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Haneke contra Tom Cruise: “Amor” y “Jack Reacher” coinciden en la cartelera

El director austriaco nos trae su nueva película, de título perfecto pero tan envuelta de mal rollo como siempre (y con nominaciones al Oscar)

“Amor”, la última película de Michael Haneke, por fin llega a los cines de España para sazonar un mes de enero plagado de obras maestras. Tan árido e impactante como siempre, el director austriaco coincide en la cartelera con una película de acción hecha a la medida de Tom Cruise.

Uno

No hay película reciente con un título que le haga más justicia que “Amor”, la nueva propuesta de Michael Haneke. Las presuposiciones y las lecturas perezosas y superficiales del filme señalan una historia sobre la vejez, la enfermedad y la soledad en la tercera edad. Evidentemente esos temas están ahí, ya sintetizados en el argumento: la vida de Georges (Jean-Louis Trintignant) y Anne (Emmanuelle Riva), dos profesores de música clásica jubilados que viven solos en un piso de París, da un vuelco cuando ella sale de una operación con medio cuerpo paralizado. Él se entregará entonces, en cuerpo y alma, al cuidado de su esposa. “Amor” es una película durísima que no apela a la emoción epidérmica, que no pretende conmover sistemáticamente o por la vía fácil. Genera emociones más profundas y complejas que salen a flote horas, incluso días después de su visionado. Cuesta recomendarla porque hace daño, porque, pese a la belleza del fondo, no es, como tampoco lo es ninguna otra película del director de “La Pianista” (2001), un trago fácil. Pero lo que cuenta no lo puede contar mejor. Por imposible que parezca, Haneke elimina de la ecuación todas las variables en las que prácticamente cualquier otro director habría caído para contar esta historia.

Dos

En “Amor” no hay espacio ni para la compasión (un personaje secundario, un joven músico que fue alumno de la esposa, lo intenta, pero la pareja le tumba el gesto) ni para la autocompasión, no se hace apología de la pena, no hay ramalazo escabroso y la vida se impone a la muerte todo el tiempo. El cineasta, también escritor del guión, cuenta la historia de Georges y Anne sin caer en ningún tipo de efectismo. No es un ejercicio de contención emocional, pues hay emoción en cada fragmento de “Amor”. Pero, insisto, esa emoción no es superficial, no se apela a ella por la vía del subrayado sentimental. El autor expone el relato con la austeridad que le caracteriza (estamos ante una película cien por cien Haneke, aunque sus ropajes insinúen una rareza que bajo ningún concepto es), sin abalorios formales, narrativos o emocionales. Y lo más alucinante es que, desde esa sobriedad, esboza el amor romántico en toda su pureza, dimensión e intensidad, como pocas películas han hecho. De dónde brota, pues, todo ese sentimiento. Pues del gesto, de todas y cada una de las muestras de afecto (incluso cuando, por desesperación, ese afecto muta en algo monstruoso), tanto verbales como gestuales, de la pareja protagonista. Haneke cuenta para ello con el apoyo de dos actores extraordinarios, sorprendentes en su apuesta por la naturalidad incluso para representar las situaciones más extremas.

Tres

Hay algo muy sorprendente en la película. Es la capacidad de Haneke para mostrar el amor, sentimiento contrario a las variables que suele explorar en sus películas, mediante los mismos mecanismos con los que siempre ha hablado del miedo, la maldad y la violencia, temas recurrentes en su filmografía. En las películas del director de “Funny Games” (1997) la línea que separa el bien del mal suele ser aterradoramente frágil, y siempre planea sobre sus relatos la posibilidad de confundir ambos conceptos. La película que nos ocupa es una monumental historia de amor, pero también tiene ese reverso oscuro que, en esta ocasión, más que hablar de la cercanía entre el hombre y la bestia se refiere a la fragilidad del ser humano, a su vulnerabilidad. Para mostrar esa flaqueza, Haneke utiliza en un melodrama romántico los mismos mecanismos que cuando firma una propuesta de género. Se permite el lujo de generar suspense sin traicionar la historia, introduce algunas apostillas seudo-oníricas y practica a placer su juego favorito: violentar lo cotidiano, cuartearlo con elementos extraños difíciles de descifrar (cómo es esa pareja de vecinos inquietantemente amables). Y esos elementos desestabilizadores, lejos de desenfocar la historia, le dan fuerza y contundencia y le imprimen una abrumadora sensación de realidad: en Amor la vida se revela como lo que es, un espacio lleno de sorpresas, miedos y cosas incomprensibles.

Alternativas a “Amor”. El otro estreno fuerte (en una dimensión paralela a “Amor”) de esta semana es “Jack Reacher”, thriller producido e interpretado por Tom Cruise y, evidentemente, diseñado a su medida (lo que me parece muy bien). Inspirado en una novela del británico Lee Child (pieza de una serie de once libros en torno a un mismo personaje) y dirigido por Christopher McQuarrie, ganador del Oscar por el guión de “Sospechosos Habituales” (1995), “Jack Reacher” no es un festival para recordar. Para empezar, no hay escenas de acción de aplauso y le falta sorpresa. Pero es una verbena apañada que se vive con alegría al menos por estas razones. 1. Cruise está espléndido (como siempre) como tardo-seductor irresistible. 2. El ritmo no decae pese a su extensísima duración (130 minutazos). 3. Tantea con suerte la exageración y el humor más o menos canalla. 4. Y, he aquí lo que sube una estrella a la película, Werner Herzog se enfunda un villano para el recuerdo.

También sería una pena perderse estos otros dos estrenos de la semana. Uno es “El Muerto Y Ser Feliz”, de Javier Rebollo, extraordinaria película de carretera que habla de la necesidad de afecto (quizá más de compañía que de afecto) con un sentido del humor y del amor tan insólitos como conmovedores. José Sacristán brilla en la piel del protagonista, un viejo y enfermo asesino a sueldo. La otra película de interés es la colombiana “El Páramo”, de Jaime Osorio, propuesta ambientada en una base militar abandonada en la selva que enfrenta a un comando especial del ejército colombiano con un misterio de varias cabezas. A caballo entre el cine bélico y el terror, es a la vez un tanteo fascinante de los mecanismos y las razones del miedo y una imagen del conflicto bélico en Colombia.

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