Columnas

Grandes éxitos en mi casa

Juan Manuel Freire

Rob GordonBienvenidos a la primera edición de esta columna filoindie, en la que cada mes divagaré sobre canciones nuevas que brillen en la oscuridad y den calor o buen frío. En esta opresiva, casi insana era de sobrecarga informativa, que alguien haga algo de criba es algo de agradecer, creo yo. Pero no lo agradezcan. Tampoco sé vivir de otra manera que no sea abriéndome paso cada día entre temas de todo color y procedencia, en busca del estímulo de un estribillo inspirado, un giro melódico con gracia, una voz amiga como la de J. Tillman, ese bajo que te pega en el bajo vientre o algo que no sepa cómo llamar pero, sin embargo, me haga sentir como en casa.

No sé vivir de otra manera y me preocupa, porque creo que esta tendencia a rodearte de hits musicales puede separarte en exceso de la realidad. Pasamos el día arriba, con alguna armonía feliz de New Pornographers, y abajo, con algún susurro depresivo de Stina Nordenstam, por ejemplo. Adictos a un zigzagueo eterno entre emociones claras u oscuras. Y cuando la vida te recuerda su prosaísmo con alguna jugarreta cotidiana –el papeleo de los autónomos, la reunión de la escalera, el tufillo a gas que no se sabe de dónde viene– uno se ahoga en una amargura definitiva, seguramente exagerada. Lo que una persona poco aficionada a la música creería un simple trámite puede parecer una tragedia para la legión del iPod. A continuación, una lista comentada de los temas que más han sonado en mi burbuja los últimos meses.

1. Bat For Lashes: “Daniel” [Parlophone]

Hay otros temas en “Two Suns” que dicen que Natasha Khan, en los tres años pasados desde ese “Fur and Gold” de deudas evidentes, ha crecido y empezado a desarrollar estilo personal. Pero ninguno lo hace mejor que “Daniel”, oscura, emotiva ‘lovesong’ con la vista fija en la pista; una especie de nueva “Hyperballad” en conexión con Kate Bush y el 4AD canónico pero con una tensión compositiva y sonora hiperactuales. Mi pasión por Natasha va más allá de lo estrictamente musical –quienes hayan oteado su sesión de fotos en la revista The Fader sabrán entenderlo–, pero aquí veo un clásico. De verdad lo digo.

2. Marina & The Diamonds: “Obsessions” [Neon Gold]

De fijaciones dementes –como la mía con Natasha, de acuerdo– habla este primer e increíble single de Marina & The Diamonds, una banda, o eso parece, guiada por otra chica con Kate Bush y Lene Lovich como sus heroínas e intuición para el pop mágico. Es todo un placer –y desde luego, puede hacerse una obsesión– dejarse arrastrar por las mutaciones melódicas de esta canción sobre las manías, propias o heredadas, que nos imposibilitan vivir con lógica. Por cierto, el 7” de Neon Gold trae una cara-b, “Mowgli’s Road”, que solo empeoró mi obsesión con Marina. Y sugiero perseguir igualmente las remezclas de “Obsessions” por Aspirins, Body Language y Pink Stallone, a cuál más sugestiva.

3. Telepathe: “So Fine” [V2 / Nuevos Medios]

Siguiendo la senda de las féminas de encanto arty, místico y un tanto excéntrico, topamos con las dos chicas de Telepathe, cuyo “So Fine” cuenta, además, con teclados analógicos y ‘drumpads’ en sintonía con los del “Daniel” de Bat For Lashes; ellas también tienen 4AD –y sobre todo, Cocteau Twins– como etéreo punto de anclaje. ¿Otras referencias? Ying Yang Twins, como ellas señalan en su MySpace, pero también las mejores películas de John Hughes, las de los 80, o ese homenaje espectral a aquellas que fue “Donnie Darko”. Telepathe: magia y misterio juveniles.

4. The Golden Filter: “Solid Gold” [ Dummy]

Este dúo nu-disco neoyorquino también es amigo de lo místico: hasta hace bien poco nadie conocía sus caras, y en el videoclip de su tema ariete, “Solid Gold”, hay buenas dosis de plumaje, éter y ritualismo. La canción ya hace tiempo que viene sonando en blogs del mundo, pero cuesta cansarse de ella: es como la unión perfecta de S aint Etienne con Glass Candy, una rodaja etérea pero contundente de pop electrónico con regusto italo. Sigamos al zorro dorado.

5. Phoenix: “Rome” [V2 / Nuevos Medios disponible desde 26/5]

Thomas Mars podría cantar las PagesBlanches y resultar emotivo. Si lo hace sobre el fin del romance, como en “Rome”, arrastrando las palabras con dejadez como en “Sometimes in the Fall”, el resultado ya es devastador. La canción sube y baja, acelera y decelera, hasta desembocar en un final absolutamente extático con algo del “Born Slippy” de Underworld. De hecho, casi parece que Mars vaya a exhalar un “lager lager lager” de un momento a otro. La ruptura nunca sonó tan triunfal.

6. Neko Case: “This Tornado Loves You” [Anti / PIAS Spain]Si el recopilatorio “Dark Was the Night” merece cuatro estrellas y media en lugar de cinco, es en parte por las pobres aportaciones de Spoon o Arcade Fire y en parte porque Neko Casedebería salir no solo con The New Pornographers, sino también en nombre propio. La suya es la mejor voz del indie rock, sin más. Y en el álbum “Middle Cyclone” suena especialmente cristalina y emotiva; Case es realmente la Patsy Cline de nuestra era. Cuesta decidir con qué tema quedarse –las versiones de Nilsson y Sparks, por ejemplo, no son ninguna broma: casi superan a los originales–, pero al final ganó “This Tornado Loves You”, prólogo bluegrass sobre la devoción imposible de un fenómeno meteorológico por un humano. “Echo de menos cómo suspirabas antes de dormir”.

7. The Joy Formidable: “The Greatest Light Is the Greatest Shade” [ Pure Groove]

“Este sueño está / Este sueño está / En un telescopio ahora…”. No, no tengo ni idea de qué significa, pero estas palabras se han repetido en mi cabeza sin respiro durante las últimas semanas. Es el estribillo del primer tema del mini-álbum –o EP largo– de debut de The Joy Formidable, trío británico de pop en pantalla ancha al que debería esperar un dulce porvenir. “The Greatest Light…” es su mejor baza: un salvo de electricidad estratosférica con su cantante Ritzy en clave aérea, un riff de antología y un estribillo, ya saben, realmente críptico e imposible de olvidar.

8. Loney, Dear: “Airport Surroundings” [ Polyvinyl]

La apertura de esa sucesión imparable de hits emocionales que es “Dear John”, uno de mis discos del 2009. De Emil Svanängen ya conocíamos sus grandes aptitudes de songwriter, pero en este disco se revela, además, como sofisticado e inteligente diseñador de sonido, sobre todo en “Under a Silent Sea” –conduciendo su indie-folk hacia, ojo, el trance– y esta “Airport Surroundings”, una súplica de amor con ritmo motorik, cuerdas en pizzicato, palmas, vientos melancólicos… Todo trenzado sutilmente en un tejido sonoro altamente envolvente, hipnótico y, sí, devastador. De hecho, tampoco estamos tan lejos del Kanye West de “808s and Heartbreak”. De veras.

9. J. Tillman: “Laborless Land” [Bella Union / Nuevos Medios]

Mientras algunos pegamos montones y montones de palabras en un intento a menudo vano de comunicar algo, aunque sea leve, J. Tillman se basta y sobra con una –“daylight”– para disponer uno de los estribillos del año. Ante esa lección sobran palabras.

10. Vetiver: “Everyday” [Bella Union / Nuevos Medios]

La luz del día por la que clamaba Tillman llega del todo. Y con ella, un amor supremo. “Quiero ser claro / Todo lo que quiero escuchar es tu voz / Poder ver tu cara / Qué feliz me haría eso”, canta Andy Cabic en una delicia jangle-pop que suena perfecta para empezar una casete –o una lista de Spotify, como quieran– de conquista. Esto es el sonido del amor recién inaugurado, la llegada de la primavera y las cosquillas sobre el césped. Me voy, queridos PlayGrounders, antes de ponerme demasiado moñas.

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