Columnas

Hablemos de sexo (indie)

Una columna mensual sobre el arte del apareamiento de la especie adicta a la cultura pop. Hoy, follar en festivales

¿Se considera usted asiduo de los festivales y se baja discos de grupos de pop anglosajón con buen aspecto y producción experimental? Si es así, entendemos que es usted también mujer u hombre joven en edad de procrear. O sea, que folla o quiere hacerlo. Si es así, adelante: esta columna está hecha para ti.

1. Introducción

No queda nada para el Primavera Sound y muy poco también para el Sónar. Usted, selectivo muchachito español, o dulce dama exquisita, como público objetivo de esta peich que son, están al día de las últimas incorporaciones a los carteles, de lo moderno, lo hipster y lo más allá. Y seguro que son veteranos ya en materia festivalera, súmmum y hábitat de la chavalería de moda.

En los festivales musicales eclosionan las tendencias y propensiones indies a lo grande, y como en Gran Hermano, todo se magnifica. Un escenario es un hogar, un amigo un hermano y una canción chachi, la banda sonora de una vida. ¿Qué decir de una fugaz atracción sexual?

Como ustedes han pisado varios festivales y muy probablemente en varias ediciones, huelga explicar la perfecta exaltación sensitiva que se produce en tan idílicas situaciones: ‘musicón’, semioscuridad, copichuelas y un terreno acotado a jóvenes de parecidos intereses. Lo que viene siendo, una escenografía contemporánea y perfecta del pecado carnal… ¿O no?

2. Mi experiencia y la de los demás

"¿Se puede aspirar a algo más que a un furtivo y cutre coito inconcluso entre matojos y vomitonas?"

Tengo por costumbre hablar de lo que conozco, y en festivales un trágico “nunca” responde a mi experiencia personal en cuanto al tonteo o acercamiento heterosexual, filiación en la que suelo militar. Ni un Sonorama, ni un triste Festival do Norte, ni un Womad siquiera… Relacionarme con un hombre con un –aunque fuera muy leve– propósito sexual es, en mi nutrida biografía festivalera, como “La Guerra de las Galaxias”, pura e inalcanzable ficción.

Después de darme cuenta de esta doliente realidad, me he exculpado a mí misma al tomar conciencia de algo importante: ¡siempre he tenido pareja! Y fuera o no acompañada a los festivales, mi naturaleza es fiel y mi ceguera sexual un hecho cuando he tenido novio.

Dado que hoy no lo tengo y que los festivales cobran una nueva dimensión para mí, he decidido documentarme y “aprender” el cortejo sexual netamente festivalero, pidiendo experiencias al respecto en redes sociales. https://twitter.com/DianaAller

Mi propia hermana, viendo a Babasónicos y Standstill hace siete años en el Sonorama conoció a Jaime, hoy miembro de pleno derecho en mi familia. Una amiga mía muy cercana es la Carmina Ordóñez de los festivales, y no por ponerse como Los Chichos, sino porque ha encontrado al grueso de sus novios festivaleando, tal y como hacía Ordoñez en el Rocío, donde entraba con uno y salía con otro. Julián Contreras, Pepe el Marismeño o Ernesto Neyra fueron hallazgos rocieros de la Divina entre caballos y bueyes, de la misma forma que para mi amiga lo han sido sus parejas peregrinando por Sónars, FIBs y Primaveras.

¿Cómo lo hacen? ¿Cómo se produce el acercamiento? ¿Cómo se muestra el interés? ¿Se puede aspirar a algo más que a un furtivo y cutre coito inconcluso entre matojos y vomitonas?

Esther responde a mi llamamiento y me cuenta su historia:

“La única vez que pillé en un festival fue en el Ecopop del 2009 y la relación duró hasta septiembre del año pasado. No te podría decir cómo surgió porque de ese día (el primer día) lo último que recuerdo es ponerme pastel y después amanecer en el hostal mirando una ventana y del pedo que llevaba pensar que estaba en el camarote de un barco. Lo siguiente fue envolverme en una colcha, él ponerse los calzoncillos y recorrer el hostal portereando con nuestros amigos en común para reconstruir la noche. El día siguiente volví a liarme con él, por inercia más que otra cosa. Ha sido una relación bastante tonta y me dejó él con su espíritu Peter Pan 13 años mayor que yo”.

Además, me cuenta un amigo que desea ocultar su identidad, que en el Doctor Music de 1996 –ojito–, viendo a Steve Winwood, se enrolló con un amor veraniego de hacía tiempo, y eso propició una relación de casi diez años viviendo juntos. (Y aclaro que, aunque pueda parecerlo por los datos, mi amigo no pertenece aún a la tercera edad). Otra historia hermosa nacida al abrigo de los festivales.

De todos estos romances muy reales y sinceros podríamos inferir que del calentón festivalero salen noviazgos serios y duraderos, o que cada edición de, por ejemplo el Primavera Sound, es en realidad una inversión/negocio para los humanos que comienzan su edad biológica-cultural para formar un núcleo familiar. Sería una etapa previa a la madurez y estabilidad mental, una despedida de solteros anual, un meetic/badoo terrenal, un espacio de “ensayo-error” para atinar o errar con libertad en el complejo proceso de encontrar una media naranja…

Este juicio reduccionista deja fuera muchas otras teorías y, sobre todo, me produce una indescriptible desazón. ¿Qué pasa si no se busca un amor duradero? ¿Qué ocurre con quienes van a disfrutar de música y amigos? ¿Qué posibilidades reales de libertinaje existen en los festivales?

3. El cortejo festivalero

"Primero, observar cómo está el percal, fichar, y después festivalear con mesura y cabeza. Una vez hecho esto ¡a por ello! ¿Que no? Insista ¿Que nada? Cambie de objetivo"

A días, apenas horas del Primavera Sound, se hace del todo necesario que aquellas mujeres menstruantes y varones de todavía férrea erección tengan bien claro a qué se exponen y cómo aprovechar la coyuntura, tanto como a qué hora y en qué escenario actúa James Blake el viernes (quién, dicho sea de paso, conoció a su novia en la edición del PS de 2011).

El primer paso, siempre, para todo, es la observación. La vista sirve para sentirnos atraídos por cualquier nimio detalle que nos hace enloquecer, o discriminar aquellos rasgos que no toleramos. El buen tiempo y el extenso horario de conciertos ayudan a ver con detenimiento, a perderse entre las posibilidades y calibrar sin ropajes ni trampantojos la carne real que esconde cada persona.

Pero –y tal vez hállese aquí la gracia– acecha un peligro oscuro como los genitales de Frank Ocean, una distracción arriesgada, una turbia tentación que aleja la realidad del deseo. Estoy hablando, amigos, de ese potrillo desbocado llamado diversión, solaz, placer o lo que es lo mismo: alcohol y drogas.

En determinadas ocasiones consumir significa sobrevivir. En condiciones extremas como el FIB, con su acampada, sus altas temperaturas, sus caminatas polvorientas y sus guiris disfrazados, atolondrarse con lo que fuere es la única forma de soportar tal cúmulo de adversidades.

Pero ahora me refiero a un festival asfaltado y limpito, rodeado de hoteles y situado en una ciudad hondamente civilizada. Hablo del inminente Primavera. Ahí hay que darlo todo, aprovechando que la gente llega aseadita y fresca, y que si ustedes, jovenzuelxs con ganas de merecer están piojos perdidos a las 7 de la tarde, no sólo verán mermada su capacidad de tonteo, sino que serán señaladxs y desechadxs como objetos sexuales, algo que, secretamente todo el mundo desea ser.

No seré yo quien tire la primera piedra contra el consumo de drogas. Quede claro que abogo por la despenalización total, precisamente porque creo en un uso razonable y maduro del tema. Por eso, me gustaría que entendieran esto como una simple apelación al sentido común. Estar ciegx como una paraguaya imposibilita cualquier flirteo amoroso. ¡Qué decir de una relación sexual, por mínima que sea!

La cocaína dificulta enormemente el coito: reseca las paredes vaginales e impide la formación de un lozano ángulo recto en la morfología masculina.

Las pastillas y el “M” sobreestimulan el tacto y enrarecen el resto de los sentidos. Una cosa muy guay para experimentar con la pareja habitual, pero no con alguien desconocido y en plena urgencia sexual.

Con el alcohol puede llegar a potar estrepitosa en inconvenientemente sobre su compañerx o, si tiene suerte, se le bajará el pedo o se quedará profundamente dormidx.

Conclusión: primero, observar cómo está el percal, fichar, y después festivalear con mesura y cabeza, disfrutando a lo grande y organizando su horario/escenarios/amigos y objetivos sexuales de la forma más cabal posible. Una vez hecho esto, y ante el milagro de que le haga caso quien usted desea ¡a por ello! ¿Que no? Insista ¿Que nada? Cambie de objetivo. Nunca va a ser más joven que ahora. Nunca va a tener tanta carne fresca con afinidades e intereses tan parecidos delante. ¿A qué espera?

Antes de imaginarse retozando por el recinto del Fòrum bien anochecido con un/a maromo/jaca a ritmo de Hot Chip, permítanme que, desde la ignorancia más absoluta, les dé los consejos que por ahí he recabado para aplicarme el cuento yo también.

He de advertir que he excluido las relaciones homosexuales por generarse de una forma más espontánea y a través de muy diferentes derroteros.

Me voy a ceñir a la bíblica relación “hombre-mujer” que practicamos una insultante mayoría. Ruego disculpen la no inclusión.

4. Tips para ellas

- Acompáñese de sus amigas y arréglense juntas antes de atravesar las taquillas. Un grupo de tías en un festival es como una web porno en el aula de informática del instituto: notaran chorreos de deseo alrededor.

- No tema a la hora de calzarse unos shorts muy shorts, o pasarse con el escote de una camiseta. Parecer una zorrupia puntúa de forma positiva, siempre que lo haga desde un punto de vista actual, modernuqui y cosmopolita. El secreto está en los complementos: gafas de sol color flúor, una chaqueta con un estampado raruno, un bolso enorme como si llevara a su siamesa colgando…

- Sea clara en sus expectativas y también con los posibles amantes que le ronden. Si es un no, déjelo claro desde el comienzo. Ganará tiempo y no perderá energías. Cuando un chico le atraiga, a por él. Trabaje: pico y pala, pico y pala y será suyo.

- Jamás, por muy ciega que vaya, haga un second coming (enrollarse con un ex). Error. De los gordos además.

- Lleve en la mano los horarios, y no se pierda a Jackmaster, John Talabot, The Knife, Disclosure, The Magician o The Suicide of Western Culture. La proporción de hombres interesantes será sensiblemente superior aquí. Pero sobre todo, disfrute. Ver a una mujer gozar es lo más atrayente que hay.

- Planifique su vida y sus enseres como para pasar fuera 24 horas: corrector de ojeras, toallitas húmedas de aloe vera, cargador del móvil… Abra bien los ojos para escoger. Así, proyectará sus pensamientos para abandonarse después y que ocurra lo que sea. Si la experiencia es un fracaso, al menos tendrá algo de qué reírse al día siguiente. Comentar con los parroquianos cómo descubrió por ejemplo que su puntual amante era bizco, o chino o hermafrodita, le propiciará agradables risas el día después.

- Utilice estrategias rastreras para aprovecharse de su feminidad. Practique por ejemplo, su mejor caída de párpados para que le inviten a una copa. O siéntese “a descansar” en el radio visual del tío que le interese. Es muy importante que esté sola y que parezca un poco desvalida. Me atrevería a decir que si finge un esguince y se hace con una muleta, el mundo (masculino) será suyo. Si usted es lo suficientemente retorcida, hágase la subnormal profunda. Cuanto más lerda parezca, más fácil será ayuntar con el hombre deseado.

- Ariene, una simpática residente de Barcelona, asegura que su horario de este PS 2013 será este:

22h: putivuelta22h20: cerveza23h: putivuelta00h: putiencuesta00h15: droga00h50: vodka01h30: putivuelta02h: mas droga3h: os quiiierrooo4h: aauuuuuuu!5h: putiorgia

Si ven plausible hacer de este su planazo, adelante, amigas, olé su coño y los festivales.

5. Tips para ellos

- Nada de sombreros de gomaespuma o atrezzo de despedida de soltero “espantamujeres”.

- Absolutamente prohibido hacer mención a su ex, a su actual novia o a sus relaciones anteriores.

- Enrollarse con alguien en pleno concierto, abrazarse y tocarse poco a poco, puede ser una experiencia mística. Todo depende de las correctas dosis de alcohol, del grupazo que esté tocando (los disc jockeys quedan excluidos), de la entrega de la masa de alrededor –que influye y mucho– y por supuesto de la afortunada que rodee entre sus brazos.

- Parecerá una obviedad, pero en absoluto lo es: cuide su aspecto y su higiene. Ahí se la juega un hombre. Y la competencia cada año es más dura. Los guiris vienen pisando fuerte y España no está como para bajar puntos en nada ahora mismo. A este respecto, Miguel Mellinas, de 31 años, apunta recordando sus experiencias en festivales con pareja: “Si era de acampar, la relación se iba a la mierda, el sexo era inexistente o infernal y mi odio a mi partner era directamente proporcional a lo largo que fuera el festi. Y claro, por limpio que sea uno, no se puede competir contra uno que viene de un hotel… Era pisar el resto y enamorarse a cada paso. Eso es lo bueno del PS y del Sónar. No hay clases, todos vamos limpios y maqueaos y jugamos en la misma liga”.

Este gentil muchacho además, tiene a bien aconsejar a sus congéneres:

- Dejar en casa el programa de conciertos.

- Ir a grupos hype en UK. Ellas no están en el PS, ellas están de fiesta en vacaciones en el PS.

- Si fichas a alguna en algún concierto en un determinado escenario, repite zona en el próximo concierto ahí. Somos animalitos de costumbres. Yo por ejemplo, soy de izquierdas en todo.

- Tomar un litro de agua antes de acostarse. Agua y un plátano. Esto ayuda a levantarse como una rosa y eso significa más horas de festivaleo, y lo de ligar al final es un tema de tiempo, insistencia y echarle horas. …Pero qué pereza ligar en festivales.

En cuanto a mis recomendaciones masculinas, reitero lo mismo que para las féminas. Ir preparado para cualquier cosa y con espíritu aperturista y de diversión es la mejor garantía para catar algo de carne.

Si les soy sincera, el sexo indie no pinta muy creativo desde fuera. De verdad espero poder contarles otra cosa tras mi esperanzada incursión como soltera en este Primavera Sound.

*He dejado de forma deliberada el tema groupies, pese a ser muy festivalero, porque hay tanta telita que cortar, que terminaré dedicando un amplio artículo al respecto.

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