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Haters, lo sentimos pero Kanye ha vuelto a hacer un discazo

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Caótico y lucido, espiritual y vulgar: Kanye sigue en plena forma

Franc Sayol

16 Febrero 2016 19:50

A Pablo de Tarso muchos le tildaron de loco. Al fin y al cabo, fue un judío que se convirtió en el mayor apóstol del cristianismo tras ser derribado por un resplandor venido del cielo que solo él vio. Aquellos que lo han leído dicen cosas como que “produce la impresión de radical, orgulloso, antifeminista y hasta antipático y regañón para el que no profundiza en su personalidad”. Pero la historia le ha acabado situando como un mesías la altura de Jesus de Nazaret.

Pablo de Tarso, San Pablo, es, claro, el Pablo de The Life Of Pablo.



Kanye West también está cegado por una pasión mística. Ser fan suyo no resulta sencillo. Es como si quisiera ver hasta qué punto puede comportarse como un imbécil y que sigamos perdonándole por su música. Solo así puede entenderse un acto de auto-sabotaje tal como tuitear: “BILL COSBY ES INOCENTE” (cuando, de hecho, en "Facts" da entender justo lo contrario). En este sentido, el conjunto de su obra puede interpretarse como una gran performance sobre el poder de redención del arte.

A veces parece que quiera probar hasta qué punto puede comportarse como un imbécil y que sigamos perdonándole por su música.

La “sabiduría” de Facebook (esa que se mide por la cantidad de likes que acumulan los comentarios) también nos dice que Kanye es un loco, por decirlo suave. Odiar a Kanye forma parte del dogma de la corrección política. Es lo que toca para ser una persona de bien. Y, esta vez, el cuchillo entre los dientes de los haters estaba más afilado que nunca. Había llegado el momento de constatar su declive definitivo, de certificar la muerte del artista en manos del personaje. De invocar a Taylor Swift y proclamar que los buenos habían vencido.

Pero entonces le das al play y una niña de cuatro años dice que “no queremos al diablo en este clase”. Y empieza a sonar Ultralight Beam. Y para cuando Chance the Rapper dice lo de "I made Sunday Candy, I'm never going to hell/ I met Kanye West, I'm never going to fail", te acuerdas de qué iba la cosa. Te acuerdas de que nadie en el Siglo XXI ha hecho discos como los ha hecho Kanye West y de que, a ti, Taylor Swift siempre te ha parecido un poco diabólica. Y te acuerdas que nada es blanco ni negro, ni mucho menos gris. Sino todo a la vez.



El temor era real: Kanye parecía destinado a entregar el primer mal disco de su carrera. Un segundo hijo recién nacido, una línea de zapatillas que amenazan el reinado de las Air Jordan y una firma de ropa en crecimiento parecían demasiadas distracciones como para seguir exigiéndose del mismo modo con la música. Pero como ya aprendió Rick Rubin durante las sesiones de Yeezus, nunca hay que menoscabar la dedicación de Kanye a la hora de grabar un disco.

Este es el primer disco en que Kanye no se reinventa. Pero sí existe una evolución espiritual.

La concepción general es que este es el primer disco de Kanye que es “solo” un álbum. Que no rompe esquemas. Que no se focaliza en un solo concepto. Que no reinventa a su yo artístico. En este sentido TLOP podría considerarse el peor disco de Kanye. Pero ni una cosa ni otra son exactamente así. La revolución, aquí, hay que buscarla en lo espiritual.

TLOP es, como ya avisó Kanye, un disco de gospel. Pero es un disco de gospel con actitud punk. Música religiosa interpretada conel lenguaje más profano posible. Canciones sobre la redención cristiana en código 2.0. En un momento en el que se acusa a gran parte del hip-hop de predicar la frivolidad extrema, quizá este sea el camino que necesita el rap para volver a ser elevado. ¿Será el gospel punk lo que nos salve del trap? Solo el tiempo lo dirá.



El alma de Kanye es tan contradictoria como la misma idea de un perseguidor de cristianos convirtiéndose en su mayor apóstol. En TLOP esto es más explícito que nunca. Es un disco en el que conviven coros de iglesia y el blanqueamiento de ano. En el que en un momento está llorando escribiendo un homenaje a su padre y en el otro se atribuye la fama de Taylor Swift. Un disco que incluye canciones sobre proteger a su família y canciones en las que objetiviza a su mujer. Un disco que incluye mensajes para “madres que llevan a sus hijos en el coche” y mensajes de convictos acadena perpetua como Max B.

El sonido de TLOP es un compendio de todos sus discos hasta la fecha

Si TLOP nos muestra todos los Kanyes, también suena a todos los Kanyes. En Ultralight Beam está la exaltación soul de CollegeDropout, en Real Friends recupera el flow de Late Registration, la celebración sintética de Highlights y Waves es la misma que en Graduation, la vulnerabilidad de FML y Wolves es la que ya mostró en 808's & Heartbreak, el minimalismo industrial de Feedback yFreestyle 4 bebe del libro de estilo de Yeezus y el modo en que todas las piezas de una sinfonía imposible acaban encajando solo es comparable a My Beautiful Dark Twisted Fantasy. Pero en ningún caso suena a refrito. Sino a apuesta doblada.

Los sampleos de Arthur Russell en 30 Hours o de Section 25 en FML vuelven a constatar su incomparable oído para recontextualizar obscuridades. Los de Sister Nancy en Famous y Mr Fingers en Fade sonotra prueba de su audacia para darle la vuelta a grandes clásicos y convertirlos en hits por derecho propio. Se junta con gurús del trap como Metro Boomin y con gurús del crate-diggin como Madlib. Apuesta por beatmakers jóvenes como Cashmere Cat y por beatmakers veteranoscomo Karriem Riggins. Juega con conceptos; convierte a Rihanna y Nina Simone en la misma persona y hace aullar a Caroline Shaw en Wolves. Samplea a un videojuego de los noventa como Street Fighter II y el vídeo de una niña rezando en Instagram posteado hace solo dos semanas. Absorbe la cultura que le ha rodeado desde niño, y le da supropio sentido.



La capacidad para materializar visiones aparentemente contradictorias es el talento más fascinante de Kanye. Qué otro disco podría juntar a Chance the Rapper, Young Thug, Kid Cudi, TheDream, Rihanna, Ty Dolla $ign, Post Malone, Chris Brown, Kelly Price, Kirk Franklin, The Weeknd, Andre 3000 y Frank Ocean y seguir sonando coherente. Todos y cada uno de los invitados están ahí por una razón concreta y Kanye consigue sacar lo mejor de todos. En el caso de Kid Cudi, por ejemplo, es dolorosamente evidente que Kanye sabe utilizar mucho mejor su talento que no el propio Kid Cudi.

Vivimos en la era de productor. Y en este campo Kanye es imbatible. Como MC es otro cantar. Nunca ha sido un rapero lírico, ni especialmente buen letrista. Pero ha sabido compensar sus carencias con un realismo extremo. Sus letras no son tanto construcciones literarias sino flujos de conciencia en los que desnuda su mente. Una de las mayores críticas hacia Yeezus fue que las letras habían perdido el tono confesional para reducirse a explosiones de ego megalomaníaco con el único objetivo de incomodar. En TLOP, aún sin renunciar a los inevitables momentos de grima y vergüenza ajena, recupera el tipo de vulnerabilidad que le hizo un rapero tan distinto en primer momento.

La temática del disco le confiere un aire casi trágico. Es el Kanye más humano desde 808's & Heartbreak.

El exceso y el miedo, la familia y la fama, el remordimiento y el perdón. La temática del disco le confiere un aire casi trágico. Kanye nos confiesa desde lo que desayuna hasta lo que le ocurre cuando no se toma el Lexapro, un medicamento para tratar la depresión. Habla de los amigos que ha perdido por el camino y de cómo su obsesión por el trabajo le aleja de sus hijos. Cuenta historias sobre viejas novias que le pusieron los cuernos y de las dificultades para serle fiel a su esposa y no echar a perder lo que tiene. Y, cuando todo se pone demasiado serio, recupera una faceta que tenía olvidada: la del Kanye con sentido del humor, capaz de disfrazarse de “Oprah del guetto” o hacer un freestyle sobre el meme “I Love You Like Kanye Loves Kanye”. Con todo, es el Kanye más humano que hemos escuchado desde 808's.



Esta es una humanidad que también se ha filtrado al proceso delanzamiento del disco. Cuanto más se acercaba el 11 de febrero mayor parecía el caos, con la ya mítica libreta con el tracklist lleno de tachones como perfecta metáfora del mismo. El título cambió tres veces antes de que se anunciara el definitivo y Kim Kardashian hizo una encuesta en Twitter sobre cómo debería llamarse. Horas después de la presentación del Madison Square Gardenm Kanye seguía grabando (como puede comprobarse en la outro de 30 Hours). Finalmente, el propio Kanye anunció que ya estaba disponible con un arrebato de histrionismo infantil tras su actuación en SaturdayNight Live.

La caótica llegada del disco viene a decirnos que las fechas de lanzamiento ya no existen: el disco todavía no está acabado


Todo ello nos ha enseñado que su manera de crear es mucho más caótica de lo que se podría pensar. También nos ha dado a entender que Kanye da por finiquitado los viejos procesos del mainstream. Adiós a los planes milimetradas, las ruedas de entrevista, los actos promocionales y las fechas de lanzamiento. Nada de esto sigue teniendo sentido porque no son más que fuegos de artificio. Lo único que importa es que la música sea exactamente la que debe ser. Incluso con el disco en la calle, Kanye ya ha anunciado que “arreglará Wolves”. Desde Tidal, por su parte, se dice que la que puede escucharse ahora mismo es una “versión parcial”. Es decir, el disco todavía no está acabado.

La promoción del disco no está resultando menos movida, con Kanye desatado en Twitter como no lo estaba desde 2010.



Su estrategia de marketing es la misma de siempre, pero le sigue funcionando. Durante la promoción de Yeezus concedió un sinfín de entrevistas. Esta vez parece que no tiene tiempo para ello, y se limita a decir las mismas cosas en Twitter: que necesita recursos económicos para llevar a cabo sus ideas, que lo único que quiere es servir al mundo con su trabajo, que la lucha no termina cuando uno es rico y famoso, que nadie puede comprarle, que su visión artística es incorruptible, que su disco es un 30 sobre 10, que Pitchfork debería dejar de hablar de música negra, que no necesita ser “cool” ni gustar a la gente... en el fondo todo es ruido. Pero es un ruido necesario para que la música suene todavía mejor.

Él es el primero que sabe que, sin los discos, no existe todo lo demás

Sus delirios de grandeza también son los que le han llevado a ser el catalizador cultural más importante del Siglo XXI. ¿Quién si no sería capaz de llenar el Madison Square Garden y hacer que 18.000 personas (20 millones en streaming, según Tidal) observen durante una hora y media a una turba de modelos inmóviles solo para poder escuchar su disco sonando a través de su laptop conectado al cable auxiliar? Hubo quién acabó llorando.

“Ya no soy judío, ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer", escribió San Pablo en la Epístola a los gálatas. Kanye ya no es productor, ni rapero, ni músico ni diseñador, ni activista ni capitalista, ni celebridad ni mártir. Kanye no admite ninguna de esas definiciones porque lo es todo a la vez. Kanye es un núcleo. Del mismo modo que San Pablo fue el inventor del Cristianismo tal y como lo conocemos hoy, Kanye quiere transformar el paradigma de la cultura popular. Su ambición es tan desmesurada que se convierte en su mayor enemigo. Pero lo que nunca debe olvidar es que si sus feligreses siguen acudiendo a él es por la música.






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