PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Now

La Iglesia secreta que reunía a Mick Jagger, Miles Davis y Marianne Faithfull

H

 

Illegal Pop #10

Servando Rocha

24 Septiembre 2015 06:00

Podías asistir a sus misas negras y rituales colectivos, pero también simplemente tomarte algo en The Cavern, la cafetería londinense llamada así porque todo culto que se precie debe tener su gruta, su caverna secreta, y también porque este había sido el nombre del local en que se dieron a conocer The Beatles.

En realidad, no fue exactamente así: con el tiempo, la cafetería se conoció como The Satan´s Cavern.

Un descenso a pleno pulmón por The Satan’s Cavern podía darte una idea más o menos aproximada de qué tipo de culto era El Proceso, también conocidos como La Iglesia del Juicio Final. Los procesanos, acompañados por sus enormes perros negros, eran fans de The Beatles, pero también de la cienciología, las predicciones sobre el final de los tiempos, Nietzsche y todo lo oscuro.


Los procesanos eran fans de The Beatles, pero también de la cienciología, Nietzsche y todo lo oscuro



Su fama les precedía. De ellos se decía que eran el culto más violento de todos los tiempos y una logia que defendía el asesinato en masa. The Cavern, desde luego, era distinto al legendario club de Liverpool. Allí cantaban canciones, himnos oscuros, folk pagano antes del revival actual. Podías participar en todo esto. Incluso en sus sabbaths, que tenían lugar cada sábado a las siete de la tarde y que comenzaban con el reparto de un folleto con un resumen de las invocaciones, respuestas y las partituras con las letras de los diferentes himnos. 



Allí se hacía entrar a dos grandes perros, uno negro y otro blanco (la atracción de los contrarios), sujetos con fuertes correas y, seguidamente, varios miembros del culto, ataviados con sus reconocibles capas negras, hacían sonar un «gong», que indicaba el inicio del acto. La música (varios guitarristas acompañados por panderetas) comenzaba y los congregados, siguiendo la melodía, cantaban «Cristo y Satán unidos en armonía».


El sábado a las sisete de la tarde celebraban los sabbaths, donde cantaban ‘Cristo y Satán unidos en armonía’

Los asistentes lucían trajes impecables (el negro combinado con el rojo o anillos espectaculares) y pelos largos. El olor a incienso lo impregnaba todo. Banderas y velas. Se trataba de una puesta en escena perfectamente estudiada e íntimamente relacionada con toda la tradicional simbología ocultista. En un lado de la sala, sobre una cortina negra, se mostraba la imagen de un macho cabrío en el interior de un pentagrama colocado verticalmente. Luego llegaba el plato fuerte

Cuando hacía su aparición la pareja formada por los antiguos cienciólogos Robert (1935) y Mary Ann De Grimston (1931-2005), fundadores e indiscutibles líderes del culto, los asistentes alcanzaban el éxtasis. Robert era el hombre enigmático de mirada intensa, una especie de Jesucristo vestido de negro; Mary, que rara vez salía de la mansión, era la mujer escarlata, la intrigante.


En la Iglesia del Juicio Final participaron George Clinton, Miles Davis, Mick Jagger o Marianne Faithfull



Jehová, Lucifer y Satanás unidos en la lucha

El Proceso creía en la existencia de tres grandes dioses: Jehová, Lucifer y Satanás, todos ellos deidades independientes que confluían en Cristo. Jehová era el iracundo dios de la venganza y del castigo; Lucifer, el ángel caído expulsado del reino de los cielos, era el portador de la luz; Satanás, por su parte, era el dios de la muerte y la desolación, un dios que encarnaba todo aquello que despertaba miedo y temor.



Para El Proceso, las cualidades de estos tres dioses estaban presentes en todos los seres humanos, por lo que uno de sus objetivos era lograr que la gente las reconociera, aceptándolas sin pretender reprimirlas. Todo dirigido a un objetivo: prepararse para el Juicio Final, un fantástico y violento Armagedón, que traería «la presencia purificadora del fuego al mundo… De las cenizas del final surgirá un nuevo inicio… amor, unidad y generosidad en oposición al miedo, el aislamiento y la guerra». Mientras tanto debías entrenarte, reconociendo todos tus miedos e inhibiciones.


El Proceso creía en la existencia de Jehová, Lucifer y Satanás, deidades independientes que confluían en Cristo



Según El Proceso «haciendo las cosas que más miedo nos dan podemos llegar a ser invulnerables» Todo podía valer. Ellos lo explicaban así: 

«Rechazar la validez del predicador de la condena, el jehovano, y el predicador de la paz a toda costa, el luciferino, y el predicador de la violencia como el único modo para acabar con el ciclo de violencia al que estamos entregados, el adorador de Satanás; rechazar los tres y esperar que toda la desagradable situación se arregle sola; quitarle importancia a la guerra; quitarle importancia a la violencia en nuestras vidas; pasar toda la responsabilidad del hecho de la guerra a otros; menospreciar el efecto de la guerra en el mundo; condenar todas las formas de actitud extrema hacia la guerra; éstos son los caminos de la ceguera y de la cobardía. Este es el camino de lo gris».

Sympathy for the devil 

Tanto en Inglaterra (Londres) como en Estados Unidos (San Francisco, Haight Ashbury), donde abrieron sedes, lograron atraer a numerosos artistas, estrellas pop, hippies, freaks y radicales. Fue la época en que soñaron que cuando llegase el Helter Skelter no estarían solos: una tropa infernal formada por Ángeles del Infierno lideraría la marcha triunfal. 



Sin embargo, los motoristas, indisciplinados e imprevisibles, no se comprometieron, y los planes para la creación de aquel ejército móvil fracasaron. Tampoco lo hicieron artistas como George Clinton, líder de la banda Funkadelic, Miles Davis, Mick Jagger o Marianne Faithfull, entre muchos otros. Todos ellos disfrutaban con su imagen y sus rituales, pero una cosa era fantasear y otra muy distinta engrosar las filas del Oscuro.


Con el final del sueño hippie, El Proceso se convirtió en el símbolo de todo lo malvado y lo perverso



Luego, con el final del sueño hippie, llegó la heroína, el vagabundeo alucinado y los asesinatos rituales con el pop como telón de fondo. El Proceso se convirtió en el símbolo de todo lo malvado y perverso. Varios periodistas se embarcaron en la tarea de atribuirles ser los inspiradores ideológicos de los más célebres asesinos de la era post-hippie. Robert intentó ser relacionado con el liquidador del sueño hippie, Charles Manson, quién por supuesto no dudó en alimentar ese misterio.

Fue el final del camino. El culto se descompuso y terminó desapareciendo. Aunque no del todo. Hoy, tras ser rescatado, es reivindicado por bandas hardcore como Integrity o músicos y artistas de culto como Genesis P-Orridge. El Partido del Diablo y sus vástagos.


Haciendo las cosas que más miedo nos dan podemos llegar a ser invulnerables

 





share