Columnas

Tras el cierre de Go Mag: ¿está condenada la prensa en papel a su extinción definitiva?

Son momentos duros para los medios impresos: la irrupción de las nuevas tecnologías se están llevando por delante cabeceras de referencia en el año más difícil de la crisis. Y sin embargo, hay esperanza de futuro

El cierre de cabeceras de prensa escrita se ha convertido en una mala noticia cada vez más frecuente. Hay quienes afirman que el papel tiene los días contados frente a la prensa digital y quienes achacan esos cierres a la crisis económica. Pero hay mucho más: el mundo editorial arrastra unos males endémicos de difícil solución.

La llegada de internet ha cambiado las reglas del juego: ya no hace falta ni salir de casa para consumir noticias, basta con una conexión a internet y la actualidad está a nuestro alcance. Hasta podemos consumir prensa extranjera sin tener que acercarnos a un quiosco internacional o a una librería especializada. Tampoco hay que esperar al día siguiente ni a la edición especial cuando rompen las noticias. La inmediatez y la accesibilidad mandan, y si la prensa nacional no te da lo que quieres, puedes buscar en la exterior. El cambio de modelo no se ciñe a los diarios y hasta las revistas especializadas se pueden leer online. Por el mismo precio que la versión física de tres revistas extranjeras se puede uno conectar a la web y elegir un menú personalizado: música, actualidad, moda, política, literatura. El lector manda a golpe de ratón, y hasta las revistas que han optado por un muro de pago, tienen a disposición del usuario contenidos gratuitos. Si a eso le sumamos una crisis económica, la fuga de anunciantes a otros medios y la bajada de tarifas publicitarias, el resultado es el que estamos viendo: el cierre de revistas total o parcial (cuando deciden continuar sólo con su versión online), y por repetido no deja de ser menos cierto que cada vez que desaparece un medio, perdemos todos.

Predecir el futuro de la prensa escrita es prácticamente imposible: todos los medios de comunicación, del tipo que sean (la televisión también hace años que está perdiendo su liderazgo), tienen que adaptarse a las nuevas tecnologías a diario y dar con la fórmula que les permita sobrevivir, y quién sabe qué nueva herramienta se puede estar fraguando que cambie de nuevo el paradigma. Ni los observatorios de periodismo de las universidades de Harvard y Columbia ( Nieman Journalism Lab y Columbia Journalism Review, respectivamente) ni gurús como Jeff Jarvis, tienen las respuestas: por un lado, asistimos a la desaparición de muchas cabeceras (algunas tan consolidadas como Newsweek, que dejó de imprimirse en papel este mismo año tras 80 de existencia), pero por otro, hay estudios que confirman que la publicidad en revistas impresas o en su variante para tabletas ha repuntado. Adivinar qué futuro le depara al papel sin entrar en el terreno de la especulación es casi imposible sin entender cuál es su presente y qué desafíos tiene, y para ello contamos con las reflexiones de dos personas que conocen bien el terreno: Ramón Fano, socio fundador y director de Neo2 (que se edita en papel, web y para iPad), y Manu González, jefe de redacción de Go Mag ( ahora sólo en formato digital).

1. Internet cambió el paradigma

La irrupción de internet ha traído nuevas voces, nuevos medios y, sobre todo, una inmediatez con la que hace unos años ni se podía soñar. Pero las nuevas tecnologías han pillado con el paso cambiado a los medios de comunicación, que tienen un nuevo reto ante sí: convencer al lector del valor del papel. Ramón Fano lo tiene claro: “ imprimir es un lujo, y los contenidos que se imprimen también deberían serlo. Hablo de lujo como contenidos únicos y exclusivos a los que se dedica un cariño especial a la hora de producirlo y elaborarlos. Lo mismo que vuelve el concepto slow en el ritmo de vida, en la cocina, en la artesanía, creo que también debería recuperarse en el mundo de la comunicación. No por ser más rápido se es mejor. Por tanto, lo que veo es que el futuro de las revistas en papel pasa por contenidos de calidad, más elaborados, únicos... con tiempos de cocción más lentos y sabrosos”. Manu González además pone el acento en la especialización como valor añadido: “ Cuando los medios para conseguir información son tantos y en tantos canales (audiovisuales, la red, etc.) te tienes que especializar en un producto minoritario e interesante. Hay revistas de deportes como Panenka, mensuales satíricos como Mongolia, o diarios cooperativos políticos como La Marea, que tienen un público fiel y que hacen muy bien las cosas. Artículos mimados y detallistas y opiniones que no puedes leer en otros sitios”.

"El papel te da ese carácter exclusivo y un contexto adecuado para entender las cosas. En internet ves muchas cosas, pero no sabes ni quién las ha hecho, ni cuándo, ni en qué circunstancias"

Calidad y especialización no son los únicos elementos que dan valor al papel, también entran en juego factores que pueden parecer más intangibles pero que incluso la revista Forbes señalaba hace un año y que pasan por el fetiche, el prestigio e incluso la comodidad. “ El papel ahora más que nunca es sinónimo de prestigio. Lo que veo es muchas cabeceras que han comenzado online y en cuanto han podido han hecho una versión papel. O fotógrafos que se han dado a conocer a través de sus blogs, lo mismo: en cuanto han podido han publicado un libro en papel”, apunta Ramón Fano, quien además incide en ese prestigio del que habla Forbes: “ el papel te da ese carácter único y exclusivo, un contexto adecuado para entender las cosas. En internet ves muchas cosas, pero no sabes ni quién las ha hecho, ni cuándo, ni en qué circunstancias; es una acumulación de imágenes que muchas veces no conduce a nada. Internet también aporta diversidad, pero todavía tenemos que aprender a mirar en internet para asimilar la información que recibimos”. Manu González además habla de la comodidad y de lo que supone poder leer en cualquier momento y lugar: “ hasta que no exista un futuro cyberpunk con microordenadores instalados en nuestra cabeza o algo parecido la conexión a Internet no está garantizada las 24 horas del día en cualquier parte del mundo. Sin embargo un trozo de papel te lo puedes llevar a cualquier parte y leerlo cuando te plazca. La web te da inmediatez, rapidez, pero no creo que sea el soporte ideal para largos artículos de opinión”.

Lo que vivimos ahora es lo que el mundo anglosajón conoce como el “paréntesis de Gutenberg” (aunque la idea se acuñó en la Universidad de Dinamarca se ha estudiado incluso en el MIT y ha calado hondo en algunas de las mejores universidades norteamericanas) y que se refiere no sólo al salto tecnológico, una vuelta a las prácticas y formas de pensamiento anteriores a la imprenta, en la que el conocimiento era efímero, manipulable y se transmitía de forma oral; mientras que la letra impresa estaba asociada a lo formal y a la permanencia: un editorial de un periódico digital puede cambiarse (como hizo hace poco el NY Times a propósito del papel de Obama dentro del programa PRISM), mientras que la letra impresa “va a misa”.

2. Revistas para iPads: ¿una tercera vía?

Parece una obviedad, pero no se trata sólo del coste del pliego (a mayor calidad, más caro), sino de la imprenta, la distribución y, por supuesto, el de plantilla y colaboradores. Y por mucho que una web sea más barata de mantener, tampoco es la panacea. “ Los anunciantes ya no tienen que pagar cifras millonarias (porque ya no pueden) como se pagaban en algunos diarios y revistas grandes al principio del siglo XXI. Ahora se puede invertir menos y con más impacto directo en tu marca, algo que te da las páginas webs. Y hay que tener en cuenta que el papel, la impresión y la distribución llega a ser cuatro veces más cara que los gastos de personal, contenidos e informáticos”, explica Manu González.

"Una vez más, corresponde a los medios la tarea de adaptarse a las nuevas tecnologías para fidelizar a sus lectores si no quieren que éstos huyan con sólo hacer clic"

Es entonces cuando se plantea una tercera vía: mientras que la web de muchas revistas es un complemento a la edición en papel, la versión para iPad o tableta vendría a ofrecer lo mismo que la versión impresa. En Estados Unidos y el Reino Unido se usan estas vías para lograr beneficios en época de vacaciones, y para un lector extranjero resulta mucho más económico comprar The New Yorker para Kindle o iPad que pagar gastos de envío. Una vez más, corresponde a los medios la tarea de adaptarse a las nuevas tecnologías para fidelizar a sus lectores si no quieren que éstos huyan con sólo hacer clic: “ Neo2 siempre lo intenta”, explica Ramón Fano. “ Empezamos como fanzine, llegamos a ser una revista mensual con distribución internacional, lo compaginamos con el blog de Neo2, tenemos también una edición para iPad que no es el triste pdf, sino una aplicación propia que permite experimentar un nuevo layout propio del soporte tableta, y también estamos en smartphones, en todas las redes sociales que nos da tiempo... Ya solo nos falta trasmitir los contenidos por telepatía”. Por supuesto, no todo el mundo tiene tabletas ni es una tecnología desarrollada al 100% : “Ahora mismo la tableta está a medio camino entre un smartphone y un portátil. Puedes consultar el correo en la cama, puedes jugar a cosas... pero no es algo imprescindible en tu vida. Hasta que no se convierta en un objeto imprescindible, que tenga una utilidad única que no la tenga ningún otro aparato, no creo que se constituya como la gran vía”, sentencia Ramón Fano.

En última instancia, el problema es el de siempre: convencer al lector de que pague por un contenido que puede encontrar gratis en otro sitio. Lo que nos llevaría de nuevo al primer punto.

3. La crisis

La otra gran bestia negra de las revistas es la crisis, pero ésta tiene sus raíces en factores que trascienden lo meramente coyuntural: a la crisis financiera se suman la publicitaria y la de los propios medios de comunicación en cuanto empresas, que Manu González explica en los siguientes términos: “ Creo que la imprudencia de los editores es más causante de la tan cacareada y anunciada muerte del papel que la crisis en sí. Ese ansia de crecimiento sin frenos que han experimentado todas las grandes y medianas editoriales españolas han provocado una “burbuja del periodismo” que ha explotado y estamos sufriendo ahora mismo. Añade una crisis económica a la ecuación y tendrás a editores que deben millones a los bancos. Las pequeñas empresas editoras han sufrido más la crisis por la falta de confianza de los anunciantes. Las ventas son flojas, sí, pero las revistas se nutren principalmente de publicidad.

Hay más, por supuesto. Mucho antes de que cayera Lehman Brothers y las finanzas de medio mundo se tambalearan, ya existía una práctica muy extendida entre los medios de comunicación, que era la de rebajar el precio de la publicidad con tal de que la marca no se anunciara en la competencia: de cara a los anunciantes y el público, una revista con más de veinte páginas pagadas ofrecía una imagen de triunfo con la que otros medios no podían competir. Las marcas, claro, se acostumbraron a regatear, y cuando empezó la crisis, el regalar páginas a los anunciantes o dejarlas a precio de saldo se convirtió en una práctica habitual en casi todos los medios. Más valía “regalar” una publicidad en la contraportada que salir sin ella.

Otra causa estructural, como señala Ramón Fano, es la saturación del mercado. “ Para un país tan pequeño como España y con tan poco industria y producción, lo que hay es una cantidad desproporcionada de revistas (y muchísimas encima son franquicias internacionales). Supongo que ése era el principal problema. Luego encima la crisis hace que todo se tenga que reajustar. También hay que pensar que aunque la inversión online haya crecido mucho, sigue habiendo más inversión en papel. Y aunque los lectores hayan bajado, se sigue pagando por comprar una revista o un periódico en papel, mientras que en internet no se paga nada por echar un vistazo a las webs”. Que se invierte más en publicidad en soportes físicos que en digitales es un dato que viene avalado por los datos que hemos apuntado más arriba, sino que además, evidentemente, se paga más caro un anuncio en una revista impresa que en papel. ¿Significa eso que un anuncio convencional da más beneficios? No necesariamente: como explicábamos en el punto 2, los gastos de distribución superan incluso los de impresión, y sin una buena presencia, es como si no existieras.

¿Y la tan cacareada crisis periodística? Ramón Fano aboga por separar el grano de la paja, como las marcas que hacen caja a través de bloggers y que se aprovechan de una moda coyuntural (basta con pensar en esos posts de bloggers amateurs que cantan las alabanzas de cosméticos o ropa y tras los cuales no se esconde más que el cheque de una marca o un simple regalo). Manu González, además, apunta nuevamente a esas “grandes editoriales que han crecido demasiado endeudándose hasta el infinito”.

4. ¿Y el futuro?

Como apuntábamos al principio, ni los gurús del periodismo saben qué se puede esperar. Cuando parece que la desaparición de las revistas impresas es una verdad incuestionable aparece un nuevo estudio que lo desmiente o una nueva cabecera que se hace con un público fiel. Manu González es tajante cuando se le pregunta por el futuro: “ sólo las muy especializadas podrán sobrevivir con tiradas minúsculas si te dedicas a la cultura. La prensa del corazón nunca morirá y se debería explotar más la prensa política”. Una postura similar es la que mantiene Ramón Fano, que observa que “ cada medio tendrá una finalidad y unos hábitos de consulta. El papel debería ser, como he dicho antes, un artículo de lujo para conservar que deberá ser producido con mucho cariño”.

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