Columnas

Implantes de silicona

Música electrónica en vena mes a mes

Rafa Mora Por Javier Blánquez, ujier del Congreso de los Diputados

1. El hombre del mes, eso no se le escapa a nadie con dos dedos de frente, es el indescriptible Rafa Mora. Encantado de haberse conocido, el mazas valenciano no sólo ha popularizado la droga más adictiva del momento –acabar cada frase con ese “nano” típicamente levantino–, sino que ha tenido los arrestros de decirle en persona a la intocable Belén Esteban eso de “retrasada” y tienes una cara que da asco. Y luego, a una importante distancia, viene el segundo hombre del mes, que es Gonzalo de Gran Hermano, el de “tengo un monstruo dentro”, e ipso facto el tercero, o sea, Kode9, la figura principal del dubstep, empresario más influyente de la cosa, DJ con la mano rota, ojeador con la astucia de una zorra –la muy ídem se ha llevado al huerto (editorial) a Burial–, etc.En este mes de octubre de celebraciones –Warp hace veinte años; Ai Records cumple los diez y en este plan–, la casa que dirige Steve Goodman ya ha llegado a los cinco y el regalo de aniversario con el que se descuelgan es de los que lleva un lazo rojo con hebras de oro. “5: 5 Years Of Hyperdub” no es únicamente una panorámica identificativa de los momentos clave en la maduración y solidificación del sonido del sello –la parte histórica se encuentra en el segundo CD del lote, con el remix que Rustie hizo del “Spliff Dub” de Zomby, el toasting cadavérico de TheSpaceape sobre las bases del jefe ( “Fukkaz”, “Ghost Town”) o las luces distantes de Burial, entre otra chicha substanciosa–, sino un estado actual de las cosas gracias al trabajo de A&R y coaching que ha despleado Kode9 a lo largo de todo el año. En otras palabras: le ha pedido a la gente de confianza que le hiciera temas exclusivas, les ha pedido que se dejaran la piel, y el resultado es el recopilatorio del año. Quien se atreva a discutirlo se va a llevar una colleja, así que cuidado.Hay alguien que sí se atreverá: los defensores ciegos del pétreo “Wild Angels”, la propuesta de wonky transatlántico y derivados seleccionada para Mary Anne Hobbs. Hasta hace un mes, en efecto, lo era, pero los defectos epidérmicos del disco de MAH, tales como abusar del material de Planet Mu –que sale gratis–, tirar de temas con un año de vida –el “Zig Zag” de Rustie– y no apostar por tracks exclusivos o anticipos de futuros lanzamientos con miga –serían las prisas– ceden ante la presión y la seriedad del compilado de Hyperdub. Van fuertes y van en serio, y van con toda la artillería pesada del pasado y la infantería valiente del presente. En el momento de escribir estas líneas, dos de los maxis que se habían anunciado con ese material inédito planchado para DJs y coleccionistas aún no han salido de fábrica. Sí lo han hecho los que contienen las pistas de Flying Lotus, Martyn, Joker & Ginz, LD y Samiyam, anticipo suficiente para dar por hecho que, tema a tema, sonido a sonido, bajo gordo a bajo gordo, los cinco años de Hyperdub se convierten en el mejor oráculo para imaginar el futuro inminente de la electrónica off-club: dubtec líquido, wonky, post-grime, beats californianos con vaho, resistencia dubstep y, como guinda, ese inédito de Burial, “Fostercare”, que merece un comentario aparte.2. “Fostercare” es cuando Burial salta al siguiente nivel. Cuando se abstrae del ritmo, que es una cosa que distrae a la juventud y no le deja embelesarse con lo que cuenta: la atmósfera mansa, cristalina pero con el fondo algo sucio, como esos charcos de lluvia reciente en los que un niño ha metido la mano, o la punta de un palo. Y las voces: con esas variaciones de pitch –lento, rápido, que se traducen en grave y agudo– que son marca de la casa, y son veneno para el alma. A los primeros segundos de la escucha da la impresión de que puede ser un descarte de “Untrue” aprovechado para la ocasión, pero conforme avazan losminutos se advierte el aplomo de quien sabe a dónde va: cada vez más lejos del club, cada vez más cerca de la eternidad. El recopilatorio de Hyperdub podría incluir dos horas de mierda y este tema, y aún así habría que comprarlo. Siendo las otras dos horas como son, ya no queda duda. Alguien dirá: ¿y la caja de Warp? Sí, claro, la caja de Warp es dios, es una golosina perfecta, un item de colección, un objeto más erótico que un patito de goma en la bañera, pero como dijo Lao-Tse, o quizá sólo fuera David Broc, “lo importante es lo que está dentro, no fuera”. Y lo que está dentro de Hyperdub, hoy por hoy, es imbatible.

Al hilo de Burial, dos reflexiones. Primera, la huella de William Bevan es cada vez más profunda, y se comprende que hayan tenido que pasar casi dos años para que el sonido “burialesco” se extienda con la marabunta –hay un new cat barcelonés, un tal Abecedari, que se ve que está haciendo un maxi del palo–.Era normal la pausa: es una estética con la que cuesta mucho disimular la influencia, y hay que darle vueltas para que el resultado final se parezca, pero sin parecer una copia burda. “Trooper” (Z Audio, 2009), el álbum de Rob Sparx, es un intento similar al de Clubroot por entrar en esa zona neblinosa del dubstep y conjurar fantasmas, un álbum reposado, abierto, de atardecer de otoño, que sólo se agita en el segundo CD, que es una colección de temas antiguos y remezclas. También se percibe la pisada de la patita Burial en “One Of Us” (Swamp81, 2009), el debut –en dubstep; antes llevaban años dedicados a un drum’n’bass borrascoso y cargado de ambientes– de Kryptic Minds para el sello de Loefah. Kryptic Minds es la unión entre Simon Shreeve y Brett Bigden (este segundo, alias Leon Switch), y éste es otro ejercicio de turbiedad angelical, de ritmos pausados y tensión melódica, al que podríamos sumar –y esto ya no es una coincidencia, sino una corriente imparable– dos de las remezclas que asoman en el maxi “Basic space” de The xx, una a cargo de Mount Kimbie y otra, capaz de hacer mojar el calzón, firmada por Pariah, otros dos renegados del drum’n’bass que han buscado cobijo en el dubstep preciosista. Hubo un tiempo en que muchos grupos pop se revalorizaban gracias a la sabia elección de sus remezcladores. The xx tienen esa buena vista, esa intuición, y demuestran que son especiales.3. De todo esto, se desprende otra observación: no sólo aflora el rastro de Burial, sino que se desentierra el del drum’n’bass. Tras años de ostracismo, ya se puede decir que el género rey en la música de club de los noventa está preparado para un revival. Cómo será ese revival, y cuánto durará, no lo podemos anticipar ahora:lo más probable es que sea un fogonazo revisionista sin demasiada innovación a cuestas –el drum’n’bass agotó todas sus posiblidades en pocos años–, pero pistas como las incluidas en esos álbumes de Rob Sparx y Kryptic Minds, así como las que anuncian RSD y D:Bridge, apuntan al retorno del pálpito a 175 bpms. Del D:Bridge, se puede decir lo básico: productor jungle con guirnaldas que se ha ido arrimando poco a poco a la pausa y a los espacios más abiertos del dubstep sin cambiar de bando, y que le sitúa más o menos en la vanguardia de un género depauperado pero con chispazos, como se aprecia en “Buried Treasure” (¡buried!), el nuevo DJ-mix de DJ Clever para el sello Offshore, jungle con algo de dubstep y productores dubstep probando con el drum’n’bass.

El álbum de RSD ya está un nivel por encima, así que se merece un párrafo: “Good Energy. A Singles Collection” (Punch Drunk, 2009) implica el salto en largo de la escena dubstep de Bristol, y también la reactivación a lo grande de Rob Smith, el mítico pionero del trip hop bristoliano en Smith & Mighty, un pionero que completa un ciclo glorioso de dos décadas cruzando, en un discurso homogéneo, todos sus amores e influencias: dub pesado y veraniego, trip hop adormilado, dubstep sólido y drum’n’bass derretido, un signo evidente de que el continuum rave inglés es una verdad, unespíritu que permanece con los años y que sólo salta de cuerpo en cuerpo, o de estilo en estilo.

4. Esta columna se ha ido amansando con el paso de las líneas. Con RSD la hemos dejado en una zona de brumas, costera, con oleaje agitado y ciclos de marea baja. No es chill out, pero casi. Pero si hay un género protagonista del mes, ese es el ambient, más que el dubstep. Ambient, en cualquier caso, es una palabra que se nos queda ortopédica. Sería más preciso usar esa que Simon Reynolds hace tanto tiempo que maneja, hauntology, que es la que indica el diálogo entre los vivos y los muertos, entre un pasado perdido y un presente confundido en medio de un océano de información que, como el cielo de los galos, algún día amenazará con derrumbarse sobre nuestras desorientadas cabezas. “Hauntology” es música bella con psicofonías de tiempos pretéritos que invaden el espacio emocional.

El nuevo proyecto de Leyland Kirby –durante años, chistoso terrorista de la electrónica digital en V/Vm, desde hace poco volcado en el ambient emocional de The Caretaker–, es un nuevo tratado de espectrología mayúscula, además de un mastodonte de obra que, sin llegar a los extremos de aquel demoledor “Theoretically Pure Anterograde Amnesia”, compuesto de 6 CDs, iguala su nivel de turbadora tristeza. Tres dobles vinilos –que se reeditarán en tres CDs– son los que ocupa “Sadly, The Future Is No Longer What It Was”, un trabajo queya desde el título indica una profunda decepción por el desarrollo de los acontecimientos en nuestro mundo. Es la confirmación de la mentira de la utopía futurista que nos vendieron durante los setenta y los ochenta –en cine, literatura, análisis sociológico y propagandas diversas–, la de los coches voladores, los robots sirvientes, la del ocio como substituto del trabajo –gracias por nada, Luis Racionero–, la de la utopía que, ya ven, no ha sido. Así, en las casi cuatro horas de música que comprende la obra, James Kirby –nombre real del de Manchester– conjura fantasmas y los hace flotar en una espesa maraña de ambientes frágiles y pesimistas cargados de ruido, pero también de toques neoclásicos –pianos, violines– que arrojan sal sobre una herida del alma. La escucha puede ser agotadora –nunca tediosa– si se plantea como una obra completa que exije ser pinchada en vena y apretando el émbolo hasta el fondo, así que se recomienda ir poco a poco, degustan gota a gota de cianuro sónico con paciencia. Pero tanto un chute susceptible de sobredosis como una gotita en la lengua dejan la misma sensación: Leyland Kirby te deja planchado con un audio autoritario, de obra mayor, donde la hauntología, lo neoclásico y el ambient estático se subliman a un paso de la perfección. Habrá que hablar de ello más adelante, a fondo, cuando el pack de tres CDs rule definitivamente por las esquinas.

En una línea parecida –aunque con un trasfondo más abrupto, más post-rave, de ritmos punzantes y escapadas hacia la periferia del dubstep– se sitúa el nuevo álbum de los también encenagados y venenosos Mordant Music, un poco escrito en grafía bengatio ( “SyMptoMs”, se llama, para destacar la doble M que es marca de la casa), y que para no alargar esta columna más de la cuenta, reseñaremos en profundidad en la sección de discos, así como el nuevo argumento que nos ofrece el alemán Klimek ( “Movies Is Magic”, para el sello neoyorquino Anticipate) para ganarse una parcela en el Olimpo. También habrá tiempo en la sección de discos para hablar de él, pero por ahora quédense con este palo y esta zanahoria para empezar a salivar: ambient en el que se confunden orquestaciones tenues y mayestáticas, inspiradas en la larga tradición de los soundtracks para cine, y a la vez intrusismo haountológico de voces y espectros aurales, audio invasor y sigiloso que encanta el corazón.Toda esta profundidad, a veces, deja pequeña otra música más destellante. Parece un hecho que, en los últimos años, el ambient sereno y melodramático le ha comido el terreno, el protagonismo y la aventura del riesgo a la IDM clásica. Sugiere más riesgo, un viaje más intrincado. Eso no significa renegar de la IDM, pero sí es verdad que ha pesado más el revival que la renovación, y más el miedo a romper con una tradición que a reinventar el futuro. El sello Ai Records, hace diez años, estuvo en la línea de salida de la que podríamos llamar “segunda generación del intelligent techno”, sobre todo por el pequeño hype que protagonizó Claro Intelecto. Más próximos a New Electronica o GPR que a Warp, los artistas de Ai Records espolvoreaban electro y techno a la inglesa, con colchones ambientales meditabundos y cierta turbulencia rítmica. Una década después, nada ha cambiado: algunos artistas se han ido –Claro Intelecto, Jacen Solo– y otros nuevos han ocupado su lugar, como los habitantes de la Casa Espía se acaban colando en la Casa 11: serían Datassette, EOC, Plant43, que en “When I Was Ten” celebran la efeméride, y no menean las cosas: IDM tan buena como siempre, y tan inmobilista también.5. La otra palabra del mes es trance. No tanto por el efecto sedante –y por tanto con los ojos en blanco y el espíritu traspuesto– que produce “The Setting Sun” (echospace [detroit], 2009), álbum que firma Stephen Hitchell (Echospace, DeepChord) esta vez bajo el alias Variant, con el que roza la new age angelical y apasionada del mismo modo en que Brock Van Wey (alias Bvdub) lo hacía en “White Clouds Drift On And On”, surcando un mar de algodón. No, aquí la idea de trance es la misma que en los años noventa, cuando sellos como MFS o Rising High partían la pana, cuando había una sensación de viaje odiséico, aventurado y con requiebros, con la pasión y el barroquismo de la música que no quiere ser difícil, pero quiere ser voluptuosa, épica y generosa. “Trust”, el nuevo álbum del japonés Kaito en Kompakt, no defraudará a quienes ya le habían añadido a su agenda de productores a reverenciar: otro tratado de amor paterno-filial –todo en Kaito es música que Hiroshi Watanabe dedica a su hijo, Kaito Watanabe– con arreones y subidones encajonados entre ambientes de seda, pianos que fluyen como arroyos y melodías con estallido final, una celebración de felicidad y ritmo que, cuanto más melosa, más arriba sube. De Kaito habrá que hablar más adelante, el espacio se achica y las ideas son muchas. Del mismo modo en que merecerá un comentario más en profundidad –calculamos que unos 6.000 caracteres escritos al estilo Francisco Umbral en su época “Historias de amor y de viagra”, con la bandera de carne bien izada– este cruce entre space rock a lo Spiritualized con trance a lo Cosmic Baby o The Hypnotist que se cuece en “Tarot Sport”, el segundo disco de Fuck Buttons producido por Andrew Weatherall.Como siempre, la actualidad da más de lo que permite una concentración de ideas como la contenida en esta columna que, mes tras mes, se queda siempre más corta que el pito de Torbe. Hay muchas ideas que hay que exponer telegráficamente: Circus Company, uno de los sellos de house más personales de la década –siempre con un punto humorístico entre el virtuosismo digital propio de la escuela electrohouse ketaminera–, celebra cinco años bien aprovechados en Snuggle & Snap”, con temas de Ark, D.O.P., Nôze, Guillaume & The Coutu Dumonts, Dave Aju y otros sospechosos habituales. En el negociado wonky, cada remezcla que hace Zomby es un pepino, y ha debutado con un álbum merecedor de elegios –siempre y cuando nos guste la abstracción hip hop, que va a ser que sí– uno de esos descubrimientos que Mary Anne “Pegaso” Hobbs se va sacando de la chistera de vez en cuando: Architeq, con “Gold + Green” (Tirk, 2009). Andrea Parker ha vuelto a reunir lo más robótico, destartalado y frío del catálogo de Touchin’ Bass para servirnos en copa de plata “Geometry”, una recopilación –temas de Bitstream, The Wee DJ’s o Doctor Evil– que te deja los sesos como un cubo de Rubik. Y, en la guerra de los clubes berlineses, la mujer de Panoramabar, Tama Sumo, se impone con un DJ-mix de deep techno y deep house ( “Panoramabar 02”, Berghain, 2009) al también set housero, pero más trendy, de Sebo K en “Watergate 04”. Aunque para mix, el de Modeselektor para Get Physical, “Body language vol. 08”, que es un perdigonazo serio. Pero de esto se hablará el mes que viene, o en crítica, o por paloma mensajera, porque todo no cabe y, encima, el mes que viene tiene que llegar la caja de Kraftwerk. Mientras tanto, sed buenos, pero no idiotas (Mejide dixit).

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