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Implantes de silicona

Música electrónica en vena mes a mes

Implantes de silicona  Música electrónica Por Javier Blánquez, mago

1. Lo único que tiene de útil el cambio de año es que te echan un especial de José Mota en Televisión Española con el que te desternillas vivo y luego la Esteban, con su nariz restaurada y la punta mirando a Cuenca, te canta las campanadas con su voz de grajo. Por lo demás, como decía aquella canción de Julio Churches, la vida sigue igual por mucho que al calendario juliano –este Julio por César, no por Iglesias– le hayamos sumado una decena. A esta columna, por tanto, no le interesa ponerse a hacer resumen ni a echar la vista atrás, que para eso ya tienen Vds. el ratón y la opción de repasar el historial de la web (y otras). La música sigue, el aluvión de novedades aterraría hasta al mismísimo Noé –que de lluvias sabía un testículo– y aquí estamos un mes más para dar cuenta de todo ello con próbido mecanografiado. Porque el comienzo de 2010 se parece mucho al final de 2009 –el cambio de año es un requisito administrativo, no un reset, a ver si nos enteramos– y la gente sigue publicando sus menesteres como unos días atrás, con el mismo porcentaje de acierto y redundancia. O sea, que sale basura y caviar en similares proporciones. Abramos unas cuantas latas de lo segundo.

Primera observación que se nos viene a la cabeza: igual es un espejismo, pero parece como si volvieran a proliferar los maxis con inyección de acid house. Ya sean 303s reales o de bisutería, los chorros lisérgicos manan con fuerza de piezas como “Full Moon” –primer corte de “Lunar EP” (Wagon Repair, 2010), inminente nuevo maxi del veterano Mr. C–; “The Slapper” –con él, y con la basslinesumergida entre acordes technoides, empieza “Studio Works Pt. II”, nuevo maxi de Touane en su sello Left Handed– y hasta en la primera parte de “Resonate” (Turbo, 2009), maxi de Mike Mind en el que hay una remezcla de Kebacid –o sea, Jesper Dählback y Jori Hulkkonen– que es acid virgen y puro de oliva, como siempre se ha estilado. Apúntese, por si las fláis, el “General Motors, Detroit, America” de Acid Washed o el “Acid Town” de Social Disco Club, que es una versión de Lipps Inc. con extra de crunchy. También hay 303, aunque combinada con ecos dub a la manera del inglés The Third Man, en “Verbs Are Not Enough” (2009), juguete breve y autoeditado en CD-r por esos miniaturistas de la IDM conocidos como The Boats. Lo suyo no suena tan clásico como lo demás citado, pero el enfoque da lo mismo. La clave es que la 303 vuelve a estar en las calles.En cualquier caso, y como llevamos años escarmentados, hasta aquí llega el entusiasmo. Que las inclinaciones ácidas hayan coincidido en varios maxis simultáneos –y lo que te rondaré morena: Tiga prepara una batería de vinilos con remezclas de su último disco en el que ha prometido grandes esputos de Roland sulfúrica; que los clementes dioses le bendigan– no significa que vaya a haber un nuevo verano del amor. Lo que significa, tristemente, es que la rueda ha vuelto a completar un giro y el carácter cíclico de la música de baile nos va a obsequiar con un otro amago de revival interruptus hasta que, pasados un par de meses, todo el mundo se canse y bufe. El mal que afectaba al techno y al house en los pasados meses sigue ahí, esperando su vacuna o su radiación para mejorar o, en el peor de los casos, espichar, estirar la pata, palmar, ya saben. A veces el diagnóstico es pesimista y en ocasiones el paciente presenta síntomas de mejoría, pero el cuadro clínico de la música de club permanece idéntido, demasiado pendiente del pasado e incapaz de inventarse un futuro. Será su crisis de los cuarenta.Observemos. El nuevo maxi de Mathew Jonson en Wagon Repair ( “Ghosts In The AI”) no tiene nada que no hubiera hecho poco antes Redshape en “The Dance Paradox” –romper el bombo con breaks, utilizar con acierto el interludio ambiental, olvidarse de que la pista de baile tiene unas necesidades perentorias y optar por la experimentación en patrones rítmicos y melódicos–, pero es que incluso lo de Redshape, por muy cañón que sea, marca costuras de nostalgia –o sea, technostalgia– por todas partes. Lo mismo que en el recomendable álbum “Patience And Distance” (EvoNext, 2009) de Future Beat Alliance, que alterna las visiones cósmicas y los desarrollos del techno con una aproximación más funk o exploraciones sintéticas abiertamente “intelligent”. Pero claro, eso es lo que Matthew Puffett lleva haciendo desde hace unos quince años. Por si fuera poco, uno de los trallazos que animarán las horas punta del clubbing que viene, firmado por Dario Zenker, se titulará, ya no se sabe si con un algo de recochineo, “’92” (primera referencia del sello Harry Klein impulsado por el garito homónimo de Munich). ¿Technostalgia.sí o technostalgia.no? Voten.

Los que están también bastante en forma son los beatmakers nacidos del chup-chup de la olla del dubstep que han escogido el característico break del hip hop para progresar en la vida. Hay grandes trabajos circulando por ahí capaces de llevarte a mundos alucinados y todavía desconocidos. Consideremos, por ejemplo, el “Lucky 9teen” (Lucky Me, 2009) de Mike Slott: muy en la onda de su compinche Hudson Mohawke, beats galácticos y altamente psicodélicos, incluso con un inciso de cosmic electro titulado “Gardening”: un vinilo maravilloso. O consideremos la última sinfonía de hip hop instrumental firmada por un Paul White con hambre de share, todavía obsesionado con Dilla y sus “Donuts”, y que desarrolla piezas relajadas, panorámicas, con un punto orquestal y salpicadas de miniaturas, skits, detalles de color, ritmos afro, interludios electro y demás sorpresas: casi mejor este LP en vinilo titulado “Sounds From The Skylight” (One-Handed Music, 2009) que el anterior “The Strange Dreams Of Paul White” (íd, 2009), que ya es decir. O, por qué no, consideremos “Long Live The Plan” (Fat City, 2009), sopa espesa de ambient, breaks, bajos gruesos IDM y hip hop, en la línea de Blue Daisy pero sin tanta saturación, y a la vez salpicada de sonidos del espacio exterior, que firma Illum Sphere.

5. Acabemos la columna con Mordant Music, una breve coda para dejar constancia de que la factoría del mal rollo electrónico no se detiene con el brillante “SyMptoMs” del barón. El sello londinense ha despedido 2009 con dos últimos discos sobre la bocina –como un triple de Kobe o Lebron– que confirman la impresión, macerada durante los años, de que aquí se esconden, como las víboras en un nido, los seres más escurridizos y emponzoñados de la actualelectrónica marginal. Uno es el debut en largo de Vindicatrix, “Die Alten Bösen Lieder”, híbrido de maxi casi techno, violento y rasposo –las tres partes de “Something In The Night” en vinilo– y de canciones post-industriales, agónicas y teatrales con sonidos analógicos de fondo en la parte que viene en CD, hasta ocho tracks en la línea de Coil, el último David Sylvian o Current 93. El otro es “Variables Ep”, una colección de cuatro cortes firmados por Vindicatrix –techno más canción ahogada, todavía más violento que en su citado disco a solas–,Mordant Music, Baron Mordant + Mr. Maxted y Sii, o sea, la alineación al completo forzando los límites de la música planeadora, el hard techno con piano, la hauntology post-industrial con referencias al cabaret de los años 30 y demás exploraciones del lado tétrico de la IDM. Parafraseando al presidente Roosevelt, son unos hijos de puta, pero por lo menos son nuestros hijos de puta. Y parafraseando ahora al general MacArthur, “volveré”. De mientras, salud y buenos alimentos.

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