Columnas

Feliz Año Nuevo

Antonio Luque

El único tiempo que existe es el atmosférico. El otro es un invento de los contables, de los rentistas, de los funcionarios, de los gobiernos, de los señores feudales, de reyes e iglesias, que siempre podían acortarlo si necesitaban más pronto que tarde su parte: el diezmo (me da en la nariz que era siempre más que la décima parte; ahora es más). Los años son inmutables, pero los porcentajes cambian en los acuerdos autonómicos -el feudalismo se ha vuelto una cosa complicadísima, ¡hay cientos de miles de señores, y todos hacemos de recaudadores, de cazadores y cazados, y yo quiero ser el oso que mate al nuevo rico, colgándolo en un madroño, como un adorno navideño, un arbusto bastaría!-). ¿Qué más da que hoy sea de 2009 y no de 2008? Ambos son números tan improbables, tan de modelo de secadora... La ropa está tendida, no para de llover desde el día 30 del año pasado: no he visto el sol, ni salir ni ponerse. El tiempo verdadero es el de las nubes que pasan. La tromba de agua de anoche me pareció un regalo de Reyes Magos; por un momento pensé que el mundo entero iba a pasar por el arroyo Jaboneros, bien limpio, hacia el mar, las ropas en primer lugar (total, no se secan, hay rebajas, los pobres no las quieren, en las parroquias me miran raro, el textil chino está al alcance de cualquier miserable, lo recogido en los contenedores de recogida selectiva acaba junto y revuelto en los vertederos, me apuesto lo que quieran). Pero no; el mundo no está limpio, está viendo la tele, el balneario sigue siendo el templo del abandono, los deportistas se palpan el turrón blando del bajo vientre, los ipods mojados dan pequeños calambres, picotazos de pollito blanco mojado, imagino. Las televisiones de plasma (ese misterio cuadriculado, ese estado raro de la materia, ese brotar de la sangre) han dejado de venderse; ahora es el LCD el regalo ¿o voy tarde? Sé cómo suenan las de antes al estallar, abandonadas en la basura: la explosión, la pedrada del pequeño palestino que era en los setenta, cuando aún no se había olvidado el hambre, ni siquiera la guerra, aunque sí cómo reparar el tubo de imagen. Se ha roto, señora, será mejor que busquen una nueva, a color, la última del bloque (me pregunto si esto se hereda). ¿Cómo suena un LCD reventando?

En La Bola de Cristal (era un programa "progre" de TVE, de cuando los socialistas de Sevilla, los que partían la pana, los que aplaudían o escondían a Juan Guerra) se desaconsejaba el uso del endiablado electrodoméstico, se veían algunos aparatos saliendo por ventanas. Dicen que aún se ve más ahora, por ahorrar. Tres horas y media por persona y día (que sólo tiene 24, ojo). ¿Barato? ¡Ella misma pedirá su destrucción, el relevo generacional, la llegada del último modelo, su descanso eterno en el vertedero sobrevolado por cuervos gigantes, junto a una curva peligrosa de la autovía, en el área de descanso y recreación del espíritu, en las noches de cine con la chica de la curva! Mucha gente conoce sólo las canciones de los anuncios. Algunos estarían dispuestos a descargárselas, como cuando volcó el camión de Coca Cola junto al colegio, y algunos se llevaron hasta trozos de vidrio mojado. Lo barato sale caro, ya lo dijo, en el chiste del entierro de la suegra, Chiquito de la Calzada; la única persona interesante de cuantas asoman a las casas por ese medio. Yo me lo crucé por Málaga. Iba diciéndole a su mujer: " ¡Nooooor!". Sin violencia, desde luego. Ese es el truco. Se puede decir que no, pero con gracia. OK. Adoro los modelos de camisas que lleva.

Tiraré la ropa mojada e iré a las rebajas; tengo que ir bien vestido a Madrid y Barcelona (y a Murcia, y es que la gente grabará y subirá cualquier cosa a la red, en una labor de espionaje que hay que sumar a la de recaudación, desestimado ya el reciclaje -ojalá pasen hoy los que limpian la calle, los grabaré, subiré las imágenes al Youtube, verán cómo es más difícil esquivar con una escoba una hoja de eucalipto que barrerla, y sin embargo...-). Y me cortaré el pelo, y echaré todas las canas al aire de una vez: el tiempo ese no existe, llueve poco, me desharé el peinado que haga el barbero con la ayuda de cualquier nube negra, nunca me acosté con una, a mis años, me olvidaré de decirle que no me ponga esa colonia de posguerra, jugaré con los trozos de piel muerta entre los manojos de pelo desordenado, caspa, Cass Mc Combs, pondría de moda los calcetines blancos de deporte si tuviese valor, iría a correr, el turrón, la tristeza.

Somos más de 46 millones. Según el Ministerio correspondiente, en 2007 se vendieron más de 41 millones de envases de ansiolíticos, y casi 24 millones de antidepresivos. ¡Cuantos envases, dios mío! En las herboristerías me dan la hierba en pequeñas bolsitas, a granel. Sólo un milagro permite que la tila sea aún legal. Hacer deporte en la calle (los gimnasios me traen a la pituitaria el contagio de la cárcel de la cómoda cuota) y tomar tila; ese es mi consejo, amigos del envase (¿habrá algo más atractivo que una farmacia, con esos olores de farmacéutica aséptica recortando códigos de barras, heredera del negocio más próspero del pueblo?). Los nerviosos son de derechas, dicen unos científicos americanos. Tiene lógica. ¿Cómo es la frase esa? Ah, sí. "El que siendo joven no es de izquierdas no tiene corazón, y el que siendo viejo no es de derechas no tiene cabeza". Se supone que el paso del tiempo nos da sensatez. Yo diría que sólo nos da miedo, no el tiempo pasando, sino sus informativos, los que empiezan dando la hora, haciéndonos a todos partícipes de problemas estadísticamente insignificantes: los gatos de mi calle no tendrían ánimo para cazar si supieran cuántos gatos han muerto en el último mes abajo entre las rocas, o en los callejones del mercado apestoso. Los gatos son sólo cazadores. Algunos son capados y usados como cojín, junto a la tele. El último mes lo marcó una gata, cantando mal, como uno que yo me sé.

Los pobres ven la primera y las autonómicas: con el folklore se sobran. Las clases medias-bajas prueban a ver Antena 3, en un síntoma claro de miedo a perder lo poco conseguido, de decadencia. Las clases medias-medias ven un poco de todo: es decir, pasan horas pulsando el mando a distancia, se tragan en Nochebuena y Nochevieja el programa que trata de hacerles creer que la vida en pareja es así, sorpresa, y está bien que así sea (me refiero a "Escenas de matrimonio"; en los anuncios siguientes se ve a uno de sus actores anunciando un complemento de una consola de juegos -puaj, puaj, qué aburrimiento, qué asco, qué poca cosa es entretenerse convirtiendo aquello que nos maneja en algo que manejamos, como un partido de vuelta de una eliminatoria intrascendente de Copa de un Rey "Gintonizado"-, un complemento que no es más que una pistola, a las que yo creía erradicadas en un país tan de la igualdad y el buen rollito Amparanoianiano – Manu Chaesco, tan lejos del "James Bond Alfredo Landa Jose Luis Moreniano". Bah, cuando vuelva la guerra dispararé en círculos, con el cuello de una botella de leche UHT recortada y la propulsión de un condón superdesplegado. También me tragué un poco de "Tras el corazón verde". Después de correrme espiritualmente con cada instante de la Z Jones, en "La Trampa", el futuro marido perseguía una piedra preciosa, objetivo infalible para rubias y morenas, años antes de caer en la adicción al sexo (y a los buenos alimentos, ay, Michael). No soporté la música de la jungla de sintetizadores, cajas de ritmos, bajos tocados a pellizcos y demás inventos ochentones de los vendedores de chismes para ingenieros de sonido, orquestas de pueblo y demás monstruos para boy scouts compositores y cuentistas, guitarra en mano, tipo yo, tipo ZP, tipo extendido, me doy cuenta. Total, que me lo he pasado bomba viendo la tele en casa de un amigo, al que fui a visitar el 31. Una vez dije a un abogado que sólo creía en la Ley de Murphy, cosa que él achacó a mi ignorancia. No discutí: yo no soy tan listo como para hacer una ONG, por ejemplo (ONG Direct, se me ocurre), pero si en Operación Triunfo era Manu Tenorio quien despertaba mi mayor antipatía, por convertir a Paul Newman en una caricatura cazurra con su mera existencia, y jurando por la Virgen que no soporto los coros (rocieros, de gospel, híbridos, whatever), era cuestión de tiempo que Cuatro, "El Progresismo Máximo", anunciara un programa a medida del ex de la del anuncio de Tampax y de los coros, y en batalla, además, mientras un viejo amigo aparecía en la casa transformado en Risto, añorando el primer disco de Chinarro, en el que tocó a lo Brian Jones en la peli esa de Godard, recordándome que mi simpatía por el diablo es, a estas alturas, nula, y que lo más ingenioso de su carácter ha quedado reducido a un recurso televisivo (pobre Risto, el Barbero de Sevilla), como todo lo demás, como la Ley misma, que aún espera que recobre el juicio una joven Ana Rosa ciega.

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