Columnas

El Hundimiento

Carlos Vareno

Martes 27 de Octubre de 2009. Tengo un correo spam en la bandeja de entrada de Gmail. Me acabo de levantar, y sinceramente, no estoy para mails en cadena de la buena suerte. Los martes no estoy para nada. Así que le doy desganadamente al link que alguien o algo me manda desde alguna parte. Parece que es el nuevo vídeo de la banda alemana Rammstein. No doy crédito, tras una orgía a ritmo de electro pop y banderas alemanas ondulantes, el cantante de Rammstein finalmente deposita un rastro perlado de esperma sobre la espalda encorvada de una rubia cualquiera. The End. Mi desayuno se complica. Son las 8 de la mañana y, oh sí, por lo que parece éste va a ser un gran día para la música mainstream y sus mecanismos de promoción en el apocalipsis de la industria cultural: electro alemán, penetraciones a destajo y transexuales. Darwin en su quintaesencia.

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All You Need Is Love

Antes de llegar al curro recuerdo que tengo algo reservado en el Fnac. De camino a la sección de libros del Fnac, escucho vagamente el "Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band" de los Beatles proveniente de la sección de videojuegos. Me acerco aguijoneado por la curiosidad, cuando de golpe me topo con John, Paul, Ringo, y a George en formato 3d en una pantalla de un expositor de la nueva entrega de Guitar Hero. Los mandos de la consola, en este caso una guitarra de plástico con siete botones de colorcitos, están desocupados mientras que en la torre circular de consolas abiertas al público una horda de retoños se arremolinan en torno a los videojuegos de tiros, masacres, y elfos afeminados en mundos kitsch. "Qué pereza los Beatles", mascullo de repente entre estallidos y sablazos medievales, y sin titubear un solo instante, subo directamente a buscar mi copia reservada de “Viaje al fin de la Noche” de Celine. Según las estadísticas oficiales, el videojuego de los Beatles ha sido un total fracaso de ventas. ¿All you need is love? No amigos, todo lo que necesita uno hoy en día es una consola y la tarde entera para reventar cabezas infográficas. Los niños ya no quieren saber nada de la música de unos melenudos de los sesenta.

Hitler, ese jodido enano dictador.

Una hora más tarde, entro en la oficina. Batientes carcajadas retumban entre esas cuatro paredes como si disparos a quemarropa se tratasen. El culpable: Bruno Ganz. Película: El hundimiento; escena final de la película. Los altos mandos del tercer Reich, acojonados, comunican a su Führer una derrota definitiva en el frente. Hitler, tembloroso, deja sus gafas de ver de cerca encima del mapamundi, postra los puños sobre la mesa y se pone a berrear como buen rottweiler germánico que es. Una escena ya mítica en los anales de internet que se ha convertido por arte y gracia del meme en una de las escenas más tuneadas de la historia del cine. Capsulillas de vídeo que corren alegremente por Youtube en versión original subtituladas sagazmente por artistas del tuning audiovisual, donde el truco consiste en poner frases estrambóticas en boca de Hitler y su caterva de asesinos metrosexuales. Desde la promoción de lavadoras, a la declaración abierta de su presunta homosexualidad, a ese enano cabrón, genocida donde los haya, se le ha visto berrear sobre todo lo habido y por haber. En esta ocasión, Hitler se coge un puteo imperial porque The Blows, banda británica sin mayor trascendencia, acaban de sacar un nuevo LP en vinilo que él no lo podrá escuchar en formato cd en el coche de camino a su castillo del mal en la ladera del monte de Kehilhenstaus. Todo un monólogo por la muerte del cd y las infames nuevas herramientas de marketing para la venta musical. "El mercado de la música es un Bunker al borde del hundimiento", parece decirnos Hitler entre ladridos. El bunker donde él y sus sabuesos malviven sus últimos días junto a nosotros, repito, nosotros todos, hacinados a ritmo de politono y rapidshare. Hagan sitio, ¡coño!, ¡que uno ya no sabe qué hacer para ganarse la vida en esta industria con dignidad!

El fin?

Hablando de industria, hace unas semanas estuve en una feria musical para profesionales. Sólo diré que allí estaban reunidos gran parte de los adalides de esa llamada industria musical española. Un edificio gubernamental albergaba stands de múltiples sellos discográficos, donde se celebraban conciertos, showcases y mesas redondas. Lo usual en estos casos. En unas pantallas planas estratégicamente situadas, Rockstar Games, conocida marca de video juegos, anunciaba parpadeante su última apuesta en juegos vinculados con la música: Beaterator. Un videojuego diseñado por Timbaland, productor de Hip Hop de sobrada reputación, en el que el jugador es el que crea su propia música sin la necesidad de INTERMEDIARIOS. (Sí, esa maldita palabreja que nos incendia los nervios cada vez que la escuchamos todos aquellos con un puesto de trabajo que conservar.) Si Internet ha malherido de muerte a las grandes discográficas, Beaterator se me antojó en esos instantes como el patíbulo definitivo del artista como único intermediario entre las musas y el vulgo. Ya no hay excusa. Todo el mundo puede ser el beatmaker que Timbaland soñó para nosotros, ese artista, omipotente y divino, que secretamente todos siempre hemos querido ser. Si no, pregúntenle a nuestro amigo filipino de más abajo.

Ahora

¿Neo-artistas, consolas y rameras? Visto lo visto, los mecanismos de supervivencia de la música ya no pueden llegar más lejos. Todo parece caer sin remedio por el agujero negro que palpita y palpita entre las penetraciones alterofílicas de la banda alemana en "Pussy". Un vídeo que, desde ya mismo, es el símbolo definitivo de una era en la música de masas que ya no puede sino que perderse lentamente en los anales de la historia para dar paso a otra que todavía no llega. El futuro a largo plazo, seguramente, será de las indies, de las discográficas con la suficientemente flexible estructura empresarial como para poder adaptarse a los constantes cambios tecnológicos. O eso dicen los futurólogos de nuevo cuño.

Dicho lo dicho, tras el segundo café de la mañana, y no sin cierta ansiedad, voy a conectarme a internet otra vez no vaya a ser que desde que dejé mi azotea apenas hace unas horas el mundo tal y como lo conocíamos haya cambiado otra vez por completo. Esta es una pesadilla que me asalta noche tras noche: (enciendo el ordenador entre penumbras, y todavía en estado de vigilia, atestiguo indefenso como la mesa, los electrodomésticos de la cocina, los sillones, las cuatro paredes del salón se desintegran en espirales para desembocar en una abertura en el suelo). Un estado de pánico silenciosamente aterrador. Como reza el vídeo de Rammstein, "Youve got a pussy, you've got a dicka, so what's the problem, let's do it quick". Pues eso.

Carlos Vareno es un desconocido que semana tras semana envía a nuestro correo electrónico textos, dibujos y diagramas, columnas esbozadas. En el asunto siempre pone "Desde la azotea del edificio", y cuando hemos querido ponernos en contacto con él, conocerlo personalmente (como hacemos con todos nuestros colaboradores), simplemente deja de contestar nuestros mails

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