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Ibáñez, perdónanos por pedirte que trabajes con 80 años

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Un homenaje subjetivo al dibujante barcelonés de 13 rue del Percebe, Mortadelo o Rompetechos

Ignacio Pato

17 Marzo 2016 06:00

Estaría bien ser como Francisco Ibáñez cuando tengamos 80 años.



1. DE ANARQUISTAS Y CANAPÉS

Estaría bien entrar con la clase con la que él ha entrado en un hotel de lujo de Barcelona en el día de su 80º cumpleaños. Sin corbata y poniendo a todo el mundo a sus pies en un edificio que antes de tener 5 estrellas doradas tuvo la rojinegra de POUM, CNT y FAI cuando trataron de revolucionar Gràcia en aquel traumático mayo del 37.

Barcelona es camaleónica; la de Ibáñez tampoco existe ya. Aquella de bloques de pisos con portería, colmado y pensión para viajeros, como el edificio de su 13, rue del Percebe (Ediciones B) cuyo tomo integral presenta ahora.

Cuando tengamos 80 años, seamos como él. Sin corbata, pongamos un hotel de 5 estrellas a nuestros pies

Abajo habría un supermercado, un banco o una inmobiliaria. "El ladrón sería hoy director de banco", nos dice Ibáñez al grupo de periodistas que le rodea en un sofá del hotel.

Está consiguiendo algo insólito: que los redactores pasemos del salmón y el camembert que tenemos delante. Tales son las ganas que tenemos de hablar con él. Si masticas, pierdes turno.

Ibáñez consigue que los redactores pasemos del salmón y el camembert



2. DE TRABAJO Y OFICINA

"El personaje que hacía más a gusto era Don Hurón, porque estaba asomado en la alcantarilla y solo había que dibujar medio cuerpo", dice sobre su favorito del bloque.

Porque Ibáñez se ha deslomado trabajando y la productividad no ha podido con su sonrisa. Con ella cuenta las presiones de un octogenario con un portafolio tan grande que da sombra: "Cada semana se dibujaba un pagina de Mortadelo, de Rompetechos, del Percebe, de Pepe Gotera y Otilio, de Don Pedrito", recuerda.

"Ibáñez, una página... algo nuevo... algo distinto". De esa orden salió 13, rue del Percebe. "Tenía entonces un director para el que todo era trabajar, trabajar. 'Usted a crear, a crear'".

Mortadelo, Rompetechos, 13 rue del Percebe, Pepe Gotera y Otilio... se ha deslomado trabajando y la productividad no ha podido con su sonrisa

El trabajo marcó el principio, en 1961, y el final de la tira semanal, en 1968. "Había demasiado trabajo, era imposible. Llegaban cartas diciendo 'nos gusta Mortadelo' y el director te decía, 'a partir de ahora, una página doble'. Después fueron 4 páginas". Y se acabó el Percebe porque, dice, era "lo que daba más trabajo".

"De cuesta arriba nada, eso era subir al Everest. Tenías el cubículo blanco del personaje delante y pensabas '¿qué pongo?'. Eso era espantoso. Piensa que cada página del Percebe son 15 o 20 ideas distintas", recuerda.

'13, rue del Percebe' se acabó porque era lo que me daba más trabajo

Con 80 años, sigue en el tajo y con un nuevo álbum sobre las olimpiadas de Río ya entregado: "Hoy un día mío de trabajo es exactamente igual que hace 20, 30 o 40 años. Al que me dice 'tú hoy ya con los ordenadores no haces nada' le pegaría dos bofetadas. El ordenador que tenga ideas aun no ha salido, sería el primero en comprármelo".

Empezó con 14 años de botones en el Banco Español de Crédito de Plaça Catalunya, "donde hoy está la tienda esa de la manzana". En lo que hoy es un Apple Store estuvo 5 años hasta que pudo dedicarse por completo a ser historietista. 

Al que me dice 'tú hoy ya con los ordenadores no haces nada' le pegaría dos bofetadas



3. DE EDUCACIÓN Y SANIDAD

Pero es que claro, a la gente le gustaba. Y a Ibáñez se le ilumina la cara diciendo eso. Tiovivo, Pulgarcito, Campeón, eran algunas de las redes sociales en forma de revista que los padres de algunos de nosotros usaron a diario. Tebeos que compraba un compañero, un hermano, y pasaban de pupitre en pupitre, de casa en casa.

Ibáñez ha sido un precursor de los cursos a distancia. Nuestros abuelos y padres sabían que regalarnos un Percebe, un Sacarino, un Chicha, Tato & Clodoveo era dejarnos en buenas manos.

Con esos personajes mejoramos una comprensión lectora no del todo estimulada por profesores sin pasión. Si 40º de fiebre nos impedían ir a clase un día, les prometo en nombre de mi generación que un tebeo de Mortadelo no andaba lejos.

Con Ibáñez mejoramos nuestra comprensión lectora. En la cama, en un hospital, ¿cuántos niños se han dormido con un Mortadelo abierto de par en par?

De la compañía que ha hecho Ibáñez en post-operatorios podrían dar fe las cientos de enfermeras que han visto dormirse a algún niño con uno de sus cómics abierto de par en par.


En un país acomplejado con la alta cultura, a Ibáñez nunca se le ha reconocido como merece su labor social. Y terapéutica: "Me han dicho muchas veces que hago humor para la plebe. Y sin embargo también arquitectos o abogados que están hasta arriba de trabajo me han dicho que al llegar a casa se meten con un libro mío en la cama", explica.

"Sé que no se van a revolcar de risa pero sí de ombligo hacia adentro. Creo que deberían vender mis cómics como somnífero en las farmacias", añade.

Me han dicho que hago humor para la plebe. Pero arquitectos o abogados se meten con un libro mío en la cama

Los políticos le hacen la competencia humorística, dice, y no olvida que Carmen Romero dijo unas navidades que le regalaría la colección de Mortadelo a su marido Felipe González "porque le pirraba". Solo hay un presidente al que nunca le ha gustado. "Uno bajito y con bigotillo", describe.

Ibáñez, el guionista sin retribución de series como Manos a la obra o Aquí no hay quien viva. El Nostradamus ibérico. El que en 1993 predijo el ataque a las Torres Gemelas de 2001.



Ibáñez, el abuelo de todos. "Mis nietos cogen mis tebeos, pero a ellos les gustan más otras cosas". Para él es una batalla perdida. Y eso tiene una gran ventaja, ahorrarle fuerzas para poder seguir con esa sonrisa.

No se le va de la cara mientras habla sin acabar las frases, cortándose a sí mismo. Ocurre cuando la cabeza va más rápido que la lengua. Ocurre cuando tienes aún mucho que ofrecer. "No te mueras, no dejes nunca de trabajar", le dicen.

Quién sabe si pensando que la misma frase, en boca de los fans, suena muy diferente a si te la dice tu jefe, Ibáñez sigue sonriendo. Nos han sobrado un millón de canapés.


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