Columnas

Implantes de silicona

Música electrónica en vena mes a mes

Implantes de silicona  Música electrónica Por Javier Blánquez, tertuliano de “Punto Pelota”

1. “Missus” me tiene, como se dice mucho últimamente, todo el día con el rabo tieso. Esta reacción física del varón normalmente quedaba reservada para momentos muy concretos –como cuando sale Irene Junquera leyendo los emails en Intereconomía, o cuando se ve una película de la saga “Crepúsculo” sólo por Kristen Stewart; también habría la acepción deportiva, como cuando te dan seguidos por televisión dos partidos de la NBA, o uno del Madrid y otro del Barça en los que el primero pierde y los segundos arrollan–, pero esta vez de la prolongación muscular del miembro tiene la culpa “Missus” y, por extensión, todolo que últimamente está grabando Joy Orbison, que para un servidor es el hombre del este último tramo de 2009. “Missus” se puede escuchar por ahora sólo en su página de Myspace, un breve snippet que algún día –lo quiera Dios– aparecerá planchado en algún vinilo de Doldrums Recordings, su propio sello, o Hotflush, el que le descubrió para el mundo. “Missus” es como Burial con luz, o como Burial si a cada beat y a cada voz le sacara brillo echando el vaho de su aliento sobre la superficie y luego pasara un paño empapado de O’ Cedar: resplandece con fulgor de amanecer y esperanza, con esas divasgarage apagadas por la lejanía pero más angelicales que las del niño de Hyperdub, que en comparación con ellas son más como hadas de ambiguas intenciones.

De todas las mutaciones que ha sufrido el ADN primero del dubstep –un género que sigue ahí pero que, como hemos dicho más de una vez, está ya tan transformado y acribillado por matices que no se le reconoce igual a cómo era cuatro años atrás: de esto en breve escribirems algo en plan extenso y cartográfico–; de esas mutaciones, decíamos, la más sugerente y la que más va a progresar en el futuro, sospechamos, es la del regreso al UK Garage, con sus voces subidas de pitch ansiosas y narcisistas, deseosas de eternidad, doradas como un rayo. Joy Orbison se mueve en ese territorio intermedio, y en principio sospechoso, en el que copia de entrada a Burial y sus fuentes en el drum’n’bass artcore –Photek, Omni Trio y Rob Playford están ahí–, pero también las producciones lujosas de sellos como Locked On sin el ritmo house bombeante. Pura metahistoria del continuum rave que, sin embargo, y como atestiguan sus dos recientes remezclas, una humidísima para Four Tet ( “Love Cry”) y otra ya comentada para José James ( “Blackmagic”), siempre guarda en cada producción una punzada pasional, un momento que te hace levantar el cuerpo eufórico. A veces no importa que una jugada bonita no acabe en gol: el placer estético queda ahí. Joy Orbison = todo el día con el rabo tieso.

2. En el citado maxi de Four Tet, anticipo del que será su esperado álbum en enero, también hay remezcla de Roska. Es interesante observar cómo en dos maxis firmados por artistas electrónicos que están en la intersección entre lo abstracto/IDM y un vago enfoque pop –lo de Four Tet está claro; lo de Ghosts On Tape merece explicarse– aparecen sendas remezclas firmadas por uno de los productores más fielmente asociados a la rama pura del UK Funky. La del funky house es una historia que no acaba de arrancar, quizá porque hay gente –servidor se cuenta entre ellos– a la que no le acaba de entrar el golpeteo rítmico al estilo soca, demasiadobásico y directo, y con un cierto aroma a pachanga. Personalmente, uno prefiere –y perdón por sonar pedante y poco street– eso a lo que ya se ha etiquetado como funkstep, que sería la rama más elaborada e intelectualizada, más seria y de rascarse el mentón, en la que entrarían desde Cooly G –se plancha ahora en 12” “Weekend Fly”, maravilla incluida en el recopilatorio “5 Years Of Hyperdub”– a Pearson Sound pasando por Untold –que tiene nuevo maxi en Hemlock, recomendable a más no poder, con remezclas de James Blake y Pangaea–. Roska no tiene, en cambio, ni conexiones con Detroit ni afición por el deep house sedoso –o sedado, que hay veces en que te duermes con según qué maxis de club–; es un producto del barrio que exprime el sonido sincopado y carnavalesco del funky, con chispazo de speed garage y handbag house, y que ya se ha establecido como embajador en el mainstream (es un decir) de la rama más incorruptible del estilo.Del maxi de Ghosts On Tape, “Predator Mode”, hay que extraer algunas conclusiones más. Una, que es perfectamente adecuado para el sello Wireblock: bass music con percusión algo tribal que hurga en los límites de la electrónica bronca y los ritmos quebrados, una de tantas microrramificaciones de la IDM moderna que nos ponen los pelos de punta a los fans, con gruesas líneas melódicas analógicas propias de las películas de terror. Ryan Merry vive en San Francisco y, en principio, pertenece a la escena wonky californiana, pero su trabajo rítmico, entre house y electro más queorientado al hip hop, le ha hecho idóneo para el sello inglés. Y resulta que “Predator Mode” viene con remezcla de Roska. Podrían haber escogido a otro tipo, pero no, es Roska. Por algo será. Se desmarca del pelotón.

El resto de la actualidad dubstep/grime/derivados hay que resumirla por encima. Sensaciones: lo que antes funcionaba con un bloque compacto y con movimiento coordinado hacia un futuro común, hace tiempo que se viene fragmentando en matices que permiten que el escenio ya sea sólo escena, con líderes y gregarios. Los nuevos CDs de productores competentes como Elemental ( “Messages From The Void”, para el sello Runtime) o Kromestar ( “The Other Syde”, para Dubstar), uno en su línea líquida y el otro en la leñera, indican que el tiempo de las obras maestras –o lo que es lo mismo, de la efervescencia– ya pasó, y que hay que acostumbrarse a la publicación de discos correctos, notables o malos. Un análisis detallado de dos recopilaciones recientes, como “Steppas’ Delight 2” (Soul Jazz, 2009) y “Dubstep Allstars: Vol. 7. Mixed By Chef & Ramadanman” (Tempa, 2009), muestra que hay mucho movimiento pero todavía no un destino claro: fusión de dubstep y techno, interesección de dubstep y deep house, resistencia de la estética wobblestep en el ghetto –bajos oscilantes y pesados–, algo de wonky con tiralíneas…Por tanto, donde hay una masa informe –que no uniforme–, hay que buscar a los que destacan. Uno, Shackleton, lleva entregadas remezclas asfixiantes al margen de su “Three EPs” (Perlon, 2009), una para Harmonia & Eno, otra para Invasion, que le aproximan aún más a su latente vena illbient, muy cercano a los experimentos etno-dub que hace una década practicaba el neoyorquino Badawi. Otro, Guido, que desde Bristol está trabajando en un dubstep orquestado, lujoso de ritmo y texturas, con cuerdas sintéticas punteadas y progresiones armónicas asombrosas, y que ha vuelto a elevar su listón –y lo tenía difícil después del neo-garae del “Way U Make Me Feel”– con la doble cara A “Chakra / Beautiful Complication” (Punch Drunk, 2009). Muy cerca de ese post-garage algo IDMizado, ya lo hemos dicho mucho por aquí, está FaltyDL, otra de las revelaciones del año, que lo cierra con otro maxi ( “Party”, en Ramp Recordings) al que no le sobra ni el borde del vinilo. Es algo más decepcionante el 2x12” que ha firmado el también bristoliano Gemmy para Planet Mu, más predecible en su lectura del dubstep a partir de melodías de 8-bits, pero quien no decepciona en absoluto es Ikonika con su regreso doble ( “Sahara Michael / Fish” en Hyperdub; “Smuck” en Planet Mu), wonky que se deshace en breaks impredecibles y astillados –es difícil predecir hacia dónde va el último golpe, el que completa la secuencia rítmica– y engorda a partir de notas largas de equipo analógico desgastado: talento, oficio y personalidad, la fórmula mágica para que se nos levante la oreja.3. Como no hay mucho espacio, tres de los discos importantes de la cosecha del mes en materia urban a la manera inglesa se tendrán que ir a críticas –prometido–: la total reconstrucción que del debut de Dusk + Blackdown ha hecho el productor de Sheffield Grievous Angel ( “Margins Music: Redux”, en Keysound Recordings), el relajado “Ecstasy And Friends” de Lone en Werk y el esperado nuevo álbum del trombonista Bass Clef, “May The Bridges I Burn Light The Way”, en Blank Tapes. Y de la sesión que ha entregado Scuba para Ostgut Ton, “Sub:Stance”, como no se publicará hasta enero, mejor hablamos el mes que viene, que merece mucho más que un par de líneas rácanas. Y como el solo nombre de Ostgut Ton ya nos hace pensar en techno del mismo modo en que Jesús Gil nos hace pensar en obesidad y dios, hablemos de techno. Pardiez.Mucho revuelo hay ahí fuera con el sexto volumen de la misteriosa serie Seldom Felt, que se plancha en white label con tampón identificativo y de la que se especula mucho y no se sabe nada. Al respecto, uno considera que la mejor respuesta sería parecida a la que dio el maestro Arcadi Espada cuando comentó el editorial conjunto de doce periódicos catalanes titulado “La Dignidad De Catalunya”: como si en Seldom Felt fuera la primera vez que se publica un maxi descomunal, capaz de crear una tensión extasiante –e incluso una emoción, pues este sexto volumen tienecapas ambientales badalamentianas, progresión épica y chorrazo de acid– en el club.Sin embargo, permanece abierto el enigma de la identidad, el saber quién demonios es/son/se esconde tras Seldom Felt. Avisamos de entrada: “Implantes de silicona” no tiene la respuesta, o al menos no la respuesta completa. Sí tiene, en cambio, parte de ella. 1. Seldom Felt no es un artista único. 2. Seldom Felttampoco es un grupo de productores trabajando en red, a pesar de que su carta fundacional indica que es una colaboración entre entes alemanes e ingleses. 3. Seldom Felt, supuestamente, es un subsello de Permanent Vacation, la marca de Hamburgo especializada en space disco y nuevo balearic house. 4. Por tanto, Seldom Felt lo dirigen Benjamin Fröhlich y Tom Bioly, que gracias a su aparente devoción por el house al 100%, han conseguido esquivar las sospechas que les pudieran relacionar con un sello techno que suena más bien a lo que pincha Marcel Dettmanna las cinco de la mañana. A partir de aquí, todo vuelve a ser borroso, y que conste que todo es una conjetura basada en diversos soplos no del todo contrastados –y puede que hasta lanzados para intoxicar: luego uno va a la web de la cosa y resulta que puedes contratar a Seldom Felt para pinchar en tu pueblo si se deja–. Si no, entonces, está la otra opción: aparentemente, desde Permanent Vacation se iría sugiriendo a artistas de la casa y otros de los alrededores –y, por qué no, a gente tipo Ben Klock, Surgeon o Silent Servant– que entregaran temas con la promesa de máxima discrección y anonimato y la web y el email ( seldomfelt@gmail.com) son sólo una tapadera. Quizá nunca sepamos quien ha grabado cada uno de los doce temas de los que se compone la serie, pero con estos datos igual podemos ampliar las conjeturas entre todos. Quien tenga nuevos indicios y los quiera compartir, bienvenido será (por si acaso: javierblanquez@gmail.com).

Por lo demás, la escena de baile global y de consenso sigue dominada por el house. Una lástima, porque este house post-minimal y de barniz deep –ritmos suaves e insistentes, algún acorde jazzy, una nebulosa de sintetizador flotando– todavía ha sido incapaz de romper su propia mediocridad y dar con un lenguaje propio y nuevo, en vez de uno refrito y agotado, clones de sellos como Guidance, la parte más sosa de Yoshitosh i y tal. A veces se intenta, pero por cada minuto que puede encender una luz de alerta hay cuarenta de bostezos.Toda esta idea está perfectamente resumida en “Dance Baby” (Diynamic, 2009), el LP que por fin ha publicado Solomun tras unos pocos años mareando la perdiz con maxis, remixes y sesiones de seda y Rhodes, house de alta costura que comenzó prometedor y que ha acabado anquilosado en un respeto inmovilista por el pasado: pads de Detroit y un toquecito funk, buscando clase y tradición para acabar lanzándose a la asepsia de lo que el mercado de DJs clónicos exige (y quedándose a medias, encima). ¿Hay salida en este callejón? Si por salida se entiende retroceder sin pudor, sí lahay. Por ejemplo: “Thomas Hammann & Gerd Janson Live At Robert Johnson” (Live At Robert Johnson, 2010), disco de sesión que se publica en pocos días, tira de material viejo a tutiplén, y sin embargo sigue sonando vigente porque el house actual, perezoso y patán, no ha querido evolucionar: Chez Damier, DJ Duke, Juicy Fruit, Dr. Nobody, entre el sonido Chicago jackin’ y el más elegante y frío del sello sueco Svek. O los lanzamientos sostenidos de Mathematics, casa de Steve Poindexter que resiste en la furia sucia del acid y el equipo analógico que publica de golpe un recopilatorio de sonidos artys de 303 ( “Music From Mathematics”) y un álbum furioso que recopila back catalogue y nuevas piezas de Hieroglyphic Being ( “So Much Noise 2 Be Heard”). Pero todo esto está bien como arqueología, no para conquistar el futuro.Clavos ardientes a los que agarrarse en estos tiempos de zozobra: el regreso del siempre fino David Moufang, alias Move D, a su otro alias clásico, Reagenz –junto a Jonah Sharp, alias Spacetime Continuum–, que ofrece “Playtime”, un álbum en el sello Workshop, asociado a la tienda berlinesa Hardwax, de bleep-house minimalista, profundo, de melodías esbozados e intenciones mesméricas. Si el 2008 de Moufang fue redentor, recuperando su mejor estado de forma desde el “Cymbelin” que firmó para Warp en 1996, el 2009 lo acaba a la altura: su figura ya sólo se extiende hacia la atemporalidad intocable, el respeto debido a los grandes, un camino que tendría que ir pensando en seguir ya –está en ello, “Ten Thousand Hours” lo indica– el irlandés Donnacha Costello. El otro clavo ardiendo es el estreno homónimo de Aufgang en Infiné, o sea, Francesco Tristano y Rami Khalifé golpeando pianos y cajas de ritmos en un imposible cruce entre música contemporánea e himnos de club deconstruidos. De esto habrá crítica, no queda otra.4. Para el ambient nunca pasa el buen momento. Siempre que se busca una atmósfera que llene el espacio del salón de estar y lo cubra –lo aísle– con una burbuja de paz, tensión o misterio, aparece un disco ideal. El problema es que se edita mucho, y separar el grano de la paja implica un esfuerzo añadido, pero en el ínterin entonces es cuando te topas con la remezcla que le ha grabado B iosphere a The Sight Below en el maxi (transparente) “Murmur Ep” (Ghostly, 2009) y te entran ganas de escribir sonetos de amor. O el majestuoso regreso de Markus Guentner en su línea pop ambient, esta vez no para Kompakt –que se habrán dado cuenta de que el ambient no vende tan bien como el neo-trance de garrafa y le habrán dado puerta: crisis de mierda–, sino para Sending Orbs, el sello de Kettel, y del que tendremos que hablar bien en otro momento y otro lugar (para los impacientes, consignamos el título: “Doppelgaenger”; es para mear y no echar gota).Es curioso también comprobar cómo la joven generación alemana que se lanzó al techno-dub tras los pasos de Echospace ya se ha olvidado del latido techno y se ha centrado prácticamente en exclusiva en las oleadas de sonido manso. Bvdub ya hace tiempo que se ha olvidado del bombo y se concentra en un ambient paciente y graba discos limitados a 300 copias en CD –con una fotografía de arrecifes, revelada en laboratorio, como portada– con varios temas de quince minutos que transmiten serenidad. Pero ahora, de golpe, también lo han hecho Atheus –con “Soundscapes And Drones” (Ghost Sounds, 2009)– y Sven Weisemann –con “Xine” (Wandering, 2009)–, que de paso añade delicados pianos neoclásicos a su ambient generoso en nitrógeno.Y, sin embargo, ninguno de ellos consigue hacerle sombra al disco ambiental más fascinante del mes, al menos por la historia de fondo que oculta y que aparece generosamente explicada en su libreto interior. Lo cuenta Jonny Trunk: durante años, algunos amigos coleccionistas le habían hablado de lo mágico que era un disco que, por azar, fueron comprando en saldos, la banda sonora de la mítica serie de naturaleza Life On Earth que emitió la BBC en 1979. Se tiró un tiempo indecible buscando el vinilo sin éxito, como si no existiera, como si alguien hubiera diseñado una broma cósmica para tomarle el pelo, hasta que un día encontró una copia nueva en la colección privada de un obseso de la library music –bandas sonoras de películas y demás audivisual de los sesenta y los setenta– que se vendía de golpe hasta 500 vinilos. Jonny Trunk los compró todos, se deshizo de 499 y se quedó con “Life On Earth”, un trabajo orquestal de texturas mohosas y desdibujadas que, por las conexiones desde el pasado que tiende con la obra posterior de Boards Of Canada –sin los beats; sólo las atmósferas que hacen pensar en una selva en tonos sepia–, merecía una reedición, que es la que ahora se puede encontrar con la foto de una rana – copyright de Richard Attemborough, poca broma– en la portada.La columna acaba este mes con algunas pinceladas de arqueología, al hilo del enigma y la fascinación que despierta “Life On Earth” –pieza ya incluida en el creciente catálogo de música ‘hauntological’ de este año–. Rescata un pasado espléndido la antología de Shut Up And Dance en tres CDs comprendida en “How The East Was Won. 1989-2009”, crónica exhaustiva del dúo del unificó los lenguajes del hardcore, el ragga, el techno y el drum’n’bass en los orígenes de la cultura rave, y que se ha mantenido con los años firme e irreductible, como una respuesta inglesa, negra, modesta y con breakbeats de la guerrilla techno-futurista Underground Resistance de Detroit. También podemos escuchar el diálogo entre el pasado y el presente, en materia cósmica, que productores como Roberto Rodriguez, Hot Toddy, Nelue, The Outrunners o Mugwump desarrollan en el flotante y pellizcado volumen recopilatorio “Cosmic Balearic Beats vol. 2” del sello Eskimo, que vale hasta el último céntimo de euro pagado por él. Y no nos iremos de aquí sin señalar que el regreso de la eminencia Greg Wilson, insigne coleccionista de antiguallas, DJ a la vieja usanza y maestro del editing, en el disco “Credit To The Edit Vol. 2” (Tirk, 2009), secuela de una pieza de arqueología disco publicada en 2005 y que ahora se enriquece con edits de temas nuevos – “Don’t Turn It Off”, de 40 Thieves, o “Starlight”, de Escort– junto con otros vibrantes e ingeniosos de Roxy Music, A Guy Called Gerald (un “Voodoo Ray” de nueve minutos con salpicón de 303), Klein & MBO (nunca se cansa uno de “Dirty Talk”, aquí en instrumental) o el grandioso “Messages” de OMD. Habrá que hacer presión para que este hombre venga al Sónar (y ya, por pedir, también una reunificación de Alice Deejay). Mientras tanto, con Dios y por la sombra.

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