house de saborcillo noventas de “More!” (Get Physical, 2010), viscoso como el agua de un pantano el debut en largo, y a editarse en mayo, de Marcel Dettmann, “Dettmann” (Ostgut Ton, 2010). El álbum del residente del club Berghain merece unas cuantas líneas, aunque de él habrá que hablar con más colmillo más adelante. De entrada, “Dettmann” parece un homenaje al techno cíclico y seco del mejor Jeff Mills, bien alineado con el “Contacto” de nuestro paisano Tadeo, pero a medida que transcurren los minutos se distingue del referente Detroit duro y se metamorfosea en lo que debía ser, un disco muy berlinés. El matiz de calidad: aunque mantiene una robustez y una musculatura tonificada como Arturo de GH, “Dettmann” contiene instantes experimentales, arenosos, rebajados de velocidad, con breves pinchazos de ambient, IDM, dubstep, todo disimuladamente infiltrado en un simulacro de disco-roca. Habíamos esperado de él la salvación del techno, y no es eso. Pero sí le pedíamos un buen álbum, y el hombre de los bíceps no ha decepcionado.

3. En la periferia del tech-house, que sigue siendo la rama principesca del meollo electrónico, dos cosas le llaman la atención a uno. La primera, que hay vapor, mucho: lo encontramos en el nuevo maxi de Terre Thaemlitz bajo su alias bailable DJ Sprinkles, “Masturjakor”, que incide en una línea de jacking house mutante, envuelto en brumas, tan adornado por la niebla como ideal para una sesión de primera hora. Contiene un remix de KiNK & Neville Watson y ahí sube la intensidad house, pero como en todo el material que edita el sello japonés Mule Electronic –todavía imprescindible– interesan más las sensaciones para la piel que para las piernas. O encontramos ese vapor en el nuevo material que va editando el sello Dial, que habrá perdido a Pantha Du Prince en beneficio de Rough Trade, pero siguen conservando a Pawel, antes conocido como Turner (muy apañado su álbum homónimo, con las melodías y el pop de siempre) y una cantera bastante frondosa que se exhibe en el recopilatorio “2010”, del que ya se dirá algo algún día, ahora no.

La segunda cosa, que hay acid, un nuevo brote de buen material con TB-303 o imitaciones que rescata el socorrido entusiasmo de “vuelve”. Pero claro, también podría volver el electro de la escuela ADJ-cliffordandcalix-Wee DJ’s-Andrea Parker, que sigue ahí. Y no vuelve, pero porque nunca se ha ido, se sigue haciendo, y la percepción particular en un momento dado depende del sesgo del que explica, que en este caso es servidor. Es como el aforismo aquel: ¿hace ruido un árbol cuando cae si nadie lo ve? Si se está ahí, la narración del ruido se intensifica, pero si no se está, no se comunica el hecho. Pero el árbol sigue cayendo igual y haciendo ruido. Lo mismo con el acid.Resulta que DJ Harvey, que se está posicionando como uno de los tastemakers más importantes de la consolidada escena revivalista del house con inclinación disco, ha sacado un maxi en un nuevo sello –International Feel es el sello, “Gunship / Little Boots” es el 12”– que cruje y viaja, y que tiene mucho del antiguo espíritu ciberdélico, soleado y de buen rollo del sello Junior Boy’s Own, que es como el turrón El Almendro: siempre está de regreso. Otra grata sorpresa es “Crystal Republic” de Tevo Howard, un álbum –seis temas, sólo en vinilo– publicado en el subsello Our House Is Your Rush de Rush Hour, muy retro, muy deep, muy Mr. Fingers con algo de Phuture y A Guy Called Gerald –es decir, también con unos pads muy Detroit– y con la caja de ritmos sonando seca, vibrante, de las que empujan a la pista con grito de alborozo. Mucho ojo a la versión extendida de “Data”. Si nos ponemos freaks, y siempre y cuando te haya puesto como las cabras la nueva freakada de Ceephax en largo ( “United Acid Emirates”, en Planet Mu), hay que dejar constancia de que el hermano de Squarepusher no se queda ahí y sirve un nuevo maxi en el sello belga Wèmè, igual de desmadrado y delirante, como nos gusta ( “Psychtapolis”, se llama), y que va seguido, de paso, de otra referencia de la casa firmada por un talento emergente, Acid Kirk, que también le da al ñigo-ñigo. Y no sólo eso: la serie de culto del año, como lo fuera en su día la de “Analord”, la edita el sello Balkan Vinyl, que ya ha lanzado la primera entrega, y a punto está de servir la segunda, de la saga de los colores: “Red” es un artefacto –vinilo + compact con todo el audio y algunos remixes exclusivos– en el que gente de mucho fiar como Global Goon, Mark Archer, B12 y Luke Vibert & Richard Wigglesworthy se montan una bacanal de acid, breaks e IDM para fans de la vieja escuela, de dioses como Kettel y de gente mala como Syntheme. En próximas entregas –la verde, la azul, la amarilla, etc.– artistas como Digitonal, Cursor Miner, Plaid, Marco Passarani, Hrdvsion, The Doubtful Guest… No nos explicamos por qué lo venden con CD y no dan como regalo un babero. Ellos sabrán.

4. Acabaremos con España porque, como titulaba Jimmy Giménez Arnau su último libro, España me pone –antes que el presidente de Cantabria lo dijo, un respeto–. España, como decía Aznar, y nos viene bien para cerrar la columna como un perfecto ouroboros, va bien. Los productores de aquí están clavando picas en Flandes –o en la lejana Australia, donde Henry Sáiz se ha tirado un mes de gira, partiéndola con su tech-house finamente progresivo– o saliéndose por todas partes, como Pional, que ha grabado, muy posiblemente, EL TEMA ( “In Another Room”). Parafraseando a nuestro Rey, “me llena de orgullo y satisfacción” el momento que vive la escena, o red de sellos y artistas haciendo sus cosas con modestia y llegando lejos. Hace poco llegaron al buzón de correo de un servidor, que no es el teléfono de la esperanza aunque a algunos se lo parezca, sendos mensajes de dos agentes importantes del tejido electrónico español para quejarse del poco trato, o trato dejado, que se le estaba dispensando a la música electrónica local: cobertura deficiente en los medios, con poco criterio por parte de los periodistas y con una desgana que, más que insultante, les resultaba descorazonadora. Nonembé. Y tenían razón, y aunque aquellos emailes venían a decir “¡haz algo! ¡funda una revista!”(va a ser que no), es obligación del arriba firmante entonar también un poco de mea culpa. Sí, yo también he pecado.

Por eso, aquí van a ir unos cuantos shout outs a gente como el sello spa.RK, que cumple diez años de esforzada resistencia en el poco agradecido sector de la IDM con trasfondo melódico, que todo el mundo asegura que le gusta porque queda bien decirlo pero que nadie compra –ya va siendo hora de un nuevo disco de EEDL, por cierto–, o al también sello barcelonés Lovethechaos, que lo tienen aún más jodido porque su IDM es del rollo duro, angular, autechresco, con un filo violento que a veces les emparenta con el breakcore, aunque la última y atinada referencia de la casa, el álbum “Ciclos” de Strange2, reúne las estructuras geométricas y las evasiones ambientales de las antiguas referencias del sello GPR: retro, pero todo en su sitio, que es algo muy español. O el apasionado “The Ark” de Wookie, que se inspira tan bien y con tanta modestia en Plaid que se acaba haciendo entrañable. O el dub pesado, con melodías trance –y un remix de Dosem–, que se ha sacado del sobaco el hombre que mejores títulos le pone a los temas en la piel de toro, Sistema: su nuevo artefacto, en un sello chino (¡chino!), es otra obra maestra de la nomenclatura, “A Los Hechos Me Remito” –con la cara B “Jarl”–. Lo de dentro también es para mear y no echar gota, como lo es el contenido de “Only”, nueva recopilación del sello madrileño Semántica Records que dirige el insobornable Svreca, con electro inoxidable, techno intelectualmente violento e IDM empinada y que empina a cargo de Arcanoid, Trolley Route, Ideograma, Sowing Paranoia y mentes brillates de allende el Atlántico como Jimmy Edgar o E.R.P. Sólo 100 copias, y por 10 cochinos euros te lo envían a casa. Dales argo, payo.Decíamos sobre Henry Sáiz: cada vez menos recargado –cómo se nota que ya no salen libros de David Foster Wallace y la influencia se diluye–, cada vez más sinfónico –cómo se nota que Jean-Michel Jarre ya no viene a tocar al Liceu–, y cada vez más fino, mesurado, descargando sus temas de barroquismo sobrante, el hombre con la barba mejor recortada de Alicante ha dispuesto en su propio sello, Natura Sonoris, el que es posiblemente su mejor maxi, el que más muestra su potencial como suministrador de himnos a DJs como Sasha o James Holden: “They Came From The Light”. Y decíamos sobre Pional. “A Moot Point”, que así se titula el maxi editado en Hivern, y que contiene remezclas de Rebolledo (bombeante) y Basic Soul Unit (detroitizante), es un milagro, sobre todo por ese slow disco que es “In Another Room”, algo así como un “I Feel Space” (Lindstrom) transportado a la década de los 90, al revival de la ciberdelia, y con unas armonías muy Philip Glass y una voz sumada a un colchón ambiental embriagador que –esa es la clave– tanto recuerda al “Go” de Moby. ¿España va bien? Toma, claro. ¿España me pone? Siempre. En algo hay que contradecir por una vez al maestro. El próximo mes, más.

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