Columnas

Implantes de silicona

Javier Blánquez

Música electrónica en vena mes a mes

1. Cuando decimos ‘minimal’, ya no decimos nada. Hace tiempo que esta palabra ingresó cadáver en el quirófano de la jerga musical, y ningún intento de reanimarla ha surtido efecto: su significado es más hueco que el de ‘música alternativa’ y como muletilla tiene más usos que ‘ochentas’ –parafraseo a Quevedo: “y tuvo más enredos que una araña; / más humos que seis mil hornos de leña”. O sea, sirve para todo, y por tanto no sirve para una mierda, he aquí su triste destino, anunciado a los cuatro vientos desde hace la tira. Esta reflexión no es nueva. Todos sabemos que la etiqueta minimal lleva años devaluada pese a haber sido usada con relativa propiedad en el arranque de su fama: en efecto, hubo un momento –años 2003 ó 2004, pongamos– en que el techno que subía con más fuerza e ingenio renunciaba a la velocidad, el recargamiento, insistía en la repetición sutil y, sobre todo, se nutría de minúsculos sonidos digitales. El problema en un principio quizá fuera no recurrir a la etimología de lo ‘micro’ –o sea, lo pequeño, lo subsónico– antes que a lo de lo ‘minimalista’ –repetitivo, pocos elementos–. Tanto da. En un principio sabíamos lo que queríamos decir, pero el verdadero minimalismo en el techno hace ya que yace sepultado entre toneladas de inanidad supuestamente house, supuestamente algo. Cada vez hay más paja envolviendo este grano, y uno ya se ha cansado de perder el tiempo escrutando y, lo que también es importante, intentando divulgar el verdadero significado de la cosa.

Toda esta parrafada de arranque tiene mucho que ver con “The Grandfather Paradox. An Imprudent Journey Through 50 Years of Minimalistic Music” (BBE, 2009), el disco de sesión en el que la troupe Innervisions Henrik Schwarz, Âme, Dixon– mete la cuchara en la escena del minimal con intenciones, por lo que se ve, didácticas y clarificadoras. Fue Kristian Beyer de Âme, hace ya un par de años, el que pronosticó, cual un Fernando Arrabal pedo, que el fin del minimalismo, como el del milenarismo, iba a llegar. Y sí, está llegando –será una agonía lenta, como la del General Franco entubado, pero tendrá fin–, y desde Innervisions se ha hecho bien en apostar por una vía diferente, enraizada en el deep house y el techno clásico, pero lo que está claro es que el vuelco no vendrá de sus oficinas. El cuándo, el cómo y el por qué de las ocasiones perdidas para crear un nuevo statu quo en la música de baile tendremos que analizarlos en otra ocasión –hoy no–, pero lo que sí se nos antoja es que este mix-CD del equipo teutón llega a destiempo y con, una vez más, las ideas cruzadas. Ellos lo presentan como un viaje por medio siglo de minimalismo en la música, pero ese camino, que comienza por donde debe –el tercer movimiento de “Electric Counterpoint” ( Steve Reic h), con esa guitarra de Pat Metheny que samplearon The Orb en “Little Fluffy Clouds”, el primer segmento de minimalismo americano que recontextualizó la generación rave británica–, se tuerce acto seguido por caminos caprichosos.

Vaya por avante que el disco es absorvente y recomendable, de hecho es un lanzamiento importante para la música de baile en este comienzo de 2009: pocos discos de DJ habrá con tanta calidad en la selección y gusto en la mezcla como este “The Grandfather Paradox” –título tomado, por cierto, de una de las paradojas clásicas de la física que estudia la posibilidad del viaje en el tiempo, que en la cultura pop ha sido referida con total acierto en la saga “Regreso al futuro”–; el problema del disco es que, en lugar de ilustrar sobre minimalismo y su significado, sigue una de las máximas de Eugeni D’Ors: ‘oscurezcámoslo’. ¿Es realmente el french house de I:Cube minimalismo? ¿Lo es el soul detroitiano de Green Pickles con la voz de Marcellus Pittmann? ¿Y el intelligent techno de Metamatics? ¿Por qué no hay elementos de Manuel Göttsching, o de Philip Glass, o esos edits de Can que tan bien le salen a Pilooski? Por supuesto, el tema de la selección es personal y abierto –si hablamos de minimalismo entendido como música en la que entran en juego los mínimos elementos y la repetición ingeniosa de los mismos para crear un efecto de creatividad máxima, el material es inabarcable–, pero la intención didáctica del mix naufraga. Si pretendían esclarecerle a los jóvenes clubbers el significado de la palabra de la discordia, dudamos que lo logren. En cambio, ofrecen un disco fluvial, exquisito, sin relleno, aunque sea parcialmente minimalista. Quédese cada uno con lo que prefiera, con la ética –lo primero– o la estética –lo segundo–. En caso de optar por lo primero, rápidamente deberemos recomendarle la reedición de “Studio Eins” ( Studio 1, 2009), el CD en el que Wolfgang Voigt recopiló algunos de sus tracks de esquemático, escueto e insistente techno made in Colonia planchados originalmente entre 1995 y 1997, una de las vértebras esenciales de la columna del techno reduccionista junto con los maxis de Robert Hood, Jeff Mills, Basic Channel, Daniel Bell y Richie Hawtin. La cuota de historia y memoria del mes quedaría saldada sólo con esto.

2. En cualquier caso, no es hacia atrás donde debe mirar la música electrónica. Demasiado se ha ajustado el ángulo del retrovisor en los últimos tiempos, ora espiando a Detroit, ora adentrándose en las frondas cósmicas. Cabe decir que no todo el revival ha sido improductivo en estas últimas temporadas –uno saliva con Lindstrom o con Andy Stott a día de hoy, mayormente–, pero ha sido demasiado: ¿queda espacio por delante, inexplorado? Hay una rama, la rama díscola y levantisca del dubstep, que podría respondernos a esa cuestión. El wonky, del que habrá que hablar aquí con detenimiento algún día, es hoy uno de los pocos territorios en los que la música electrónica aún no ha encontrado obstáculos ni se ha marcado reglas. “When Machines Exceed Human Intelligence” ( Warp, 2009), el álbum que ha entregado Mark Pritchard –ex Jedi Knights, ex Global Communication– tras dos maxis de quitarse la boina, cumple con lo esperado: supone un atracón de hip hop abstracto y colorista, de dubstep humidificado, de oscilaciones de baja frecuencia, de melodías de arcade y de electro trastocado; es la enteogenia rítmica de Flying Lotus a la inglesa, magnética y lisérgica, gruesa y con ese gusto aphextwiniano por la complejidad y el virtuosismo técnico. Este festín bizarro y embriagador, con el que nos han venido obsequiado todo el 2008 desde sellos como Hyperdub o Werk, parece que cala en Warp como el hijo bastardo del trip hop y la IDM. No es casualidad que, a la vez, se haya publicado el primer EP del escocés Hudson Mohawke, “Polyfolk Dance” (Warp, 2009), otro trippy de beats abstractos a los que no les cura el mareo ni la micebrina.

El comienzo de año de Warp es desconcertante: parece como si hubieran vuelto a la esencia, como si no hubiera espacio para segundones del indie y se trabajara en el sello londinense para asombrar al mundo con electrónica aventurera en los márgenes del techno, al estilo de illo tempore. El otro gran disco del trimestre en Warp es “Listening Tree” de Tim Exile –una coproducción con Planet Mu, de hecho–, un delirio agotador e ingenioso en el que el programador de software que fue junglist ahora se lanza a un pop barroco y demente, la mezcla en proporciones exageradas del melodismo calidoscópico de Max Tundra con el churriguerismo de Orbital –hay que recomendar el primer tema, “Don’t Think We’re One”–, la abstracción de Autechre y la mala uva ingenua de Mike Paradinas. En la calle, para hablar de discos como éste, se usa mucho la palabra ‘jarto’. Y ya que sale el sello Planet Mu, dos apuntes importantes: primero, el álbum de debut de Syntheme –que, según indica Discogs, no es una moza de pelo rosa sino un alias de Global Goon, que es un ser humano con testículos– no sólo tiene un título de lo más neón y lo más canalla (“Lasers ‘n’ shit”), sino también un –ahí va que– chorrazo de acid rocambolesco a lo Mike Dredd que, para los que gustan del braindance descocado, será el placer del mes. Yo me lo pongo para fregar y tareas del palo.

3. Otro apunte sobre Planet Mu: “Oblivion”, el doble 12” que acaban de publicarle al productor de drum’n’bass SumOne esconde un tema, “Hide Your Faces”, que exige una reflexión importante. El resto del vinilo es recomendable para quien siga el escurridizo sendero del drum’n’bass hipertécnico e hipercinético al estilo de Equinox o, sobre todo, Breakage –es decir, el que prosigue aquella línea, iniciada antaño por el sello Offshore, de jungle IDMizado, panorámico y plagado de detalles microscópicos–, pero “Hide your faces” es su idea personal del dubstep, y a SumOne le ha quedado Burial por todos los ángulos posibles: ritmo drum’n’bass a mitad de cadencia, atmósfera de lluvia, voces que gimen en la lejanía. Salvando ejemplos de ‘dubstep vapor’ como el de Vaccine o luke.envoy y, ya mucho más evidente, el semiplagio de Pangaea en “Router / You & I”, el sonido Burial apenas lo ha tocado nadie en 2008. O da miedo adentrarse en el subtexto de “Untrue” –con razón, a ver quién es el guapo–, o el proceso de influencia ha llevado tiempo y no ha sido hasta ahora cuando los imitadores/homenajeadores han salido a la luz. Todo esto sale a colación porque Hotflush, el sello idóneo para los renegados y los periféricos del dubstep, acaba de servirnos el primer maxi de Mount Kimbie, “Maybes” (Hotflush, 2009), un trío londinense de acnéicos que es al dubstep lo que Nathan Fake fue al trance: un cruce de género –esos bajos palpitantes y esa calma neblinosa– con ciertas dinámicas melódicas y texturales del post-rock. Alguien en Playground osó debatir acerca de si Mount Kimbie eran mejor que Burial. No nos emocionemos: “Maybes”, en sus cuatro cortes, prefiere la densidad del ambient y la proximidad de la indietrónica a la emoción de un“Archangel” o la valentía rítmica de un “Raver”. Burial, ahora mismo, es inalcanzable y Mount Kimbie, aunque se estén aproximando, todavía andan lejos. Se hace camino al andar, que dijo Machado, y el segundo maxi nos dirá. El primero, por ahora, muy bien.

4. PlayGround ha pedido –más bien ordenado, con voz marcial, para servirles– que, de ahora en adelante, cada mes aparezca una columna como ésta que reflexione, comparta, especule y cite alrededor de la actualidad de la música electrónica. Ponerle puertas al campo sería más fácil, incluso contradiciendo lo que dicen los malos augures de la decadencia de la música hecha con máquinas –la misma tontería miope de siempre, ese intento por quitarle hierro a lo que no les gusta, o no entienden, o no les interesa; no entraremos a debatir con zotes, sería perder el tiempo–: la actualidad da demasiados discos, demasiados maxis, demasiado todo, como para envasarla en estos mamotretos. Ni la más profusa logorrea lo podría abarcar todo. Omar-S, por ejemplo, el jackmaster de Detroit que ha sacado el techno con alma del pozo de las emociones, entrega un mix para Fabric al estilo Villalobos: dieciséis temas, todos suyos, todos sacados del catálogo de su sello FXHE, ese house sucio y technoide, frío y encendido a la vez, esa música de baile polvorienta, pura, telúrica y excitante. “Fabric45”, si no apesta a clásico, al menos apesta a una la mejor recopilación posible de Omar-S. Seldom Felt, esa entidad bicéfala y anónima que opera desde Inglaterra y Berlín, acaba de publicar dos nuevos maxis sin etiqueta ni información –‘no repress, no Myspace’, como dicen ellos– que siguen siendo del mejor techno burro y fino que se puede adquirir en vinilo. Alva Noto vuelve a repetir disco superior con su “Xerrox vol. 2” ( Raster-Noton, 2009), del que le van a hablar a usted maravillas por todas partes: mejor nos ahorramos las palabras aquí, por ahorrar aliento, certificando todo lo que de bueno vayan a decir por otros lados.

Acabemos: el regreso victorioso del año se ha transformado, por una mala jugada del destino, en la derrota triste de la temporada: dos días después de que Telefon Tel Aviv publicaran “Immolate Yourself” ( Bpitch Control, 2009) y resarcieran un lustro después una imagen dañada por el muy meloso y amanerado “Map of What is Effortless” (Hefty, 2004), Charlie Cooper desapareció de su residencia en Chicago y fue encontrado muerto a los pocos días. Fue injusto. Ese disco era serotonina, perfecto para subir el ánimo y abrazar el mundo, y el recuerdo de Cooper lo va a transformar, para siempre, en un testamento derrotista. Perdón por concluir así. El mes que viene, quizá, haya que retomar la disertación, para endulzarla y embellecerla, con el nuevo álbum de Gui Boratto en Kompakt, más berlinés en título que en sonido: “Take My Breath Away”. Hasta entonces, id por la sombra y con Dios.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

También te gustará

Safran Foer

Books

Spoiler: la nueva novela de Safran Foer es una mierda (pero nadie lo dice)

"Quiero abrir las piernas, que coloques la cabeza ahí abajo y que me mires hasta que me corra"¯\_(ツ)_/¯

leer más
sororidad

Columnas

Sororidad: por qué hoy te odio

Al parecer, las feministas estamos hasta el coño de las feministas.

leer más
Madridgrado

Sports

6 madridistas de izquierdas derriban el mito del equipo de derechas

"Llegaremos antes al socialismo que a cambiar el fútbol. Pero mientras, viva Cristiano"

leer más
marilyn

Noticias

"Esta es la Marilyn que nunca nadie había visto"

Las fotografías inéditas de Greene no nos acercan más a la verdad.

leer más
luces en el cielo

Actualidad

Reikiavik apaga las luces de sus calles para contemplar mejor la aurora boreal

Estas iluminaciones naturales multicolores pueden parecer magia. Pero, en realidad, son fruto de la interacción entre el viento solar y el campo ...

leer más
yihab ajedrez

Actualidad

“No llevaremos hiyab”: las ajedrecistas se rebelan contra el Mundial de Irán

"Ninguna institución, ningún gobierno, ni el Campeonato Mundial de Mujeres de Ajedrez deben obligar a las mujeres a llevar o no llevar hiyab"

leer más
portada

PlayGround Food

La chef unicornio que convirtió el fast food en alta cocina

El pelo teñido de color rosa chicle la delata como un unicornio de la cocina.

leer más
rosetta

Futuro

La muerte de Rosetta: adiós a la sonda espacial que más ha enternecido al mundo

"Es increíble los sentimientos que puede generar una caja llena de aparatos electrónicos perdida en un cometa".

leer más

cerrar
cerrar