Columnas

Implantes de silicona

Música electrónica en vena mes a mes

Por Javier Blánquez, numerario del Opus Dei

2. Primera conclusión que podemos sacar de lo dicho en el primer bloque: la gente de la escena space quiere hacerlo bonito, pero aparentemente son unos gorrinos que no se duchan cada día, llevan barbas pobladas con alimañas dentro y se pasean en calzones por la calle. O sea, manchan lo fermoso con un desaliño que, como mínimo, merece denuncia pública. Pero hay otra música que, sin ser cósmica, también delimita espacios –emocionales y físicos– y que va mucho más limpia por la vida. Hablemos de IDM, y en particular de la fracción melódica.Lo diremos sólo una vez: Kettel, un chaval holandés con coleta, cuerpo tosco y granos en la cara, es dios. Porque a pesar del acné y el look homínido –lo que en ciertos lugares de Barcelona ya se conoce como “estilo The Rock”–, el tulipán tiene una sensibilidad melódica y una visión de la estructura de las canciones que poca gente es capaz de igualar hoy en día. Si queremos compararlo con el pasado, a Reimer Eising hay que echarle buenos Miuras para que la lidia sea en igualdad de condiciones: el m-Ziq de los primeros tiempos, el Aphex Twin del “I Care Because You Do”: “Myam James 2” ( Sending Orbs, 2009) compite en esa liga.La primera entrega –gran obra maestra en una trayectoria de diez años sobresaliente y sin desperdicio– era una bacanal de melodía que enamoraba y acid secuenciado como si fuera pop que obligaba a exclamar muchos “la madre que le parió” aproximadamente cada dos minutos. La segunda parte no es tan brillante melódicamente, pero sobresale en la composición: los breaks pulidos siguen ahí, las líneas de 303 que chorrean encanto también, y ocasionalmente Kettel decide añadir pianos, violines, un elemento neoclásico que obliga a describir el álbum como varios volúmenes de la serie “Analord” de AFX hipotéticamente remezclados por Sylvain Chauveau.

Más electrónica bonita, y ésta hecha en casa. bRUNA es Carles Guajardo, un chaval majísimo que –esto no es una contradicción– durante el día se dedica a despedir españoles. Trabaja en un bufete de abogados y está toda la jornada laboral tramitando paros, mandando a los vagos y a los aprovechados a engrosar el INEM.En tiempos de crisis esto puede verse como una putada y a bRUNA como una especie de inquisidor que escarnia al prójimo. Pero no es eso: una cosa es el deber y otra el interior de las entrañas, que son de oro en su caso. bRUNA está a punto de publicar con spa.RK un álbum que se hace corto –básicamente porque no llega ni a la media hora–, pero al que no le sobra nada, un compendio emocional, un exorcismo de malos recuerdos, que se titula “And It Matters To Me To See You Smiling”: electrónica artesanal, intuitiva y cargada de confesiones, disculpas y ajustes de cuentas en clave que afecta por igual tanto si se conoce su historia –servidor la desconoce, pero se enternece igual– como si no. Lo fácil sería utilizar la imagen de Boards of Canada para facilitar el símil, también porque bRUNA aprovecha imágenes y sonidos de la infancia –incluso su primer tema, que lo haría con diez años, está incluido en el álbum como bonus track después de un minuto en blanco–, pero no es sólo eso: es pop en miniatura, con las tripas fuera, hecho de una manera tan egoísta –es lo que me gusta y como me gusta, y es para mí, viene a sugerir; si te gusta, bien; si no, lo siento– pero a la vez tan sincera que merece el mayor de los cariños.Hasta aquí la electrónica bonita: también la hay menos hermosa, pero sí muy rica –en contenido y en arrojo–, en el recopilatorio “Picking O’er The Bones” ( Mordant Music, 2009), que recoge algunos de los vinilos que ha ido publicando el sello de culto –y por tanto muy poco difundido; para muchos es como un pequeño secreto que duele compartir, pero ha llegado el momento– conocido como Mordant Music. No se incluye en el disco nada de lo publicado en álbum –ni la EBM de Mr.Maxted ni el ambient funeral de los dos volúmenes de “The Tower”, por ejemplo–, pero sí cortes de los jefes, de Shackleton y de Vindicatrix que ofrecen la cara angosta, pedregosa, laberíntica, de la IDM contemporánea, entre el dubstep, el mal rollo, la hauntología, los breaks cenizos y el techno amortiguado. De todo esto habrá crítica extensa en breve, así que por ahora, stop.

3. Uy, ya ha salido la palabra dubstep. Pues nada, al lío: se prometió el mes pasado que aquí, y ahora, se hablaría del EP que han firmado juntos Burial, el escurridizo, y Four Tet, el omnipresente. Las promesas están para cumplirlas, y además el maxi lo merece: negro como el intestino de Spike Lee –carpeta negra, galleta negra, surco negro, incluso el interior del agujero es negrísimo–, se trata del típico artefacto fabricado para desviar cualquier atención del objeto a la música. El problema es que no lo ha conseguido: se habla más por los mentideros electrónicos acerca de si esto es un split o qué –Four Tet asegura en una entrevista reciente que se vio con Burial, que trabajaron juntos en el estudio y trabajaron también a distancia, que tanto “Wolf Cub” como “Moth” son una suma de esfuerzos y no un tema por barba para sacar unos cuartos fáciles–, o sobre otras cuestiones bizantinas, que acerca de la música en sí. Y la música es buena, claro que lo es –sonidos de gamelán balinés con breaks 2step, atmósfera de neblina y un fondo muy de psicodelia ácida; lo mejor de cada casa–, pero tampoco se nos tiene que ir la mano con el adjetivo hiperbólico y el piropo desmesurado. Que sí, que Burial firmó “Untrue” y es dios, pero ni siquiera cuando mea la Coca-Cola lo hace orinando oro. Un poquito de tranquilidad, gente. Que se ve que hay próximos lanzamientos en Hyperdub a la vista.El mundillo urban inglés anda revuelto. Huele a bomba próxima. Se advierte que algo puede suceder.Los broncas del grime están con los dientes prietos –vuelve Wiley, si es que alguna vez se fue; hay nuevo álbum de Skepta, Donae’o ha firmado su LP funky para arrugar sábanas de raso ( “Party hard”)–, y sellos poderosos como Tectonic hacen su segunda limpieza para comprobar que, efectivamente, el dubstep que se ha ido publicando en estos tiempos en Bristol es canela en rama: “Tectonic Plates Volume 2” es un doble volumen rebosante de dubstep sigilioso que dazarpazos, un dubstep felino con piezas de Martyn, 2652 o Peverelist y un megamix de Pinch con bastante enjundia. Pero en general, la escena dubstep está adormecida. Funcionan bien los de siempre –sellos como Deep Medi, como Hyperdub, como Tempa: nuevos vinilos suculentos de Silkie, King Midas Sound y Benga; todo bueno, todo en su sitio, sin sorpresas–, pero no hay ese giro de 180 grados que mereceríamos esperar. En esta coyuntura, como siempre, son los raritos los que pescan en río revuelto, y de entre los freaks vale la pena destacar que hay nueva recopilación de skweee en las tiendas – “Skweee Tooth”, que publica un sello que, curiosamente, hasta ahora editaba dubstep, Ramp– y que Planet Mu, la discográfica Guadiana, vuelve con nueva carretada de discos brutales.

Planet Mu trae de todo. Por un lado, álbum de Milanese ( “Lockout”), que es un zarpazo de ragga, dubstep industrial, breaks atropellados e IDM con mordiente que, por su importancia, merece crítica aparte y extensa. Por otro, una nueva serie de maxis, con diseño de galletas homogéneo y voluntad de escarbar en los rincones oscuros del dubstep, el gabba, el drum’n’bass y el garage que, por ahora, ya nos ha dado algunos vinilos de los que merecen ser rayados ininterrumpidamente en casa: son flojos, o predecibles, los que firman Pinch ( “Attack Of The Giant Killer Robot Spiders”) y Gemmy ( “Supligen”), pero son un cañón los que, de manera más sinuosa, vuelven a forjar la alianza entre IDM y breaks ( FaltyDL, el acojonante “Massive Error” de Ital Tek, el indescriptible amasijo de ruidos, parones, bajos gordos y breaks rabiosos de Raffertie en “Wobble Horror!”), y además vuelve el orfebre del drum’n’bass, el mismísimo Equinox.Hablando de regresos: el 20 de julio es el día marcado para que llegue a las tiendas “Variance”, el esperado comeback de Dylan Nathan, alias Jega. Descrito por la nota de prensa de Planet Mu como “el Stanley Kubrick de la electrónica”, el que fuera el hombre en la sombra del sello Skam por fin ha completado su obra de nueve años, un doble CD de electrónica entramada como un artefacto de relojería que abunda en la luz en el primer disco –muy Boards of Canada a ratos– y en la oscuridad más herrumbrosa en el segundo siendo éste un manual de IDM astillada,con trampas, post-autechresca, de primer nivel. “Variance” llevaba anunciándose desde hacía cinco años –era el “Chinese Democracy” de la electrónica, el “Detox” del intelligent techno–, y, diablos, la espera ha valido la pena. Cuando suena, a mi gata se le eriza el costillar.

4. Vamos acabando. Dos discos más de Planet Mu esquivan el dubstep y se acercan al techno, y está bien citarlos: uno es del estonio Few Nolder ( “New Folder”), una colección de viñetas de club con bombo duro y adorno oscuro, alimento bueno para quien eche de menos al Cristian Vogel de los buenos tiempos. El otro lo firman Legion of Two ( “Riffs”), los antiguos Decal –dúo irlandés de electro asombroso que nunca pasó de ser, por desgracia, un nombre de culto– ahora embriagados en una especie de electro-rock ambiental con bajos densos y drones casi doom-metal que recuerda bastante a un cruce entre Two Lone Swordsmen y Techno Animal allá por 1996, que era cuando molaban hasta poniéndose los calcetines.Decimos esto, y lo subrayamos y lo recomendamos con ahínco, porque un mes más es imposible despegarse de la sensación revivalista, cada vez más irritante, que sigue dando el techno contemporáneo. Veamos: vuelve Luke Slater con su alias Planetary Assault Systems “Temporary Suspension”, álbum en Ostgut Ton–, y aunque el disco es una feliz salvajada que nos pone palote, es también un regreso al viejo sonido del Jeff Mills de Purpose Maker, el del hard techno clínico de hace quince años.Quince años atrás también se va Robert Hood para presentar una reedición de “Minimal Nation” –original de 1994; primero publicado en M-Plant y rápidamente reeditado por Tresor en CD; hasta ahora descatalogado y señalado como el origen del minimal techno, cosa que no es cierta en absoluto–; reedición de la que se encarga Music Man y que está bien para los chavales, pero que podría haber llegado antes, o más tarde, o no hacía falta.

Un disco reciente, y muy techno, que no provoca estas sensaciones de dejà vu o agotamiento lo firma Bodycode, el sudafricano de Spectral Sound: “Immune” es uno de esos mecanismos de precisión, con ritmo duro y elástico y sonidos envolventes y helados alrededor, que tanto nos recuerdan al mejor Audion.Techno de esta década que, como nos tememos, va a acabar escondido entre las otras toneladas de revivalismo que estamos acumulando en casa. El neo-Detroit como escena de rescate de esencias ya lo ha dicho todo, pero sigueahí: Delsin, exquisito sello holandés de viajes cósmicos con Carl Craig de piloto-guía, publica antología de temas grandes y remixes de sus artistas – “Delsin 2.0 Compilation”, atracón majestuoso de Redshape, Quince, Vince Watson, Shed, Chymera, D5, etc.–, y la maniobra, aunque nos brinda un doble CD nutritivo, ya huele a fin de ciclo. Esta es una ubre de la que, a poco que nos pongamos a ordeñar avariciosamente un poco más, ya no va a dar más leche. Sólo hay que recordar el afán por exprimir el techno-dub: ahora, como ocurrió con el fin de Chain Reaction, habrá que dejarlo unos años en barbecho hasta que se regenere.

En este pantanoso escenario revivalista, pues, sólo quedan dos opciones: o escapar por donde sea –hay margen, siempre lo hay– o hundirse deliciosamente hasta el fondo del charco. Si se opta por lo segundo, el remedio más eficaz lo tenemos en forma de cajitas pecaminosas. Por fin se ha completado la serie “Archives” de B12: la reedición, limpia y sistemática, integral y con mucho material inédito, de la obra del dúo inglés que funcionó simultáneamente en Warp y en su propio sello, B12 Recordings, y que es junto con The Black Dog la viga maestra del edificio intelligent techno británico. B12 reaparecieron con álbum y remezclas el año pasado, y en este 2009 su plan ha consistido en poner orden en el pasado con una de esas ediciones que, una vez se tocan con la mano, hacen bueno el esfuerzo invertido en esperas y dineros. Siete volúmenes –doble CD cada uno, maxis, álbumes y extras ahí condensados; presentación cuidada y en negro y oro– cuya última entrega ya está en las tiendas y que completa un tesoro de electrónica viajera y futurista de primera magnitud. Muchas veces imitada, pero nunca equiparada al original.Hasta que llegue la caja de 20 años de Warp, “B12 Records Archive volumes 1-7” es el fetiche del año. Si Florentino puede pagar 96 kilos por CR7, tú puedes abonar perfectamente 100 lerus por cada uno de estos dos ítems y serás jodidamente feliz.

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