Columnas

Grandes éxitos en mi casa

Juan Manuel Freire

Hace unas semanas discutía con unos amigos en un bar sobre la importancia de la compatibilidad musical en las relaciones amorosas. Había quien consideraba detestable que alguien mirara sus CDs nada más entrar en su casa por primera vez. Otros, como yo, lo consideraban lógico y una forma rápida de tener pistas sobre la otra persona. Por supuesto, las pistas pueden resultar algo engañosas –conozco a fans de Sergio Dalma que son un ejemplo de perceptividad–, pero tampoco hay que despreciar estas indicaciones. En numerosas ocasiones, una pila de discos dice bastante de alguien: de sus ideales, sus esperanzas vitales, sus actitudes y valores. Debo mirar los discos.

Y tampoco me enorgullece decirlo, pero creo que los gustos musicales de una chica me importan más que su condición religiosa o política o nuestra compatibilidad de caracteres; aunque según la teoría apuntada justo arriba debería haber una comunión bastante completa de coincidir en música. Por suerte, o por desgracia, no estoy solo. En aquella misma mesa donde se dio el debate sobre este tema había al menos otras dos personas –bros, para más señas– que también consideraban un gran estímulo que una chica estuviera en tu misma sintonía musical. Cuando esa misma chica, además, te introduce en bandas ignotas y sublimes, el amor es instantáneo. Así somos. Tan absurdos que tendemos a pensar que Last.fm –con esa barra de compatibilidad musical tan devastadora o insinuante, según el caso– podría ser la mejor agencia matrimonial. Dicho esto, aquí van temas recientes que me han llevado últimamente a pulsar el corazón de ‘favorito’.

The XX: “Crystalised” [single; Young Turks]

En fin. Esto no es amor; se llama obsesión. El joven cuarteto del sur de Londres conocido como The XX –¿The Ex Ex? ¿The Exes?– puede llevarte a la locura si eres de los que gusta del minimalismo, los juegos vocales chico-chica y el pop sexuado. Mi problema empezó con su versión de “Teardrops”(Womack & Womack) y no ha hecho sino empeorar notablemente con la llegada de su primer single oficial, “Crystalised”, epítome del cool indie se escuche como se escuche. Para el álbum habrá que esperar hasta septiembre. Va a ser un verano largo.

Wye Oak: “Take It In” [single; Merge]El año pasado hice cosas mal y me arrepiento de todas. Sobre todo, de no haber ido al concierto de Dr. Dog en La [2] de Apolo con Wye Oak como teloneros. Este dúo de Baltimore hace indie rock otoñal superclase y, a tenor de algo como “Take It In”, su próximo álbum – “The Knot”, en las calles el 21 de julio– será de consagración. Eléctricas crujientes, ecos vocales de The Breeders y un clima country cercano a los mejores Cowboy Junkies –los tensos– confluyen en una canción con peligro para los débiles de corazón.

St. Vincent & The National: “Sleep All Summer” [del recopilatorio “Score!”; Merge]Dos debilidades recientes, St. Vincent & The National, casan sus fuerzas –o sus encantadoras fragilidades– en esta versión compartida de un tema de Crooked Fingers, proyecto del gran Eric Bachmann tras Archers Of Loaf, para “Score!”, el disco de 20º aniversario del sello Merge. Quienes se pongan nerviosos con las piruetas vocales de Annie Clark deben saber que aquí actúa en clave menor, haciendo bandera de sutileza antes que de excentricidad. Esto es, claramente, un hito del indie reciente, un dueto hecho en el cielo para nuestro placer y también el de nuestros nietos. Sí, pervivirá. Es un clásico instantáneo.

Sunset Rubdown : “Idiot Heart” [del álbum “Dragonslayer”; Jagjaguwar; 23/6]Es difícil escoger, y tampoco hay por qué hacerlo, pero Sunset Rubdown parece el proyecto más estimulante de todos en cuantos anda metido ese gran cantante que es Spencer Krug, por delante de Swan Lake e incluso Wolf Parade. El primer avance de “Dragonslayer” –ya me han ganado con el título, aunque igual no tiene nada que ver con “El Dragón del Lago de Fuego”(Matthew Robbins, 1981)– no toma prisioneros: son seis minutos de odisea pop frenética e intensa, con ideas a mansalva, cambios de ritmo y algunos picos imposibles de intensidad, como ese letal momento de llamada-y-respuesta chico-chica al comienzo del tercer minuto. El tema deja sin aire, pero una vez nunca es suficiente. Las escuchas son a pares.
Dirty Projectors: “Stillness Is the Move” [single; Domino USA]Hace unas semanas se me ocurrió señalar “Stillness Is the Move” como ‘single del año, sin más’. Las críticas no se hicieron esperar, aunque nadie acababa de negar su poderío. Algún amigo me dijo que ya se me pasaría. Convení en dejarlo en ‘single del año de esta semana’, pero un par de semanas después sigue igual de arriba. Este frágil pero preciso ejercicio de R&B afroindie –o como queramos llamarlo– es lo más parecido a un single que jamás hayan grabado Dirty Projectors y una de las mejores piezas musicales, si no la mejor, escuchadas en lo que llevamos de año. En la intersección de Talking Heads, Amerie y Jon Brion se encuentra el paraíso.

Linda Mirada: “Me quedo en casa” [del álbum “China es otra cultura”; La Cooperativa / Nuevos Medios; junio]Difícil quedarse con una sola entre las muchas delicias de electro-pop triste-feliz del debut de Linda Mirada, sorpresa encantadora y adictiva. Me quedo, finalmente, con “Me quedo en casa”, en la que la próxima heroína del indie nacional entona su particular “How Soon Is Now?” con encantador desapego; hay momentos que parecen cantados por Tracyanne Campbell de Camera Obscura. Magia total.

Deastro: “Spritle” [single; Five Three Dial Tone] “Merriweather Post Pavillion” puede no ser un álbum de los que se queman fácilmente, pero si eres un adicto a su fantasía pop y te apetece opción paralela, harás bien en escuchar este tema infinito con nombre de personaje de “Speed Racer”. En junio aparece el álbum en Ghostly, pero atención, no incluirá “Spritle”. Avisados quedan.

Polly Scattergood: “Other Too Endless” [del álbum “Polly Scattergood”; Mute]

Stalkers de las cantautoras pop con punto misterioso: hay nueva chica con la que obsesionarse. Se llama Polly Scattergood y está en algún lugar entre la mejor Cyndi Lauper y Stina Nordenstam, aunque la mejor referencia posible –por si alguien se acuerda de ella– debe ser Nan Vernon. Con su sonido eléctrico-sintético, sus sirenas de policía, su melodía emotiva y su lenta progresión hacia un muro de sonido abrumador, “Other Too Endless” podría haber sonado fácilmente en el “Manta Ray” de Vernon; parece, en fin, prima hermana de “Big Picture”. Cuidado con las cuerdas que toman la canción por asalto en su tramo final.

Joker’s Daughter: “Lucid” [del álbum “The Last Laugh”; Domino; 15/6]Todo lo que toca Danger Mouse (Gnarls Barkley) se convierte en buena mierda, y como penúltima prueba, “The Last Laugh”, el debut de la cantautora londinenseHelena Costas. Mención especial para “Lucid”, o un clásico perdido del segundo renacimiento folk de los 70… con beats.

Patrick Watson: “Big Bird In a Small Cage” [del álbum “Wooden Arms”; Peacefrog; 11/5]Algunos pusieron el grito en el cielo cuando Patrick Watson –una banda, no un hombre solo– se hizo con el premio Polaris al disco canadiense del 2007 por “Close To Paradise”, pasando por encima de Arcade Fire, Feist o Junior Boys. Pero por su fuerza melódica o su dulce, sutil sentido de la experimentación y del cruce genérico, el disco merecía todos los reconocimientos del universo. Y“Wooden Arms”, el siguiente, es todavía mejor. Esta banda “sin aspiración de dominar el mundo”, como se definía a sí misma, se repliega en sí misma y, con ello, se expande, creando orfebrería folk para naufragar a gusto. Una fijación: “Big Bird In a Small Cage”, el dúo con la artista alt-country Katie Moore; un bálsamo existencial.

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