Columnas

“Hannibal”: la serie de televisión de asesinos en serie que amenaza con jubilar a “Dexter”

Estrenada anoche por AXN en España, esta producción original de la NBC le da un nuevo giro de tuerca al subgénero catódico de los ‘serial killers’: buenas maneras, estilo y actorazos. Poco hecho, por favor.

Mads Mikkelsen es el actor encargado de revivir el mito de Hannibal Lecter, el caníbal más glamouroso de la historia del cine. Ahora lo hace en una serie, recién estrenada por NBC y que acaba de llegar a España vía AXN, que apesta a objeto de culto. Dexter, te ha salido competencia.

Tiene mérito jugársela en televisión con un personaje literario superado por su encarnación cinematográfica. Nos puede gustar más o menos el trabajo de Anthony Hopkins –yo soy devoto–, pero la identificación de Hannibal Lecter con sus rasgos, voz y gestualidad es más difícil de desintegrar que el núcleo de un átomo. Lecter es Hopkins y seguramente así será hasta el fin de los tiempos. No obstante, un pequeño ejercicio de laxitud mental es algo que recomendaría para disfrutar de esta nueva producción de la NBC. Si conseguís extirpar de vuestro cerebro el icono cinematográfico y comenzáis desde cero, partiendo del personaje descrito en las novelas de Thomas Harris, degustaréis de esta serie en toda su extensión, que no es poca.

Debo decir que mis predicciones no se han cumplido. Afortunadamente. Las entrañas me decían que “Hannibal” sería una vuelta de tuerca dexteriana al recurrido género de psicópatas que molan: horror vacui, atmósferas opresivas, gore, entorno pesadillesco, look “Seven”, juego del gato y el ratón, bla, bla, bla. Pero no. El machete oxidado ha resultado ser un finísimo escalpelo; las cuchilladas espasmódicas se han revelado como precisas incisiones de turbadora belleza. Diablos, “Hannibal” es un ejercicio de estilo, que no un estilo de ejercicio. Una serie con mucha clase que absorbe los tópicos del procedimental con serial killer y lanza al empedrado un producto más preciosista, profundo, calmoso e inquietante. El caníbal ha vuelto con aspecto renovado, nuevos compañeros de viaje y una cabecera que, a tenor del notable piloto, puede crecer y crecer, si la audiencia y la pericia de los guionistas así lo permiten. “Hannibal” ha servido para enjuagar los restos de basura que la decepcionante “Bates Motel” ha dejado en nuestros molares, se come con patatas a la cada vez más tediosa “The Following” y se perfila como una alternativa muy válida para los que ya comienzan a ver en “Dexter” signos de agotamiento. Las claves del antropófago más cool de la tele, aquí.

1. Buenas maneras

Si tuviera que definir “Hannibal” en dos palabras, “buenas maneras” sería la combinación ganadora. Resulta curioso que estemos hablando de una serie de chalados asesinos y su principal característica sea la exquisitez, las formas impecables, la delicadeza si me apuran. La personalidad sibarita, la frialdad y los modales decimonónicos de Lecter parecen empapar la puesta en escena y el perfil estilístico de la serie. Las imágenes son hipnóticas, la cámara se desplaza con suavidad, la fotografía es elegantísima; el mundo por el que se mueve el caníbal es un páramo exquisito y aséptico, no una realidad distorsionada, infernal y ruidosa: el contraste entre seda y vísceras hace de este Lecter un personaje fascinante. De acuerdo, el tipo es capaz de comerse los riñones de tu madre, pero lo hace con unos modales tan preciosistas que reprocharle sus apetencias sería de mala ecuación. Además, el psiquiatra asesino es un metrosexual en letras mayúsculas. Americanas impecables, trajes de corte perfecto, camisas sin una sola arruga, zapatos italianos, afeitado nuclear, peeling sin concesiones, corte de pelo geométrico: Patrick Bateman le odiaría con todas sus fuerzas.

2. Despacio y buena letra

Ritmo lento. Suave. Inspira. Expira. “Hannibal” no se deja tentar ni un segundo por los efectismos argumentales de las series policiacas al uso. No corre. No lo necesita. El piloto discurre con lentitud, se permite pausas, silencios, momentos de contemplación en los que hay espacio para diálogos de exploración psicológica. De hecho, la acción no resulta en ningún momento trepidante, más allá de los cinco minutos finales del episodio. Es uno de los valores más firmes de la serie: su peculiar pisada, su contención. Una contención que se mastica incluso en las escenas más crudas: las víctimas se desangran con estilo, las escenas del crimen poseen una escabrosa belleza, todo acontece con una parsimonia que se antoja peligrosa, pues no se ajusta al paladar del consumidor americano o del seriófilo mainstream. De hecho, en su bautismo ha quedado claro que esta no es una serie masiva. El estreno fue seguido por 4, 6 millones de espectadores, así que tocará rezar para que las cifras de audiencia no hagan descolgar el teléfono rojo a los ejecutivos de la NBC.

3. New Lecter

Si tomamos las películas de Hannibal Lecter como referencia, esta serie se muestra como una precuela alternativa, totalmente desvinculada de la mitología que hasta ahora conocíamos del personaje. Una precuela de hecho, ambientada en la actualidad –¿se le puede llamar precuela a eso? Hum–. Nos enfrentamos a un Lecter Ultimate perteneciente a un universo paralelo, para entendernos, lo que hace mucho más fácil asimilar su nueva fisonomía y las nuevas circunstancias en las que se encuentra, esto es: totalmente libre, rejuvenecido, ejerciendo su trabajo de psiquiatra, cenando trozos de persona con Armagnac en su apartamento de lujo y, oh Dios mío, trabajando para la Ley.

4. Mads Mikkelsen se gradúa

Evidentemente, todo esto carecería de sentido si el actor elegido para el papel del doctor Lecter hubiera sido Nicolas Cage o Hugo Silva, por poner dos ejemplos catastróficos. Afortunadamente, al asesino lo interpreta el gélido Mads Mikkelsen y, aunque parezca increíble, la icónica imagen de Hopkins con camiseta blanca, pantalones de recluso y canas engominadas queda diluida cual azucarillo en la perturbadora intensidad del rictus del danés. Mikkelsen, el gran Le Chiffre de “Casino Royale”, tiene la apariencia y la gestualidad perfectas para moverse en la piel de Hannibal: es frío, tiene la mirada insondable de un tiburón blanco, parece un maldito témpano y produce escalofríos solo con verle. Resulta imposible olvidar a Hopkins, soy su primer fan, pero resulta imposible también utilizarlo como arma arrojadiza para poner en entredicho el trabajo de Mikkelsen. ¡Más Mads!

5. Buddy movie 2.0

Si habéis llegado hasta aquí, seguramente os llevaréis la impresión de que el epicentro de la serie es Lecter, pero nada más lejos de la realidad. Uno de los aciertos de esta propuesta es hacer del caníbal un secundario, un segunda espada. El antropófago es algo así como el Sancho Panza del taciturno Will Graham, un agente especial del FBI con la habilidad de meterse en el cerebro de los asesinos que persigue. No es un modelo original, hemos visto a este tipo de investigador torturado y asocial con dotes increíbles para el psicoanálisis docenas de veces en televisión, pero es su particular relación con Lecter la que hace de esta peculiar buddy movie un bocado extraño y atractivo. El toma y daca psicológico que mantienen, ejecutado sobre todo en sus intercambios dialécticos, es notable. Y la relación, además, cuenta con un anzuelo irresistible: tensión. Mucha tensión. ¿Descubrirá Will que su ayudante es un psicópata que tiene por costumbre cenar cerebro humano con chalotas? ¿Conseguirá zafarse de la mirada glacial y manipuladora de un Lecter que parece disfrutar con este juego? ¿Qué nos depara el futuro esta pareja de antihéroes perturbados metidos a justicieros?

6. Procedimental, querido Watson

No podemos olvidar que “Hannibal” no es ni mucho menos una serie de autor o un producto de cadena de pago, su espinazo responde a los dictados del procedimental, un género masivo que en los últimos años no ha hecho más que producir basura y desvirtuarse a marchas forzadas. Por suerte, la serie consigue elevar las apuestas y llevar esta variante policiaca a un nivel de calidad muy superior a la media. “Hannibal” mantiene un extraño equilibrio entre las exigencias de un procedimental de cadena generalista y la serie con pedigrí de mayor calado psicológico. Por una parte parece que contaremos con episodios autoconclusivos en los que el dúo protagonista persigue a psycho killers; por la otra contamos con un arco argumental a largo plazo: ¿descubrirá el agente del FBI que su compañero es un asesino? ¿Acabará el pobre tipo en la sartén de Lecter? Se agradece que suba la espuma de las ideas en un género que parecía languidecer bajo la nariz de tocinillo de Kevin Bacon.

7. La huella de Fuller

Yo era fan de “Pushing Daisies”, una fantasía burtoniana inclasificable. Tampoco le hice ascos a las dos temporadas de “Dead Like Me”, entretenida tragicomedia con trasfondo sobrenatural. Pues bien, el creador de ambas, y también de la serie de culto “Wonderfalls”, Bryan Fuller, es el responsable de “Hannibal”, y se nota su particular tacto en la creación de atmósferas. Para finalizar el obligado name dropping, cabe destacar que el director del piloto es David Slade, director de la magnífica película “Hard Candy” y antiguo realizador de videoclips para el sello Warp (varios de LFO y Squarepusher llevan su firma, socios).

8. Gastronomía Insólita

¿Se puede convertir la ingesta de carne humana en un acto estético y arrebatador? Toma, claro. Hannibal Lecter es un antropófago convencido, pero no es un antropófago cualquiera, sus modales en la mesa y su paladar Fabergé le obligan a preparar y comer sus viandas como si se fuera a meter entre pecho depilado y espalda una delicatessen de Carme Ruscalleda. La secuencia más impactante y deliciosa del piloto nos muestra al bueno de Hannibal cocinándose unos deliciosos pulmones humanos al brandy. Da gusto verle al mando de la sartén, regando con delicados chorros los pedazos de carne, y no resulta menos placentero observarle comer con fruición los restos de su víctima. Después del hype de Armin Meiwes, la antropofagia vuelve con más fuerza que nunca. Bon appétit.

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