Columnas

Hijos de un dios retrasado

Personajes y anécdotas olvidables que no interesaron ni en su momento

La historia (y la cultura), dicen, la escriben los vencedores. ¿Y qué ocurre con los perdedores, los freaks y otros desastres de la naturaleza? En esta columna, Diana Aller recupera la memoria de gloriosos fracasos, del futbolista Edmilson al Minidisc y la Cherry Coke.

Lo que somos, amigos míos, no es sólo producto de la genética y la fortuna. Reconozcamos que interfieren unos referentes especiales: personas, personajes o incluso estilos musicales que nos llenan e inspiran, que nos dictan el sentido de la vida, que otorgan lo más grande de lo que somos, y que son, al fin y al cabo, nuestros héroes. Es innegable la impronta de modas, deportistas o productos sobre nuestro carácter. Estamos compuestos de impactos sensoriales, recuerdos y sensaciones que nos han ido marcando.

Si tienen este concepto bien asimilado, perfecto. Porque vamos a hablar de la némesis, de los que no sólo no nos han influido, sino que no nos importaron ni en su momento. Su estela se apagó sin impregnarnos mínimamente, y cayeron en el más justo de los olvidos. Vamos pues con esta caterva de perdedores carentes de carisma e interés.

1. Edmilson

José era un muchacho brasileño que, como tantos otros compatriotas, jugaba divinamente al fútbol. La suya es la historia mil veces escuchada del niño pobre persiguiendo su sueño... y alcanzándolo. Después de pasar por el Barça, fue fichado por una millonada gansa por el modesto Villareal. Edmilson no daba ni una, sin que nadie entendiera por qué. Tuvo que retornar a su patria carioca para que se diera a conocer la vida disoluta y abyecta que llevaba. Juergas, drogas, travestis, y esas cosas que gustan a los futbolistas le llevaron al olvido definitivo. Y como no tenía ni puta gracia, ni encanto ninguno, resultó fácil. El jugador redimió sus pecados con la religión, algo también muy típico de estos seres muy dotados cuando tienen un balón delante, pero meningíticos mentales cuando tienen que usar el cerebro.

2. Las hermanas Abradelo

Como sucede en los dúos de hermanas artistas, aquí también hay una un poco más a la sombra de la otra (más si cabe, sí, porque seguro que ustedes, avezados lectores, desconocen incluso quiénes son estas dos). Les pongo en antecedentes: “Un, Dos, Tres”, etapa 1991-1993. Unas guapas azafatas decoran, cantan y multiplican en el afamado concurso de Chicho Ibáñez Serrador, aquel señor que tenía más de viejo verde que de genio televisivo. Una de ellas, María Abradelo –sueño lúbrico de ortodoncistas por su descomunal boca–, está en la cima de su carrera artística. Siente la envidia femenina y el deseo masculino por su tonificado cuerpo; se contonea con soltura por el plató, ensaya sin descanso y se viene arriba en los simpáticos y a ratos picantones números musicales. Después vendrían galas navideñas, programas propios de varietés o un espacio tan incomprendido como adelantado a su tiempo “De Fiesta En Fiesta” en el verano del 96 en Canal 9 junto a Arévalo. Pero María, muchachita inquieta y solvente donde las haya, fue más allá. Según su CV oficial (que lo tiene, en su web), participó también en 27 capítulos de la serie de Antena 3 “Hermanos De Leche” y en varios sketches de “Esta Noche Cruzamos El Mississippi” y fue concursante de “Aventura En África”, el “Supervivientes” de Antena3. De una gala a un concurso, pasando por canciones y bailes zarzueleros, María ha sido una rutilante estrella a punto siempre de eclosionar. De hecho, ahora se halla embarcada en un proyecto “muy bonito” según sus palabras, del que además es creadora: un musical llamado “Cenicienta Rockera” que se representa en la floreciente, boyante y finísima ciudad de Valencia. Pero… ¿y Romy, la Mónica Cruz, la Marta Valverde, la Carla Duval del dúo hermanil? Pues, como las grandes de verdad, Romy rebosa humildad. He encontrado una página que define a la perfección su carácter, narra su carrerón artístico y anima incluso a su contratación.

Siempre a rebufo de María, con un físico muy parecido e igualmente pizpireta y espectacular, Romy se perfila como el premio de consolación de una gala autonómica tras cuatro negativas de otras tantas presentadoras-actrices-artistas (incluyendo a su propia hermana, claro). Romy, incansable, lo seguirá intentando una y otra vez. A lo mejor el momento de ambas esté aún por llegar. Las hermanas Abradelo, que hasta hoy probablemente ni les sonaban, en breve pasarán de nuevo al olvido de sus depauperados hipocampos cerebrales... ¡Cuán injusta es la vida a veces, amigos!

3. Minidisc

Desde Japón se anunció con todos los honores, allá por 1991, un formato revolucionario para la grabación y reproducción de audio. Sería la novedosa y magnífica sustitución a las engorrosas cassettes y abrirían un nuevo mundo sobre todo en el cambiante y caprichoso universo musical. Se acabarían los bolígrafos Bic para rebobinar, el celo para regrabar, la rabia por no caber entera “Purple Rain” al final de la cinta y también la debilidad y tosquedad del engorroso cd.

¿Qué ocurrió entonces para que hoy nadie eche de menos aquel invento llamado Minidisc? En principio, parecía un formato simpático: un CD pequeñito y regrabable… Aunque, desgraciadamente, se planificó mal y en un momento poco adecuado. Para empezar, los reproductores eran excepcionalmente caros; y para seguir, el mp3 se convirtió en el formato más cómodo para manejar tonadillas musicales. El resultado fue nefasto: en Japón se utilizó de forma masiva durante años; algo en Inglaterra… y en España, muchos incautos compraron cadenas musicales –cadena, ese gran concepto– con su Minidisc incorporado por un altísimo precio, que al poco tiempo se pudieron introducir por el ano, al tiempo que se tiraban de los pelos: aquello había sido una estafa, un castigo por ir de guay.

4. El Pocero Bueno

Si Francisco Hernando, el Pocero, pasará a la historia por su fascinante biografía, su perfil torrentiano y su estilo 100% Gil, de José Moreno, “el pocero bueno”, no se acordará ni el tato. El primero nació en la más mísera de las pobrezas y amasó dinero ajeno sin escrúpulos, agenciándose unos beneficios descomunales. Se convirtió –con uno de los yates más grandes del mundo– en la representación carnal del ladrillazo español. El segundo apareció cuando aún había negocio, facilidades bancarias y el boom inmobiliario se desinflaba. El malo proyectó toda una ciudad con 13.000 viviendas que llevaba su nombre, que tendría un embarcadero y que se asentaba sobre un auténtico desierto. Por supuesto, no pudo ni terminarse. El bueno trató de demostrar que minimizando el beneficio era posible construir viviendas dignas a precios asequibles. Para los demás empresarios, mangantes y constructores, suponía una amenaza. Al final, ni unos ni otro pudieron culminar su tarea. La burbuja hizo chof y todo se vino abajo. El pocero bueno inició una huelga de hambre este mismo año, cuando La Caixa le dejó colgado con su promoción de viviendas apenas empezada. Al fin y al cabo, él estaba dejando colgados a un montón de jóvenes que le habían confiado sus ahorros. Aguantó 17 días sin comer, y las cosas siguen igual… Lo dicho, nadie se acuerda del pocero bueno. Casi que ni del malo tampoco.

5. La Cherry Coke

Coca-Cola en España da demasiado a menudo palos de ciego. Basta con ver el último spot con el gordo de Carlos Jean en la playa. Apetece comprarse un arma y asesinar; darse a la heroína, explotar menores en una fábrica de munición… cualquier cosa menos una Coca-Cola. En su día –bueno, en el 95– Coca-cola introdujo la Cherry Coke en España, cuando ya circulaba con éxito por el resto del planeta civilizado. Pero si hoy ponen a Carlos Jean como exponente de modernidad y juventud, imagínense cómo es éste, nuestro peculiar país… La Cherry Coke (Coca-Cola con sabor a cereza) no duró ni un año en los comercios. El caso es que ahora son muchos los que dicen que les gustaba. Quizá la campaña (un musicón tribal que rezaba “no hagas el indio, haz el cherokee”) iba sólo encaminado a asiduos de las catedrales del techno, y claro, no eran el público objetivo. Quizá el paladar español es puro como la Virgen de los Desamparados y no admite mezclas. Existe fuera de nuestras fronteras la Cherry Coke con un toque de vainilla. Imaginen qué delirio de sabores, un surrealista tripi para el sentido del gusto. Los adictos a la cafeína lo tenemos muy chungo: poca variación y por una cuestión de conciencia y honestidad, ahora no consumimos Coca-Cola. Buf…

6. Pantalón bufón

Primavera de 1990. Millones de impávidos jovenzuelos, hartos de una vida sexual solitaria, aburridos como monas que se despiojan unas a otras y necesitados de idolillos paganos, ven aparecer en sus televisiones algo impresionante: Un negro, para la época muy subversivo, que baila como una marica lacia y canta “U Can´t Touch This” mientras porta un pantalón improbable, que no imposible –a la vista estaba–, ancho por arriba y recogido por debajo. ¿Qué era aquella visión luciferina? Era, ni más ni menos, que MC Hammer, un pseudo-rapero que vendió millones de discos de aquel jitazo.

El pasó a la historia gracias a la impronta que dejó en la chavalería toda de la época. Sus pantalones, antaño seña de identidad, mutaron y volvieron en sucesivas oleadas del cruel y vertiginoso mundo de la moda. Su enésima reedición se llama con el prosaico calificativo de “pantalón cagao” en el mercadillo de Majadahonda. Para estilistas falsamente remilgadas son “pantalones baggy”; pero son la misma mierda que aportó hace más de 22 añitos el señor Hammer, que hoy sigue viviendo de aquel exitazo, aunque sus pantalones hayan pasado a la historia como una mera anécdota estética, tan olvidable como cualquiera de las categorías de este listado. Aquellos jovenzuelos que miraban pasmados y estólidos la MTV son hoy padres de familia, con exitosas carreras profesionales, que miran con deseo a todas las mujeres menos a la suya y que se sonríen para sus adentros cuando escuchan “U Can’t Touch This”.

7. Mare de Castro

Todos tienen derecho a su cuarto de hora de fama warholiana, y esta desconocida, que la selección de personal del Sánchez Romero calificaría como “café con leche” era –atención– amiga de Tony Anikpe, el ex nigeriano de Raquel Mosquera, a su vez viuda del boxeador Pedro Carrasco, ex marido de Rocío Jurado. Si no se han perdido en esta sucesión de personajes, es que son ustedes unos enfermos sin remedio, quede claro, por favor. El caso es que Mare (que se me escapa si es nombre, apellido o apodo para ejercer) salió a la palestra televisiva por ser una amante despechada de Anikpe. Al poco, dijo que el nigeriano la tuvo secuestrada para vengarse, con torturas y vejaciones, y por supuesto nadie la creyó. Su historia y su recuerdo se fue diluyendo en el océano del chismorreo, en aras de nuevos personajes, de trepidantes historias, como la de Raquel Mosquera hablando sola en el quicio de un ventanal de la López Ibor... Un episodio terrorífico, que cuesta olvidar... No como a la pobre Mare de Castro.

8. Bartolomé Rubia

Una anécdota parecida fue la que protagonizó este joven en apariencia centrado, pero en el fondo gemelo a Caballito de Mar (el díscolo ex de Falete). De hecho, era concejal del PP en la Carolina, Jaén. Hasta que un fin de semana de mayo, en el año 98, Bartolín, como fue apodado después, permaneció 12 horas en paradero desconocido. El edil, de 27 años, contaba encantado después que le había secuestrado ETA, que unos malvados (y, por tanto, probablemente encapuchados) integrantes de algún desalmado comando terrorista, le habían llevado a Irún, y aprovechando un despiste de los secuestradores, había conseguido escapar. Es evidente que Bartolín ansiaba fama, pero sólo consiguió escarnio. La única que le creyó fue su novia, una chica de 15 años. Lo más benévolo que se dijo de él fue que “en todos los pueblos hay un tonto”.

9. Tecktonic

A comienzos del milenio parecía que el tecktonic lo iba a petar. Un baile espasmódico, en el que los brazos hacían las veces de hélices y las almas actuaban como poseídas por el mismísimo maligno. Como todas las modas artificiales e impuestas, pasó enseguida de enterados coolhunters a pringados al borde de la marginación. El también llamado electrodance desapareció de nuestras vidas para volver después en forma de mutación deforme: a saber, ‘tecktonic yoga’, ‘tecktonic reggaetón’... De hecho, hace un año hubo un revival en Latinoamérica y se ha convertido en uno de tantos microfenómenos de YouTube que da para unas risillas. Y no hay mucho más que contar, la verdad.

10. Dancing Baby

Puede que de tan olvidable, el recuerdo de este holograma permanezca aletargado en sus depauperadas memorias, pero a poco esfuerzo que hagan, queridos lectores, sobrevendrá esta suerte de pesadilla en 3D que apareció no se sabe muy bien por qué en nuestras vidas y en nuestros receptores televisivos. El Dancing Baby, que daba pena, asco y miedo, también era conocido como ‘Cha cha cha baby’, porque al parecer emulaba el conocido baile... Pertenece a los comienzos de Telecinco, a la memoria colectiva, al universo retorcido y chungo de “Vip Noche” y “Vip Guay”, al imaginario previo al ‘M’, al ‘cristal’ o Justin Bieber, que, bien pensado, tal vez también sea un holograma; o el propio Dancing Baby, con sus denterosos movimientos y su impúdico pañal, que ya ha crecido y se ha convertido en ese engendro con apariencia de joven lesbiana. Sea como fuere, no merece estar en ese elitista Olimpo de los elegidos para la fama y el recuerdo, como el resto de este listado.

Así que hagan el favor de olvidar todo esto que han leído, que de nada les va a servir en sus fascinantes y seguro que plenas vidas. Tal vez ocuparse de los que tienen fama y éxito justificado sea la solución, aunque yo particularmente no lo creo. Prefiero idolatrar a quien no lo merece, elucubrar sobre cómo habrán acabado o, simplemente, testar que los humanos y nuestros inventos, no somos para tanto.

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