Columnas

Implantes de silicona

Música electrónica en vena mes a mes

Implantes de silicona Por Javier Blánquez, imputado en el sumario de la trama Gürtel

1. Estos últimos días han ardido los foros y las páginas web de chuminadas electrónicas, y todo porque a Richie Hawtin –divino, enflequillado yminus/válido (entiéndase esto último como a cada uno le dé la gana)– no le dejaron entrar a mediados de octubre en el club berlinés Berghain. Unos le dijeron “tú no, que alborotas”, y el otro manifestó su rabieta vía Facebook para que le aplaudieran sus palmeros. Todo muy de bostezo, esto de no dejar pasar a ex-Plastikman. Por un lado, a uno le parece normal: el derecho de admisión en ese templo del techno moderno –en el que también se alberga el Panorama Bar y un cuarto oscuro en el que se permite el fist-fucking– es más duro que en los reservados del restaurante madrileño Jockey –si te oyen hablar en español lo llevas crudo, y si armas jaleo también–, y tanto da que te llames Richie Hawtin o Mario Gas, si no te quieren por lo que sea, no entras. Por otro lado, a uno le parece también mal, porque negarle la entrada a Hawtin –que estaba en la guest list de Dubfire, el DJ invitado aquella noche en el garito favorito de las musculocas–, y más cuando todo el mundo sabe de qué color se tiñe el pelo, huele a estratagema publicitaria: somos auténticos, nos viene a decir esta jugada, aquí somos un club underground sin privilegios, cuando todo el mundo sabe que Berghain lo tiene todo de súperclub comercial –con un cartel cojonudo cada finde, por otra parte– y nada de enclave clandestino. O sea, una maniobra de chusco márketing.Todo esto se puede resumir en una sola idea: lo que durante años hemos llamado “minimal” –que es en realidad un continuum estético y un inacabable enjambre de microetiquetas y matices– acaba de quemar otra nave y cada vez más se acerca, con inexorable rapidez, a su colapso. Un colapso dilatado y aplazado en el tiempo, que no acaba de llegar, pero que en el proceso está llevando al cambio de paradigma, si es que no estamos ya, por fin, en él: si ya no se puede confiar en Berghain –que con este gesto se confirma como marca, y no como resistencia; expulsar a Hawtin es branding, no integridad–, es que definitivamente hay que mirar a otro lado. El propio techno, de hecho, lo ha venido haciendo tímidamente y cada vez más: tras haber superadolas fases del microhouse, el macrohouse made in Colonia –o neuKöln–, el Detroit 2.0 y el vulgar rescate del deep house en un contexto minimalista y tracky, por fin es cuando la escena alemana empieza a mirar hacia Inglaterra. Es la escenificación del cambio de posición del eje.A servidor le parece significativo que la escena tech-house centroeuropea cada vez se apoye más en los ritmos quebrados y una sensación deep asociada al UK Funky –al que, en adelante, llamaremos por fin funkstep gracias al acierto terminológico de los chicos de XLR8R– que no a su explotadísima endogamia. No es un fenómeno nuevo, pero ya no es marginal ni ocasional: la inclusión de Untold junto a Surgeon en las remezclas del “Sea Monkey” (Bpitch Control, 2009) de Modeselektor es tan significativa como que el sello N.E.W.S., patriarcas del techno belga con larga historia de nostalgia transatlántica, cuente con remixes de Starkey y Zomby en el debut de un misterioso artista con amor hacia Chicago como es The Brown Acid. Que los ingleses –todos ellos renegados del wonky, el dubstep o el funky– ocupen plazas tradicionalmente reservadas a europeos o gorilas de Detroit puede entenderse como un síntoma de cambio. Molaría.Porque lo que sucedió hace un año fue que mucha gente del gremio dubstep miró hacia el techno –cuanto menos al profundo y envolvente de Basic Channel– y nos alegraron las navidades los mejores maxis de Shackleton, A Made Up Sound, Scuba y Martyn. Todos ellos están, meses después, en un momento envidiable: Shackleton debuta en álbum con “Three EPs” en un sello minimal con solera como Perlon –la crítica para esta web está al caer y ahí se dirá lo que le corresponsa en extenso–, Martyn este mes remezcla con tacto y profundidad “Seven”, de Fever Ray, y “Roberta Flack”, de Flying Lotus, A Made Up Sound se transmuta de nuevo en 2562 para grabar el segundo álbum –léase más abajo– y Scuba justo acaba de lanzar un doble maxi, “Aesaunic” (Hotflush, 2009), que refuerza el cambio de registro de Paul Rose, el desplazamiento de un dubstep voluntariosamente etéreo y cannabáceo como era el de los comienzos de Hotflush, hacia un techno de grano grueso, bombo líquido y filias detroitianas que tarde o temprano conseguirán que al sello se le incluya dentro de una posible movida “intelligent”, como si Hotflush fuera el equivalente dubstep a Good Looking en el antiguo drum’n’bass –el nuevo maxi de Sigha, “Rawww”, que está más cerca de Echospace que de Kode9, puede ser otro argumento a favor–.Pero si hace un año mucha gente del dubstep miró al techno –y ahí también añadimos a Ramadanman o Appleblim–, a dios gracias ahora empieza a producirse el giro inverso. Los cerebros más aventajados del techno, o al menos los que ya se han cansado de lo de siempre, han movido ficha. Y lo que nospermite madurar esta idea, y concederle valor, es la mezcla pantagruélica, hipnótica y panorámica con la que el empresario, DJ y productor Will Saul ataca su aportación a la serie de discos de sesión Balance, por la que previamente habían pasado James Holden, Luke Fair o Joris Voorn. El empeño de Will Saul por ser importante en esto del tech-house viene de lejos: queriendo ser el más alemán de los londinenses, fundó los sellos Simple Records y AUS para dar salida a tracks de 4x4 con un giro envolvente o cuidadoso en la producción, fichando a gente nueva como Tam Cooper o Motorcitysoul ydándoles remixes de la gratin gratiné del bombo no-cliché de cada momento, ya fueran Mathew Jonson, Efdemin o Prins Thomas en estado de gracia. Will Saul demostró criterio, ojo avizor y oído fino, y cuando el dubtec –dubstep + techno-dub a la berlinesa– adquirió peso en la escena electrónica encargó temas a Martyn y Appleblim para la recopilación “Simple Sounds” (2007), con la que celebraba cuatro años luchando por ser alguien. Ahí fue cuando lo consiguió.

Con “Balance 015” (EQ Recordings, 2009), Will Saul quiere dar un puñetazo sobre la mesa y lo consigue. Insiste en ser el selector perfecto, el árbitro del buen gusto en el clubbing londinese –al menos el que viene dictado por el top de ventas de la tienda Phonica–, y su viaje de cuatro horas, como si fuera una sesión de club completa y no sólo una polaroid de un segmento al azar del contenido de una noche, parte del synth-pop y el slow-house –Junior Boys, I:Cube, Lawrence– para ir explorando terrenos baleáricos –Chromatics, Kerrier District, Sally Shapiro–, minimal house –DJ Koze, Villalobos, Isolée– para dedicarle un bloque de casi una hora a ese post-dubstep que mola, el de Geiom ( “Reminissin’”), TRG ( “Broken Heart”, en remix de Martyn), Pangaea, Pearson Sound, Zomby y, cómo no, Burial. Aunque sea por aplastamiento, “Balance 015” es candidato a DJ-mix del año.

2. Aunque parezca una obviedad decirlo, el dubstep –bueno, lo que viene después, ese magma de ideas en buscar de concreción–, por sí mismo, también se mueve y encuentra formas y genera mitosis. La primera corriente fuerte es la del post-burialismo, si se nos permite decirlo así, que se entiende mejor. A todo lo que ya ha llovido este año –álbumes de Silkie y Clubroot, maxis apoteósicos de Pangaea–, habría que sumar tres puntos de inflexión interesantes en los que se percibe la influencia indisimulada de Burial y su “Untrue”. Uno sería el de “Unbalance” (Tectonic, 2009), segundo álbum del holandés Dave Huismans, también conocido como A Made Up Sound, otra vez bajo el alias 2562. Quizá el punto de inflexión no lo sea para la escena en su conjunto, pero sí para él mismo: mucho más pausado y meticuloso que el anterior “Aerial” (Tectonic, 2008), que era como una colección de pedradas, “Unbalance” es una aproximación madura a Berlín y a lo que ha significado el techno posterior a Basic Channel, con latigazos de dub en la línea de flotación, a la vez que muchas atmósferas y breaks brumosos le rinden cuentas al “Untrue” de Burial, álbum justamente merecedor –en lahumilde opinión de este amanuense– del número 1 de la década según esta publicación en código binario.

Los otros dos puntos de inflexión llevarían los nombres de Burnkane –novísimo y algo intrigante proyecto que debuta en Planet Mu con el maxi “You Know”, que llega de Washington y suena como mezclar a Burial con algún tipo de R&B vacilón, tipo The Neptunes– y, sobre todo, el de Darkstar. Desde que se anunció la próxima salida del álbum de James Young y Aiden Whalley, dos instintos básicos se le han pasado a uno por la cabeza. El primero, ir al mercado a comprar langostas y un champán añejo para celebrarlo con una comilona y una borrachera cara; el segundo, ir a decirle a Kode9 a la cara que es un cabrón por haber encontrado de nuevo, y haberse llevado al huerto de Hyperdub, al nombre que marcará la diferencia en los próximos meses. El caso de Darkstar podría ser equivalente en 2010 al de Burial: nombre del núcleo duro del dubstep que transciente a la esfera generalista. Por ahora, todo esto lo hace presuponer el mayestático “Aidy’s Girl Is A Computer” (Hyperdub, 2009), tema que nuestro compañero Juan Pablo Forner acertadamente definió como la canción que le saldría al ordenador HAL9000 si intentara cantar una del “Kid A” de Radiohead.Al ver la portada del maxi –que es un monolito, como el de la película “2001. Una odisea en el espacio”–, no puedo más que verlo claro: este tema es soul computerizado, nuevo pop urbano o rock de vanguardia tamizado por un dubstep altamente emotivo, pero lo que sí es seguro es que se trata de algo novedoso, rompedor y fascinante. El único miedo sería que “Aidy’s …” hinchara demasiado el globo: del álbum ya sólo se puede esperar una obra maestra; cualquier otra cosa sabría a poco.Por si acaso, la escena experimental underground británica guarda otras posibilidades, y es que el funkstep es otra mina de la que empieza a salir oro. Apunten nombres como Hyetal, el antes mencionado Untold, pero sobre todoenmarquen con rotulador rojo los de FaltyDL, que acaba de entregar otro CD de post-garage/IDM similar al incluido en “Love’s A Liability”, aunque con un giro algo más oscuro ( “Bravery EP”) y, sobre todo, el de Joy Orbison. Lo de citar a Peter O’Grady, sospechamos, va a ser una constante en los próximos meses: lo de “Hyph Mngo” –fusión celestial entre Omni Trio y MJ Cole– no ha sido flor de un día, y a los dos nuevos cortes incluidos en el nuevo maxi para el sello Doldrums ( “J.Doe / BRKLN CALLN”, en los que vuelve a apreciarse su gusto por el sonido americano de voces sincopadas ytexturas húmedas inspirado en Todd Edwards), hay que añadir el remix para el “Blackmagic” (Brownswood) de Jose James: más stacattos de piano amortiguado, cuerdas sintéticas, voz de garage sexuado y épico y una densidad sonora propia del viejo UK Garage que se materializa en pura pasión. Lo de Orbison podría ser discutible en su nombre, pero no lo de Joy.

Última recomendación en este bloque inglés: Kowton, nuevo descubrimiento de Martin Clark, alias Blackdown, y recién fichado para el sello Keysound Recordings. Vive en Bristol, arrancó en el dubstep y ha ido girando su sonidohacia una propuesta uptempo, de cajas y chasqueos house –eso es “Stasis (G mix)”, la cara A de su maxi–, y de una insobornable dirección techno en “Countryman”, una cara B de 4x4 marcial, adornos fríos y notas cortantes que lleva la fusión dubtec un poco más lejos: ya no se trata de unir dubstep con el sonido Berghain, sino de entroncarlo con el minimalismo helado y chirriante de Sleeparchive a la par que con la intención rave de Zomby. Kowton cita en particular al misterioso proyecto techno Ancient Methods como influencia. ¿Vuelve el otro minimalismo, el serio, el que nace de Mika Vainio,Plastikman y Robert Hood y se renueva en Sleeparchive? Posiblemente: Mika Vainio ha vuelto al 4x4 en un nuevo maxi para Raster-Noton –en una serie en la que también hay otro vinilo oxidado y molesto, y por tanto necesario de comprar, firmado por el antes más gáyer Aoki Takamasa–, pero si alguien puede marcar la temperatura de este rescate del Berlín meets Escandinavia, esos son James Ginzburg y Paul Purgas, o sea, emptyset. No hay que olvidar que Ginzburg ha colaborado con Joker y fundado el sello Tectonic –ADN dubstep, como Cesc Fàbregas tiene ADN Barça–, pero tampoco que viene del techno de hace una década. El álbum, escueto, no llega ni a los cuarenta minutos, pero reparte cera afilada, pulsos glaciales y marca una tensión propia de Surgeon.

3. Es en este punto en el que la columna se nos vuelve regresiva y pelín carca. Muchas de las pistas anteriores, si no nos engañan, conducen a futuros posibles, estériles o fecundadores como Arturo de Gran Hermano –eso ya será una cuestión de suerte–, pero las que vienen a continuación hablan del pasado como inspiración para mantener un statu quo estético o, directamente, como barómetro nostálgico. Y, sin embargo, ha sido un buen mes para esa rama conservadora y archivista del techno que conocemos como neo-Detroit, o donde la nueva savia europea bebe los vientos por los antiguos trabajos de UR, Carl Craig y Stacey Pullen, siempre con un puntito de romanticismo y elegancia continental, evitando toda la parte guetto. Todo lo que ha estado publicando el sello holandés Rush Hour, en ese sentido, es como para quitarse el bombín: la trastienda del pequeño establecimiento de Amsterdam –poco impresionante la primera vez que entras, es una caja de cerillas y huele a monte; luego husmeas en sus cubetas y, claro es, todo vale la pena, no hay ni un maxi de relleno– nos ofrece de una tacada una recopilación del catálogo integral de Balihu, el sello con el que, a mediados de los noventa, Daniel Wang comenzó a trabajarse el revival disco –mucho antes de que Metro Area firmaran “Miura”–. También nos trae un enjundioso debut de Tom Trago, “Voyage Direct”, que bascula entre el neo-Detroit de manual y unos intrigantes giros hacia el funk sideral y el hip hop wonkyoide, y, sobre todo, una recopilación que merece ser dada de comer aparte.

Se trata de la segunda entrega de la serie “Beat Dimensions”, centrada en precisamente esto último que citábamos: la relación entre las atmósferas del techno especulativo y los beats de hip hop, algo que en cierto modo podemosidentificar con “wonky”, y que en este CD muestra a viejos conocidos y nombres debutantes de la ciencia rara del break, algunos recuperados de la bruma de los tiempos (coño, resulta que Danny Breaks sigue vivo), otros de las mazmorras de la IDM (¡Exile!), algunos desconocidos para quien esto firma (me encanta el nombre Dalt Wisney, y gentecomo Erik L o Kenlo Craqnuques tienen buena pinta), así como otros que son habituales en este tipo de saraos post-Dilla como Dorian Concept, Nosaj Thing, Mike Slott, Mono/Poly o Dimlite. A la altura de “7x7 Beat” (All City, 2009) y el recopilatorio “Wild Angels” de Mary Anne Hobbs, por lo menos. Quien no sale, porque tiene por fin nuevo álbum ( “Butter”, Warp, 2009) del que hay que hablar largo y tendido en una crítica, es Hudson Mohawke.

También tiene álbum, y ya lo avanzamos aquí, Redshape: merecerá otra crítica in extenso. Y es que lo neo-detroitiano ha destapado el tarro de las esencias otra vez y sin avisar, tras unos meses de leve modorra. Patidifuso le ha dejado a uno “System” (Prime Numbers, 2009), el debut en largo del escocés Linkwood, uno de esos agentes discretos del deep house espacial y el techno de ribetes clásicos que han ido configurando un catálogo de delicias en silencio, sin armar ruido: funk sideral, dub-techno, homenajes a Carl Craig, leves gotas de acid, todo ello condensado en un álbum con más elegancia que el armario ropero de Arturo Fernández. Tan bueno es que ya entran ganas de catar “In The Red”, el nuevo álbum de su jefe y propietario de Prime Numbers, Trusme –o sea, David Wolstencroft–, el gurú también silencioso de este renacer gallardo del deep house en Inglaterra.Pistas: si te gusta el house que hace pumpin’ pumpin’, con un brochazo de grosor a la vez que con una finta de clase, “Bird Brain” (Dirtybird, 2009), el nuevo álbum de Claude Vonstroke, es recomendable desde todos los puntos de vista, hasta las esquinas del cartón tienen algo. Si te gusta el electro, no te pierdas ni el nuevo maxi de TVO –alias The Village Orchestra–, titulado “The Starry Wisdom” (Highpoint Lowlife, 2009) y dedicado a H.P. Lovecraft y sus monstruos de las grietas siderales, o si no tampoco pases por alto “Geometry”, la nueva recopilación servida por Andrea Parker para el sello Touchin’ Bass. Si lo que te gusta es levantar el puño y dar saltitos en el dancefloor como una choni, “Throw It Back (We Will Destroy You)” (Border Community, 2009) de The MFA no está nada mal –en especial la remezcla de Luke Abbott–, aunque está claro que lo que piden las calles es, de una puñetera vez, un álbum como dios manda, un álbum que los amigos de James Holden nos llevan escatimando desde hace cinco años.

Más pistas: dos de los amigos de Prins Thomas, los impronunciables Ytre Rymden Darsskola, tienen LP en las calles: es homónimo, edita el sello Full Pupp, y es ese neo-disco a la escandinava, en la línea de Blackbelt Andersen o diskJokke, por no decir Todd Terje, que tanto te gusta. Y vuelven momias como Bernard Fevre –alias Black Devil Disco Club– con álbum de material reprocesado y trabajado originalmente en los años setenta –o sea, una remasterización como dios manda de “The Strange World Of Bernard Fevre”, original de 1975 y ahora desempolvado por Lo Recordings–. E incluso vuelven cadáveres exquisitos y hace mucho tiempo enterrados como el de Patrick Cowley, padrino del hi-NRG, fallecido en 1982 –fue una de las primeras víctimas del sida entre la comunidad gay que poblaba la escena disco underground americana–, y ahora exhumado por su amigo y colaborador Jorge Socarras, que da a la imprenta en “Catholic” (Macro, 2009) una colección de disco ballads y trallazos de pre-house mutante en las que trabajó Cowley hasta el último momento y que jamás vieron la luz.5. Hay que acabar la columna, ya que estamos en este viaje hacia el pasado, con Kraftwerk. Nada nuevo: por fin sale, este 17 de noviembre, la edición internacional de “The Catalogue” (Kling Klang-EMI, 2009), la caja que reúne los ocho discos que los alemanes han decidido remasterizar para dejarlos en sus ediciones definitivas. Se pueden adquirir por separado –cambian las portadas de “Autobahn”, “Radioactivity” y “Trans Europe Express”; cambian los títulos de “Electric Café” (ahora “Techno Pop”) y “Tour De France Soundtracks” (ahora “Tour De France”)–, y en realidad no hay nada nuevo: sólo mejor sonido, más limpio, más resplandeciente, para que el mejor legado electrónico de todos los tiempos pueda afrontar otros treinta y cinco años de renovado esplendor, influencia y leyenda.

PD: La columna podría haberse quedado aquí, en Kraftwerk, con la dulce miel de “Neon Lights” o cualquiera de sus otras canciones históricas, que ya están más cerca de la prestancia y el aplomo de cualquier música clásica germánica –o sea, los lieder de Franz Schubert– que del bombardeo luminoso del techno. Pero entonces la columna no sería justa con la pieza que más ha sonado en casa este mes –o sea, un gran éxito a la manera de Freire–. Todo comienza con un email misterioso que incluye la palabra Heycid en el encabezamiento. El remitente se presenta como fan de un tal AlbertOne, productor barcelonés enmascarado, que en una tarde de aburrimiento quiso hacer un remix acid del “Hey!” de Julio Iglesias. Lo hizo y se lo tomó indolentemente a broma. Y lo es, una broma, claro que sí. Pero a la vez “Heycid” tiene un extraño magnetismo: cómo se deslizan las cuerdas, cómo entran los claps disco, cómo hacia el final suena una 303 en la línea de Luke Vibert y, sobre todo, cómo de limpia y majestuosa suena la voz de Julio. Esto, no podía ser de otra forma, hay que compartirlo. Como diría el diestro en el coso antes de la lidia, va por ustedes.

Heycid (AlbertOne Edit).mp3

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