Columnas

Grandes éxitos en mi casa

Juan Manuel Freire

Grandes éxitos en mi casa  Juan Manuel FreireLas vacaciones navideñas rebajaron levemente la velocidad de los tiempos, pero fue presentarse el mes de enero, y crash. De nuevo en nuestras vidas esa abundancia informativa imposible de aprehender sin dejar de dedicar el tiempo necesario al hábito de dormir. A veces uno puede llegar a desear que, al menos por un par de meses, dejen de publicarse discos y libros y cómics, y de estrenarse películas –salvando Scott Pilgrim vs. The World, claro está–, para poder terminar de cogerle el pulso al zeitgeist. Pero en realidad con ese parón podría llegar la depresión; el bajón del siglo.

El lector de RSS es el dealer generoso de una droga moderna: la información a destajo y, con ella, la tentación permanente del one-click buying. Esta doble adicción puede afectar no solo a la cartera, sino también a la capacidad reflexiva. Obviamente, cuantos más discos, menos tiempo para poder dedicar a cada uno de ellos; cuantos más libros, más pisos por subir en una torre de Babel libresca siempre a punto de desmoronarse –frustración y ansiedad–; cuantas más series nuevas, muchas de ellas simples guilty pleasures, más tiempo que esperar, seguramente, para esa revisión de Canción triste de Hill Street que llevas pensando en hacer desde 2001. Una forma fallida de vivir que, oye, tiene que cambiar. Entre mis objetivos personales para el año nuevo figuran, en este orden, visitar más el gimnasio; sacarme el carné de conducir; y consumir la cultura justa –y realmente necesaria– cada día. También me gustaría hacerme con todo el catálogo de Criterion, pero eso sería caer otra vez en una dinámica de… Oh, olvídenlo, no he dicho nada. Concentración, por favor.Sí, enero suele ser flojo en grandes estrenos, así en la música como en el cine, pero este año el mesecito se ha presentado fuerte, con discos ansiados y, además, nada decepcionantes: los nuevos de Vampire Weekend, Owen Pallett, Spoon, Beach House y These New Puritans; benditas sorpresas como el nuevo álbum de Seabear o el primero de The Unwinding Hours, una especie de tributo (casi paródico) al mejor rock sensible de los últimos 20 años… Sobre el magnífico Contra ya se han vertido ríos de tinta, pero no podía dejar de ofrecer mis two cents; ese disco me vuelve tarumba. O mejor, feliz. No se me ocurre forma más radiante de empezar el año, el mes, la semana o la mañana. Horchata y Cousins avanzaron que VW no habían perdido un ápice de vitalismo, pero es que además han retorcido su sonido con absoluta brillantez: sonidos electrónicos sutiles, percusiones imaginativas, detalles de los que importan y aportan, todo ello suma capacidad emotiva a canciones –otra vez– ideales. Ya son ganas de rajar de arriba abajo a este grupo solo porque sus componentes son de buena familia o por haber dicho por ahí que la horchata es una bebida mejicana. Con canciones como White Sky, California English o Run –mi favorita– hacen bien a la salud mental de quienes pasan de prejuicios extraños. Algún día sabrás apreciarlos, Julián Ruiz.

Vampire Weekend . Run.mp3
Owen Pallett. Se llama Heartland y, como He Poos Clouds (2006), parte de un engranaje conceptual a priori alienante –la historia de un granjero psicótico del mundo Spectrum; ahí es nada– para acariciar partes del alma que desconocíamos. En una futura revisión de El ruido eterno, Alex Ross debería dedicarle un buen addendum: la conjunción de pop con música clásica nunca había sonado tan bien, sobre todo a la altura de esa The Great Elsewhere –melodía para soñar, rivalidad fructífera electrónica-cuerdas– como concebida con el solo afán de convertir a tíos hechos y derechos en tíos para el desguace.

Owen Pallet . The Great Elsewhere.mp3
These New Puritans con Hidden, su sorprendente, adictivo nuevo disco, de una ambición infinita. Decía Jack Barnett en una entrevista del 2008: "Ahora mismo, estoy escribiendo música que es como dancehall meets Steve Reich… He estado grabando caras-b, y una canción que es todo baterías y trenes, pero es más o menos música pop. No sé si cambiaremos de idea, pero he estado escribiendo mucha música para fagot". Nada de cambio de idea: Hidden es un disco creado alrededor de un fagot, pero también hay oboes y clarinetes, ritmos dancehall y tambores japoneses, todo ello sin salir de un concepto claramente pop. Podría ser insufrible, pero en realidad es sublime. Como mejor muestra, su primer single, We Want War.

Spoon es un grupo que siempre relacionaré con dos de mis cosas favoritas en el mundo: la teleserie Chuck, que hizo un gran uso de Don't Make Me a Target, y la saga de cómics de Scott Pilgrim, combinación feliz de sitcom amorosa y kung fu con banda sonora indie; una de sus principales influencias es Spoon, sobre todo los Spoon de Waiting for the Kid to Come Out. Junto con los álbumes de Vampire Weekend o, como veremos más adelante, Beach House, su nuevo Transference es una enésima prueba del excelente estado de salud del rock independiente americano, cada día más sofisticado, elegante, refinado y, a la vez, tenso y vital. Y en el caso en concreto de Spoon, intensamente romántico: cuando estos chicos se ponen emocionales son invencibles: recordemos The Ghost of You Lingers, o saltemos, ya dentro de Transference, a una viñeta romántico-nocturna como Out Go the Lights. K.O. Ok, vale, me rindo. Posdata: no se pierdan la versión de su Anything You Want grabada por Portastatic para su disco de versiones de carácter benéfico; también hay apropiaciones de Matt Suggs, The Magnetic Fiels o Destroyer.

Spoon . Out Go The Lights.mp3
Beach House, para que la gente pueda salir corriendo a comprar esa casi-masterpiece. Quienes duden en hacerlo deben saber que la edición doble incluye un DVD con vídeoclips para cada uno de los temas, cuyos directores fueron escogidos personalmente por el dúo. En cualquier caso, solo las triunfales canciones ya deberían ser motivo para pasar por caja, y agradecer así a Scally y Legrand todos los esfuerzos realizados por sacarnos del feísmo cotidiano y recordarnos que el sueño es vida. Son sus mejores canciones, con un sonido más dinámico, fuerza interior, e intensidad melódica superior. Me quedo con el comienzo, Zebra; de ahí que todavía no conozca tan bien la segunda parte del álbum como la primera; siempre acabo regresando antes de tiempo al principio. "Anywhere you run, you run before us / Black and white horse arching among us…".

Beach House . Zebra.mp3
My Brightest Diamond, como mujer del mes. Está en todas partes y siempre luciéndose. Por ejemplo, en el nuevo disco del grupo de pop aéreo Clare & the Reasons, Arrow, que ahora llega a España vía Naïve; búsquenla cantando en el tema This is the Story. Su garganta operática también brilla en el inminente nuevo álbum de Clogs –el proyecto de folk de cámara de Bryce Dessner, de The National, con Padma Newsome–: canta seis de las diez canciones de The Creatures in the Garden of Lady Walton. Sus interpretaciones la convierten casi en un quinto miembro del grupo, según declaraciones de Newsome. Antes podemos disfrutar de su doble CD de remezclas Shark Remixes Volumes 1, 2, 3 & 4, con Alfred Brown, Son Lux, Roberto C. Lange y, uf, DM Stith modelando a placer temas de A Thousand Shark's Teeth. Cuidado con el trabajo de Stith con Ice & the Storm.

My Brightest Diamond . Ice and The Storm (DM Stith Remix).mp3
The Unwinding Hours, se dice, es el nuevo grupo de dos Aereogramme –Craig B e Iain Cook–, pero tiene toda la pinta de ser una broma que alguien está gastando a los consumidores de alt-rock de alta carga emocional. Digan cualquier nombre y, se lo aseguro, ahí estará: Codeine, Savoy Grand, Mogwai, Mark Hollis… A su debut del mismo nombre tan solo le falta una portada con postes de electricidad para ser el disco emo que grabarían Zucker, Abrahams y Zucker. Suena todo a broma, lo dicho, pero esto es serio: hablamos de música grabada con evidente amor y respeto, inspirada melódicamente y con una carga de emoción pura –letras vocalizadas con claridad desesperada– que la hace casi anacrónica. Una de las mejores sorpresas del año, una fuente de gloriosa depresión. Ya tardan los masoquistas musicales en pasárselo al iPod y darse caminatas solitarias por la ciudad.

The Unwiding Hours . Peaceful Liquid Shell.mp3
Seabear, We Built a Fire, algo menos plácido y luminoso que The Ghost That Carried Us Away, aunque igual de cálido. Es un disco de final de verano, principios de otoño, con energía pero gran melancolía. Ruidoso y agitado, refleja el salto del grupo del estadio de one man band a septeto feliz de estar junto; gritos, palmas, fiebre. A ratos se puede pensar en los últimos múm, pero en la estupenda Fire Dies Down se piensa más en Sigur Rós –ese falsete–, Patrick Watson –embrujo general– o, por qué no, Jeffrey y Jack Lewis, por sonar a indie-folk saturado de energía. Adictivo, intenso número triste-feliz.

Seabear . Fire Dies Down.mp3
Tulsa, Espera la pálida, con el grupo de Miren Iza entregado a una depuración sonora y literaria en toda regla; material inflamable, extremadamente combustible. O el nuevo de los grandes Charades, Revolución solar, un paso más allá en cuestiones de producción y arreglos para su mágico, intenso indie pop; suena matizado, complejo, bañado en ácido y tocado por una fiebre extraña. Grito tu nombre es su primer y, quizá, más tremendo golpe, pero el tema titular también merece two thumbs up, como esa canción en tributo a los Harold & Maude de Hal Ashby.

Charades . Grito Tu Nombre.mp3
Tiny Ruins, de la que he escuchado poco –todavía no tiene nada publicado, que yo sepa–, pero lo bastante para saber que va en serio. Podría hablar de los nuevos discos de artistas folk tan diversas como Josephine Foster o Basia Bulat, pero prefiero señalar a Tiny Ruins; de ella se escribe menos, al menos por ahora. Neozelandesa, de nombre real Hollie Fullbrook, escribe preciosas canciones folk de sonido intemporal y fuerza y sutileza infinitas; sus requiebros melódicos estremecen. Se la puede escuchar en el primer disco de A Singer Of Songs, cantautor belga con sede en Barcelona, en el tema Road to Nowhere. Y también en su MySpace, donde tiene colgadas maravillas como Bird in the Thyme.

Tiny Ruins . Bird In The Thyme.mp3
The Besnard Lakes. Hablamos, además, de unos Low dinámicos y sin ausencia femenina a la vista; esas armonías clásicas entre chico-chica –o marido y mujer– resuenan en contextos más agitados en el maremoto rock, a ratos cercano a My Bloody Valentine, de los infravalorados Besnard Lakes. Todo abruma en este The Besnard Lakes Are the Roaring Night, pero quizás, sobre todo, Albatross, título también de un clásico de Fleetwood Mac –ya saben, es que los veo por todas partes– y de la mejor canción del nuevo álbum de Sambassadeur, European; una especie de revisión del Nightingale escrito por Lynch y Badalamenti para Julee Cruise. En resumidas cuentas: suben los albatros.

The Besnard Lakes . Albatross.mp3
Eels. Con este último, en particular, se ceban hasta lo indecible, condecorando el striptease emocional de Mark Oliver Everett con un 3.9 más apropiado, desde luego, para The Fame Monster. No sé qué disco habrán escuchado –igual se bajaron un fake y era la banda sonora de Glitter, todo lo que brilla–, pero el caso es que End Times es, en realidad, uno de los mejores álbumes de Everett. Puede escucharse como tercera parte de una trilogía de la pérdida que tendría como inicio Broken Toy Shop, sobre un desamor juvenil, y seguiría con Electro-Shock Blues, en torno a la pérdida de su madre, padre y hermana. Ahora pierde un amor maduro y, con él, la fe en un mundo en pleno proceso de desintegración moral. Con lo bonito que parecía todo al principio, como canta en el primer tema del disco, primer bofetón, The Beginning. Esto, sí, es el final, girls/guys.

Eels . The Beginning.mp3

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