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Historia de un error: Cretinismo, mass-media y el caso de los neutrinos

Explicaciones sencillas a cuestiones científicas complejas: una nueva columna sobre la materia, el tiempo y el universo al alcance de todos

"Decir que los expertos se quedaron sorprendidos con el primer anuncio es quedarse corto. Se mostraron recelosos e incrédulos, incluso tuvieron cierta actitud despectiva hacia el presunto descubrimiento."

El sueño húmedo de cualquier científico es que la física de partículas se cuele en las conversaciones de bar, y estos meses el sueño se ha cumplido gracias al ya célebre “caso de los neutrinos”. En septiembre de 2011, en una rueda de prensa que tuvo lugar en el CERN, se anunció la existencia de evidencias experimentales que indicarían que los neutrinos viajan a una velocidad superior a la de la luz. En febrero de 2012 esos mismos científicos anunciaron unas anomalías en las medidas, y finalmente, en marzo, se confirmó que unas nuevas medidas contradecían el primer experimento y, por tanto, parece ser que los neutrinos no viajan más rápido que la luz. Para analizar las reacciones ante el anuncio y el desmentido, dividiremos a la humanidad en tres grupos: expertos, mass-media, y gente que se informa de cuestiones científicas a través de los mass-media.

Decir que los expertos se quedaron sorprendidos con el primer anuncio es quedarse corto. Se mostraron recelosos e incrédulos, incluso tuvieron cierta actitud despectiva hacia el presunto descubrimiento. Veánse estridencias como las de Chang Kee Jung, el portavoz de un experimento similar realizado en Japón, que declaraba que “no me apostaría mi mujer y mis hijos [a que las evidencias son erróneas] porque se enfadarían, pero sí mi casa”. En cualquier caso, son los propios descubridores del CERN los que mostraron una extrema cautela y casi invitaron a la comunidad científica a revelar algún posible error de medición. Vamos, método científico al pie de la letra. Pero, pregunta nº 1: ¿Por qué estaban los físicos tan seguros de que nada puede viajar más rápido que la luz?

Los mass-media, por su parte, anunciaron a bombo y platillo el advenimiento de una nueva era de viajes en el tiempo, paradojas causales y desmantelamiento de paradigmas científicos. Todo ello aderezado con música de misterio, primeros planos del cerebro de Einstein en formol y cortes de Michael J. Fox ligándose a su abuela. Y por supuesto, alguna imagen de Stephen Hawking (aunque Stephen, la persona más inteligente que nunca haya existido ni existirá en el multiverso, por una vez aprovechara la excelente oportunidad para abstenerse de opinar). En resumidas cuentas, obviaron por completo la pregunta nº1 asumiendo implícitamente que el espectador no está capacitado para comprender la importancia del descubrimiento. Tecnificaron de forma artificial la información empleando términos de relevancia tangencial como ‘partícula subatómica’, ‘viaje en el tiempo’ y ‘paradoja causal’. Sesgaron la información y se quedaron con lo más complicado.

Todo lo contrario ocurrió, sin embargo, cuando los mismos medios de comunicación ofrecieron su versión de los comunicados que desmentían el primer descubrimiento. Tras escuchar titulares como “un cable suelto da al traste con el experimento que cuestionaba la teoría de la relatividad de Einstein” o “pudo ser obra de una chapuza”, uno se pregunta por qué en este caso sí se esfuerzan por eliminar complejidades técnicas.

La simplificación es vergonzante en ambos casos, pero, pregunta nº2: ¿Por qué este doble rasero a la hora de seleccionar la información relevante para el espectador?

La gente que se informa de cuestiones científicas a través de los mass-media, con un entusiasmo más contenido, conversó sobre los neutrinos como quien opina del tiempo. “Pregunta: ¿Has visto lo de los neutrinos?, viajan más rápido que la luz. Respuesta: Sí, brutal, nada puede viajar más rápido que la luz, lo dijo Einstein”. Con esta tautología se suele despachar el asunto y, desvelado el misterio, a otra cosa. En realidad, el segundo interlocutor, si desconoce las razones, estaría totalmente legitimado para responder: “¿Y qué?”. Y esto nos lleva a la pregunta nº3, ¿Por qué nadie se hace la pregunta nº1?

Respuesta parcial a la pregunta nº1. ¿Por qué estaban los físicos tan seguros de que nada puede viajar más rápido que la luz?: A bote pronto, y conociendo la costumbre de físicos y no físicos de hacer del caso conocido la regla para lo desconocido, uno podría pensar que la sorpresa de los expertos está justificada por el hecho de que nadie se haya topado jamás con nada que viaje más rápido que la luz y que, por primera vez, alguien haya encontrado una partícula que es la excepción, el perro verde del que no teníamos constancia. Esto es lo que trataba de decir nuestro imaginario interlocutor al referirse a Einstein con su versión LOGSE del Principio de la Relatividad: “ Nada puede viajar más rápido que la luz”. Lo cierto es que las consecuencias del principio de la relatividad afectan a todas las partículas, viajen o no más rápido que la luz, y en general a la manera en la que medimos el espacio y el tiempo. Por seguir con la analogía del perro verde, diremos que la no existencia de perros verdes (cosas que viajen más rápido que la luz) tiene consecuencias en todos los perros normales (cosas que viajan más lentas que la luz), y hemos verificado estas consecuencias en los millones de perros normales que llevamos observando desde hace más de un siglo. Por eso los físicos creen que nada puede viajar más rápido que la luz. Así, estaría justificada la incredulidad de los expertos, que niegan la mayor amparándose en múltiples evidencias contrarias.

"Los medios de comunicación no desaprovechan la oportunidad de permitir al espectador un suspiro de suficiencia o una sonrisa maliciosa incluso cuando se trata de física de partículas."

Mi respuesta a la pregunta nº2 ¿Por qué este doble rasero a la hora de seleccionar la información relevante para el espectador?: Porque los medios de comunicación asumen que el espectador es una persona mezquina que disfruta participando del escarnio público. Algo así como una vieja entrometida de un pueblo de Palencia que muestra un absoluto desinterés hacia el amor declarado por dos jóvenes no consanguíneos (i.e. “El amor es un misterio insondable”), pero es capaz de perder el turno en la carnicería por conocer los simplificados motivos de un divorcio: “Le puso los cuernos, como lo oyes” (i.e. “Si no me entero, me lo invento, como lo del cable suelto de los neutrinos”).

Este fenómeno de sobretecnificación de logros de la humanidad y simplificación de sus errores es muy común en los mass-media. Desde la información económica, en la que el desarrollo económico de países emergentes va ligado al nuevo mapa geopolítico, globalización, inversión en I+D+i, mercado exterior con otros países emergentes, etcétera; mientras el descalabro económico de la crisis se explica mediante chapuzas y robos. Hasta la información deportiva, donde el buen momento de un equipo de fútbol suele deberse a intrincados sistemas tácticos mientras que sus resultados negativos se explican mediante los árbitros, el cansancio o la falta de “hambre de títulos”.

Del mismo modo, los medios de comunicación no desaprovechan la oportunidad de permitir al espectador un suspiro de suficiencia o una sonrisa maliciosa incluso cuando se trata de física de partículas. “Un cable suelto, si al final es lo mismo que me pasó a mí cuando no funcionaba el DVD”, parece que invitan a pensar. Cuando se trata en cambio de un descubrimiento que va a cambiar la forma de ver el mundo de unos pocos, el mensaje viene a ser algo así como “no te molestes, no podrías entenderlo, es ciencia y sólo a un experto le concierne”. Así que, como no te invitaron a la fiesta, al menos que te dejen reírte cuando a otros les toca recoger la mierda.

Lloriqueo ante la pregunta nº3, ¿Por qué nadie se hace la pregunta nº1?: “Nada puede viajar más rápido que la luz”; “los fertilizantes inorgánicos son malos para tu salud”; “la prueba del carbono-14 data su fabricación en el siglo 2 a.C.”, etc. Estas afirmaciones deberían desatar preguntas a chorro, preguntas de niña consentida y con un CI de 160: “¿Y si voy en un coche en dirección contraria a un rayo de luz, no lo veré pasar a mi lado a una velocidad superior?”; “¿si mi cuerpo no digiere las sustancias inorgánicas de los fertilizantes cómo pueden ser perjudiciales?”; “¿cómo pueden unos átomos de carbono ‘envejecer’ y darnos así información sobre la antigüedad de un objeto?”. Pero no, nada de nada. Así que los científicos hemos descubierto con el “caso de los neutrinos” que nuestro sueño húmedo no era que se hablara de física de partículas en los bares. Nuestro sueño es que las chicas guapas de los bares sean niñas superdotadas. Para las demás, este vídeo, en el que Feynmann os enseñará a hacer preguntas.

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