Columnas

Implantes de silicona

Música electrónica en vena mes a mes

Javier Blánquez Por Javier Blánquez, socio de honor del Real Madrid

1. Hay una cosa, que no sirve para nada, y que se llama Facebook. No sirve para nada porque todo lo que hace la gente –ahora– es abrir estúpidas galletas de la fortuna, o consultar un oráculo de pega que responde con porcentajes. La gente también hace tops 5 de cosas, y de vez en cuando se insulta.Esta red social de verdad sólo mola cuando el personal se tira dardos envenenados o se monta un debate freak sobre la foto de Obama catándole con el ojo el trasero a una menor, que es cuando aparecen ilustres del network como Máter, Regio o Kodrinsky, dicen barbaridades o chascarrillos, y con eso vas pasando la tarde. Para todo lo demás, una pérdida de tiempo, a menos que estés como amigo en las páginas de fans de Risto Mejide –te puedes enterar de su precipitada expulsión de OT un par de horas antes de que empiece el programa– o de Hyperdub, porque te llega el aviso de que en octubre sacan un recopilatorio con clásicos y temas nuevos. Entonces, mola.El disco panorámico de Hyperdub será de compra obligada aunque sea a punta de fusil, eso está claro. El tema de fondo, en cambio, es qué coño está pasando con Burial. Porque sacar un maxi con Four Tet está muy bien, pero no es eso lo que se le pide al hombre que cenaba en McDonalds. Desear material nuevo –un maxi de tres cortes, por ejemplo– y que te den un par de temas en colaboración con otro es como estar esperando la última película de George Clooney y sólo poderle ver en un anuncio de máquinas de café espresso. Así que, por ahora, de Burial nada: no se avisa de 12”, menos aún de disco, sólo ‘se dice’ que antes de final de año llegará algo, y miren lo que pasó con Guns’n’Roses. O sea, que queremos Burial y lo queremos ya, y si no hay Burial queremos metadona para desengancharnos. De igual modo en que se bebe Nestea en la fase de desintoxicación de la Coca Cola y se devoran barras de pan de pipas Anitin para evitar las patatas fritas Lays, aquí todo el día escuchamos Clubroot a falta de nueva mierda del fantasma del South London. Y lo cierto es que sabe muy bien.El Santo Grial de la electrónica en el último año y medio ha sido el productor que nos haga olvidar a Burial, y resulta que por ahora es quimérico, inencontrable, inexistente, y en caso de existir, huidizo como una comadreja. Pero “Clubroot” (Lo Dubs, 2009) se le acerca, además con un elemento perturbador que es el del parecido razonable con una capa extra de azúcar añadida.¿Qué era Burial? Tinieblas dubstep con voces de helio y ritmos quebrados del garage, la quintaesencia emocional de la cultura rave inglesa. ¿Qué es Clubroot?Dubstep esotérico a la manera de Burial, pero cargado de ambient desvanecido y como ajado por el tiempo, y eso es peligroso porque sugiere –y lo confirman temas concretos como “Low Pressure Zone”– el barniz de Boards Of Canada. Pensémoslo: ¿no sería una mezcla de Burial y los dos hermanos de Edimburgo la consumación de nuestros anhelos? Si alguien lo hiciera como dios manda, acto seguido después de escuchar el disco, podríamos morir. Sería dulce y blanca esa muerte, como el suicidio de Petronio en sus termas, junto a su amada, con un tajo limpio y certero del cirujano. Simplemente fluír… “Clubroot” no es tanto como eso –perdón por joder las expectativas–, pero es un disco que marcará la temperatura del año electrónico. No sólo porque Clubroot sea otro héroe anónimo, sino por la delicadeza de las texturas, la fragilidad de los ritmos, leves instantes ciberdélicos –propios de The Future Sound of London, o del Aphex Twin de los ambient works más angelicales para Warp– que se engarzan al oído y lo acompañan como una joya. Este álbum es un síntoma que hay que poner en relación con el segundo EP de Mount Kimbie, ese dúo que quiso mezclar Burial con Nathan Fake y que ahora mezcla Burial con El-B –profundizando en estructuras rítmicas del 2step–, pero con ese cuidado distante de las atmósferas, las voces y los beats, distantes porque se alejan de las convenciones del dubstep de club para reinar en los dormitorios y en la burbuja individual de los auriculares. Un nuevo EP, “Sketch Of Glass” (Hotflush, 2009), sirve para confirmarles como promesa sólida. Un álbum, que lo habrá, servirá para ver si su salto a la primera división es con pirueta y remanguillé. Apesta a que sí.

2. Ser purista es lo mejor que hay –después de ser del Barça, como indica un cántico futbolero bastante espantoso–, no hay nada como ser un pretoriano de uno mismo y los que te rodean, un defensor a ultranza de una parcela pequeña y reinante. Pero a veces, no hay más remedio que dilatar el esfínter bien y dejarlo ahí al aire, para disfrute del que pasa. Es la única manera de abrirse –con perdón– al mundo exterior. Es lo que ocurre con el UK funky, que parece que sí, por fin, ya era hora, comienza a alzar el vuelo, pero sólo cuando el tío rico le echa una mano.El tío rico, en este caso, es el dubstep: la edición del maxi de Cooly G en Hyperdub, el flamante “Narst / Love dub”, es un signo de por dónde podría ir la penetración del estilo urbano londinense con menos empaque hasta ahora. Básicamente, lo que propone Merrissa Campbell en su dos cortes –más un remix– es fundir los dos territorios, no separarlos más, en el que es hasta ahora el intento más logrado hasta la fecha. Se había probado antes –el mismo Kode9, Jus Wan y demás nadadores entre dos aguas–, pero es eneste maxi cuando la fusión cristaliza bien, con la rítmica orgánica, desenvuelta y sexy por un lado, y las capas de densidad algo tenebrosa por encima, pistoletazo de salida para un encuentro que debe alcanzar velocidad en breve. Si no, mírese el nuevo maxi de Untold en Hotflush, “Just For You”: incluye remezcla del productor funky más destacado, Roska. ¿Era habitual que la gente del dubstep se confundiera con la del UK funky? No. ¿Será más habitual en el futuro? Parece que sí. Es un primer paso.

Todo esto sólo lleva a una conclusión: en los meses por venir –puede que durante una temporada o dos–, el dubstep como tal desaparecerá, o dejará de ser relevante/dominante (si es que acaso ya lo es), y lo que se estilará es el no-estilo, los cruces salvajes y sin estrategia previa entre todo lo que circula a la misma velocidad. No hace mucho, en el 4x4, se dio una dinámica similar: techno, house, trance y electro comenzaron a equilibrar sus BPMs, se estabilizaron en unos 128, y eso permitió los cruces que dieron pie, por ejemplo, al éxito de deadmau5, pachanguero como el trance, pero tan suave como el deep house, música para todos los aforos y apta para todos los DJs. En el substrato post-dubstep, la cosa va así: hip hop, IDM, funky, downtempo y grime están convergiendo, se adentran en el mismo agujero negro, y de ahí puede nacer lo que sea (un universo es lo que suele suceder). Ya no es ni siquiera wonky lo que se atisba en el horizonte. Es esa mezcla lo que ha permitido que este mes se pueda hablar de Rob Kemp, alias Brackles, como una promesa –un maxi casi technoide en Apple Pips, “Get A Job / Lizards”, y otro de fusión entre funky y wonky en Planet Mu, “LHC”–.La prueba de que todo esto no es sólo una esperanza, sino una intuición fundamentada, se encuentra en uno de los discos más esperados de septiembre y que ya ha aterrizado, felizmente, en el escritorio de casa. Me obliga el camello –de discos– a no publicar nada al respecto hasta el mes nueve sobre “Wild Angels” (Planet Mu, 2009), el nuevo recopilatorio seleccionado por Mary Anne Hobbs, y queda dicho aquí que en la próxima columna lo destriparemos. Pero la coincidencia en un mismo disco de Mark Pritchard, Mike Slott, Starkey, Rustie y Darkstar sin que en ningún momento surjan asperezas, que se pase del dubstep acuático de Gemmy y Untold al casi post-rock de Sunken Foals y Legion Of Two, indica que hay un mecanismo de relojería interior que merece profundo examen.

3. También hay un proceso de comercialización que podría ser lo que nos diera la medida en la renovación de todo este nuevo sonido ‘headz’ –si existieran aún aquellas monumentales recopilaciones del sello Mo’Wax de sonido horizontal y narcótico, ahora irían por aquí– como el recambio de la vieja IDM y el inexistente trip hop. Hay gente que, alegremente, certifica la muerte de la música electrónica sin reparar en que, en diez años, el giro ha sido de 180 grados –sólo que mientras la rueda rotaba, parecía que no se moviera, pero sí–. Nadsroic es el proyecto que se ha inventado Hudson Mohawke para sacarse la versión vocal y pop del wonky: son los breaks de siempre, entre hip hop psicodélico e IDM refunfuñante, pero con churri en chándal dando el contrapunto vocal, sin llegar a ordenar canciones, pero con ‘imagen’. Recuerda a cuando Decoder & Substance, neurocirujanos del drum’n’bass, montaron Kosheen con Sian Evans y lo petaron en las listas –aunque degradando la materia pura del jungle, claro–. Nadsroic no es exactamente eso, porque en “Room Mist Ep” ( Lucky Me, 2009) se impone la rareza al rap o al pop, pero Ciorsdan Brown, que es la que lleva los pantalones –cagados– aquí podría ser otra Missy Elliott para otro excéntrico Timbaland.Sobre esta necesidad de atravesar mercados, también se puede decir que hay otros que vienen a pescar en aguas ajenas. Nuevos discos de sesión que han llegado a estas manos evidencian que las fronteras ya no están claras, y que el dubstep –y similares–, gracias a la flexibilidad del wonky, ya pueden entrar en contacto con techno minimalista, house raro e incluso new rave, en especial si lo pinchan Scratch Perverts “Beatdown” (Fabric, 2009), que es un viaje del dubstep al drum’n’bass pasando por el sonido B’More y el tercermundismo urban apretando suavemente el acelerador–, Brodinski (algunas pinceladas en “Bugged Out! presents Suck My Deck”) o Toddla T. Pero del mix de Toddla T para Fabric ( “Fabriclive 47”) habrá que hablar en detalle en otro momento. Se lo apuntan y vayan haciendo los deberes.

4. La mesa está inundada de pillaje y es imposible hablar de todo. Hoy han llegado los ‘unofficial remixes’ de Moderat – white label con remezclas de T++, Shackleton y Headhunter– y un nuevo maxi de Pangaea, alias ‘el otro que copia a Burial’, que son como para moderse las uñas. Pero no todo es post-dubstep en esta vida.El post-techno líquido también está que arde. Como hace unas pocas temporadas, el que vendrá a dividir lo bueno de lo malo, el que pondrá el listón alto, será Robert Henke, alias Monolake: “Atlas / Titan” (Imbalance, 2009) es su regreso al techno tras un razonable silencio, y con este maxi queda claro que en el mundo del deep techno hay mucho embaucador, mucho farsante, mucho productor de medio pelo, pero también los que ponen rectos al personal.Estos dos cortes, largos, son de una densidad pegajosa y un aire exótico que se podrían resumir así: es como si Monolake hubiera escuchado a Shackleton y se lo hubiera llevado a su terreno: Skull Disco a la berlinesa en lo que era el intercambio inverso que nos faltaba por apreciar, ver cómo los alemanes le reconocen el canje al inglés después de que éste les hubiera chupado influencias como una esponja.

Las grandes figuras están regresando. Mientras el nuevo álbum en echospace [detroit] desconcierta –lo firma Brock Van Wey, o sea, el enorme Bvdub, primer espada de la nueva generación dub-techno: “White Clouds Drift On And On”–,y desconcierta porque es una colección de viñetas de ambient sacarinado y piano, en la línea post-new age de ciertos cortes en los recopilatorios “Pop Ambient” de Kompakt, con el añadido de un segundo CD de remezclas a cargo de Intrusion, que es Stephen Hitchell, el jefe del tinglado y mitad de Echospace y Deepchord. Desconcierta esta levedad, esta ñoñez de doble filo, porque la música es agradable pero a la vez ideal para practicar yoga y/o pilates. Ante discos así, el género necesita una ducha y droga dura, que es la que ofrece, a pesar de sus imperfecciones, “Vertical Ascent” (Honest Jon’s, 2009), el primer trabajo del Moritz Von Oswald Trio.Aquí, Moritz Von Oswald, el sobrino de Gunilla Von Bismarck y miembro de Basic Channel y Maurizio, se decida a improvisar mantras techno de calado profundo con Vladislav Delay y Max Loderbauer (miembro de .nsi) como instrumentistas de acompañamiento, el finlandés a la batería y el (otro) alemán a las teclas en una jam que tiene mucho de improvisatorio y de ‘a lo que salga’, pero que lleva ensayándose durante cerca de dos años y que viene a ser la manera de todos ellos de escapar a los clichés en que se han convertido sus carreras.El resultado final es intrigante, con momentos bravos, otros fláccidos, pero el experimento funciona.

Cuando en agosto aparezca el nuevo álbum a solas de Vladislav Delay, “Tummaa” (Leaf, 2009), habrá que indicar claramente que la influencia de haber tocado estos meses con Von Oswald está ahí, inconfundible:elementos de música concreta, menos dub y más jazz, más piano resquebrajado, un deslizamiento más desasosegante que plácido, menos ambient masajeante y más electrónica de laboratorio, y sin perder las señas de identidad del proyecto más sólido de Sasu Ripatti –comprobado ya que lo es más que Luomo–. Cuando todo parecía dicho, cuando todo parecía perdido, la gente del dub technoide y el ambient con cubitos de hielo se ha sabido reinventar. Por la vía dura, mediante el rollo áspero, pero es lo que hay.Quien quiera algo digestivo ahí está el dueto entre Marta Sánchez y Carlos Baute, que es la canción del verano si hacemos caso de la venta de politonos.

5. A principios de septiembre –primera semana– habrá una nueva columna; agosto es un mes poco dado a sorpresas y novedades y habrá que guardar munición. Quizá hablemos del nuevo álbum de Luke Vibert en Planet Mu, o de la demostración de entusiasmo IDM y post-acid de Rival Consoles en “IO” (Erased Tapes, 2009), o del disco muy acémila de Clark en Warp. O de la cantera española, que lo está dando todo. O de sellos infalibles del techno de esta década, como Wagon Repair, en busca de una segunda juventud. O de recopilaciones veraniegas, oportunistas y enjundiosas como las clásicas de cada año de Cocoon y Kompakt. O de el pachangueo de Villalobos y los piesnegros de Ibiza. O, dios lo quiera, el nuevo álbum de Sally Shapiro, o el aparente resurgir del drum’n’bass con Lynx + Kemo y la nueva onda revivalista jungle que surge desde el humus del dubstep. O de cotilleos del corazón. O de… Quién sabe. La buena mierda abunda y esta columna, aunque muy larga, se hace corta, insuficiente, para decirlo todo. En breve, más. Ponéos crema.

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