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Lo mejor del Hollywood pre-código: 7 películas anteriores a la censura que no puedes perderte

Un popurrí variopinto de películas sexy vintage para amenizar la semana: divorcio, poligamia, bisexualidad, nudismo, marihuana y espías ya lo petaban durante los años 30 del siglo pasado

Entre los años veinte y los treinta Hollywood vivió una época dorada de liberación, pero eso fue hasta que la Liga de defensa católica les cerró el chiringuito. Viajamos hasta entonces para desenterrar los tesoros del cine pre-código.

Hollywood. Champagne y lentejuelas por doquier. Todo lo realmente chungo está por llegar. La gente fuma en el cine, la gente fuma en el tren. Señores engominados a tope, mujeres elegantísimas… Todo el mundo sale guapo en las fotos. La gente habla de progreso. Las mujeres lanzan el corsé por la ventana.

Desde que en 1927 aparecen las primeras películas habladas —recuerden Cantando bajo la lluvia— hasta que en 1934 la Liga de defensa católica cierra el chiringuito de la libertad de expresión, y devuelve a Hollywood su cinturón de castidad, tenemos varios años de cine americano sin mordaza. Un cine que era muchas cosas, entre ellas sexy, y que destapó el gran pastel: al público le gusta lo sexy.

Durante años la joie de vivre alcanzó la pantalla dejándonos títulos realizados gracias a la “la técnica Hitchcock”: se escribe un guión soberbio sobre la infinita complejidad de la mente humana, se vende a los productores una historia simplona, y se convence al público con una narración inmaculada. Nunca falla. Todos contentos. El problema nunca es la estupidez del público. Nunca.

En el breve tiempo que hoy nos ocupa, las mujeres dejaron de representarse en pantalla como formas puras —la santa, la pecadora, la ingenua, la vampiresa—. Y es que cuando el estereotipo cae, el cine gana.

"Tijera en mano, todo aquello relacionado con la ley, la religión, y por supuesto el sexo sería susceptible de ser censurado"

El código Hays entró en vigor a petición de la “Liga de la decencia” monitoreada por la Iglesia católica con un objetivo bien claro: no autorizar ningún film que pudiera rebajar la moral de los espectadores. Tijera en mano, todo aquello relacionado con la ley, la religión, y por supuesto el sexo sería susceptible de ser censurado. Las escenas de pasión, los desnudos y los “amores impuros” quedaban fuera de discusión.

Al maravilloso mundo de las películas pre-código llegué a través de las memorias de Scotty Bowers, y gracias a Internet, ese gran bolsillo mágico de Doraemon, recientemente he encontrado dos documentales bastante entretenidos sobre el tema — Thou shalt not: sex, sin & censorship (2007) y Complicated Women (1993)—, y una web desde donde pueden verse muchas de las películas habladas realizadas antes de que entrara en vigor el Código Hays. Vaya por delante que las películas están en inglés sin subtitular, así que armaos de valor y aprovechad para mejorar un poco vuestro spanglish, no sea que os hagan una entrevista sorpresa a lo Jorge Lorenzo y os veáis en bragas.

The Divorcee (1930)

Dir. Robert Z. Leonard

Norma Shearer, Robert Montgomery, Chester Morris

Norma Shearer vivió The Divorcee como reto y catarsis personal, y lo petó en grande hasta ganar un Óscar. En ese momento ya era una estrella poderosa, respetada y rentable. También era la mujer de Irving Thaleberg, jefe de producción de la MGM. Irvin compró los derechos de Ex Wife, la polémica novela de Ursula Parrott en la que se basó la película. Norma lo vio clarísimo, se hizo unas fotos bien sugerentes por si su marido tenía dudas, y aprovechó la oportunidad para demostrar al mundo la actriz que podía ser. Bordó el papel. Se lo creyó. En lugar de aceptar la infidelidad como un corderito sumiso decidió buscar la B·I·T·C·H que llevaba dentro. Y vaya si la encontró.

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Shangai Express (1932)

Dir. Josef von Sternberg

Marlene Dietrich, Clive Brook, Anna May Wong

Marlene Dietrich es una diva mayúscula, un tipo de belleza que sobrepasa la censura. Ya la pueden ataviar con un saco de arroz, el look se verá chic. Como toda mujer inteligente y poderosa con estilo, ella no sigue las modas: las dicta. El personaje le iba como un guante, ¿quién sino podía interpretar a Shangai Lili? Aventurera, orgullosa, hermosérrima. Shangai Express es un verdadero festival para los amantes de la fotografía, y sin la exquisita iluminación del film —amén del sagrado rostro de Marlene Dietrich— el film no desparramaría erotismo a raudales.

Design for living (1933)

Dr. Ernst Lubitsch

Fredric March, Gary Cooper, Marian Hopkins

Ahora que parece que las relaciones monógamas han pasado de moda es buen momento para leer Pornoburka y revisar la propuesta de Ernst Lubitsch, donde una señorita y dos caballeros, todos ellos artistas, emprender la aventura de cohabitar. El título es impresionante: Design for living. A fin de cuentas, ¿no es toda la vida en pareja, sea entre dos o entre quince, una cuestión de diseño eficiente?, ¿de pactos? Por antinatural es tan antinatural vivir en un dulce menáge a trois como ir al cine. Para nuestro pequeño grupo de amigos todo empieza en un tren, en París, con el clásico flechazo de viaje en el que una parece estar en el estado emocional perfecto para enamorarse, dejarse llevar y aceptar que el amor puede tener formas imprevisibles, y a veces un poco estresantes.

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Queen Christina (1933)

Dir. Rouben Mamoulian

Greta Garbo, John Gilbert, Ian Keith

Biopic sobre la reina Cristina de Suecia en el que la gran Garbo interpreta el papel de reina bisexual transexual. La película es magnifica, pero lo interesante es que la actitud pre-código la vemos dentro y fuera de la pantalla. Greta Garbo se encaprichó con la película, el personaje de la reina, lleno de matices, era toda una reflexión sobre la feminidad y la construcción de la identidad, y ella tenía una idea muy clara de cómo había que interpretarla, así que lo dejó muy claro a los estudios: la película se haría a su criterio, o no habría más películas. La actriz se mostró tan indomable y poderosa como el personaje.

I’m no Angel (1933)

Dr. Wesley Ruggles

Mae West, Cary Grant, Gregory Ratoff

Mae West y Cary Gran, qué más puede añadirse. En lo creativo, Mae era un poco como Lena Dunham, una genia con una enorme necesidad de control. Ella escribió el guión de I’m no Angel y tuvo control sobre la dirección y el reparto, donde por supuesto, ella interpretaba a una estrella de circo que seducía a los hombres sólo con pestañear. Claro que tener ese tipo de control creativo para una mujer en los años 30 es doblemente meritorio, por no hablar del glamour de Mae West. Lena es muy entrañable, y todos somos fans de Girls, pero en este sentido no se puede comparar. Lena es como el yogur líquido de banana y fresa; Mae el champán francés.

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Murder at the Vanities (1934)

Dir. Michaell Leisen

Carl Brisson, Kitty Carlisle, Victor McLaglen

Quien sea fan de los musicales no puede perderse esta bizarra lista de softcore añejo. Los musicales en la era pre-código dieron mucho de sí con sus innumerables coreografías de psicodélicas geométricas humanas y vestidos semitransparentes con plumas y pezoneras a modo de hoja (por ejemplo). Los tocados en las cabezas de las bailarines también podían resultar bastante épicos. En el caso que nos ocupa, Murder at the Vanities, hay una número maravilloso en el que se cantan todas las virtudes de la marihuana. Las copias que nos llegan ahora no han sido restauradas y cuesta apreciar el impacto, pero no debemos olvidar que las pelis se coloreaban. Imagínense la gente sentada en el cine viéndose inundada en un estallido de verde: cogollos en la cabeza a modo de frutero, mujeres-planta contoneándose, la pobre cantante ajena a todo, pensándose que ‘marijuana’ es el nombre de algún tipo de instrumento mejicano, los guionistas, ya con la monchi, meándose de la risa…

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Tarzan and his mate (1934)

Dr. Cedric Gibbons

Johnny Weissmuller, Maureen O’Sullivan, Neil Hamilton

Esta película produjo esencialmente dos problemas. El primero es que Tarzán tuviera una ‘colega’. La falta de matrimonio, aunque fuera en la selva, era inconcebible. El segundo es que Tarzán y su ‘colega’ se bañaran desnudos. El nudismo y el adulterio en la selva era el colmo de la inmoralidad. La mítica escena del lago en la que Tarzán tira a Jane cae al agua y casualmente durante la caída una rama le arranca toda la ropa tuvo que grabarse contemplando todas las variables posibles de censura para cada estado. Con fancy-panties y sin fancy-panties.

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