Columnas

Implantes de silicona

Música electrónica en vena mes a mes

Por Javier Blánquez, tertuliano de “Sálvame diario”

1. Ha sido un agosto horrible. En mi sofá hay, además de un bulto en el asiento con la forma de mi culo, varios lamparones de sudor estratétigamente situados en el cabezal, el reposabrazos y otras zonas de contacto epidérmico, y que requerirán de una limpieza con oxígeno activo, a fondo, para que en el futuro la tapicería no apeste a zorruno –el producto ya ha sido adquirido en la droguería, pero aún hay que esperar a que baje el calor–. A eso íbamos: el calor. Este año ha rozado niveles insoportables –razón de más para exigir, como Sostres, un frío espantoso, civilizado, todos los días del año, todos los años de nuestras tristes vidas; sudar como un cerdo no es el plan, digan lo que digan–, y sólo se ha podido mitigar la tortura de Febo con algunos de los mejores pasatiempos a nuestro alcance. Uno: la pelea a brazo partido entre Jimmy Giménez Arnau y Pipi Estrada, que acabó con el primero en un quirófano con los dos talones de aquiles a la altura de la próstata y con el segundo expulsado de “Sálvame”, el mejor programa de la tele ahora mismo. Dos: el culebrón Coto Matamoros, su tatuaje maorí en la calva, su amenaza de suicidio y su espantá final, con entrega a las autoridades en Barajas y su ingreso en talego. Tres: el pique entre Mila Ximénez, alias ‘cigarros doblaos’, y el diestro Jaime Ostos, que le acusó de corrupción de menores y tráfico de drogas en Marbella en los años de esplendor de los jeques árabes. ¿Qué une a todo esto con la actualidad electrónica, tema que desarrollamos en esta columna? Fundamentalmente, el regreso del quillo a nuestras vidas, la mala educación y la delincuencia, la mala gente haciendo cosas que nos molan. Si lo mejor del verano han sido las trifulcas catódicas, entre lo mejor del verano musical también está el regreso del grime basto y hediondo.En realidad, sería inadecuado hablar de regreso, puesto que el grime nunca se ha ido: perdió fuelle e incidencia, incluso originalidad –las razones ya se han explicado mil veces y éste no es lugar para volver sobre nuestros pasos–, pero de vez en cuando siempre afloraba algún chispazo, se encendía una baliza que nos instaba a permanecer alerta. Cuando hablamos de grime, lo hacemos en grado superlativo: no nos interesa ya mucho si Dizzee Rascal se junta con Calvin Harris o Armand Van Helden –bien por sus bolsillos, pero lo suyo ya es otra cosa–, ni tampoco si Kano sigue con su sueño de ser algún día una estrella del hip hop –que espere sentado–.Incluso hay que admitir que la insistencia de Wiley, ya sea cruzando su minimalismo crudo y urbano con pop o haciéndolo a pelo, está por no llevar ya a ningún lado. Nos interesa, en cambio, la voz con aliento a matarratas y las bases ruidosas de Skepta en “Microphone Champion” (Boy Better Know, 2009) y la nueva generación de canis londinenses (Chipmunk, Ghetto, Frisco, P Money) que, sumada a la resistencia de la vieja escuela (D Double E, Durrty Goodz, Ruff Sqwad), sigue en la brecha, chillando como crías de águila hambrientas en el nido sobre una alfombra de ruido caótico.Recomendación gorda para los pocos fans del género que todavía andan por ahí: “No Hats No Hoods Edition 1”, de DJ Magic, una mixtape en la que se recupera el espíritu callejero, casi punk, nihilista y agresivo de los primeros años de efervescencia del grime, circa 2004. La novedad no es grande –más allá de la de descubrir nombres como Wariko, Black The Ripper, Ice Kid o Tempa T–, pero sí se recupera la sensación de chute de adrenalina de aquel grime casi industrial, sin miel para el oído, que ya escuchamos en “Guns & Roses vol. 2” de Ruff Sqwad o en las recopilaciones “Run The Road”. Pero si hablamos de grime es, sobre todo, porque Planet Mu, sello divino, ha urgado entre los archivos del que fuera –y es– el productor más visionario del género para enjaular en un solo disco su repertorio de bases instrumentales. “Gremlinz (The Instrumentals 2003-2009)”, de Terror Danjah, es un disco equiparable al “The Roots Of El-B” que ha editado este año Tempa: una retrospectiva de un productor silencioso que, sin embargo, ha estado programando lo mejor de su escena. Si El-B es el padrino del dubstep, Terror Danjah sintetizó en sus miniaturas –amasijos de electro, hip hop, IDM, herrumbre industrial y gabba– la carga futurista, alienante, de ciudad en ruinas, del mejor grime, recogiendo la antorcha de Black Ops o Youngstar cuando era miembro de Musical Mob. La antología de Planet Mu recoge hasta 18 tracks que van de su primitivo sonido 8-bar hasta calidoscopios complejos de onomatopeyas, bajos como cuchillos y breaks de caserón encantado, y con las voces originales de muchos temas –Skepta, por ejemplo– amputadas para sacar a relucir la gran virtud del grime instrumental: su pátina distópica, su radical futurismo, su minimalismo asfixiante en gris. Sólo hasta que llegó Joker, genuino heredero de esta tradición, no llegó el color (púrpura).2. “Gremlinz” concluye con un tema, “Reloadz”, en el que Terror Danjah practica la polirritmia del drum’n’bass con asombrosa complejidad de capas de sonido y cambios de posición del eje rítmico. Un fenómeno curioso de este final de año es que, tras casi una década en el ostracismo, y en la que nos hemos referido a él sólo para reprocharle su fracaso como género en evolución y su sequía de talento, el drum’n’bass vuelve a ser una pieza importante en el ajedrez de las etiquetas. No es que el drum’n’bass en sí vuelva –aunque sí se percibe mayor atención a lo que se cuece entre los supervivientes del naufragio–, sino que se percibe su influencia entre la generación heredera, la del dubstep en fase de deconstrucción y la del UK Funky en plena y pujante erección –sexual y arquitectónica–.Sólo hay que escuchar “City Limits Volume One” de Silkie, posiblemente el álbum más importante que va a dar el ‘nuum rave en este 2009, para apreciar los ‘rastros de carmín’ –parafraseando a Greil Marcus– que entre sus minutos se atisban. Silkie es un joven productor londinense, 23 años y afiliado al sello Deep Medi, que en su hibridación de dubstep con la sutileza erótica del funky ha comenzado a pintar nuevas texturas en forma de artcore. O dicho en messi –me niego a decir cristiano–: hay discretas y persistentes capas de fulgor ambiental que decoran los espacios entre golpe y golpe, sábanas espaciales como las que aparecían en los temas, lejanos pero inmortales, de Omni Trio, Foul Play o LTJ Bukem. También algún saxo ( “Concrete Jungle”), aunque Silkie no se zambulle, y ahí está lo mejor de su debut, en una estética relamida ni moñas, ni persigue el jazz ni dar la sensación de productor adulto. Sencillamente, se aprovecha de buenos gestos, de unos adornos ambient –que ni siquiera llegan a detroitianos, como ocurría con Alex Reece– que añaden nuevo vigor a un músculo dubstep que necesitaba otra tonificación.

La noticia es aún mejor si advertimos unos cuantos lanzamientos recientes –algunos ni siquiera a la venta todavía– que siguen el mismo patrón y persiguen la misma intención de crear un mini éxtasis estético. Silkie se orienta hacia el dubstep con resplandor y dinámicas rítmicas vagamente drum’n’bass, mientras que nuevas voces como Joy Orbison, Phaeleh o Pangaea se aproximan al garage, con un break más simple y voz de diva incrustada entre destellos ambientales y bajos rotundos. De Phaeleh hay que escuchar “Lounge”, maxi en Surface Tension en el que remezcla a Vaccine, Geiom le remezcla a él y, en el tema principal, hace honor al nombre del sello: todo el gozo está en la misma superficie del track, en el pulimentado de las texturas, sin esperar ninguna profundidad: refleja como un espejo, brilla como un rubí, como brilla el “Memories” de Pangaea y, sobre todo, se postula como tema esencial de la temporada el “Hyph mngo” de Joy Orbison, nuevo fichaje de Hotflush que también acude a las influencias de Omni Trio y Goldie para depositar suavemente una voz de diva ávida de placer entre dubstep neblinoso y post-garage de fuerte carga sentimental. Si antes decíamos que UK Funky mejor no, ahora hay que decir que el UK Funky, así, sí.

3. Toda esta nueva influencia del drum’n’bass –que nada tiene que ver con breaks a 180 bpms, sino con la arquitectura compleja de los ritmos, independientemente de su velocidad, y que comienza a separarse de la rigidez marcial del típico beat dubstep; recordemos que incluso en su remix para La Roux, Skream ofrecía unfinal típico del sello Metalheadz, sección Lemon D–, quizá no hubiera sido posible sin nombres-puente como Instra:Mental, Breakage o Lynx + Kemo –hay que escuchar su álbum, “The Raw Truth”, en Soul:R: nunca había sonado el jungle con tanto flow jazzy desde el “New Forms” de Roni Size/Reprazent–. E, insistimos, no hay que entenderlo como un revival, sino como un nuevo ingrediente en juego que ayuda a lo que hace semanas que intuímos, un proceso de transición de lo que fue dubstep a otra cosa.Decíamos el mes pasado en esta columna que muchas de las claves las encontraríamos en “Wild Angels” (Planet Mu, 2009), el nuevo recopilatorio seleccionado por Mary Anne Hobbs.En comparación con “Warrior Dubz”, que era un manifiesto con puñetazo en la mesa sobre el nuevo statu quo del dubstep, y también junto a “Evangeline”, que fue una exploración lateral de otras músicas electrónicas experimentales con punch, “Wild Angels” suena más a ‘recopilación de sello’ –hay bastante material de Planet Mu que no había que licenciar de otras marcas– y a recopilación casi downtempo. En lo primero no nos meteremos –el material de Planet Mu le da en los morros a cualquiera–, pero lo segundo merece unapunte. Esta sería la recopilación ‘wonky’ de MAH, con intro ambiental de Mark Pritchard ( “?”), con final paisajístico-manque-contaminado con Legion Of Two, Sunken Foal, Teebs y Nosaj Thing, con una especie de greatest hits –o grandes nombres del wonky– como Hudson Mohawke, Brackles, Mike Slott, Rustie, Floating Points y la inminente revelación Mono/Poly, pero sin casi material exclusivo o grandes descubrimientos si descontamos Tranquill e Hyetal. Lo que sí transmite el disco es esa sensación de movimiento, de transición, de enrarecimiento de todo lo que alguna vez fuera dubstep/grime/wonky/IDM en un híbrido ahora mismo sin leyes –es la mejor fase– que responde al viejo lema de los alquimistas: “solve et coagula”.

4. Lo que nos lleva al minimal. Solve et coagula, tirando de diccionario de latín, podríamos traducirlo como “disuelve y unifica”. Se trata del proceso de creación de nueva materia –el plomo en oro, por ejemplo–: tomar algo, desmontarlo en sus partes fundamentales, para posteriormente reconstruirlo de una forma nueva. Todo esto tiene que ver con el minimal en que, una vez operado un proceso de años en que el techno y el house han sido desmontados pieza a pieza –de ahí los experimentos en la forma hueca y sonidos clong-clong, en la utilización de bombos y bajos amortiguados, la nueva desterritorialización del sonido y la deconstrucción de la melodía; el jodido sonido comprimido que aún da por detrás–, en pleno 2009, e incluso más atrás, la escena ha sido incapaz de edificar un nuevo lenguaje. Hicieron bien la primera parte, hasta el punto de que al techno, como a España cuando la tomó por las orejas Alfonso Guerra, no lo reconoce ya ni la madre que lo parió. Pero son muchos años ya escuchando copias malas del sello Kompakt –indiferencia ante la nueva recopilación de la casa, “Total 10”– latineos a lo Cadenza cada vez con menos gracia, pseudo-deep house que desespera más que el juego del Atlético de Madrid.

¿Luz al final del túnel? ¿Algún indicio de “coagula”? Sí, pero no en el minimal. Para eso ya hay que irse al techno de hombres, no tanto al de Radio Slave, que también tira de fórmula –aunque la fórmula del techno seco, robusto, incisivo que nos muestra en su inminente “Fabric 48”, cada vez más cerca de la tirantez en las mezclas de Marcel Dettmann y el sonido Berghain, aunque adaptado a su propia marca Rekids–, sino a uno de los discos destacados del otoño, “The Dance Paradox” (Delsin, 2009), el deseado álbum de debut de Redshape. Este alemán anónimo –o no tanto: hay quien sostiene que es el antaño productor truchero Sebastian Kramer– se ha ganado a pulso, maxi a maxi, la condición de figura principal del sonido neo-Detroit, o el clasicismo del techno americano reimaginado y revivalizado en Europa, con sus pads atmosféricos, su culto a Transmat y Planet E y su seriedad espacial, su escapismo elegante. En el número de septiembre de la revista Go Mag servidor ya hurga en la situación actual del neo-Detroit dando a entender que desde Europa,aunque se haga bien, sólo se copia, mientras en Detroit figuras de la nueva hornada como Omar-S siguen innovando. Pero la escucha reciente de “The Dance Paradox” obliga a desligar a Redshape del rebaño de imitadores para darle de comer aparte.

Redshape, hay que decirlo también, no abre camino. Pero tampoco pisa las huellas de sus iguales. Este álbum es un esfuerzo notable por sonar experimental, por no quedarse en los patrones de Carl Craig y Kenny Larkin, y así hay un envoltorio ambiental espeso, fragmentos de ritmo roto y jazzy que recuerdan a los mejores minutos de Urban Tribe –leñe, que ya nadie recuerda a Urban Tribe–, velocidad bajo control, intención futurista, trabajo de productor polivalente. A cada escucha, es un álbum que crece. Al principio se puede pensar que no es para tanto. Al final, es mucho, porque hay que desbrozar sus capas, como si fuera una cebolla.5. El mes que viene hay que seguir. Se acaba el espacio. Habría que decir que el mix “Temporary Secretary” que firma Dixon en Innervisions contiene muy buen house. Que N-Type ha grabado una mixtape para Rinse FM que apabulla con mucho dubstep raver y jarto. Que Rustie ha sacado un maxi, “Bad science”, que se caga la perra: amorfo y atariesco, confirma que el tipo está loco y por delante de su generación. Que a Sally Shapiro dan ganas de pedirle la mano.Que Blue Daisy es el nuevo Flying Lotus a la inglesa, o eso se intuye después de escuchar su maxi “Space Ex”. Que Gold Panda es el nuevo Nathan Fake. Pero no hay tiempo. Igual en octubre profundizamos, siempre y cuando los nuevos discos de Kaito, DJ /rupture y Neil Landstrumm –que caerán fijorro– nos dejen líneas. Hasta luego, corazones.

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