Columnas

Hablemos de sexo

Hoy, el gran desengaño: lo que buscamos no es follar, sino alguien que nos quiera (o por qué lo llaman sexo cuando quieren decir amor)

Existe la frase famosa que dice que lo llamamos amor cuando queremos decir sexo. ¡Pero es mentira! En realidad, hay un mecanismo secreto (y entre la gente indie más aún, lo podemos demostrar) que nos empuja a tener una vida familiar convencional. No, follar no es lo primero: amar y ser amado, como en “La Traviata”, es lo importante.

Ya saben que he venido aquí a hablar de sexo. De sexo indie, que no es moco de pavo (expresión especialmente asquerosita). Pero, ya ven, hoy me he levantado filosófica y me quiero preguntar por los fundamentos sexuales. Los intereses reales de la motivación sexual.

Me comprometo a desgranar qué buscan hombres y mujeres de una misma especie: qué quería Russian Red de El Guincho, en qué se basa la infidelidad de muchos periodistas musicales, las mujeres que han enamorado a Los Planetas o la feliz jubilación de las groupies. Acompáñenme, porque hay mucha telita que cortar.

1. Qué queremos

Usted, avezado mocito, y usted, pizpireta lectora, se han echado a las calles en más de cien ocasiones para ver qué pillan. Y ese “para ver qué pillan” incluye cuestiones de toda índole: droguitas buenas, un catarro o una pareja sexual. Tradicionalmente se sale de juerga, así, a la buena de Dios, y ayudados por sustancias psicoactivas (generalmente alcohol) para desinhibirse y ligar.

El objetivo rara vez se cumple, pero el peregrinaje hasta dar con alguien con quien compartir fluidos carnales es la mar de divertido. De hecho, lo habitual es perderse en un marasmo de copas, conversaciones cubistas, alocados bailes y variados desprecios por parte de las posibles presas sexuales.

Pero ¿qué ocurre cuando se consigue? ¿Cuando, tras un insistente e insoportable acoso, el flirteo da sus frutos? Ahí amiga mía, amigo mío… nos convertimos en medallistas olímpicos, en “Premio a toda una vida”, en héroes contemporáneos.

Lástima que las ansias no consumadas de meses de abstinencia y las reiteradas melopeas hagan flácida o reseca mella en su morfología sexual y no pueda consumar tras tanta y tan larga espera.

Los amantes, furtivos y nocturnos, rara vez encuentran el cobijo que realmente buscan. Sí, hete aquí el misterio del santo grial del sexo. Porque, queridos todos, lo que unos y otros andamos buscando es algo tan poético y tan absoluto como el amor. Nos convencemos de que ansiamos compañía, sexual, amena y animada… Pero un gen perverso nos incita a buscar una pareja estable y una vida aburrida.

2. Cómo está el patio

Por supuesto, esto no ocurre de forma consciente. Nadie se endroga hasta las patas para encontrar con quien follar y después envejecer juntos. La cosa sucede de una forma muy sibilina y ciertamente traicionera.

Ocurre un pequeño milagro, un hecho extrahumano y divino, algo que inspira las más bellas obras de arte y la ejecución de enormes perogrulladas: Una cosa llamada amor.

Eso, y no otra cosa, media entre el esporádico polvo de borrachera y la relación estable a la que en el fondo (y a veces también en la forma) persigue la chavalería toda.

Todos andamos como locos, queriendo conocer gente y coleccionar coitos, cuando, en el fondo buscamos enamorarnos como un poeta del siglo XVIII. Cada vez conozco más casos de hombres (sí, hombres) que han dejado una relación con mujeres porque ellas no querían estabilidad y/o hijos. En el fondo, hay algo que tira de nosotros hacia una vida biológicamente tradicional, y el amor es la gran droga que lo consigue.

3. Sexo, amor y música pop

En una conversación de un amigo muy cercano con Antonio Luque (Señor Chinarro), por lo visto llegaron a la conclusión de que las mujeres de trentaypico no suelen ser sinceras en sus conversaciones de pareja. Venían a sostener que ellas tienden a pensar que los varones (sobre todo los que se dedican a la música) huyen de la estabilidad. Por eso, las chicas actúan simulando y subsumiendo sus ansias de solidez sentimental, y no terminan de tejer un futuro común. Y ellos, hombres, músicos, abandonan despavoridos esas historias deshilvanadas, inacabadas.

Es normal pensar que las gentes que se dedican a la farándula y el arte, a priori parecen más proclives a una vida disipada y a una sexualidad más creativa: Viajes, percepción artística de la vida, biografías nada normativas, intereses artísticos, experimentación… Todo menos estabilidad. Pero no tiene porqué ser así.

Jorge Martí, voz de La Habitación Roja, es un claro ejemplo de estabilidad. Con todas sus giras, sus momentos de introspección compositiva, todas sus ocasiones bien sociabilizadoras de promo y fans, el valenciano es un responsable marido y padre de familia, casado con una chica a la que conoció de Erasmus. El yerno que toda familia querría “a pesar de ser músico”.

"La erótica de los escenarios dota de una dimensión extrahumana al sujeto bajo los focos, le otorga un poder sexual de macho alfa, muy atrayente para las mujeres en edad de menstruar"

Jefes de sellos discográficos, guitarristas indies y periodistas musicales suelen tener vidas disolutas, pero curiosamente ansían una pareja. He preguntado a Fromhelldj, Ruth García, que es crítica musical, discjockey, mil cosas más y… soltera: “ Estoy montando una radio online, internacional, hecha por personas de diferentes países... Además estoy ya produciendo (tengo un proyecto musical con un artista gallego afincado en Madrid, Ray_Mond), además de continuar pinchando (Berlín, Madrid, Barcelona, Bilbao...). Así que mi vida amorosa es como la mayor montaña rusa del mundo. Realmente, con mi profesión es difícil tener una relación estable (ya sabes, los celos de una novia ‘DJ’ o artista... que viajas mucho, conoces mucha gente, el mundo de la noche), pero, sinceramente, espero en el futuro llegar a conocer a una persona que me apoye, me respete y sobre todo confíe en mi y formar una familia. En la actualidad no tengo compromisos sentimentales. Eso sí, me considero una persona libre y seré libre, aunque esté casada y tenga hijos, es una cuestión de actitud”.

Este es el gran dilema, no sólo de humanos dedicados al musiqueo y las artes. Seguro que informáticos, dependientes, gentes de Logroño, diseñadores gráficos, albinos y abogadas se plantean igualmente mantener una libertad relativa a la par que se atan a otro humano pensando que ojalá sea de por vida.

Existe un espejismo fascinante que nutre la existencia de las groupies: un sueño anhelante de poseer a un artista, inspirarlo y convertirse en la verdadera artífice de desgarradas letras o preciosas melodías, a través del artista de turno. La erótica de los escenarios, como la de los púlpitos y mítines políticos, dota de una dimensión extrahumana al sujeto bajo los focos, le otorga un poder sexual de macho alfa, muy atrayente para las mujeres en edad de menstruar.

El Guincho, un muchacho de poca estatura, despliega por ejemplo todo su encanto canario cuando se encarama sobre un escenario. Se crece y se convierte en un auténtico gigante, que en su día atrajo incluso a la pacata y modosita Lourditas Russian Red.

Ellos se suelen aprovechar de esta idiosincrasia, llevándose a las chicas, por pares o tríos o cuartetos a sus habitaciones de hotel, ofrecerles todas cuantas sustancias les pueda proporcionar y tratar de copular, algo a veces imposible. Y si ya es sabido que los músicos no son excelentes amantes; imagínense los días de concierto, cuando su miembro parece más una croqueta de jamón revenía que una lozana estaca sexual.

Las groupies, por su parte, cuando cumplen una etapa tras de un artista, tal vez vayan a por otro, o a por otros más, pero rara vez compran drogas, aunque las consumen, y generalmente, estos avatares musicosexuales les dan una experiencia tan extrema de la vida que terminan emparejándose con auténticos partidazos; chicos que las adoran, triunfadores y con pollas bien enhiestas. Para elegir hay que conocer, y para decidir hay que vivir. Y ellas han recibido la mejor instrucción.

Por su parte, grupos antaño adorados por groupies, como Los Planetas, buscan mujercitas sumisas y fuera del ámbito musical para sentar la cabeza. Esto es algo que muchos varones practican: buscar una especie de seguro de vida, una chica que sea un pelín castradora, que esté furibundamente en contra de una sola raya de cocaína y que controle su vida.

Por supuesto que todo esto responde a preceptos muy machistas, pero así, mediante la represión, funciona el deseo muchas veces. Un miembro del mítico grupo Don Julio y Los Chocolas me comentó en una ocasión que para que una raya le subiera más, se imaginaba a su madre mirando.

"Nos debatimos entre el picoteo de aquí y de allá y el deseo de una vida normativamente feliz en pareja. Bascular de un estado a otro garantiza el equilibrio mental"

Así se explica también el espinoso asunto de la infidelidad. Cuando trabajaba en “Aquí Hay Tomate” aprendí a utilizar expresiones tan poco comprometedoras como ‘según fuentes no contrastadas’ que ahora me viene de perlas para justificar mis estadísticas indies: según fuentes no contrastadas, los más infieles del mundo del underground son los periodistas musicales. Viven expuestos a situaciones de riesgo sexual: viajes, conciertos, y a la vez una gran mayoría tiene una relación estable de larga duración. Les siguen muy de cerca los promocioneros discográficos, también proclives al engaño. Y en tercer lugar, los conductores de las furgonetas, que tienen el poder y la gloria: el control de los trayectos, los horarios y las llaves del vehículo.

Para el común de los humanos, cómo conoce a una persona determina cómo será la relación. Si es en el trabajo, la suya será una pareja muy productiva; si es en un evento cultural, prepárese para que haya mistéricos giros narrativos como en una película de David Lynch. Y, sorprendentemente, la noche más dipsómana y enloquecida que pase, esa en la que acaba literalmente a gatas del colocón que lleva, podrá dar con la persona junto a la que envejecerá. El destino es así de raruno.

Sólo hay que tener en cuenta dos cosas a ratos antagónicas:

a) Picasso decía: “Yo no busco, encuentro”. De eso se trata; no de ser malagueño y ponerse a pintar señoritas de Aviñón a lo loco, sino de dejarse llevar. Descubrir sin agobios qué hay por ahí.

b) Hay que ayuntar con cuantos coetáneos pueda, para encontrar el coito que no se hartará de repetir jamás. Es cuestión de probabilidad. Si copula con dos personas en un año es difícil que encuentre su media naranja (caso de que exista para usted, claro). Pero si consigue aunque sea enrollarse, con 20, las probabilidades de un interesantísimo zumo vitaminado se multiplican también. Ojito: no le estoy recomendando que entre a todo bicho viviente, pero sí que esté abierto a lo que venga.

Mi conclusión, humilde y en ningún modo determinante, es que todos nos debatimos entre el feliciano picoteo de aquí y de allá y el deseo de una vida normativamente feliz en pareja. Bascular de un estado a otro garantiza el equilibrio mental. Se lo digo yo, que tras un año revoloteando entre maromos, el indie me ha proporcionado uno con el que ansío pasar muchos días, semanas y años. Y es de lo más normal, desear lo que no se tiene.

4. Datos curiosos

a) La excepción que confirma la regla en eso de grupos con excelentes amantes son los Sidonie, que pese a estar algo pasadillos (en todas las acepciones que se les ocurra), por lo visto cumplen pero que muy bien.

b) Recomiendo muchísimo la autobiografía de Marianne Faithfull, la hermosa groupie amante de los Rolling Stones. Muy entretenida y amena.

c) Vetusta Morla, grupo que no me inspira simpatía alguna, pertenecen a esa clase de buenos chicos que gustan de tener una novia sencilla y recatada.

d) Guille Milkyway dedicó preciosas canciones de amor a una chica llamada Silvia –también voz de un antiguo grupo indie, Niza–. Hoy es la felicísima madre de sus dos hijos.

e) Dicen que el entorno de Reina Republicana (no ellos, dios los libre) es pura promiscuidad.

f) Existe una historia en Twitter de varios grupos indies, La Orquesta Poligonera, a la que pertenecen Annie B Sweet, Guille Mostaza e Iván Ferreiro, entre otros. Creo que si no es una sociedad secreta para derrocar al actual gobierno, sirve simplemente para buscar pareja, porque le han dado un bombo al asunto que no es normal.

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