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La Guía del Odio #004

A cuchillo contra esas cosas que te joden la vida y merecen un severo correctivo, del escote masculino al tránsito intestinal

Es el momento de odiar, es el momento de ajustar cuenta con todos aquellos que quieren que tu vida sea peor, más absurda, más frustrante: los guapos, listos y perfectos, los que quieren que cagues bien, los que hunden tu autoestima, los que enseñan escote. ¡Basta ya!

Ilustración de Stonemoco

¿Ustedes creen que es de recibo que haya tíos por ahí que nos van enseñando el canalillo del pecho como si fueran Venus de Willendorf? ¿Y qué decir de la presión que nos marcan los anunciantes y los amigos por tener que cagar bien? ¿Desde cuándo este sindiós? Si eres de los que odian Halloween, a la gente perfecta y las reservas emocionales, adéntrate en esta guía para odiar con criterio y muy, muy fuerte.

1. Halloween

Nos están tomando el pelo. Han entrado por la ventana y nos están robando los calcetines. Esto es un atraco muy cutre. Cada año, la transición hacia el mal gusto en los alrededores del día de Todos Los Santos se completa más. Es inexplicable cómo nos hemos tragado esta rueda de molino y, no contentos con la invasión cultural, encima participamos de ello y tan contentos.

¡Basta ya con las calabazas! Es intolerable la cantidad de basura que produce una fiesta tan cutre como la de Halloween. Uno no puede entrar en un bar sin encontrarse con los descartes de producción de una película de serie Z. Telas de araña baratas, murciélagos de pega, esqueletos blandos en posturas absurdas y las putas calabazas iluminadas. ¿Todo esto qué tiene que ver con nosotros, a ver? Aquí antes se le tenía respeto a los muertos, ¿no? Me gustaría saber cómo les sienta a nuestros antepasados que vistamos de puticlub victoriano cada bar, cada escaparate, cada web.

"Los muertos se van a alzar y se van a pasar la noche del 31 de noviembre repartiendo collejas y hostias de padre"

El verdadero horror, no nos engañemos, es la gente disfrazada. Sí que es verdad que acaban cumpliendo su función los disfraces: acojonan sobremanera, eso sí, en un sentido completamente distinto. La cantidad de dignidad que se arroja por la borda es condenadamente alta, señoras y señores. El estilo que define los disfraces de Halloween se divide en géneros de la siguiente forma: vampiras y niñas poseídas pero todo en plan zorrón para ellas, zombis peseteros y monstruos travestidos para ellos.

Me planteo con verdadero terror el hecho de ligar disfrazados de esta guisa. Me imagino unos polvos muy sucios, con sábanas llenas de maquillaje, pieles llenas de grasa de pintura facial y alguna frase vergonzante en plan: “Oh, sí… ¡siempre he querido follarme un muerto!”

Vamos a pensárnoslo un poquito. No pido un gran estrés cerebral, solamente unos minutos de imaginación para evitar el desfile de pelucas horteras, manchas de sangre aleatorias y utensilios asesinos de plástico feo. Por favor, podéis evitar la vergüenza del día siguiente, podemos volver a dignificar la muerte como es debido. Que nos estamos jugando una resurrección en masa, cuidado. Los muertos se van a alzar y se van a pasar la noche del 31 de noviembre repartiendo collejas y hostias de padre. Y nos lo vamos a merecer, ¿eh? Nos lo vamos a merecer.

2. La gente guapa, culta e inteligente

Algunos de vosotros creeréis que no existen por la misma razón que decidís que los fantasmas, las brujas o los trasgos no existen: porque os dan miedo.

Existen, vaya si existen. Son el iPhone humano, la killer application social. No importa lo que te hayas estado trabajando tu posicionamiento: eres muy guapo y no te hace falta saber quién es Cervantes, con tu cabeza has hecho dinero pero eres más fea que una cabra con resaca, puedes cantar todos los temas de Bob Dylan acompañado de una botella de Anís del Mono pero luego eres incapaz de gestionar una relación humana. Da igual. Esta gente te hará sentir hijo de un dios menor siempre. La naturaleza es caprichosa y crea elefantes blancos. Pues claro, ¿qué vamos a hacer los demás? Odiar, por supuesto. Odiar y preguntar después.

De entrada, la gente guapa tiene la mitad del trabajo hecho y no se ha tenido que esforzar en absoluto, ha habido un buen cóctel genético ahí. Bueno, el único esfuerzo es no comerse hasta los envoltorios de las patatas fritas y terminar siendo unas personas muy simpáticas. Pero vaya, que no es lo mismo que el que tiene que sudar el cuero para, al menos, tener unos buenos bíceps para compensar una cara hecha con los descartes de “The Walking Dead”.

"Así que si os encontráis frente a frente con una de estas personas hacedles sentir incómodos sin piedad"

Lo mismo pasa con aquellos condenadamente inteligentes. Igual lo van a pasar mal en el colegio y no perderán la virginidad hasta los 25 pero juegan con el largo plazo. Saben que son brillantes y que su momento llegará, saben que serán tus jefes o tus accionistas y te devolverán las collejas del instituto hasta decir basta. Mirad, ahí están manejando nuestros presupuestos del estado. O follándose a los de la categoría anterior a placer, avalados por sus fulgurantes ascensos y éxitos laborales para aburrir.

En cambio, la cultura es la que nos salva a la gran mayoría que somos los tibios. Ni muy guapos, ni muy inteligentes, solamente nos queda tener una buena conversación y encomendarnos a Gerónimo al saltar a la palestra social. De qué le sirve a uno conocer los veintinco mejores discos de la historia no lo tengo claro, pero sí que te ayudará a ser respetado en tu nicho. Lo cual no es mucho pero, a estas alturas de la película, ¿quién quiere mucho?

Entonces ocurre que te encuentras con hombres y mujeres con la tríada perfecta. Sin brechas. En un nivel óptimo de recursos ante la vida. Y claro, uno piensa que merecen ser salvados, preservados y observados. Es necesario encontrarles un sitio privilegiado en este feísmo total. Ellos ya tienen una “green card” de la vida.

Por eso hay que odiarlos, porque tenemos que exigirles más, mucho más. Así que si os encontráis frente a frente con una de estas personas, hacedles sentir incómodos sin piedad. Que entiendan que aquí no han venido a pasárselo bien, tratad de delegar el futuro de la humanidad sobre ellas y ellos. Que se jodan, por perfectos.

3. El concepto “sobre hielo”

En la Historia de la humanidad existen muchas ideas que podríamos descartar tranquilamente y no sólo no pasaría nada, estaríamos construyendo mejores civilizaciones. Quiero decir, existen algunas ideas que ya se han ido desechando o están en vías de desaparición, gracias a Dios, pero todavía nos quedan muchas, muchísimas. Hay que hacer un llamamiento a lo grande a las gentes de buena fe y borrar del mapa estos desiertos del alma.

Entiendo que si como humanidad hemos sido capaces de combatir el horror en forma de campos de concentración, combustibles fósiles, armas nucleares, dictadores y otros derrapes de la creatividad humana, también podemos cargarnos la manía recalcitrante de creer que, sobre hielo, es un valor por el que invertir y por el que pagar.

Vamos a pensar un momento sobre ello. Pongamos que acontece un cataclismo potente y nuestra civilización queda borrada del mapa. Muchos años después, arqueólogos llenos de inquietud descubren que nosotros teníamos una movida muy rara con el hielo. Era un acto sacro muy complejo: algunas de las historias más relevantes de nuestra literatura eran convertidas en divinas mediante su representación en una pista de hielo. No son pocas las teorías al respecto que arquitectos, terraformadores y clérigos de otros planetas lanzan sobre este gran misterio de la antigüedad. Tal vez nunca sabremos por qué una sociedad con tantos medios a su alcance disfrazaba mal a unos cuantos y les sometía a esta humillación pública sobre patines.

Yo veo documentales sobre este tema.

Evitémoslo. Quememos los anuncios de espectáculos sobre hielo, o mejor vayamos equipados con sopletes, lanzallamas y cócteles molotov y destruyamos esta vergüenza deslizante de una vez. Preservemos las historias de la infancia de estos locos empresarios del espectáculo que siguen proponiendo año tras año y, sin que mi sentido común alcance a saber muy bien por qué, refritos de cuentos y películas con bajo presupuesto y penosa representación.

Encima se pasa frío y luego se nos ponen enfermos los niños. Parémoslo antes de que ellos se cobren la venganza en el futuro, mandándonos a viajes del Imserso donde nos quieran vender mantas y pañales para adultos.

4. El escote masculino

La moda a veces se equivoca y no tenemos que montar ningún drama. Se acepta, se corrige el error y seguimos. Bien, pues urge corregir el tema de las camisetas que cuyo cuello es tan exageradamente amplio que permite la formación de un canalillo masculino que da ganas de tirarse bajo un autobús al verlo.

Si ya os veo torneando pechera en el gimnasio, amigos. Me hago cargo de lo que os esforzáis en generar ese volumen pectoral y tal, pero esta movida de tener canalillo es un desastre, chicos. Estáis mandando mensajes erróneos. Los hombres sentimos una atracción hacia los pechos instintivamente, es una movida ancestral de fertilidad y perpetuación de la especie. Algo contra lo que no se puede luchar. Ahora bien, haciendo esto vosotros, ¿qué creéis que estáis diciendo? Hola, soy un hombre muy preparado para la maternidad, mira mis mamas qué tersas y rebosantes de vida, quiero tener hijos contigo.

Y esto no vendría a ser así, ¿a que no? Si precisamente pecáis de lo contrario, señores. Entráis en los locales completamente preparados para la pesca, solamente os falta la gorrilla con los cebos y los anzuelos. Así que corregid esos veinticinco centímetros de cuello si no queréis terminar con la mujer más fértil de toda la discoteca. Que lo digo porque con esa cantidad de testosterona que lleváis además de forma natural, además de la añadida por desodorantes dulzones y perfumes capaces de hacer crecer bigote en un bebé, igual no es lo más recomendable.

Corregid, no pasa nada. Tiraremos todas las fotos en las que salís luciendo canalillo afeitado y olvidaremos esta funesta moda como olvidamos también los pantalones de campana del 97. Venga, que no cuesta nada.

5. Tener una reserva emocional

Me parece que es un deber odiar este tipo de trampa para osos que nos montamos. El típico rollo de: “bueno, ahora estoy haciendo esto que no me gusta pero llegará un día en que por fin se darán los condicionantes para hacer lo que SÍ me gusta, lo que de verdad me importa”.

Tranquilos, explotadme en el trabajo cuánto queráis. El día de la venganza está pronto y me haré millonario escribiendo mi gran novela sobre los Cuáqueros que suena como los Cátaros. Ja, ahora estoy contigo cariño porque hoy me sentía sola, pero mañana haré como si no te conociera, ¿no ves que estoy esperando al hombre de mi vida? Esta es la última noticia que dejo que me censuréis, la próxima me iré de aquí y fundaré ese periódico en el que siempre quise trabajar. Puaj, este café sabe a rayos, menos mal que cuando mejoren las cosas voy a poner mi propia cafetería al estilo de Berlín.

"Achicad cuanto antes la idea de un disco, un novio, un viaje, un negocio, un hijo"

Existen millones de reservas emocionales escondidas en todos nosotros y las odio. Odio las mías y odio las vuestras.

Este juego venenoso de conformarse con algo que-no-existe-pero-está-a-punto es una basura. Es una lamprea deprimida que llevamos colgada del cogote todo el día, todas las semanas, todos los años. Entonces llegará un día en que nos daremos cuenta de que eso ya no es posible, de que la reserva no ha servido más que como un desagüe para aliviar el alcantarillado cerebral del tedio y del conformismo. Odio esas pequeñas luces en la noche, esos pequeños picoteos en el sedal, ¡ahí no hay nada que pescar! Fuera, fuera.

Achicad cuanto antes la idea de un disco, un novio, un viaje, un negocio, un hijo.

Hay que disparar al concepto de saltar a nadar y guardar la ropa... ¿qué ropa? ¿Qué más tiene que pasar para que apuestes?

Cuidado, que esta propuesta puede terminar por odiarte a ti mismo/a, pero si no lo haces, si eres débil y te dejas llevar por las sobremesas, pues qué quieres que te diga, te lo mereces.

6. Tener un buen tránsito intestinal

Disculpad el “copro-odio”, pero es que ya no se puede aguantar más. Resulta que los modelos de éxito femenino y masculino no solamente deben ser personas cualificadas, vestir bien, ser guapos, delgados, atléticos, tener un twist canalla y una cuenta bancaria bien estructurada. Además, si quieres estar en la cima social, debes cagar bien.

Yo aviso de que nos están robando también la comida. Lo aviso ya para que luego no venga nadie a quejarse, ¿eh? Estamos perdiendo también eso y lo vamos a echar de menos.

¿Os acordáis cuando los yogures eran el postre chusco de los bares de menú mal? Ah, cómo me gustaba desayunar cereales sin pensar en mi tránsito intestinal. Qué tiempos locos aquellos. Realmente estábamos viviendo por encima de nuestras posibilidades: comiendo sin conciencia, fumando en los bares, bebiendo agua del grifo. Qué irresponsables, qué falta de previsión y de humanidad

"Vayamos al váter recién levantados y así cambiaremos el mundo, claro que sí. Esta revolución se hace a pedos, ya lo creo"

¡Los cojones! Me niego a tener que fijar como prioridad en mi vida ir al baño. No me van a pillar aquí, ni hablar. Si me levanto de mala leche por las mañanas es porque tengo hambre, o sueño o muy pocas ganas de trabajar. Vamos hombre, será que si lo primero que hagamos es plantar un pino nos vamos a llenar de felicidad a raudales. Vayamos al váter recién levantados y así cambiaremos el mundo, claro que sí. Esta revolución se hace a pedos, ya lo creo. Si nos levantamos todos muy pronto, muy pronto y defecamos muy fuerte somos imparables. Me parto.

Menuda lógica que se está aplicando en este concepto de felicidad intestinal. Es como si nos vieran como un navegador de internet lleno de páginas jodidas y que, al borrar ese historial en el baño se nos pasaran todos los males. Vaciar la caché emocional vía intestinal, ¿es esto lo que propones, Carmen Machi? ¿No tenías suficiente con polucionar la televisión con tu asco de serie? Pues no. Se ve que ser la embajadora del culo eficaz se paga mejor. Y no quiero ni nombrar los All-bran negros como su promesa de caca feliz porque, ¿quién se come eso? ¿Tú? ¿Has probado un invento que se llama fruta y verdura?

Señoras y señores, hay que dejar de pensar en monodosis. No puede haber una pastilla para cada problema, no podemos estar comiendo y bebiendo aplicaciones y mejoras del sistema constantemente. Espero que el tiempo y nuestra resistencia barran de una vez todo testimonio de esta era de neurosis colectiva en la que esperamos que un desayuno, un postre o una merienda, nos resuelvan la papeleta vital.

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